VadeReto (Descanso)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches sean…

Pues sí, el VadeReto se toma un descanso. ¿Cuánto? ¿Un mes? ¿Dos meses?

Ya veremos.

De momento, solo digo hasta luego.

Averno de Letras sigue, aunque, como viene siendo ya habitual en los últimos meses, con menos aportación de relatos.

Ahora se impone un tiempo de pausa para darle prioridad a otras cosas más importantes.

Espero que todos sigáis bien y pronto podáis disfrutar de nuevo de esa normalidad que para algunas ya no será la misma.

Besotes y abrazos.

Un niño rubio, de un par de años, tirando un beso con sus labios fruncidos.
En la parte de abajo, el texto "¡Hasta pronto!" en rojo.

No es Fácil Ser un Superhéroe

Después de un duro día de batallas siempre me gusta sentarme a pensar sobre mis sufridas aventuras. A veces, creo que no merecen la pena tantas magulladuras, moratones y heridas en el cuerpo, pero, cuando veo la sonrisa en la cara de aquellos a quienes he conseguido ayudar, las ilusiones se me recargan y me empujan a seguir luchando contra los malvados.

No todos piensan así, claro. La gente que me ve por la calle corriendo detrás de un perro malvado, se pone histérica cuando tropiezo con ellos y les tiro lo que llevan en las manos. Son accidentes sin importancia. Un superhéroe no puede evitar ciertas cosas, sobre todo cuando no puede volar. Mis profesores han gastado ya decenas de bolígrafos poniéndome partes y notificaciones. Solo porque en medio de la clase me pongo a gritarles a las malvadas sombras que acechan entre los pupitres. Y mis padres… ¡¡¡Ufff!!! Esto es lo peor. Son los que menos me creen. Quieren ponerme en manos de un psicólogo o un psiquiatra. No sé cuál ha sido su última elección. Dicen que están desesperados, pero es que yo soy así. Soy un superhéroe y no puedo actuar de otra forma.

Hoy la cosa ha sido bastante complicada. Hace unas semanas llegó a clase un alumno nuevo. Un chico que no es de por aquí. Yo creo que incluso es de muy afuera. Tiene aspecto muy distinto a nosotros y habla de una forma muy rara. El color de su piel, sus ojos, su pelo… hasta su risa es distinta. No sé por qué no les gusta a los demás compañeros. A mí me encanta su forma de ser. Sobre todo su amplia, blanca y sincera sonrisa. Porque aunque lo empujen, le den coscorrones, lo tiren al suelo… él siempre responde mostrando ese brillo inocente en su cara. Eso hace que los demás se enfaden todavía más. ¡No sé por qué! No recuerdo su nombre, porque es difícil de pronunciar, pero yo le llamo Robin. Es el compañero perfecto para un superhéroe como yo.

Hoy hemos tenido que enfrentarnos solos a los matones. Solos. Porque el resto de la clase, como siempre, ha mirado a otra parte, y los profesores, siempre despistados con sus cosas, ni se han dado cuenta de la trifulca. Pero les hemos dado para el pelo. Querían quitarle el bocadillo a una chica muy pequeña y tímida. No lo hemos dudado ni medio pestañeo. Nos hemos lanzado en su defensa e, incluso, hemos conseguido que se manchen la ropa. Nosotros hemos necesitado más tiritas y mercromina, pero que sería de un superhéroe sin heridas para contar.

Robin y yo estamos acostumbrados a batirnos en duelo todos los días para defender a los compis más débiles. Aunque terminemos casi siempre en el despacho del director. Él no entiende de superhéroes y, además, siempre piensa que las peleas las empezamos nosotros. Bueno, en eso tiene razón, pero lo hacemos por una buena causa.

Pero esto no ha sido lo más difícil. Al salir de la escuela hemos visto, en uno de los árboles del jardín, cómo un precioso, colorido y gran pájaro estaba enredado entre sus ramas. Sus graznidos sonaban muy fuertes y como con eco. No entendíamos cómo había podido meterse allí dentro él solo. Tal vez, alguien malvado lo empujó allí y luego se fue corriendo huyendo. La gente malvada es así de malvada. Cuando Robin y yo lo hemos visto, no lo hemos dudado ni un pestañeo. Como él es más grande y fuerte que yo, me ha ayudado a subir al árbol para sacarlo de allí. Ha sido un poco difícil, pero al final lo hemos conseguido. Bueno, lo ha conseguido él. Me ha aupado hasta la rama, yo he podido encaramarme a ella y… Parece que el pobre pájaro estaba muy asustado, porque la ha emprendido a picotazos conmigo. Se ha puesto muy alterado y a punto he estado de tirar un nido con huevos que había cerca. Menos mal que mi súper-agilidad y mi súper-velocidad han evitado que se cayeran del árbol. Los huevos, yo he terminado desplomándome encima de Robin. Sin embargo, el pájaro ha salido volando y gritando. ¡¡¡Misión cumplida!!! Otra colección de tiritas y moratones para presumir de la batalla. Pero eso es lo de menos cuando se hace feliz a un pajarete. Aunque el muy travieso no se ha parado ni a darnos las gracias. Estaría demasiado asustado y loco, porque cuando nos íbamos, hemos visto que se empeñaba en volver al árbol. Bueno, él sabrá. No puedo estar todo el día ayudándolo a él, hay más gentes que necesitan de nuestra ayuda.

Luego, cerca de casa, una mujer mayor. Mayor quiero decir de más edad. Vamos que parecía vieja. Pero no les gustan que las llames así. Mujer mayor les parece menos insultante. Aunque yo no la estaba insultando. Bueno, pues esta mujer vieja estaba tirando de un carro lleno de trastos y parecía que pesaba mucho y le costaba moverlo. Robin y yo no lo hemos pensado ni tres pestañeos. Sí, un poco más que con el pájaro, porque la cara de la vieja mayor no era muy amigable. No hemos hecho caso de sus gritos y la hemos ayudado a subir el carro a la acera. El escalón era demasiado grande y ella estaba atascada intentando empujarlo. Muchos tiestos de los que llevaba en el carro se han caído al suelo. No se han roto, porque ya estaban bastante averiados. De hecho, creo que eran bastante viejos y muy estropeados y sucios. Pero no seré yo el que le diga a esa señora vieja lo que tiene que comprar o no. Cuando la hemos dejado felizmente, encima de la acera, parece que quería abrazarnos, aunque a mí me ha dado cosa, su ropa estaba un poco sucia. Luego se ha puesto a gritar, supongo que de alegría, pero como no tiene dientes no se le entendía muy bien. Además, parecía que quería bajar el carro de la acera, otra vez. A lo mejor es que es muy indecisa. Quizás es que ha visto como lo hemos hecho nosotros y ha querido probarlo por ella misma. ¡No importa! ¡¡¡Otra misión cumplida!!! No, tampoco nos ha dado las gracias, pero un superhéroe no espera gratitud de la gente. Solo nos contentamos con una sonrisa. Aunque la de esta mujer asustaba un poco, al no tener más que un par de dientes.

Pero el trabajo de hoy no había terminado. Por eso digo que ha sido un día muy duro. Al llegar a casa, antes de despedirnos Robin y yo, hemos visto que mamá se había olvidado de sacar unas cajas para que las recogiera el camión de la basura. Eran unas cinco cajas de cartón muy pesadas. Hemos tenido que sudar bastante y sacar nuestra súper-fuerza, pero después de mucho lo hemos conseguido. Justo por los pelos. El camión ha llegado escasos segundos después de que nosotros hubiéramos sacado la última caja. Los empleados de la basura son muy curiosos y no han dudado ni dos pestañeos en mirar lo que había dentro de las cajas. Se han puesto muy contentos al verlo. Creo que estaban muy felices de que les hayamos ayudado.

Robin se ha ido ya a su casa para comer y estudiar. Yo aún tengo que hacer mi reflexión diaria. Me escuecen las heridas y me siento muy cansado. Sin embargo, ya lo dice mi superhéroe favorito: «¿Por qué nos caemos? Para aprender a levantarnos».

Necesitaré unos minutos más para dejar aquí al superhéroe y entrar en mi casa siendo de nuevo solo un niño. Aunque antes, intentaré calmar a mi mami. Está como loca gritando: ¡¡¡Quién se ha llevado mis cajas de libros!!! Parece que hay ladrones por el barrio. Está muy claro. Este vecindario no sería lo mismo sin un superhéroe como yo.

Relato escrito para la propuesta literaria VadeReto de este mismo blog.
Estas son las condiciones de este mes:
Crea un relato a partir de la imagen propuesta.

VadeReto (Mayo 2020)

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Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches sean…

Este mes llego un poco tarde, pero… como tampoco tenemos bulla 😜.

También seré breve. Siempre intento que nuestro VadeReto sea distinto al anterior y, si es posible, diferente al resto. Aunque ya hemos hecho alguno a partir de una imagen, esta que he encontrado es impactante y sugiere demasiadas cosas:

Su apariencia es la de una imagen triste, sin embargo, podéis darle un giro a la escena y llevarla al terreno que más os apetezca. Dejad volar vuestra imaginación y sacad esa historia que os inspira la fotografía.

Nada más. Espero que todos estéis bien y que este confinamiento esté ya a punto de terminar. Nuestras vidas necesitan regresar a una tímida normalidad.

Y, como siempre, lo más importante, no os olvidéis de DISFRUTAR escribiendo.

Mi Relato para el VadeReto:

No es Fácil Ser un Superhéroe
Después de un duro día de batallas siempre me gusta sentarme a pensar sobre mis sufridas aventuras. A veces, creo que no merecen la pena tantas magulladuras, moratones y heridas en el cuerpo, pero, cuando veo la sonrisa en la cara de aquellos a quienes he conseguido ayudar, las ilusiones se me recargan y me empujan a seguir luchando contra los malvados…

Aquí el relato completo

Sorteo VadeReto, Primer Cuatrimestre 2020

Hola amigos.

Terminada una nueva etapa en la propuesta literaria de este blog, nuestro VadeReto. Ha sido un cuatrimestre de mucha participación con excelentes, ingeniosos y fantásticos relatos. No puedo más que daros las gracias por vuestras historias y, como era lo prometido, aquí os traigo el sorteo del libro dedicado.

Este es el listado, por orden de participación, de los integrantes en cada uno de los VadeReto del cuatrimestre:

Por ello, con las condiciones establecidas en las bases, mínimo de dos participaciones, estos son los integrantes en dicho sorteo. Por orden alfabético:

Armonía Hache (@ArmoniaHache)
Diana Buitrago (@DianaBBuitrago)
Galaxi Gomel (@GalaxiGomel)
Israel (El Destrio)
Jessica Galera (@Jess_YK82)
JM Vanjav (@jm_vanjav)
Lehna Valduciel (@Halenita_)
Lídia Castro (@lidiacastro79)
MarioBG (@GodricVampire)
Natalia (@readingdeworld)
Virtudes Torres (Vitolosa)

Aquí tenéis una captura del resultado:

Y… la afortunada ha sido…

Diana Buitrago (@DianaBBuitrago)

Enhorabuena, Diana. Ahora solo tienes que elegir tu libro en papel, dedicado por su autor. Este es el enlace actualizado:

Libros para el Sorteo.

Muchísimas Felicidades, Dragona, que lo disfrutes.

VadeReto (Abril 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches tengáis…

Puede que sean Malos Tiempos para la Lírica, como decía Golpes Bajos. Quizás sea al contrario y debamos dejar salir nuestros sentimientos escribiendo. Son momentos jodidos y debemos enfrentarlos juntos uniendo nuestras fuerzas, aunque algunos sigan remando en sentido contrario. Desde aquí siempre he intentando poner una nota de humor y diversión para aislarnos del maremagnum exterior. Por eso, en el VadeReto de este mes se me ha ocurrido algo especial que espero os guste. Ojalá sirva para aliviar tensiones y alegraros el día.

El siguiente audio es de una muy buena amiga, mejor escritora y grandísima persona. Espero que os inspire a escribir algo. En caso contrario, simplemente, escuchadlo y dejad que os contagie. Seguro que os saca algo más que una sonrisa. Solo tenéis que pulsar sobre la imagen siguiente:

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Enlace Alternativo del Audio

Este es el único requisito de este mes. Dejaos llevar por el audio y escribid.

Ya sabéis, la extensión mínima es de 100 palabras y podéis extenderos lo que vuestra creatividad, imaginación y espíritu literario necesite.

Ojalá este momento pase, mucho antes de lo previsible, y podamos seguir disfrutando de nuestras vidas en unión de nuestra gente. Sin confinamiento ni restricciones. Ojalá también esto nos pueda servir de aprendizaje. Está siendo un impresionante paréntesis en nuestras vidas. Necesitamos cambiar nuestros malos hábitos y aprender a convivir con educación, alegría y optimismo. También la naturaleza necesita de nuestro atención. Debemos respetar nuestro entorno y cuidar más nuestro planeta. Es el único que tenemos. Al menos, de momento.

Ánimo, fortaleza y esperanza. Entre todos podremos conseguirlo. Y, por supuesto, NUNCA dejéis de escribir. Es el viento que impulsa nuestra imaginación y nos hace ser más libres.

Dos jóvenes saltan de alegría en la orilla de una playa. Solo se ve sus siluetas, teniendo como fondo una puesta de sol, donde ya se ha escondido el astro.
La imagen es una típica fotografía a contraluz donde las siluetas toman el protagonismo en el centro.
Imagen de Moni Mckein en Pixabay

P.D. Cuarta y última oportunidad para participar en el VadeReto del primer cuatrimestre del 2020. La lista de libros disponibles la podéis consultar en el siguiente enlace:

Sorteo VadeReto

Mi Relato para el VadeReto:

Próximamente

La Gesta de un Héroe Alucinante

Imagen de Sarah Richter en Pixabay

Estaba siendo un día de mierda y la tarde amenazaba con seguir por el mismo camino. Sentado en uno de los bancos del parque, mientras contemplaba cómo las nubes formaban preciosas y curiosas imágenes, mi primo Perrishi llega como un tsunami e interrumpe impunemente mis elucubraciones.

—Manolillo, queashe ahí tan enshimismao. She te van a eshcurrí lash neuronas, tío.

A veces, no sé si su shesheo es porque quiere aparentar buena pronunciación o, simplemente, es muy gilipollas. El hecho es que debería tener preparado un paraguas cada vez que converso con él.

—Aquí estoy, Perrishi, intentando resolver la ecuación del mundo.

—¡Qué dishe, tío! Pa matemática eshtoy yo, ¡anda ya!

Se sienta a mi lado, dándome un tremendo culazo, y me enseña una bolsita llena de hierbas.

—¿No es un poquito temprano para eso, prenda? —le dijo guiñando y con cara de precupación.

Él me responde intentando mostrar cara de villano de peli mala.

—Eshto queshtá viendo, no esh un coshto cualquiera, tío. Esh una cosha nueva que me ha traío el Juantripi. Dishe que te hashe shentí como Shupermán —añade moviendo sus peludas cejas.

—¿Dice? Eso es que todavía no lo has probado, ¿Verdad?

—Esh que ya shabes que no me gusta probá mi materiá. Hay que mantené un límite con el produshto. Uno no puede shé conshumidó de shus mierdas.

—¡Claro, seguro! Quieres mantenerte al límite. ¿No será que quieres que lo pruebe yo antes, para asegurarte de que no te mata? ¿Te crees que soy tu conejillo de indias?

—Avé, Manolillo. No sheas mash tiquishmiquish. Dale solo una calaíta. ¿Qué te va a pashá?

Me estaba empezando a poner perdido a salivazos. Estaba por pedirle que me hablara por señas o escribiéndolo en un papel.

—¿Qué me entren unas diarreas sinfónicas que me hagan llevarme dos días sin salir del váter?

—¡Que shagerao eresh, primo! Ira, yoshtoy asquí pa shocorrerte. Tú le dash una calaíta cortita y shi yo veo que te ponesh morao me pongo a gritá y a llamá a quien haga falta. —¡Ah, bueno! Siendo así, tenía el mayor de los consuelos. ¡Qué elemento!

Como el Perrishi me conoce bien, y sabe que no me puedo resistir a sus mierdas, le hago un gesto de aprobación y le dejo hacer. Además, así evito que siga duchándome.

Se saca un papel del bolsillo, vuelca un poco de la hierba dentro y con una increíble habilidad, producto de sus muchas prácticas, lía el porro con una sola mano. Cierra un ojo, se lo pone delante del otro. Mira la perfección del alineamiento del canuto y me lo pasa.

—Ma queao perfeshto, primo. Anda, tuya esh la pash y la gloria por shiempre —Encima el cabrón se pone litúrgico.

Intento darle una calaíta suave y controlada, pero, como siempre me pasa, estoy a punto de apurar el cigarro de una sola chupada. El humo entra en mis pulmones. Lo dejo deambular por ellos unos segundos y luego, muy despacito, lo voy soltando por nariz y boca al mismo tiempo.

Miro al frente. Levanto la vista al cielo. Observo a mi alrededor y luego al Perrishi.

—¿Qué? —me interroga con impaciencia.

—Yo no noto nada. Creo que te han dado coba, Perrishi.

—¡¡¡Me cago en su putísima mare!!! Le voy a estar dando cates hasta que hable en arameo. —Sí, ha dejado el shesheo. Con el cabreo se le ha olvidado. Será hijodeputa.

—Joder, primo. Siempre te están engañando. ¿Seguro que te habrá cobrado un pastón por esta porquería?

—¡Qué va! Si en realidad se lo he robao, pero me había dicho que era una cosa guapa, guapa. Deja que coja a ese peazo de cabrón. ¡Del Perrishi no se chachondea nadie!

Y diciendo esto, sale bufando y soltando lindezas por su boca. Yo me voy a terminar el cigarro. Tiene buen sabor y es relajante. Además, no tengo más tabaco encima.

Vuelvo a deleitarme mirando el cielo. Durante unos cuantos minutos contemplo cómo las nubes siguen formando curiosas figuras. De pronto, una de ellas se transforma en un inmenso pene. Va creciendo de forma inverosímil y su glande me mira sonriente. Yo intento disimular, buscando conejitos, dragones y florecitas por el cielo. Localizo una que parece una azucena esponjosa, pero que al ver a la enorme verga se transfigura en una impresionante vagina. ¡La mare que me parió!

Desvió la vista del cielo, más turbado de lo normal, y miro al suelo. Una larguísima columna de hormigas realiza su marcial desfile rumbo a alguna parte. Van y vienen, siempre manteniendo la fila, en aparente armonía. En una de estas, todo el batallón se para en seco. Van tropezando unas con otras. Se mosquean y protestan. La que va en cabeza, vaya molondro que gasta la muchacha, se gira y me planta cara.

—¿Se puede saber qué estás mirando? —Yo no respondo. Me he quedado más congelado que la mano de mi suegra—. ¿Te parece divertido contemplarnos trabajar mientras tú estás ahí sentado tocándote los cojones?

Aunque es un ser muy pequeño, puedo escucharla nítidamente. Eso sí, tiene una de esas voces chillonas y machaconas que te taladran el cerebro.

—Disculpe usted, señora…

—¿¡CÓMO QUE SEÑORA!? —Del grito me ha destaponado los dos oídos—. ¡¡¡Te reviento la cabeza de una pedrada!!!¡¡¡Soy Señorita!!! ¡¡¡Mezcla de sapo y borrico!!! —Vaya genio se gasta la señ… hormigonera—. ¡¡¡Deja de mirar como trabajamos y levántate ya del banco, que se te van a poner los huevos cuadrados!!! —Tiene que ser por lo menos generala de siete estrellas la muchacha.

Me quedo sin habla y con más mala cara que un bulldog mojado. La hormigona, igual de cabreada que el Perrishi, reinicia el desfile y se lleva a toda la tropa a su incierto destino. Las pobres van con la lengua fuera por el ritmo frenético que les aplica la jefa.

No me da tiempo a levantar la cabeza cuando empiezo a escuchar gritos. Intento localizar los alaridos y enfoco la vista en el edificio de enfrente. Desde el primer piso, una preciosa rubia grita asomada al balcón. Luce una bata de gasa, vaporosa y casi transparente, que deja ver su fascinante cuerpo embutido en su sexy ropa interior. Grita. Me llama gritando. Grita y me insulta. En realidad, no logro averiguar qué es lo que me estaba diciendo. Cierro los ojos, intentando aguzar la vista, y veo que desde detrás de ella sale un mar de humo. ¿Y si no me está llamando a gritos? ¿Y si en realidad está pidiendo auxilio?

Intento levantarme del banco, pero en lugar de andar, me alzo del suelo usando mis alas. Sí, me han salido alas. ¡¡¡Qué fueeerteeee!!! Salgo volando y me acerco al balcón de la chica y esta, al verme, me muestra su más dulce y sensual sonrisa.

—Aquí está tu superhéroe. ¿Te llevo a alguna parte preciosa? —le digo mostrando mi cara más seductora.

—Oh, mi arcángel favorito. Has acudido a mi ayuda. —¿Arcángel? ¿Eso qué es? Me han dicho cosas más raras. Yo me siento más bien como un palomo mareado—. Espera, no puedo salir así vestida, déjame unos minutos que me cambie de ropa.

Su casa se está quemando y ella quiere ponerse un look más apropiado para mi película. No me extraña. Sé cómo se comportan las mujeres conmigo. Nerviosas, atolondradas y sobre todo raras, muy raras. No la espero y me dispongo a entrar también en su casa, pero un gorrión despeinado, apoyado en la barandilla, me interpela:

—¿Eres tú mi amante bandido? —Sí, me lo ha dicho cantando e imitando al Bosé. Gorjea y me silba sin recato—. ¿Te apetece un revolcón entre plumas?

Desvío la mirada, sintiendo mi cara arder. No sé si será de la vergüenza o del calor que sale de la habitación. Penetro en ella y el humo me hace casi imposible ver nada. Busco a la chica, pero no la encuentro. La humareda va tomando forma y, al igual que antes las nubes, se va transfigurando en el esbozo de una silueta. Cuando se define, toma el aspecto de una bruja muy vieja y muy fea.

—Eres una preciosa harpía. ¿Te gustaría una noche loca de magia negra? Ya sabes, ¿nigromancia, orgía con los muertos, borrachera de sangre…?

La leche. ¡Qué miedo y asco! Salgo espetado de la habitación antes de que me ponga las zarpas encima. ¡Qué coño pasa! Todo el mundo se quiere enrollar conmigo. ¡Me habré levantado hoy con el bonito subido!

Salgo al pasillo de la casa y busco al motivo de mi heroicidad. No la veo por ninguna parte, pero escucho trastear en el salón. Entro y me la encuentro en el suelo, a cuatro patas, mostrándome su lindo culo enfundado en un lujurioso tanga rojo. Su contoneo me está poniendo como el fogón de un mercancías. No me lo pienso dos veces, me abalanzo hacia ella, la cojo por la cintura y … me la cargo bajo el brazo. No es momento de lujurias desenfrenadas. Lo primero es lo primero, salir de allí antes de que parezca un pinchito braseado.

Intento regresar de nuevo al dormitorio, para salir por el balcón. Sin embargo, la habitación está inaccesible, las llamas deben haber prendido en la cama y no hay forma de escapar por allí.

La chica grita, gime, patalea, me araña. Está claro que ha entrado en pánico. Me muerde una oreja. ¡Hijadeputa, se ha vuelto histérica!

—Si solo quiero salvarte del fuego, chiquilla —le grito para calmarla.

No surte efecto, me gruñe y me muestra los dientes. No le hago caso y enfilo el portón. Lo abro como los vaqueros en las pelis del oeste. La puerta impacta con tanta fuerza contra la pared que descuelgo todos los cuadros y tiro los libros de las estanterías. Da igual, se iban a quemar. Salgo al descansillo y veo como los vecinos abren sus puertas alertados por mi discreta aparición.

—¡Salvaros vosotros que yo ando un poco liado! —les grito—. Que esta chica parece una princesa, pero pesa como un gorrino cebado.

Ella parece sentirse herida en sus sentimientos e intenta arrancarme la oreja de otro bocado.

—Lo siento, cari, es que me estoy poniendo nervioso. Si en el fondo eres etérea como un ángel —Esto se lo digo resoplando, porque en el fondo pesa tela marinera.

—¡Socorro! —grita una vieja que sale de su casa con una escoba y me da con ella en la espalda.

—¡Gracias, señora! —le digo. La buena mujer está intentando apagarme las alas que han prendido a causa del fuego. Es efectivo, pero no veas como duelen los escobazos. La vieja parece frágil, pero tiene la fuerza de un leñador canadiense.

Pienso en bajar en el ascensor, pero recuerdo las pelis de desastres. Hay que salir siempre por las escaleras. Bajo los escalones de dos en dos y, a veces, de cuatro en cuatro. Más por la inercia que por mi agilidad. Veo peligrar mis dientes en un par de ocasiones. Afortunadamente, son solo un par de pisos.

Los vecinos se asoman al pretil de las escaleras y me gritan. Yo les grito, a su vez, que no me esperen. Que salgan del edificio antes de que sea demasiado tarde. Que no creo que pueda salir y volver a entrar para rescatarlos. Además, tendré que consolar a esta linda doncella que se está poniendo de los nervios. No me hacen caso y siguen gritando. Llaman a la policía. ¡Serán estúpidos, tienen que llamar a los bomberos! Allá ellos.

Enfilo el portal y cruzo la calle. Esta vez lo hago corriendo, no volando. Estoy exhausto y me desparramo en el mismo banco en el que estaba antes. ¡No puedo más! Dejo a la chica posada al lado, junto a mí y me espatarro cuán largo soy. Veo como los vecinos se asoman a las ventanas y siguen gritando. Serán necios, en lugar de salir del edificio se ponen a pedir auxilio.

Miro a la chica que acabo de salvar y ella me mira también. Sus ojos son grandes y acuosos. Sus orejas grandes y sedosas. Su nariz húmeda. Su lengua… ¿Me estará mandando señales? Me acerco y me endiña un lengüetazo que me lava la cara y me peina al mismo tiempo. Claro, está prendada de mí por mi acto heroico.

Cuando me voy a acercar a ella para darle un morreo, aparece de nuevo mi primo.

—Manolillo, ¿¡Qué hashe!? —Parece que se le ha pasado el sofoco y ha vuelto a su excelente pronunciación.

—Pues ya ves. Aquí saboreando el momento romántico del día. ¡Mira que amor de criatura!

—¡Coño! ¿¡Te hash vuelto zoofiliaco de eshos!?

—¿Qué dices, primo?

El bocado que me lanza la chica me hace despertar de sopetón. Ahora la veo nítidamente. Es una preciosa… perra, pero… en el más literal de los sentidos. Es una golden retriever de más de treinta kilos. Blanca con tonos canela. Creo que en el fondo se ha encariñado conmigo. Posa una de sus tremendas patas en mi hombro y me lame la oreja.

También veo a los vecinos que ya no piden socorro, en realidad, me están insultando. Asimismo, escucho las sirenas de la policía. Deben venir de camino. Me doy cuenta que el edificio está intacto y que no hay ni rastro de humo o fuego. Miro a mi primo y le digo: —¡Madre mía! Tenías razón, colega. ¡¡¡Qué colocón más bueno!!!

UN HOMBRE  BAJO LOS EFECTOS DEL LSD SALVA AL PERRO DE LOS VECINOS DE UN INCENDIO IMAGINARIO.
Un neoyorquino de 43 años acabó arrestado por allanamiento de morada, aunque sus intenciones eran buenas y su comportamiento fue heróico... dentro de su alucinación.
18-oct-2016

Relato escrito para la propuesta literaria VadeReto de este mismo blog.
Estas son las condiciones de este mes:
Crea un relato a partir de una de las noticias propuestas en el reto.

Esperanza tras la Tempestad

Inmersos en una tormenta inesperada. Nuestros corazones se afligen angustiosos. El futuro es incierto y las emociones acongojan. Sin embargo, siempre hay una luz que muestra el camino de la esperanza. Es el momento de creer en nosotros mismos y mostrar la fortaleza que dudamos tener. Juntos lo conseguiremos.

Microrrelato publicado en el Reto “Emociones en 50 Palabras
de Sadire Lleire (@SLleire)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido propuesto, pero con tan solo 50 palabras.
Este mes, también se propone que la historia tenga lugar durante una tormenta o el inicio de esta.

Este micro ha sido considerado como merecedor del Certificado de Excelencia del reto de este mes:

Galardón otorgado por Sadire Lleire como "Certificado de Excelencia" para este mes de marzo de 2020.

Muchas Gracias, Sadire. 😍😍😍

La Sabiduría de la Naturaleza

La tristeza los mantuvo ocultos mientras la raza dominante exterminaba sin contemplaciones. Abandonaron su entorno, con asco e ira, y se escondieron a la espera. Cuando los destructores se tuvieron que encerrar por miedo a un enemigo mucho más pequeño, más insignificante, pero más implacable, más temible, la naturaleza les devolvió la alegría y, como una bandada de flechas que atraviesan sin permiso, tomaron posesión de la tierra. Las llamadas bestias y fieras volvieron a dominar el mundo y la naturaleza no se sorprendió. Sabía que estas cuidarían mejor de ella, porque su apariencia era sombría, pero sus corazones límpidos.

Microrrelato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una flecha/un carcaj
Reto opcional: Que aparezca una de las seis emociones básicas:
sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza o ira.

Este micro ha sido galardonado con la mención especial del Optimvs mensi.

Muchas Gracias, Lídia. 😍😍😍

Sorteo VadeReto Especial, Ganador

Realizado el sorteo correspondiente al VadeReto Especial

Estos son los participantes:

Sadire Lleire
Lehna Valduciel
Israel
Jessica Galera
JM Vanjav
Natalia Readingdeworld
GodricVampire

Captura realizada en la página Sortea2. En ella aparecen todos los participantes y el ganador del mismo.

Como se puede ver, el afortunado ha sido:

JM Vanjav

Enhorabuena, JM. Has resultado ganador de un Cuaderno Encantado, realizado por Inés Poveda (@InesPoveda). Además de un libro en papel, dedicado por su autora, cuyas publicaciones puedes consultar en los siguientes enlaces:

En breve, te pondré en contacto con ambas autoras para concretar los detalles.

Felicidades y espero que los disfrutes.

El Reflejo de mi Alma

Imagen de Ryan McGuire (pixabay)

Cada vez que me miras me interrogas, con esos ojos tan incisivos y acusadores. Me ofreces tu sonrisa y, sin embargo, me huelo la trampa. ¡Qué tramas maldito embustero! Cierro los ojos, pero sigo viendo tu inquisitivo rostro. Todos los días te interrogo, pero jamás me respondes. Solo sirves para recordarme mi fútil y vana existencia en el tiempo. Me das miedo. Sé que es imposible dejar de mirarte, pero algún día…

Microrrelato publicado en el Reto “5 Líneas” de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas: (Tramas, jamás y trampa.)