VadeReto (Abril 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches tengáis…

Puede que sean Malos Tiempos para la Lírica, como decía Golpes Bajos. Quizás sea al contrario y debamos dejar salir nuestros sentimientos escribiendo. Son momentos jodidos y debemos enfrentarlos juntos uniendo nuestras fuerzas, aunque algunos sigan remando en sentido contrario. Desde aquí siempre he intentando poner una nota de humor y diversión para aislarnos del maremagnum exterior. Por eso, en el VadeReto de este mes se me ha ocurrido algo especial que espero os guste. Ojalá sirva para aliviar tensiones y alegraros el día.

El siguiente audio es de una muy buena amiga, mejor escritora y grandísima persona. Espero que os inspire a escribir algo. En caso contrario, simplemente, escuchadlo y dejad que os contagie. Seguro que os saca algo más que una sonrisa. Solo tenéis que pulsar sobre la imagen siguiente:

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Enlace Alternativo del Audio

Este es el único requisito de este mes. Dejaos llevar por el audio y escribid.

Ya sabéis, la extensión mínima es de 100 palabras y podéis extenderos lo que vuestra creatividad, imaginación y espíritu literario necesite.

Ojalá este momento pase, mucho antes de lo previsible, y podamos seguir disfrutando de nuestras vidas en unión de nuestra gente. Sin confinamiento ni restricciones. Ojalá también esto nos pueda servir de aprendizaje. Está siendo un impresionante paréntesis en nuestras vidas. Necesitamos cambiar nuestros malos hábitos y aprender a convivir con educación, alegría y optimismo. También la naturaleza necesita de nuestro atención. Debemos respetar nuestro entorno y cuidar más nuestro planeta. Es el único que tenemos. Al menos, de momento.

Ánimo, fortaleza y esperanza. Entre todos podremos conseguirlo. Y, por supuesto, NUNCA dejéis de escribir. Es el viento que impulsa nuestra imaginación y nos hace ser más libres.

Dos jóvenes saltan de alegría en la orilla de una playa. Solo se ve sus siluetas, teniendo como fondo una puesta de sol, donde ya se ha escondido el astro.
La imagen es una típica fotografía a contraluz donde las siluetas toman el protagonismo en el centro.
Imagen de Moni Mckein en Pixabay

P.D. Cuarta y última oportunidad para participar en el VadeReto del primer cuatrimestre del 2020. La lista de libros disponibles la podéis consultar en el siguiente enlace:

Sorteo VadeReto

Mi Relato para el VadeReto:

Próximamente

La Gesta de un Héroe Alucinante

Imagen de Sarah Richter en Pixabay

Estaba siendo un día de mierda y la tarde amenazaba con seguir por el mismo camino. Sentado en uno de los bancos del parque, mientras contemplaba cómo las nubes formaban preciosas y curiosas imágenes, mi primo Perrishi llega como un tsunami e interrumpe impunemente mis elucubraciones.

—Manolillo, queashe ahí tan enshimismao. She te van a eshcurrí lash neuronas, tío.

A veces, no sé si su shesheo es porque quiere aparentar buena pronunciación o, simplemente, es muy gilipollas. El hecho es que debería tener preparado un paraguas cada vez que converso con él.

—Aquí estoy, Perrishi, intentando resolver la ecuación del mundo.

—¡Qué dishe, tío! Pa matemática eshtoy yo, ¡anda ya!

Se sienta a mi lado, dándome un tremendo culazo, y me enseña una bolsita llena de hierbas.

—¿No es un poquito temprano para eso, prenda? —le dijo guiñando y con cara de precupación.

Él me responde intentando mostrar cara de villano de peli mala.

—Eshto queshtá viendo, no esh un coshto cualquiera, tío. Esh una cosha nueva que me ha traío el Juantripi. Dishe que te hashe shentí como Shupermán —añade moviendo sus peludas cejas.

—¿Dice? Eso es que todavía no lo has probado, ¿Verdad?

—Esh que ya shabes que no me gusta probá mi materiá. Hay que mantené un límite con el produshto. Uno no puede shé conshumidó de shus mierdas.

—¡Claro, seguro! Quieres mantenerte al límite. ¿No será que quieres que lo pruebe yo antes, para asegurarte de que no te mata? ¿Te crees que soy tu conejillo de indias?

—Avé, Manolillo. No sheas mash tiquishmiquish. Dale solo una calaíta. ¿Qué te va a pashá?

Me estaba empezando a poner perdido a salivazos. Estaba por pedirle que me hablara por señas o escribiéndolo en un papel.

—¿Qué me entren unas diarreas sinfónicas que me hagan llevarme dos días sin salir del váter?

—¡Que shagerao eresh, primo! Ira, yoshtoy asquí pa shocorrerte. Tú le dash una calaíta cortita y shi yo veo que te ponesh morao me pongo a gritá y a llamá a quien haga falta. —¡Ah, bueno! Siendo así, tenía el mayor de los consuelos. ¡Qué elemento!

Como el Perrishi me conoce bien, y sabe que no me puedo resistir a sus mierdas, le hago un gesto de aprobación y le dejo hacer. Además, así evito que siga duchándome.

Se saca un papel del bolsillo, vuelca un poco de la hierba dentro y con una increíble habilidad, producto de sus muchas prácticas, lía el porro con una sola mano. Cierra un ojo, se lo pone delante del otro. Mira la perfección del alineamiento del canuto y me lo pasa.

—Ma queao perfeshto, primo. Anda, tuya esh la pash y la gloria por shiempre —Encima el cabrón se pone litúrgico.

Intento darle una calaíta suave y controlada, pero, como siempre me pasa, estoy a punto de apurar el cigarro de una sola chupada. El humo entra en mis pulmones. Lo dejo deambular por ellos unos segundos y luego, muy despacito, lo voy soltando por nariz y boca al mismo tiempo.

Miro al frente. Levanto la vista al cielo. Observo a mi alrededor y luego al Perrishi.

—¿Qué? —me interroga con impaciencia.

—Yo no noto nada. Creo que te han dado coba, Perrishi.

—¡¡¡Me cago en su putísima mare!!! Le voy a estar dando cates hasta que hable en arameo. —Sí, ha dejado el shesheo. Con el cabreo se le ha olvidado. Será hijodeputa.

—Joder, primo. Siempre te están engañando. ¿Seguro que te habrá cobrado un pastón por esta porquería?

—¡Qué va! Si en realidad se lo he robao, pero me había dicho que era una cosa guapa, guapa. Deja que coja a ese peazo de cabrón. ¡Del Perrishi no se chachondea nadie!

Y diciendo esto, sale bufando y soltando lindezas por su boca. Yo me voy a terminar el cigarro. Tiene buen sabor y es relajante. Además, no tengo más tabaco encima.

Vuelvo a deleitarme mirando el cielo. Durante unos cuantos minutos contemplo cómo las nubes siguen formando curiosas figuras. De pronto, una de ellas se transforma en un inmenso pene. Va creciendo de forma inverosímil y su glande me mira sonriente. Yo intento disimular, buscando conejitos, dragones y florecitas por el cielo. Localizo una que parece una azucena esponjosa, pero que al ver a la enorme verga se transfigura en una impresionante vagina. ¡La mare que me parió!

Desvió la vista del cielo, más turbado de lo normal, y miro al suelo. Una larguísima columna de hormigas realiza su marcial desfile rumbo a alguna parte. Van y vienen, siempre manteniendo la fila, en aparente armonía. En una de estas, todo el batallón se para en seco. Van tropezando unas con otras. Se mosquean y protestan. La que va en cabeza, vaya molondro que gasta la muchacha, se gira y me planta cara.

—¿Se puede saber qué estás mirando? —Yo no respondo. Me he quedado más congelado que la mano de mi suegra—. ¿Te parece divertido contemplarnos trabajar mientras tú estás ahí sentado tocándote los cojones?

Aunque es un ser muy pequeño, puedo escucharla nítidamente. Eso sí, tiene una de esas voces chillonas y machaconas que te taladran el cerebro.

—Disculpe usted, señora…

—¿¡CÓMO QUE SEÑORA!? —Del grito me ha destaponado los dos oídos—. ¡¡¡Te reviento la cabeza de una pedrada!!!¡¡¡Soy Señorita!!! ¡¡¡Mezcla de sapo y borrico!!! —Vaya genio se gasta la señ… hormigonera—. ¡¡¡Deja de mirar como trabajamos y levántate ya del banco, que se te van a poner los huevos cuadrados!!! —Tiene que ser por lo menos generala de siete estrellas la muchacha.

Me quedo sin habla y con más mala cara que un bulldog mojado. La hormigona, igual de cabreada que el Perrishi, reinicia el desfile y se lleva a toda la tropa a su incierto destino. Las pobres van con la lengua fuera por el ritmo frenético que les aplica la jefa.

No me da tiempo a levantar la cabeza cuando empiezo a escuchar gritos. Intento localizar los alaridos y enfoco la vista en el edificio de enfrente. Desde el primer piso, una preciosa rubia grita asomada al balcón. Luce una bata de gasa, vaporosa y casi transparente, que deja ver su fascinante cuerpo embutido en su sexy ropa interior. Grita. Me llama gritando. Grita y me insulta. En realidad, no logro averiguar qué es lo que me estaba diciendo. Cierro los ojos, intentando aguzar la vista, y veo que desde detrás de ella sale un mar de humo. ¿Y si no me está llamando a gritos? ¿Y si en realidad está pidiendo auxilio?

Intento levantarme del banco, pero en lugar de andar, me alzo del suelo usando mis alas. Sí, me han salido alas. ¡¡¡Qué fueeerteeee!!! Salgo volando y me acerco al balcón de la chica y esta, al verme, me muestra su más dulce y sensual sonrisa.

—Aquí está tu superhéroe. ¿Te llevo a alguna parte preciosa? —le digo mostrando mi cara más seductora.

—Oh, mi arcángel favorito. Has acudido a mi ayuda. —¿Arcángel? ¿Eso qué es? Me han dicho cosas más raras. Yo me siento más bien como un palomo mareado—. Espera, no puedo salir así vestida, déjame unos minutos que me cambie de ropa.

Su casa se está quemando y ella quiere ponerse un look más apropiado para mi película. No me extraña. Sé cómo se comportan las mujeres conmigo. Nerviosas, atolondradas y sobre todo raras, muy raras. No la espero y me dispongo a entrar también en su casa, pero un gorrión despeinado, apoyado en la barandilla, me interpela:

—¿Eres tú mi amante bandido? —Sí, me lo ha dicho cantando e imitando al Bosé. Gorjea y me silba sin recato—. ¿Te apetece un revolcón entre plumas?

Desvío la mirada, sintiendo mi cara arder. No sé si será de la vergüenza o del calor que sale de la habitación. Penetro en ella y el humo me hace casi imposible ver nada. Busco a la chica, pero no la encuentro. La humareda va tomando forma y, al igual que antes las nubes, se va transfigurando en el esbozo de una silueta. Cuando se define, toma el aspecto de una bruja muy vieja y muy fea.

—Eres una preciosa harpía. ¿Te gustaría una noche loca de magia negra? Ya sabes, ¿nigromancia, orgía con los muertos, borrachera de sangre…?

La leche. ¡Qué miedo y asco! Salgo espetado de la habitación antes de que me ponga las zarpas encima. ¡Qué coño pasa! Todo el mundo se quiere enrollar conmigo. ¡Me habré levantado hoy con el bonito subido!

Salgo al pasillo de la casa y busco al motivo de mi heroicidad. No la veo por ninguna parte, pero escucho trastear en el salón. Entro y me la encuentro en el suelo, a cuatro patas, mostrándome su lindo culo enfundado en un lujurioso tanga rojo. Su contoneo me está poniendo como el fogón de un mercancías. No me lo pienso dos veces, me abalanzo hacia ella, la cojo por la cintura y … me la cargo bajo el brazo. No es momento de lujurias desenfrenadas. Lo primero es lo primero, salir de allí antes de que parezca un pinchito braseado.

Intento regresar de nuevo al dormitorio, para salir por el balcón. Sin embargo, la habitación está inaccesible, las llamas deben haber prendido en la cama y no hay forma de escapar por allí.

La chica grita, gime, patalea, me araña. Está claro que ha entrado en pánico. Me muerde una oreja. ¡Hijadeputa, se ha vuelto histérica!

—Si solo quiero salvarte del fuego, chiquilla —le grito para calmarla.

No surte efecto, me gruñe y me muestra los dientes. No le hago caso y enfilo el portón. Lo abro como los vaqueros en las pelis del oeste. La puerta impacta con tanta fuerza contra la pared que descuelgo todos los cuadros y tiro los libros de las estanterías. Da igual, se iban a quemar. Salgo al descansillo y veo como los vecinos abren sus puertas alertados por mi discreta aparición.

—¡Salvaros vosotros que yo ando un poco liado! —les grito—. Que esta chica parece una princesa, pero pesa como un gorrino cebado.

Ella parece sentirse herida en sus sentimientos e intenta arrancarme la oreja de otro bocado.

—Lo siento, cari, es que me estoy poniendo nervioso. Si en el fondo eres etérea como un ángel —Esto se lo digo resoplando, porque en el fondo pesa tela marinera.

—¡Socorro! —grita una vieja que sale de su casa con una escoba y me da con ella en la espalda.

—¡Gracias, señora! —le digo. La buena mujer está intentando apagarme las alas que han prendido a causa del fuego. Es efectivo, pero no veas como duelen los escobazos. La vieja parece frágil, pero tiene la fuerza de un leñador canadiense.

Pienso en bajar en el ascensor, pero recuerdo las pelis de desastres. Hay que salir siempre por las escaleras. Bajo los escalones de dos en dos y, a veces, de cuatro en cuatro. Más por la inercia que por mi agilidad. Veo peligrar mis dientes en un par de ocasiones. Afortunadamente, son solo un par de pisos.

Los vecinos se asoman al pretil de las escaleras y me gritan. Yo les grito, a su vez, que no me esperen. Que salgan del edificio antes de que sea demasiado tarde. Que no creo que pueda salir y volver a entrar para rescatarlos. Además, tendré que consolar a esta linda doncella que se está poniendo de los nervios. No me hacen caso y siguen gritando. Llaman a la policía. ¡Serán estúpidos, tienen que llamar a los bomberos! Allá ellos.

Enfilo el portal y cruzo la calle. Esta vez lo hago corriendo, no volando. Estoy exhausto y me desparramo en el mismo banco en el que estaba antes. ¡No puedo más! Dejo a la chica posada al lado, junto a mí y me espatarro cuán largo soy. Veo como los vecinos se asoman a las ventanas y siguen gritando. Serán necios, en lugar de salir del edificio se ponen a pedir auxilio.

Miro a la chica que acabo de salvar y ella me mira también. Sus ojos son grandes y acuosos. Sus orejas grandes y sedosas. Su nariz húmeda. Su lengua… ¿Me estará mandando señales? Me acerco y me endiña un lengüetazo que me lava la cara y me peina al mismo tiempo. Claro, está prendada de mí por mi acto heroico.

Cuando me voy a acercar a ella para darle un morreo, aparece de nuevo mi primo.

—Manolillo, ¿¡Qué hashe!? —Parece que se le ha pasado el sofoco y ha vuelto a su excelente pronunciación.

—Pues ya ves. Aquí saboreando el momento romántico del día. ¡Mira que amor de criatura!

—¡Coño! ¿¡Te hash vuelto zoofiliaco de eshos!?

—¿Qué dices, primo?

El bocado que me lanza la chica me hace despertar de sopetón. Ahora la veo nítidamente. Es una preciosa… perra, pero… en el más literal de los sentidos. Es una golden retriever de más de treinta kilos. Blanca con tonos canela. Creo que en el fondo se ha encariñado conmigo. Posa una de sus tremendas patas en mi hombro y me lame la oreja.

También veo a los vecinos que ya no piden socorro, en realidad, me están insultando. Asimismo, escucho las sirenas de la policía. Deben venir de camino. Me doy cuenta que el edificio está intacto y que no hay ni rastro de humo o fuego. Miro a mi primo y le digo: —¡Madre mía! Tenías razón, colega. ¡¡¡Qué colocón más bueno!!!

UN HOMBRE  BAJO LOS EFECTOS DEL LSD SALVA AL PERRO DE LOS VECINOS DE UN INCENDIO IMAGINARIO.
Un neoyorquino de 43 años acabó arrestado por allanamiento de morada, aunque sus intenciones eran buenas y su comportamiento fue heróico... dentro de su alucinación.
18-oct-2016

Relato escrito para la propuesta literaria VadeReto de este mismo blog.
Estas son las condiciones de este mes:
Crea un relato a partir de una de las noticias propuestas en el reto.

Esperanza tras la Tempestad

Inmersos en una tormenta inesperada. Nuestros corazones se afligen angustiosos. El futuro es incierto y las emociones acongojan. Sin embargo, siempre hay una luz que muestra el camino de la esperanza. Es el momento de creer en nosotros mismos y mostrar la fortaleza que dudamos tener. Juntos lo conseguiremos.

Microrrelato publicado en el Reto “Emociones en 50 Palabras
de Sadire Lleire (@SLleire)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido propuesto, pero con tan solo 50 palabras.
Este mes, también se propone que la historia tenga lugar durante una tormenta o el inicio de esta.

Este micro ha sido considerado como merecedor del Certificado de Excelencia del reto de este mes:

Galardón otorgado por Sadire Lleire como "Certificado de Excelencia" para este mes de marzo de 2020.

Muchas Gracias, Sadire. 😍😍😍

La Sabiduría de la Naturaleza

La tristeza los mantuvo ocultos mientras la raza dominante exterminaba sin contemplaciones. Abandonaron su entorno, con asco e ira, y se escondieron a la espera. Cuando los destructores se tuvieron que encerrar por miedo a un enemigo mucho más pequeño, más insignificante, pero más implacable, más temible, la naturaleza les devolvió la alegría y, como una bandada de flechas que atraviesan sin permiso, tomaron posesión de la tierra. Las llamadas bestias y fieras volvieron a dominar el mundo y la naturaleza no se sorprendió. Sabía que estas cuidarían mejor de ella, porque su apariencia era sombría, pero sus corazones límpidos.

Microrrelato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una flecha/un carcaj
Reto opcional: Que aparezca una de las seis emociones básicas:
sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza o ira.

Este micro ha sido galardonado con la mención especial del Optimvs mensi.

Muchas Gracias, Lídia. 😍😍😍

Sorteo VadeReto Especial & Ganador

Realizado el sorteo correspondiente al VadeReto Especial

Estos son los participantes:

Sadire Lleire
Lehna Valduciel
Israel
Jessica Galera
JM Vanjav
Natalia Readingdeworld
GodricVampire

Captura realizada en la página Sortea2. En ella aparecen todos los participantes y el ganador del mismo.

Como se puede ver, el afortunado ha sido:

JM Vanjav

Enhorabuena, JM. Has resultado ganador de un Cuaderno Encantado, realizado por Inés Poveda (@InesPoveda). Además de un libro en papel, dedicado por su autora, cuyas publicaciones puedes consultar en los siguientes enlaces:

En breve, te pondré en contacto con ambas autoras para concretar los detalles.

Felicidades y espero que los disfrutes.

El Reflejo de mi Alma

Imagen de Ryan McGuire (pixabay)

Cada vez que me miras me interrogas, con esos ojos tan incisivos y acusadores. Me ofreces tu sonrisa y, sin embargo, me huelo la trampa. ¡Qué tramas maldito embustero! Cierro los ojos, pero sigo viendo tu inquisitivo rostro. Todos los días te interrogo, pero jamás me respondes. Solo sirves para recordarme mi fútil y vana existencia en el tiempo. Me das miedo. Sé que es imposible dejar de mirarte, pero algún día…

Microrrelato publicado en el Reto “5 Líneas” de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas: (Tramas, jamás y trampa.)

Batalla por la Supervivencia de la Especie

29 de febrero de 3469, 15 horas 35 minutos 18 segundos y 20 milisegundos.
Eso, según el año solar.

Soy demasiado vieja para pelear, pero cuando la necesidad obliga, los años no son más que excusas de una mente realmente decrépita. Hace ya varios meses que luchamos por no sucumbir a la invasión. Éramos un pueblo pacífico, laborioso y tranquilo. Solo nos alterábamos por disputas familiares, sin mayor problema que terminar tomándonos unos refrescantes néctares de zarramo para dirimir nuestras diferencias. Ahora, con ineficaces armas en las manos, batallamos para no caer esclavizadas o perecer en la lucha.

—Capitana, la munición que abía, ya no la ay —me espeta una de mis soldados más elocuentes. El día no hace sino mejorar.

—Tranquila, sargenta. Mientras haya coraje habrá esperanzas. No podemos hundirnos con el primer problema que nos reviente en la cara.

—¿Problema primero, señora? Los víveres son fenecidos, para lavarse agua no ay y el enemigo, con su ostil ostigamiento, está ya tan cerca que… —Por la diosa D’Ondesten, qué difícil es entender a esta zagala.

—¡Soldado!, ¿has venido a informar o a conseguir que me ponga a llorar?

—Lo siento señora. Es que tiempo ace que no comemos. Desde el tiempo en que se podía pasear sin que el tiempo se te hiciera eterno buscando en poco tiempo un sitio seguro dónde no te cogieran sin tiempo a esconderte y te mataran con poco tiempo para… —Por los cuernos de Ordandará que no va a hacer falta una bomba para que me estalle la cabeza.

—¡¡¡Basta!!! Comida no habrá, pero la lengua la tienes tan larga que se podría alimentar con ella a todo el pueblo.

—Perdón, señora, por los nervios me aflijo. ¿Cuál las órdenes son?

—¡Agua, ajo y resina. Yo no he inventado esta guerra!

—Esto… tampoco de eso tenemos, señora.

— No eres más trancasordio porque naciste un martes, si lo llegas a hacer un domingo le dan un premio a tu madre. ¡¡¡Aguantarse, a joderse y resignarse!!! Monstrenca. Vuelve al pelotón y que nadie se entere de que tenemos menos perspectivas de supervivencia que una de tus neuronas en un vendaval.

—Sus órdenes mi Capitona —Esto lo ha dicho con mucha guasa y sarcasmo.

Ha salido corriendo a un pelo de que la deje calva de un guantazo. Me juego mis plumas a que no tarda ni un plis plas en contárselo todo a la tropa. ¿Tropa? ¡Qué ingenua soy! La última vez que las conté no llegaban a diez inocentes piezas de este triste e insignificante ejército.

5 de abril de 3472, 18 horas 0 minutos 0 segundos y 0 milisegundos.

Hemos recibido el impacto de otra bomba temporal. A este paso no llego a cotizar para la jubilación. Todos los relojes del bosque marcan la misma hora, de forma exacta y elocuente. Esto no puede significar nada bueno. ¿Tendré intacta la bilocación?

—Mi capitana, otro problema a abido. —Aquí no le da tiempo a una ni para tener incertidumbre.

—¿Qué pasa ahora Lenguaraz Smarty? —De aquí a unos minutos me sangran todas las orejas.

—Otras dos elementales muertas an sido. Una de vieja y la otra tras engullir un zimbordio de color castrulia. —¿Y no podía haber caído la bomba justito en toda la mollera de la sargenta? Está claro, las diosas nos han abandonado.

—¿Cuántas quedamos, sargenta?

—¿Contándonos yo, usted y la diosa? Pues… —Sí, está contando con los dedos—. Semos cinco y media.

—¡¿Media?!

—Xasto, mi señora capitana. A Dorothy, la última bomba quedarse le a echo sin dos de sus brazos, una pierna, tres orejas y…

—Vale, vale… deja los detalles para el informe de la ambulancia. No le digas nada al resto de elementos, pero creo que de esta no nos salva ya ni un milagro de la Diosa Shastá. Reúne a toda la tropa que les voy a decir unas palabras.

—En realidad, señora, detrás nostra justo están. —La madre que la parió podría haberse dedicado a laborar en lugar de a reproducirse.

—Chicas —les digo mientras intento mantener la compostura y la voz firme y autoritaria. Necesitan aliento y brío. No es el momento de sembrar el pánico. Aunque viendo sus caras, yo diría que no tengo que disimular—. ¡¡¡Ha llegado el momento que todas estábamos esperando. Afilemos nuestras garras, calentemos todas nuestras piernas, brazos y colas, y salgamos a luchar sin miedo a la muerte. La Diosa Veniconmi nos espera con sus treinta y dos extremidades abiertas!!!

Dicho esto, desenvaino mis uñas telescópicas, preparo mis cabezas de repuesto y me pongo a gritar como una Ullottan, mientras lidero a lo que queda de mi tropa. Bueno, eso espero. Aunque prefiero no mirar hacia atrás y ver que no me sigue nadie.

—¡¡¡NO ME COGERÉIS VIVA, REPUGNANTES HUMANOS!!!


Relato publicado en el Reto Literario “Reto de Lubra: Tiempo” de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Datos del Reto:
Crea un relato inspirado en la imagen y que cumpla con los tres Designios de Lubra que tienes que escoger y que, en consonancia, estarán relacionados con esa temática.

Condiciones:
# Primera frase de tu relato: “Soy demasiado viejo/a”
# Menciona el día, la hora, el mes y el año en el que te encuentras (lo más preciso posible).
# El Reloj Negro:
– Escribe la palabra “tiempo” cinco veces en tres líneas, demuestra tus dotes literarias.
– A lo largo del reto has de utilizar estas tres palabras: ZARRAMO,  CASTRULIA y TRANCASORDIO.
– Zámpate tres “H” en palabras que la lleven.

VadeReto (Marzo 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches sean…

Dado que el VadeReto del mes pasado os sugirió a casi todos el género terrorífico, este mes he querido ofreceros la oportunidad de desarrollar una visión más insólita y humorística para vuestras historias.

Todas las noticias, cuyas capturas se muestran a continuación, son totalmente reales, aunque no lo parezcan. Al menos, de esta forma han sido publicadas en periódicos de tirada internacional. El mundo es así de sorprendente y los humanos más estrambóticos todavía.

CREMAN A UN HOMBRE POR ERROR EN EEUU Y LE OFRECEN A SU FAMILIA DISCULPAS Y CENIZAS.
La equivocación se produjo porque el técnico responsable de la cremación no comprobó el número de identificación del cuerpo.
30-oct-2016
MULTAN A UN COCHE QUE IBA SUBIDO EN UNA GRÚA POR EXCESO DE VELOCIDAD.
El servicio Catalán de Tráfico aseguró a la propietaria que la multa fue notificada a ella porque la grúa tenía una matrícula andorrana.
19-ene-2015
UNA FUGITIVA PIDE QUE CAMBIEN SU FOTO DE "SE BUSCA" POR OTRA EN QUE SALE MEJOR.
La joven escapó el 19 de agosto de una comisaría cerca de Sidney, Australia. "Podéis usar esta foto, por favor y gracias", escribió al mandar a la Policía una foto en la que salía más favorecida.
30-ago-2016
UN HOMBRE  BAJO LOS EFECTOS DEL LSD SALVA AL PERRO DE LOS VECINOS DE UN INCENDIO IMAGINARIO.
Un neoyorquino de 43 años acabó arrestado por allanamiento de morada, aunque sus intenciones eran buenas y su comportamiento fue heróico... dentro de su alucinación.
18-oct-2016
Duke, un perro de raza Gran Perineo, ha ganado las eleccione a la alcaldía en Cormorant, en Minnesotta. El resulado de las elecciones han dado como claro vencedor al animal por tercera vez consecutiva.
Lo mandatos en el pueblo duran un año.
24-ago-2016
LA POLICÍA RECIBIÓ UN AVISO DE "DISPUTA DOMÉSTICA" Y AL LLEGAR DESCUBRIÓ A UN HOMBRE, SOLO, GRITÁNDOLE A UNA ARAÑA.
El hombre contra la araña. Episodio I.
La policía australiana recibió el pasado fin de semana múltiples llamadas que reportaban una disputa doméstica violenta en un domicilio al norte de Sydney (Australia), al llegar al lugar de los hechos encontraron a un hombre, solo, con un bote de spray en la mano.
26-nov-2015

La propuesta de este mes consiste en elegir una de las noticias anteriores y a partir de ella elaborar una historia para vuestro relato. Podéis modificar algunos detalles y los personajes, pero no debe cambiarse la esencia de la noticia.

Ya sabéis, la extensión mínima es de 100 palabras, pero podéis desparramaros todo lo que vuestra creatividad necesite.

¡Que paren las rotativas! ¡Que engrasen las máquinas! Os vais a convertir en periodistas de los antiguos y vais a sacarle todo el jugo a las noticias. Escudriñad en los detalles y mancharos las manos de tinta.

P.D. Como ya he comentado en redes, el sorteo VadeReto pasa a ser cuatrimestral. Así que este se corresponde con el tercer reto para poder participar en el primer cuatrimestre del 2020. La lista de libros disponibles la podéis consultar en el siguiente enlace:

Sorteo VadeReto

Mi Relato para el VadeReto:

La Gesta de un Héroe Alucinante

Estaba siendo un día de mierda y la tarde amenazaba con seguir por el mismo camino. Sentado en uno de los bancos del parque, mientras contemplaba cómo las nubes formaban preciosas y curiosas imágenes, mi primo Perrishi llega como un tsunami e interrumpe impunemente mis elucubraciones…

Aquí tenéis el relato completo

Abocado a la Muerte

Imagen, en forma de ilustración digital, del interior de una caja de madera. Más larga que ancha. Simulando un ataúd antiguo.
La vista está dirigida desde el interior de uno de sus lados más estrechos. Dónde iría la cabeza o los pies.
Imagen de PIRO4D (Pixabay)

Unos golpes estridentes me sacaron del sueño. La oscuridad era tan espesa que me aplastaba. Intenté levantar mis brazos, pero toparon con una superficie dura, rugosa y cerrada. Tampoco podía moverlos hacia los laterales. El lugar en dónde me encontraba era solo un poco más ancho que yo. Mis piernas tampoco disponían de espacio para moverse y el hormigueo las resucitaba lentamente, con dolor. Al reposar los brazos de nuevo, noté debajo de mí la humedad de la tierra. No obstante, la realidad me implosionó el cerebro. Estaba encerrado en una caja, ¿acaso un ataúd? ¿Ese era mi destino? ¿Ser enterrado vivo?

Mi cuerpo se empezó a bambolear. Me estaban transportando hacia algún lugar indefinido. Lo curioso de todo es que no sentía pánico. Ni siquiera miedo. Podría ser por efecto del tiempo que me había llevado durmiendo. Me encontraba tranquilo y descansado. Tampoco notaba la falta de oxígeno en el exiguo habitáculo. Sin embargo, mi boca empezó a sentirse seca y estrecha, como la caja.

Durante el trayecto, anduve entre la vigila y la ensoñación. Mi cuerpo se mantenía muerto. La mente, en cambio, se desbocaba entre imágenes inconexas y absurdas. El corazón, por otro lado, permanecía en el más tranquilo de los letargos. El estómago tampoco daba señales de actividad, pero la sed me secuestraba el conocimiento.

Cesó el movimiento y noté como depositaban la caja, suavemente, sobre alguna superficie, plana y equilibrada. El silencio seguía siendo burdo e incómodo, colmado por mis desordenados pensamientos. Nuevos ruidos me sacaron del sopor llenando el angosto espacio de mi cautiverio. Esperé angustiado que la tierra empezara a caer sobre el féretro y sepultara mi existencia. Sin embargo, después de una leve calma, tres enérgicos golpes llamaron sin esperar respuesta. Luego, volvió la tétrica paz.

Esperé unos eternos segundos y volví a empujar la tapa. Esta vez cedió fácilmente. Una estrecha fisura, en el lateral, fue dejando entrar una minúscula gota de claridad. Entorné los ojos, ante la mortal visión. Sin embargo, la tenue luz de las antorchas generaba en el entorno una placentera iluminación. Abrí del todo la caja y paladeé la noche.

Me incorporé y, no sin dificultades, salí del ataúd. Mirando a mi alrededor comprobé que estaba en un mausoleo, desierto y sombrío. De forma súbita y lacerante, los recuerdos invadieron mi cabeza, reorganizando mi memoria y mis vidas. Solo pararon cuando unas voces perturbaron el silente exterior.

Había llegado la hora de alimentarme.

Relato escrito para la propuesta literaria VadeReto de este mismo blog.
Estas son las condiciones de este mes:
El protagonista de la historia se despierta en un lugar oscuro, desconocido y, aparentemente, encerrado. Hay que crear un relato que de respuestas a las preguntas que le asaltan.

Una Mascarada Menoscabada

La música sonaba atronadora. Violines, violas, cuchelos, piano… intentaban sobrevolar el murmullo y sobrevivir a los gritos de la multitud. Mendelssohn, Brahms, Tchaikovsky, Haendel… ningún clásico se salvaba de rivalizar con las sonoras carcajadas de arlequines, piratas, hadas, animales antropomorfos, montruosas criaturas, sarcolopendras… Todos danzaban, saltaban, corrían y se divertían en el gran salón del castillo de Zima. Como cada año, nadie quería perderse la tradicional Fiesta de Máscaras del conde Leznable. No era el mejor anfitrión que se podría desear para una agradable celebración, pero la comida y la bebida era gratis y este día todo el mundo tenía acceso al castillo. Solo había dos condiciones: ir disfrazado y no estar en la lista de negra del condado. Lo primero fue fácil, mi disfraz de Fred Astaire, el más experto bailarín de todos los tiempos, destacaba entre todos los asistentes. Lo segundo, más fácil todavía. Era la primera vez que pisaba el condado. Solo tuve que hacerme pasar por un vecino difunto. Estaba perfectamente de salud, pero tuvo la desgracia de tener mis mismas características físicas. Ya no tendrá que pagarle impuestos al conde.

Imagen de Sophia Hilmar en Pixabay

Tenía una misión muy clara, aunque imprecisa. Asesinar al jefe de la policía. El muy inepto se había propuesto acabar con la mafia local y la mafia local no estaba muy dispuesta a facilitarle el trabajo. Además, tenían todo el dinero que pudieran necesitar y que mejor forma de emplearlo que contratando al mejor asesino a sueldo del planeta. Bon, Anselmo Estrabón. Para servirles a ustedes. Si tienen dinero para pagarme, por supuesto.

Todo parecía sencillo hasta que conseguí entrar en el castillo y comprobé que hasta los agentes de seguridad iban disfrazados. Teniendo en cuenta que era un sujeto de mediana estatura, rechoncho, patizambo y de edad madura, solo se parecía a la inmensa mayoría de los ricachones del pueblo. ¿Qué iba a hacer? ¿Arrancarles la máscara uno a uno? Preguntarle al oído, ¿es usted el jefe de la policía? No, tenía una forma más sutil de resolver el problema. Gracias a mis grandes dotes detectivescas, había conseguido descubrir la forma en la que se reconocían los agentes encubiertos de la ciudad. Usaban consignas rimadas. Sí, era una forma muy peliculera, pero, por lo visto, tenían hasta un club de poesía montado. No sería yo el que criticara su afición literaria. Así, solo tendría que acercarme a mi objetivo y cantarle la primera parte de la contraseña. Aquel que me contestara adecuadamente se ahorraría esa noche quitarse la purpurina de la cara.

Con mi elegante frac negro, mis botines relucientes, un filardelo corinto y una máscara que me tapaba media cara, me adentré en el salón principal. Empecé a andar, contoneándome, como lo haría el célebre bailarín y, cuándo solo había avanzado unos metros, alguien me llamó:

—¡Eh, tú! El estirado. ¿Qué haces sin bandeja?

Me giré sorprendido, sin entender nada, y me encontré con un armario empotrado de cuatro puertas que también vestía frac y pajarita. Idéntico al mío.

—¿Qué coño haces deambulando por la fiesta como si fueras un invitado?

—Y… ¿Usted es…? —le dije intentando no partirle la boca delante de toda la gente. Mi misión era más importante que mi orgullo.

—¡Dios, otro empanado! ¡El maître, imbécil! El responsable de que no te paguen ni los gastos como no andes rápido para la cocina y te pongas a servir copas!

¿Servir copas? ¿Me había cargado a un camarero para entrar en el castillo? Bueno, no era mal asunto. De esa forma, pasaría todavía más desapercibido y tendría excusas para acercarme a los invitados sin parecer un acosador. Salí titubeante del salón buscando la cocina.

—Por ahí no, ¡atontao! Gira a la izquierda y al final de pasillo. Cada vez mandan a becarios más tontos. —El menda era un tipo grande y fuerte, pero su amabilidad me sugería que podría no llegar al final de la fiesta.

Seguí diligente la indicación del ropero andante y me infiltré en la cocina. Allí faltó poco para que me metieran una bandeja por la boca. Todo el mundo parecía estresado. Unos corrían entre los fogones, gritando, dando órdenes. Otros entraban y salían con platos inmensos llenos de camandreos de todos los colores y otras deliciosas y apetitosas viandas. Alguien me puso una bandeja en las manos, otro empezó a llenarlas con copas de cristal y, un tercero, las colmó de un líquido amarillento, dorado y burbujeante, que supuse era champagne. A duras penas pude salir con ella de la cocina sin que tuvieran que comprar una cristalería nueva.

Con una mano debajo y otra aguantando el borde de la bandeja, penetré de nuevo en el salón. Nada más verme, seis invitados sedientos se lanzaron como depredadores sobre las copas. Intenté mantener el equilibrio, pero el peso de la batea, los arreones de los ansiosos borrachos y mi torpe habilidad como camarero, hicieron que empezara a trastabillar hacia el centro del salón. La gente me dejó espacio y me vi solo, en medio de la pista, mientras todos formaban un corro a mi alrededor. Empecé a emular un patético ballet, cómo si realmente fuera el danzarín actor del que iba disfrazado. Daba vueltas inverosímiles, evitando in extremis que el champagne alimentara la grandísima alfombra. Los asistentes se empeñaban en corear cada uno de mis movimientos. Gritaban jocosos ¡Uuuyyy! y bramaban sarcásticos vítores del tipo: ¡Que le den un par de aros y una pelota! ¡Que le pongan unos patines! ¡Que lo vistan con un tutú!

Mientras, con guasa y sorna, la orquesta había empezado a interpretar Entry of the Gladiators. Yo intentaba recomponer mi prodigioso estilo de baile, cuando una señora de edad indeterminada se abalanzó hacia mí. Sus torpes andares e irregulares hechuras parecían demostrar que estaba muy cercana del doble cero. Se envalentonó y quiso convertirse en mi pareja de baile. Me agarró por la cintura, desde la espalda, y juraría que intentó meterme mano. Sería vieja, pero tenía una fuerza increíble. En el segundo bandazo que me hizo dar, terminó por romper la belleza de la danza. Di un traspié y los dos salimos desequilibrados y a trompicones hacia el gentío. Todos se atropellaron intentando apartarse y haciéndonos un pasillo. Vi como, inexorablemente, nos encaminábamos hacia una gigantesca fuente de carne en salsa, que en ese momento entraba en el salón, portada por cuatro camareros. Perdí de vista la bandeja. Sonaron cristales, gritos, insultos… Por el rabillo del ojo vi llegar al aparador con frac que era el maître. No lo dudé ni un instante. Aproveché que la mitad de los invitados estaba en el suelo, haciendo break dance y patinaje artístico, y me escabullí de la forma más sigilosa y rápida posible. Afortunadamente, no había perdido la máscara. No paré hasta que encontré los aseos y me escondí en uno de los reservados. Allí, logré recuperar la respiración y reordenar mi estratégico plan, ahora ligeramente descompuesto gracias a la nonagenaria Ginger Rogers.

Estaba empezando a pensar que este trabajo se me estaba yendo de las manos, cuando la suerte se dignó a sonreírme. Dos personas entraron en el cuarto de baño con una conversación frenética.

—Búscame a ese engendro del demonio y sírvemelo al punto y sin guarnición —masculló entre dientes el hambriento visitante. Por lo visto el castillo también ocultaba incidentes paranormales.

—Enseguida pongo a los hombres en su búsqueda, Jefe. —¿Jefe? ¿El destino me regalaba a mi víctima en bandeja? Bueno, dada mi habilidad con ella, mejor que sea en una cesta con asas.

—Hazlo con total discreción. No quiero que el conde nos despelleje vivos, aunque después del numerito de ese inútil vestido de camarero, miedo me da el finiquito. —Seguía masticando cada palabra que decía. Por lo visto no le gustó mi coreografía.

—Sin problemas, Jefe. Nadie se dará cuenta ni de que existimos.

Dicho esto, el sonido de la puerta indicó que el subalterno se había marchado del aseo. Era mi oportunidad de terminar el trabajo y largarme de aquel maldito castillo. Busqué en mi fajín interior, mi mochila encubierta, el “Shemicida del Silencio”. Así lo llamaba yo. Era ideal para acallar sujetos deseosos de despedirse del trajín diario. Abrí la puerta del reservado muy lentamente, enrollé cada extremo del cable en una mano y salí dispuesto a culminar mi trabajo.

El destino era un cachondo. Delante de mí, mirándose al espejo con cara de bulldog amargado estaba el armario-ropero. Contemplaba mi reflejo con ojos desorbitados. Solo tenía dos opciones: terminar lo que había empezado o desaparecer como si fuera Houdini. Como lo segundo no lo había practicado convenientemente, me decidí por atacarle.

Sin esperar a que reaccionara me encaramé a su espalda y le pasé el cable por el cuello. Aquel tío tenía más pescuezo que un buey de Aquitania. A duras penas podría cruzar el hilo para estrangularlo. El gigantón se irguió y empezó a sacudirse como un chucho mojado. De nuevo inicié un estrambótico baile con pareja singular. El armatoste quiso enseñarme todos los rincones de los servicios, sobre todo las paredes. Tengo suerte de ser canijo, liviano y moverme con rapidez. De esa forma, pude librarme de terminar empotrado en los azulejos cada vez que los embestía con su espalda. Parecía la coleta de Beyoncé.

Poco a poco, con esfuerzo y perseverancia, conseguí que el cable rodeara todo su cuello, pero ni por esas. La próxima vez me busco un lazo de cáñamo de dos metros. No sé si por efecto de mi mortífera arma o porque le estaba faltando el resuello por el bailoteo, el titán parecía decaer en sus embestidas. En la única oportunidad que tuve, apoyé mis pies sobre uno de los lavabos y lo lancé contra el váter que estaba enfrente. La maniobra resultó y terminamos entrando en él. Bueno, sería más correcto decir que él terminó con la cabeza dentro del váter y yo encima pateándolo para que no se levantara. Aproveché y pulsé la cisterna varias veces. Si no moría estrangulado lo haría ahogado. Al fin, dejó de agitarse. Lo asfixió el agua o algo que había ya en el inodoro. A duras penas tuve tiempo de descansar. Cuando acababa de guardar el cable de nuevo en su habitáculo secreto escuché una voz a mis espaldas.

—¡Uy! ¿Qué le ha pasado al maître? ¿Está indispuesto?

Me giré y por poco me dio un infarto. Detrás de mí estaba Batman. Su aspecto enclenque y penoso me hizo suspirar y recordar que estaba en una fiesta de disfraces. Al final la fortuna no era tan cabrona conmigo. El superhéroe de imitación china tenía mis mismas hechuras. No perderé el tiempo contando como lo noqueé, en realidad, tan solo hizo falta un puñetazo, pero ya tenía un nuevo disfraz. Mirándome en el espejo no pude desdeñar que me quedaba muchísimo mejor que al tipo que yacía en el suelo.

Cuando llegué de nuevo al salón, no había indicios de mi maravilloso espectáculo vodevil. Tendría que contactar con este servicio de limpieza para mis fiestas veraniegas. La gente seguía bailando, bebiendo y comiendo. Como dijo aquel ilustre emperador: «Mientras haya viandas no habrá malas propagandas». ¿O quizás fue un político? En fin, el escenario estaba dispuesto para que Batman hiciera su triunfal entrada.

Por ventura, nadie se fijó en mí y pude otear el ambiente en busca de mi objetivo. Como dije antes, en este condado se alimentaban bien. Era más difícil encontrar a un canijo que a un camarero con la bandeja llena. Evidentemente, los evité como a la lepra. Ya había tenido suficiente amistad con el servicio por una noche. Me acerqué al primer gordinflón que tenía cerca, disfrazado de papagayo, e improvisé un santo y seña rimado. Sutilmente, le susurré al oído:

Cuando el sol despierta,
el pájaro se inquieta.
Es el momento de volar,
para pareja encontrar.

El interpelado se giró sorpresivo y me dijo con retintín:

—¡Oyoyoyyy! Pues con esas hechuras no vas a encontrar ni a una golondrina ebria, precioso.

Dudaba que esa fuera la respuesta correcta, pero, ante su sinuoso contoneo, decidí hacer una huida elegante. Dejé al guacamayo saludando con una mano y me dispuse a seguir buscando.

Ante mí apareció un gorila. Se golpeaba el pecho como si estuviera en una película de Tarzán.

—Yo serrr monada —me dijo, imitando a un indio sioux con acento teutón. ¿Estaría dándome la contraseña?

—Si quieres, te invito a una limonada —le rimé de forma cantarina.

El tipo se separó dos pasos y me miró de arriba abajo y de abajo arriba. Con la cabeza metida en aquel grandísimo melón simiesco, no sabía si se estaba riendo, llorando o le estaba dando un ataque epiléptico. Estaba claro que lo mío no era la poesía.

Después de varias tentativas más sin ningún éxito. Me propuse hacer uso de mi portentosa psicología detectivesca. Busqué al más rollizo de los comensales. Era un arquetipo muy socorrido, pero suele ser el modelo más fidedigno de jefe. Lo divisé sin dificultad a lo lejos, evidente, y… ¿no podía ser tan simple? Iba vestido del policía que siempre persigue a Charlot. Otra cosa no, pero original, tampoco. Estaba bailando sin gusto y con varias chicas orbitando a su alrededor. Estaba claro que no aceptaría de buen grado que me interpusiera como satélite. Después de pensarlo, se me ocurrió hacer uso de mi disfraz. Me envalentoné y me acerqué simulando algo de embriaguez.

—¡Hostia puta! ¿Pero qué haces tú aquí, pingu? —Para los neófitos en temas superheróicos, el pingüino es uno de los enemigos más antiguos e irritantes de Batman.

La bola vestida de uniforme no pareció entender el chiste y su cara mostraba todo menos amabilidad.

—¿Qué estás diciendo, imbécil? —En esa fiesta, mi persona no había sentido aprecio en ningún momento—. Voy de policía, no de pingüino. —Intenté redirigir la broma para ver si conseguía llevarlo a mi terreno.

—Jajaja Ya lo sé, hombre. Era una broma entre colegas. ¡Ya sabes! —Le guiñé un ojo. Luego me di cuenta que llevaba máscara—. El Pingüino, el enemigo de Batman. Tú… yo… unas birras. Revivir aventuras…

—¿Tú… Batman? Más bien pareces un murciélago borracho con capa. —Su carcajada y el comparativo hirió mis sentimientos, pero lo que más me enervó fue el tonito y su dedo señalándome. Me estaba cabreando bastante su actitud de superioridad y eso me dio otra idea.

—¡Qué gracioso! Pues tú pareces… el hermano gordo de Pavarotti, pero después de haberse comido tres vacas. —Dio resultado. Escupió el champán que había intentado beber y miró a las chicas que, a su vez, lo observaban atónitas. No lo hice dudar. Le saqué la lengua y empecé a correr.

Aquello era demasiado cómico. El policía de películas mudas persiguiendo a un Batman escuálido y paticorto. La gente, por supuesto, se apartó y nos dejó el camino libre para la persecución. Los cabrones de la orquesta no perdieron la ocasión y empezaron a interpretar Yakety Sax. Tenía que llevármelo a algún sitio discreto dónde cargármelo. El problema iba a ser conseguir que me siguiera persiguiendo sin que antes reventara por falta de oxígeno.

Seguía corriendo, pero, de vez en cuando, me volvía y le hacía algún gesto ordinario con mis manos. Entonces, el poli reanudaba la persecución rebotando por los pasillos como una bola de pinball. En algún momento, incluso, cuando parecía que iba a abandonar definitivamente la caza, le mostré mis posaderas. Aquello me estaba divirtiendo una barbaridad.

Batman corriendo, figura de Lego.
Imagen de gregstepien75 en Pixabay

Como suele pasar en estos casos, la comicidad se me fue de las manos y no me di cuenta que estaba saliendo a los jardines del castillo. Allí me esperaban un Thor, con un martillo de goma flácida; un Ironman, con el faro de una bicicleta pegado en el pecho; un Spiderman, que sería imposible de aguantar con telas de arañas, aunque fueran de acero; y otro con un abrigo marrón, una pasada negra en la frente y un palo de fregona en las manos. ¿De qué coño iba disfrazado este tío? Estaba claro que en el condado eran unos frikis del copón, pero los disfraces los traían los chinos.

—¡Aquí no queremos gentuza de la D.C.! —me soltó el tío de la fregona. ¿Decé? ¿Se refería al grupo de rock? ¿O sería el acrónimo de Dementes y Criminales?

—¡Vamos a convertirte en ratita pisada, murciélago canijo! —me gritó el tío con complejo de bicicleta.

—¡Te voy a abrir la cabeza! —dijo de forma original el nota del martillo.

El falso spiderman no dijo nada, creo que se estaba asfixiando dentro del traje de lycra cuatro tallas más pequeño que su oronda barriga.

Los cuatro intentaban rodearme para algún juego que no me estaba empezando a gustar. En esas, llegó el pingüino al jardín. Farfullaba y tenía la cara más roja que la capa de Superman. ¡Leche! ¿Me estaría volviendo friki yo también?

Todos se le quedaron mirando y se olvidaron de mí. Empezaron a llegar más invitados de la fiesta que habían sido atraídos por mi espectacular actuación. Al fin, uno de ellos, exclamó gritando:

—¡Le está dando un infarto!

Acto seguido, el pingüino puso los ojos en blanco, rodó por el suelo, como una peonza, y terminó cayendo muerto. Bueno, no era precisamente el plan que había urdido, pero me venía de maravillas. Objetivo eliminado. Trabajo limpio, discreto y efectivo.

Unos gritaban pidiendo un médico, otros una ambulancia, alguno al doctor Estaño. ¿Qué extraño? Y la gente del servicio gritaba ¡¡¡El condeeee!!! Lo estarían reclamando para que decidiera a quién había que llamar. No me apetecía nada encontrarme con él, así que, decidí que era el momento idóneo para que Batman desapareciera de la escena. Además, necesitaba quitarme ya la lycra y la máscara. Me estaban dando unas ganas tremendas de liarme a ostias con el que se cruzara en mi camino.

Al día siguiente, decidí tomarme la jubilación por anticipado y darme unas maravillosas vacaciones en alguna isla paradisíaca del Caribe. De esas que están más perdidas que una cacerola en el IKEA. Lo habría hecho de sumo gusto de forma voluntaria, pero las noticias que venían en el periódico del condado me impelieron a adelantar los trámites.

La Gaceta del Condado
EL CONDADO SE VISTE DE LUTO POR LA TREMENDA PÉRDIDA
Durante la tradicional Fiesta de Máscaras, que se celebra todos los años en el castillo de Zima, ocurrió un desgraciado accidente. El conde Leznable III, el presuntuoso, falleció de un ataque al corazón. El señor del castillo fue incapaz de soportar la extensa carrera a la que le retó un tipo disfrazado de Batman, que se empeñaba en llamarlo pingüino. En la foto se le ve rodeado de superhéroes. El jefe de la Policía del Condado, German Teca, manifestó a este medio: «A mí no me engañan. Esto es una sucia maniobra de la mafia local para evitar que los empapele. Esta semana tendrán noticias muy jugosas». Les tendremos informados.

NOTA.- Palabras inventadas para el reto:
cuchelos, sarcolopendras, filardelo, camandreos, shemicida


Relato publicado en el Reto Literario “Reto de Lubra: Baile de Máscaras” de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Datos del Reto:
Infíltrate en el castillo de Zima, durante la Fiesta de Máscaras, para cumplir una misión. Describe el escenario y los personajes y explica tu objetivo.

Condiciones:
# Alguien cree que eres un sirviente de la mansión. Quizás puedas aprovechar eso o quizás te traiga algún quebradero de cabeza.
# Te ves obligado(a) a recitar un poema: 4 líneas con rima.
La Máscara Negra:
# Durante la fiesta, deberás caerte de forma ridícula.

# Haz aparecer cinco palabras que no existan, inventadas por ti.