VadeReto (MAYO 2022).-

Para el VadeReto de este mes hemos hecho algunos cambios en el logo. La fotografía de fondo presenta unas manos ancianas sobre un libro cerrado, este parece descansar sobre la falda de la persona que lo sostiene. El resto es igual que en logos anteriores: En la parte superior aparece el texto "VadeReto", en rojo, con relieve y con trazo blanco bordeándolo. En la zona inferior, una cinta dorada, a modo de banner, con un par de pliegues, lleva grabado encima el mes en curso del presente año, en rojo, seguida por una pluma de ave, también roja. La imagen queda formando un cuadrado, con los textos centrados horizontalmente.
Para ir a los relatos participantes, pulsa AQUÍ.

Buenos días/tardes/noches sean…

Parece que el tiempo no termina de madurar y sigue en su etapa adolescente: Unos días luce el sol, radiante y magnífico y está más feliz que un invitao a un convite; y otros, este se esconde temeroso tras nubes de tormenta o incluso granizo, triste como el que llega tarde al mismo convite.

Por aquí abajito tenemos un clima fantástico, porque nos movemos entre el calorcito del día y el fresquete de la noche. Por eso por la mañanita nos apetece darnos un garbeo y tomar el sol, como los lagartijos, y por la noche preferimos el calorcete de la casita y amodorrarnos en nuestro sillón favorito, con una infusión y un libro en el que perdernos.

Lo primero, el paseo y la cervecita, es para hacerlo entre amigos y al aire libre. Así que si venís por Cádiz no dejéis de avisarme. Os enseñaré el Paraíso en la tierra.

Lo segundo es más íntimo y se presta maravillosamente a nuestra particular propuesta literaria. Por eso el VadeReto de este mes va de:

¡¡¡LEER!!!

Para la creación de vuestro relato os propongo dos cosas.

Primero, esta fotografía que debe serviros como inspiración y de alguna forma verse representada en la historia:

Fotografía virada al blanco y negro con tonalidades sepia.
En ella se ve, centradas en un primer plano, unas manos, de una persona muy anciana, hojeando un libro.
Nada más y nada menos.
Composición a partir de la imagen de Alexas_Fotos en Pixabay.

Segundo, una frase que debe aparecer dentro del relato y que debéis elegir entre las citas siguientes:

«Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres».

«Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee».

«Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma».

Sin embargo, ya sabéis que las condiciones del VadeReto son siempre flexibles y bastante abiertas. Si os apetece poner vuestra propia cita sobre los libros o la lectura, adelante, pero tenéis que indicar de alguna manera su autor.

Y eso es to… yeso es to… yesoestooodo, amigos.

El tema de este mes es bastante abierto para que haya una mayor diversidad de historias por contar. Eso sí, hablad del hecho en sí de la lectura, no de los libros en general.

Que Caliope, Melpomene, Talia, Erato o la musa que haya sido castigada a iluminar vuestra inspiración sea generosa y no desista en su empeño, por muy dura que sea la mollera, como la mía. 😅😂🤣

Besos Múltiples, Abrazos y ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo usados a partir de las imágenes de Peter H en Pixabay (Cabecera) y Yerson Retamal en Pixabay (Logo)

RELATOS PARTICIPANTES:
(por orden de escritura)

______________________________________
El primer enlace corresponde a la publicación en el blog personal (cuando lo haya),
el segundo, al comentario de aviso en esta entrada
para que podáis expresaros, comentar, interpretar o lo que os apetezca sobre el relato.

Un Espécimen Galáctico

Fotografía desenfocada de un primer plano de un prado. Solo puede verse los tonos verdosos del simulado césped y los reflejos en la lente producidos por la luminosidad.
Imagen de jplenio en Pixabay

La brisa suave y aromática de la pradera me besa los carrillos y mueve mi salvaje melena muy len…ta…men…te. Correteo dando saltitos, cual cervatillo. Mis piernas consiguen mantenerse en el aire, ingrávidas, durante unos segundos, antes de volver a posarse sobre la hierba. La imagen es digna de aparecer en un anuncio navideño de colonia.

Voy persiguiendo a una dulce y preciosa chica que ríe escandalosamente, aunque no consigo escuchar su risa. Ella se gira hacia mí mientras intenta escapar de mi abrazo y tropieza con una raíz perversa, cayendo y rodando por el césped. Yo me paro junto a ella, sereno, lozano, sorprendentemente relajado, cuando debería estar echando la papilla por el esfuerzo de la carrera. ¡Ni siquiera jadeo!

Ella me mira, entre sensual y traviesa, pero su cara cambia a espanto. ¿Se habrá dado cuenta que no soy un príncipe azul, ni siquiera celestón desteñido? No, no me mira a mí, está mirando a través de mí. ¡Qué chica más enrevesada!

Dada la gravedad de su cara, pienso que nos ataca algún monstruito, como los que acabo de matar para salvarla. Me vuelvo, dispuesto a sacar mi espada, aunque no la encuentro. ¡Si es que lo voy perdiendo todo! Pero no me da tiempo a ofuscarme, el motivo del terror es el sol. Su intensidad crece de forma anormal y peligrosa. Parece querer quemarlo todo en un ataque de furia, o de celos. Cierro los ojos, caigo al suelo y comienzo a gritar. Sí, un héroe también puede ponerse histérico.

Todo dura solo unos segundos o eso me lo parece a mí.

Cuando vuelvo a abrir los ojos estoy tendido bocarriba y la potente claridad sigue lastimándome la vista, pero no quema. Intento incorporarme y choco contra la nada. Una nada bastante sólida. El golpazo ha sonado como si hubieran dado la una en la iglesia de San Drogón y debo tener la frente y la nariz como un guiri el primer día de playa.

Tras unos instantes de confusión, y casi pánico, descubro que estoy dentro de una caja de cristal, o algo similar. ¡Por las barbas de mi abuelo! ¿Estoy muerto y se han puesto de moda los ataúdes transparente? ¡Qué siniestro, aunque ocurrente!

Sin embargo, debe haber habido algún error, porque estoy vivo. ¿Estoy vivo? Me palpo y me pellizco, intentando confirmar mi todavía existencia terrena. Me duele y pienso, ¿seguirán los fantasmas sintiendo el dolor físico? Bueno, al menos soy un espectro ocurrente.

Miro mi entorno y veo que estoy en una especie de habitación de hospital, tan blanca que incomoda. Varias máquinas se conectan a mi ataúd y muestran gráficos muy ilustrativos, pero que no tengo ni idea de qué quieren decir. El silencio es estremecedor y me reconforta, hasta que recuerdo que estoy dentro de una caja, de un cajón, ¡de un féretro! Busco algún botón o resorte que consiga abrirla, pero no lo encuentro. Golpeo la tapa, intento forzarla, la empujo con mi cabeza, la insulto, pero nada. Al final lanzo un desesperado grito:

—¡QUIERO SALIR DE AQUÍ!

Y la caja se abre. ¡Lamarequemeparió! ¿Era así de fácil?

Consigo incorporarme, sentarme y no caerme de frente por el intenso mareo. En ese momento, descubro que tengo cables pinchados en mis brazos. En un alarde de valentía y arrebato me los arranco y luego vuelvo a gritar. ¡Tengo repulsión a la sangre! No me da tiempo a desmayarme, un extraño artefacto metálico con brazos, parecido a un espantapájaros, se acerca y me planta dos tiritas, una en cada brazo. ¡Qué atento! Le hablo y pregunto, pero no me contesta. Tampoco tiene cabeza, cara u orejas. ¿Las necesitará?

Cuando intento ponerme de pie vuelven los mareos. El nivel de aturdimiento y desorientación es tremendo. ¿Cómo he llegado aquí? ¿Cuándo lo he hecho? ¿Cuánto tiempo me he llevado ahí dentro encerrado? Por el dolor de cabeza y la sensación de malestar debo haber estado en un fiestón con barra libre. ¿Quién me ha traído entonces? Dudo que haya llegado a este sitio por mis propios pies. ¡Necesito encontrar respuestas!

Mi primer paso ocasiona la erupción del Krakatoa, pero no llego a vomitar. El alarmado espantapájaros metálico ha acudido raudo y veloz con un cubo en sus manos. ¡Esto es un mayordomo y no el de Batman! Cuando comprueba que ha sido una falsa alarma, se retira y vuelve con un recipiente lleno de agua. Bueno, tal vez haya que reprogramarlo para que la próxima vez venga con una cerveza.

Consigo dar mis primeros pasos, aunque mis piernas temblequean como un vil imitador de Elvis. Me siento ligero, como si flotara dentro de una gran piscina. Sospecho que si me lanzo hacia delante podría nadar en el aire. ¡Madremía! Todavía debo andar bastante ebrio. Mi traviesa sonrisa, reflejada sutilmente en el cristal de la puerta, me delata. Esta se abre en cuanto me aproximo. Qué detalle, este hotel se merece cinco estrellas en la guía Michelón.

Salgo al pasillo y aparece en frente otra pequeña habitación con aspecto de WC. Desconozco si es esa su función, pero, al verlo, mi apremiante cuerpo me impulsa a entrar en él y usar el receptáculo con apariencia de váter. Espero que sea eso y no un lavabo o una pileta moderna. Por el tiempo que me lleva vaciarme deduzco que, o me he bebido toda la bodega del pub que visité anoche, o esos cables me han hinchado como la rueda de un tractor. ¡Ay, qué delicia!

Cuando sacudo y me vuelvo veo una aparición espeluznante, horripilante, repulsiva, tirando a desagradable, que me hace gritar, esto se está volviendo ya una costumbre. Ella grita también, aunque no la escucho. Doy un paso atrás, ella también. Le saco la lengua, ella también. Me río, ella también. Evidentemente, es un espejo y me hace comprobar que voy totalmente desnudo. ¡En pelota viva! Menos mal que todavía no me he cruzado con nadie. Cojo una especie de cortina, de aspecto metálico, con el suficiente ancho para envolver mi menudito cuerpo. Me vuelvo a mirar en el espejo y quedo complacido. He pasado del monstruo del pantano a Octavio César muy Augusto.

Regreso trastabillando al pasillo y lo recorro, vacío, frío y silencioso, hasta llegar a una sala, desangelada, con solo una mesa en el centro y una silla junto a la pared. Por lo visto, no se esperan visitas. Sobre la mesa hay una gran cesta llena de fruta. ¡Qué original! No me da tiempo ni a acercarme cuando un enorme y aterrador rugido me hace dar un respingo y pensar que me ha seguido el monstruo del sueño. Por suerte, un segundo rugido, esta vez más parecido a un ronroneo, me hace darme cuenta que el causante de los bramidos es mi propio estómago, se ve que le da igual el menú vegetariano.

Cuando cojo la silla para sentarme, educado que es uno, como por arte de birlibirloque aparecen en la mesa varias jarras llenas de líquidos coloridos, algunos espumosos, recipientes llenos de comida y algo que parece frutos secos. Su apariencia no tiene nada que ver con cualquier cosa que antes haya comido, pero cuando la necesidad apremia no hay remilgos que valgan. Así que me lanzo a la mesa y haciendo honor a mi indumentaria me pego una orgía romano-alimenticia que avergonzaría al mismísimo Baco, Saturno o a cualquier de sus primos.

Cuando aún no he llegado a los postres, la pared que queda justo frente a mí se vuelve transparente. Por un momento, me quedo petrificado y con la boca abierta. La comida se me cae de ella, de forma bastante asquerosa. El robot espantapájaros, que ha debido venir tras de mí, se muestra solícito para limpiarla y por poco me asfixia. Esto consigue sacarme del embobamiento y me hace levantarme para observar la ventana desde más cerca.

Lo que veo a través de ella me hace estremecer, sudar, temblar, casi llorar, ¿gritar? Seguro. Ante un fondo profundo y totalmente ausente de luz, una gran concentración de nubes va dejando vislumbrar un planeta rodeado de varias lunas. ¿¡Eso es el espacio!? ¿¡Estoy en una nave espacial!?

Simulando lo que el protagonista ve, he creado un marco que recuadra una imagen espacial con varios planetas, de distinto tamaño, entre nubes blancas y grises.
Todo el montaje tiene tonalidades azules y metálicos. Los típicos de una imagen espacial.
Montaje a partir de la imagen de Willgard Krause en Pixabay;

No puedo creerme que todavía me duren los efectos de los efluvios etílicos o es que de verdad estoy dentro de una escena de StarTrek o StarWars o Stardentrodeunsueño.

Me vuelvo y comienzo a preguntar a la habitación vacía, a gritos, por supuesto:

—¿QUÉ HAGO AQUÍ? ¿DÓNDE ESTOY? ¿CÓMO HE LLEGADO A ESTA NAVE?

Me responde el eco de las paredes y como son bastantes obtusas no me sacan del misterio. Grito más fuerte, pensando que los ocupantes de esta nave podrían ser  bastante duros de oído. Por supuesto obtengo la misma respuesta anterior: el eco de mis alaridos.

Si esto fuera una historia de Asimov, de Bradbury, de Clarke o de cualquiera de esos genios de la Cifi, me habría respondido una voz metálica, egocéntrica y convincente que me calmaría y me situaría en esta trama. Pero no, por lo visto la IA de esta nave se jubiló antes de tiempo o le llego un ERE que me ha dejado a mí más solo que un garbanzo en la sopa de un asilo.

Una agitación exterior me hace volverme y ver aparecer, a través del cristal, otra nave. La sorpresa me vuelve a abofetear, no ya por la nave en sí, es que en su cabina transparente hay gente saludándome. Puedo ver a unos quince o veinte niños mirándome expectantes y curiosos. ¿Niños? Son criaturas pequeñitas, pero… Uno tiene cuatro ojos, pero no lleva gafas; otro cuatro brazos, y no creo que sea Shiva; a uno, en lugar de piernas, le salen del tronco unos tentáculos parecidos a los de un pulpo; otro no es humanoide, es… parece… creo que… ¡Es asqueroso! Todos disfrutan como si fuera la excursión infantil de algún colegio.

La nave pasa de largo y la sustituye otra, de las mismas características, pero ahora el escaparate está lleno de habitantes mucho más viejos, o eso parecen en comparación con los anteriores. Todos tienen más arrugas que un plato de callos. Uno es todo pelo, muy largo y blanquísimo, no sé si está bocarriba o bocabajo; otro es una inmensa bola flotante con una gorrilla de algún equipo deportivo, no soy capaz de descifrar las letras; otro es una amorfa y asquerosa gelatina que se expande y contrae continuamente; otro… ¡Da igual! ¿¡Qué coño son y de dónde vienen!? ¿Es una excursión del INSERSO marciana?

Uno de los yayos alienígenas, con lo que parece una mano, señala enfáticamente algo que está a mi derecha. Todos los vejestorios atienden sus indicaciones y saltan y gritan exaltados. Otro señala hacia la izquierda, nueva excitación. Empiezo a sospechar que no estoy solo.

Intento escudriñar desde mi aparente balcón qué es lo que están viendo esos bichos¸ pero no soy capaz de ver más allá de lo que tengo enfrente.

—¡QUIERO VER EL EXTERIOR! —Vuelvo a gritar de forma histérica, involuntaria e inquisitiva.

La IA, si existe, es incorpórea y silenciosa, pero solícita. En un acto de auténtica prestidigitación, convierte toda la sala en una inmensa pecera que me hace parecer una mojarra en un acuario. Ya no existen paredes. Puedo divisar todo el universo a mi alrededor. También el techo y el suelo se han vuelto transparentes y grito ante la posibilidad de caerme al vacío. Sí, parezco una cumpleañera histérica, pero nadie me había avisado de este fiestón.

Después de conseguir tranquilizarme, gracias a la botella de lo que parece cerveza y que he apurado de un solo trago, me dedico a investigar con más sosiego la infinitud del exterior. Efectivamente, no estoy solo. En la nave puede que sí, pero no en el exterior, diez, veinte, treinta… ¡Qué digo! Más de cien naves, miles de ellas, se sitúan perfectamente alineadas lateralmente a la mía. En cada nave hay un individuo, unos humanoides, otros cuadrúpedos, otros… cualquiera sabe qué son. Todos colocados como en un inmenso y panorámico expositor de un… ¡¿Zoológico?!

Esta es una disquisición demasiado complicada y agotadora para mí. Espero ser un pichón expuesto en un parque zoológico espacial y no un posible fiambre en el escaparate de un centro de alimentación para consumidores galácticos.

Con los ojos llenos de lágrimas, me doy cuenta de que, con un nuevo truco de magia, todas las viandas que había en la mesa han sido repuestas e incluso han añadido alguna sorpresa más. Sea cual sea el caso en el que me halle, qué menos que me muestre orondo y feliz. Voy a indagar en los manjares que me han dejado y brindaré porque mi persona sea la más bonita de ver y la más desagradable de comer, por si acaso.

¡SALUD!

Relato escrito para el VadeReto de este mes:
Inventa una historia de Ciencia Ficción a partir de la introducción ofrecida.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de Willgard Krause en Pixabay

VadeReto (ABRIL 2022).-

Descripción del logo: Fotografía de fondo de la mesa de trabajo de un escritor. Está recortada de forma que solo se ve un primer plano de una máquina de escribir antigua. En la parte superior aparece el texto "VadeReto", en rojo, con relieve y con trazo blanco bordeándolo. En la zona inferior, una cinta dorada, a modo de banner, con un par de pliegues, lleva grabado encima el mes en curso del presente año, en rojo, seguida por una pluma de ave, también roja. La imagen queda formando un cuadrado, con los textos centrados horizontalmente. Nota.- Para el tema de este mes, he superpuesto la imagen del Universo en modo "sobre-exposición color".
Para ir a los relatos participantes, pulsa AQUÍ.

Buenos días/tardes/noches sean…

¡Abril ya! ¿Alguien podría bajar las revoluciones del año? Lo de la cuesta abajo se lo está tomando muy en serio. Amos, que pegamos un pestañeo intenso y nos vemos otra vez en Navidades. ¡Qué velocidad lleva el calendario! ¡KEEP CALM, Pardiez!

Para vivir en un mundo tipo Matrix, como aseguran algunos, al arquitecto se le está yendo la trama de las manos. Estará disfrutando el joío, pero no sé qué va a dejar para el resto del siglo, aunque mejor, ni pensarlo. El guionista contratado tiene que ser compadre de Quentin Tarantino, M. Night Shyamalan o Wes Craven. Aunque, con el caminito que llevamos podemos terminar en uno de George A. Romero o de Stephen King. (¡Menudos Mossstruos!).

Teniendo en cuenta las «maravillosas» noticias que nos sobrecogen últimamente en el Telediario o las Redes Sociales, es cuestión de salud, sobre todo mental, evadirse y aislarse de este mundo tan loco. Como parece haber hecho mi musa, que se ha subido a las nubes, o más allá, y me ha pedido que trabajemos con un género que todavía no había aparecido en el VadeReto.

Para ello me ha susurrado lo siguiente: Imagina que…

«Acabas de despertar, te notas desorientado y no recuerdas dónde estás, ni cómo has llegado allí. Te sientes ligero, como si flotaras dentro de un lago o una piscina. Te incorporas y te das cuenta de que has estado durmiendo dentro de una especie de caja o contenedor transparente. Miras a tu alrededor y compruebas que estás en un lugar cerrado, porque no puedes ver el cielo, pero es grande, muy grande, demasiado grande para ser tu casa.

»Deambulas durante un rato por pasillos vacíos, asépticos y silenciosos. Atraviesas salas y ves habitáculos con las mismas características. Por fin, encuentras lo que parece una ventana y te asomas. ¡No puedes creer lo que ven tus ojos!

A través de la ventanilla de la nave, usada como marco, se pueden ver varios planetas, de distinto tamaño, entre nubes blancas y grises.
Todo el montaje tiene tonalidades azules y metálicos. Los típicos de una imagen espacial.
Montaje a partir de las Imágenes:
Fondo: Imagen de Willgard Krause en Pixabay;
Ventanilla: Imagen de Adrian Lang en Pixabay

»Exacto. ¡Estás en el espacio!»

Porque el VadeReto de este mes va de:

¡¡¡Ciencia Ficción!!!

Debéis crear vuestra historia a partir de la trama arriba presentada.

Podéis usar los recuerdos que va rememorando el/la protagonista con los tonos que más os apetezcan: Intriga, terror, añoranza, amor, odio, regreso, exilio, descubrimiento… Podéis hablar del origen y el destino de la travesía o de las razones y el por qué del viaje. Aunque también, podéis dejar todos los interrogantes que queráis abiertos para que el lector los responda con su propia imaginación. Lo que se os ocurra y disfrutéis escribiendo.

No es imprescindible que añadáis el texto inicial a vuestro relato, aunque sí poner la historia en contexto. Podéis usar vuestra propia introducción.

Por último, para que el relato no se extienda demasiado, vamos a mantener la historia dentro de la nave, sin llegar a aterrizar en el planeta. Para eso, ya usaremos otro reto. Aunque sí podéis daros un paseíto por los exteriores. 😜

Podéis, podéis, podéis… Sois los dueños de vuestra aventura. ¡Dejaos llevar!

Citas:

«En mi vida he encontrado dos cosas de valor inapreciable, aprender y amar. Nada mas; ni la fama, ni el poder, ni el logro por sí solos, pueden tener el mismo valor duradero. Porque cuando tu vida se ha terminado, si puedes decir «He aprendido» y «he amado,» también podrás decir he sido feliz».

«Los Libros contienen en su interior la sabiduría recopilada de la humanidad, el conocimiento colectivo de los pensadores del mundo, la diversión y la excitación construida por la imaginación de la gente brillante. Los libros contienen humor, belleza, ingenio, emoción, pensamiento y de hecho, toda la vida. La vida sin libros está vacía».

Así, que… Preparad las maletas, despedíos de vuestro planeta, calentad motores y… rumbo al Universo infinito… o más allá. 👩🏼‍🚀👨🏼‍🚀🚀

Besos Múltiples, Abrazos y ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo de la Cabecera y del Logo a partir de una Imagen de Peter H en Pixabay.

RELATOS PARTICIPANTES:
(por orden de escritura)

  • EL COMPONENTE HUMANO, de Isra (El Destrio)
    Blog – Comentario
  • UN PLANETA HABITABLE, de Marlen Larrayoz (Trujaman)
    Blog – Comentario
  • NAVE GRANDE, ANDE O NO ANDE, de Tony Jim (volat.blog)
    Blog: Parte I; Parte II – Comentario
  • ERROR DE COORDENADAS, de Ángel (Contando Bajo la lluvia)
    Blog – Comentario
  • AQUELLA VOZ, de Nuria de Espinosa (Entre Luces y Sombras)
    Blog – Comentario
  • SEGUNDA OPORTUNIDAD, de Ana Piera (Píldoras para Soñar)
    Blog – Comentario
  • SOLEDAD, de Virtudes Torres (Vitolosa)
    Blog – Comentario
  • ¡VACÍO!, de Alma Leonor (Helicón)
    Blog – Comentario
  • VIAJE INESPERADO, de Rosa Boschetti (rboschetti)
    Blog – Comentario
  • NO HAY FUTURO, de Mercè Gil (El Mundo de Beatrice)
    Blog – Comentario
  • UN ESPÉCIMEN GALÁCTICO, de Jose Antonio Sánchez (JascNet, Acervo de Letras)
    Blog
  • UN BILLETE SOLO DE IDA, de JM Vanjav (Hasta en 500 Palabras+)
    Blog – Comentario
  • UNA MIRADA, UNA HISTORIA, de Jose Lezcano (A Orillas del Oria)
    Blog – Comentario

______________________________________
El primer enlace corresponde a la publicación en el blog personal (cuando lo haya),
el segundo, al comentario de aviso en esta entrada
para que podáis expresaros, comentar, interpretar o lo que os apetezca sobre el relato.

A la Búsqueda del Hogar

Como otra mañana cualquiera, me apetecía salir a pasear sin rumbo fijo. Deseaba disfrutar del espléndido día, del calor del sol y del aire descontaminado, fresco e innato de la naturaleza. Así, sin darme cuenta me vi dentro del bosque. Y, como siempre me solía pasar, los aromas, los sonidos y los colores me hicieron sentirme en un mundo distinto, lleno de bellezas y misterios por explorar.

Seguía sin encontrar mi sitio en el mundo y multitud de preguntas me atormentaban cuestionándome mi destino. No creía que estas excursiones me darían respuestas, pero, al menos, calmarían mi ansiedad y mi desorden mental.

Me dejé embriagar por los gorjeos de los pájaros que, con sus increíbles colores, revoloteaban a mi alrededor; el crujir de la hojarasca, que alfombraba el terreno llenándolo de tonos ocres, cítricos, púrpuras y aceitunados; el correteo de criaturas que, recelosas de mi presencia, acudían prestas a esconderse en las copas y oquedades de los árboles. Era un inmenso silencio roto por pequeños chasquidos y notas musicales que me llenaban de asombro y satisfacción.

No tardé en sentirme desorientado. Me había alejado del sendero y la espesura me hacía notar perdido. Aunque me encontraba a gusto y reconfortado, empezaba a extrañar mi casa. Tal vez fuera a causa de la sed, el hambre o el frío que comenzaba a sentir.

Anduve sin conseguir reencontrar el camino hasta que salí a un claro entre los árboles en cuyo centro reinaba una cabaña, pequeña, humilde y hogareña. El humo que emanaba de su chimenea me fue atrayendo con su rico aroma y conforme me iba acercando, inconscientemente, una dulce melodía me invitaba a escudriñar en su interior.

Una cabaña solitaria en el interior de un bosque. rodeada de árboles. Predominan los tonos verdes, azules y marrones, todos oscuros. En la composición he modificado la imagen para que se vea de noche y con un cielo estrellado.
Imagen modificada a partir de la ofrecida por David Mark en Pixabay.

Me aproximé, lo más prudente y sigiloso que pude, para mirar por la ventana y contemplé la escena más fantástica e increíble que nunca pude soñar.

En lo que parecía la única habitación de la cabaña, salón, cocina y dormitorio se repartían los espacios para conformar una estancia de apariencia confortable y familiar. A la luz de la ventana, aparecían y desaparecían dos enanos que bailaban desmelenados y desinhibidos. Se acompañaban de una pequeñuela, rubita y de risa escandalosa, que revoloteaba, cual hada angelical, sobre ellos. Los tres se movían al son de la música que parecía interpretar un perro con un acordeón, sentado cómodamente en una silla, acompañado, cerca de él y sobre una mesa, de un gato que zapateaba al mismo tiempo que tocaba un tambor, y de dos ratones, que soplaban en sus instrumentos de vientos. Todos perfectamente sincronizados con la orquestada sintonía.

Pero lo que más me impresionó, a pesar de todo, fue la mujer que estaba junto a la chimenea. Parecía una simple anciana, encorvada y hacendosa, pero cuando volvió su cara hacia las criaturas estuve a punto de caer, escandalosamente, desvelando de esa forma mi disimulado espionaje. Era una mujer muy, muy, muy vieja, tanto, que parecía casi imposible distinguir sus rasgos ante la cantidad de arrugas que le cubrían el rostro. Su aspecto denotaba una imagen misteriosa, al mismo tiempo que causaba escalofríos y recelo. Algo en su persona intimaba y me hizo temer que, sin necesidad de mirarme, pudiera notar mi presencia.

Mientras los danzarines bailaban y los animales tocaban, ella parecía un director de orquesta, moviendo en su mano una larguísima cuchara de palo, que le servía tanto para remover lo que estuviera guisando en una grandísima olla, como para dirigir a los miembros de tan inusitado e inverosímil grupo.

De repente, la criatura voladora dio una cabriola increíble en el aire y terminó enfrentada al cristal de la ventana por dónde yo fisgaba y, claro… ¡Me vio!

Ahora sí que me caí de espaldas y rodé, intentando torpemente levantarme para salir huyendo. Por supuesto, no lo conseguí. Solo logré revolcarme por la hierba para terminar repantingado, frente a la puerta de la cabaña, para contemplar estupefacto como esta se abría.

Tras ella apareció la extraña mujer que había visto por la ventana, pero radicalmente distinta. Había perdido toda su apariencia mística. Ahora era una anciana dulce, con el aspecto más benévolo y entrañable que pudieras desear.

—Hola, ¿te encuentras bien? ¿Te has lastimado? —me preguntó, con su voz cantarina y deleitosa. Como si estar allí, sentado sobre el césped, fuera la cosa más normal del mundo.

Yo no atiné a responder, entre tartamudeos y farfullos. Así que terminé callándome y agachando la cabeza esperando un gran rapapolvo.

—¡Vamos, entra! Dentro de poco se hará de noche y el frío se volverá implacable. Te sentará bien tomar algo caliente. Seguro que te gusta la sopa. Sobre todo la mía —dijo acompañado de un cómplice guiño.

El miedo me impedía moverme, estaba a la espera de que saliera toda la tropa que había visto por la ventana y me molieran a palos por entrometido. Sin embargo, por la puerta salieron tres niños… y el perro.

Los dos chicos tenían la estatura de los enanos, pero sus caras eran lindas e inocentes, como la de unos niños, claro. Y la chica era más pequeña y rubia, como la criatura voladora, aunque ahora ausente de alas, pero con una sonrisa en la cara y dos hoyuelos en los cachetes que la hacían la bebita más dulce y adorable del mundo.

¿El Perro? Bueno, el perro era tal y como lo había visto, pero ahora se movía sobre sus cuatro patas y hacía… pues, lo que hace cualquier perro: mirar de forma amorfa y de lado, olfatear el aire, gruñir y parecer más tonto de lo normal. Suponía que los demás miembros de la troupe estarían dentro y parecerían también normales, lo cual me haría pensar en una alucinación o en un inicio de locura.

Los chicos me ayudaron a levantarme y entre todos, sin oposición por mi parte, me llevaron al interior de la cabaña. El ambiente era acogedor, confortable y lleno de los aromas que salían de la olla y que me hacían gruñir de forma bastante sonora el estómago. La verdad es que tenía bastante hambre.

Después de invitarme a sentarme a la mesa, la amable anciana llenó un bol de humeante sopa y lo colocó delante de mí. Me mostraba remiso a lanzarme sobre ella. Su aspecto no mostraba nada raro, aunque ciertas burbujas que aparecían y explotaban ruidosas me hacían desconfiar. Todos me miraban expectantes, empujándome con sus miradas a degustar la vianda. Un nuevo y espontáneo rugido de mi estómago me ayudó a decidir.

Su sabor era delicioso, especiado, sabroso y con ligeros matices que revoloteaban en mi paladar. Tras la primera cucharada se espantaron mis dudas y apuré en seguida el deleitoso caldo. El calor fue reconfortándome interiormente y me hizo sentir agradecido y satisfecho.

Todos los niños comenzaron a gritar de alegría y reanudaron el baile. La anciana me mostró una radiante y afable sonrisa y me sirvió un segundo plato de sopa que dejó sobre la mesa. Esta vez, me la fui tomando con más mesura.

Poco a poco, el ambiente festivo, las risas y bailes, el conjuntado jolgorio y el hambre saciada me fueron relajando y comprobé, con sorpresa aunque sin temor, que la escena que contemplaba iba cambiando. Los niños se fueron transmutando en los enanos que vi por la ventana, la pequeña rubita desplegó sus diminutas alas y comenzó a revolotear por toda la habitación, y los animales cogieron sus instrumentos y completaron la imagen que antes había creído imaginar.

¿La vieja? Ya no aparentaba ser una anciana bondadosa y entrañable. Su aspecto volvió a mostrar a la viejísima mujer, llena de arrugas y sonrisa siniestra, con más apariencia de hechicera que de abuelita. Sin embargo, no me causó temor. Al contrario, sentí una cercanía familiar que me animó a integrarme definitivamente a la fiesta.

No sé cuánto duró, la imagen que se veía a través de la única ventana iba cambiando. Pasó del somnoliento crepúsculo a una magnífica y tranquila noche estrellada. Se escuchó, tímida y brevemente, lejanos aullidos, tenues aleteos y el ronroneo del viento. Las notas siguieron sonando, acompañadas de palmadas y zapateos, y, sin darme cuenta, llegó el alba para insuflarle vida al bosque. Con este ciclo natural, perdí la noción del tiempo y disfruté alucinado hasta que la música cesó.

Todos empezaron a dar muestras de cansancio y la necesidad de irse a dormir. Me invitaron muy amablemente a que compartiera catre con ellos, sin embargo, sentía la exigencia de volver a casa. A mi casa.

Abandoné la cabaña, llevándome sus afectos y bendiciones, y deambulé por el bosque, de nuevo sin rumbo, durante bastante tiempo. No sabía encontrar el camino de regreso, todo me parecía distinto, insólito, nuevo, desconocido. Terminé llegando a un lago en donde quise saciar mi sed y refrescarme de la somnolencia que me empezaba a embargar el cuerpo y el espíritu.

Bebí con fruición y me lavé la cara con la fresca y límpida agua, pero cuando miré la imagen reflejada en su superficie la sorpresa me abofeteó. Vi unos ojos rasgados y profundos sobre una nariz ancha y redonda. Una inmensa perilla me recubría la barbilla y mis puntiagudas orejas sobresalían de una densa y negra melena. Pero lo más sorprendente eran los dos cuernos que predominaban sobre mi frente.

Miré mi figura, contemplativamente, durante unos intensos y largos segundos, asimilando mi apariencia. Me observé desde distintos ángulos, evaluando lo que veía, y… ¡Me gustó!

Me incorporé para contemplar todo mi cuerpo y disfruté de mis patas cabrías. Las huellas con forma de pezuña, que iba dejando sobre la orilla del lago, me hicieron reír. Inicié una pequeña danza, terminando de aceptar mi imagen, saltando y girando, hasta que unas pequeñas risas me hicieron parar y ver a docenas de criaturas que salían, con timidez, de entre el follaje. Me observaban maravillados, aplaudiendo y mostrándome su aprobación.

Vagaba por el mundo buscando, sin saber que era a mí mismo a quién buscaba. Ahora ya sé dónde está mi sitio. ¡Aquí! ¡Este es mi HOGAR!

Este relato se corresponde con la propuesta para el VadeReto de este mes:
Crea un cuento a partir de la imagen de una cabaña solitaria en el interior de un bosque y destaca una palabra en MAYÚSCULAS.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de JPlenio en Pixabay

VadeReto (MARZO 2022).-

Descripción del logo.- Fotografía de fondo de la mesa de trabajo de un escritor. Está recortada de forma que solo se ve un primer plano de una máquina de escribir antigua. En la parte superior aparece el texto "VadeReto", en rojo, con relieve y con trazo blanco bordeándolo. En la zona inferior, una cinta dorada, a modo de banner, con un par de pliegues, lleva grabado encima el mes en curso del presente año, en rojo, seguida por una pluma de ave, también roja. La imagen queda formando un cuadrado, con los textos centrados horizontalmente.
Para ir a los relatos participantes, pulsa AQUÍ.

Buenos días/tardes/noches sean…

Febrero pasó en un pispás y nos hemos colao en Marzo como el que entra en el cuarto de baño, recién levantao, sin peinarse ni maquillarse. ¡Maremía! ¡Perverso, tenebroso y sincero Espejo!

Este mes no me andaré con liturgias, chácharas ni rodeos y para nuestro VadeReto os propongo desarrollar un cuento a partir de la imagen de una cabaña solitaria en el interior de un bosque, como la que os muestro en la siguiente imagen:

Una cabaña solitaria en el interior de un bosque. En la composición he intentado que se vea de noche y con un cielo estrellado, aunque no es necesario para el relato.
Imagen modificada a partir de la ofrecida por David Mark en Pixabay

¡¡¡LA CABAÑA DEL BOSQUE!!!

Vais/Vamos a tener libertad casi total:

La cabaña os puede evocar un cuento fantástico, o una historia basada en la realidad; desarrollado durante el día, con la belleza de la primavera, o durante la noche, con connotaciones misteriosas y terrorífica; usada como refugio para los personajes, o como un símbolo metafórico o filosófico; que su imagen aparezca una sola vez, o que toda la historia se desarrolle dentro de ella…

Lo que vuestra imaginación e inspiración os susurre.

Solo os pondré una condición más. Que uséis una palabra en MAYÚSCULAS para destacarla del resto del relato. ¿Cuál? Pues ahí está el juego, haced vuestra elección.

Citas:

«La cabaña de una bruja es un objeto arquitectónico muy preciso. Exactamente no es que se la construya, sino que se va acumulando a lo largo de los años conforme se van uniendo las distintas áreas de reparación, como un calcetín hecho enteramente de remiendos».

Terry Pratchett, libro: Lores y Damas

«La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes».

«Cual si en suelo extranjero me hallase, tímida y hosca, contemplo desde lejos los bosques y alturas y los floridos senderos donde en cada rincón me aguardaba la esperanza sonriendo».

No os perdáis en la negrura del bosque y buscad la luz que os guíe hacia la cabaña. Quizás esté dentro la musa que os inspire increíbles cuentos.

Besos Múltiples, Abrazos y ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo de la Cabecera y del Logo a partir de una Imagen de Peter H en Pixabay.

RELATOS PARTICIPANTES:
(por orden de escritura)

  • EL BOSQUE ANIMADO, de Marlen Larrayoz (Trujaman)
    Blog – Comentario
  • LA CABAÑA, de Fina (finamiwebm)
    Blog – Comentario
  • EN LA ESPESURA DEL BOSQUE, de Nuria de Espinosa (Entre Luces y Sombras)
    Blog – Comentario
  • LAGO DE SOMBRAS, de Ángel (Contando Bajo la lluvia)
    Blog – Comentario
  • SE ALQUILA CABAÑA EN EL BOSQUE, de Virtudes Torres (Vitolosa)
    Blog – Comentario
  • EL MISTERIO DE LOS ZAPATOS ROBADOS, de Ana Piera (Píldoras para Soñar)
    Blog – Comentario
  • LUGAR FELIZ, de María Jesús Chávez (Made in Chago City 3)
    Blog – Comentario
  • CADA VEZ QUE EL SUEÑO…, de Isra (El Destrio)
    Blog – Comentario
  • MITOS Y LEYENDA: EL BAILE DE FRAU, de Rosa Boschetti (rboschetti)
    Blog – Comentario
  • A LA BÚSQUEDA DEL HOGAR, de Jose Antonio Sánchez (JascNet, Acervo de Letras)
    Blog
  • QUIZÁS, de Lola García (Lo que Vale la Pena)
    Blog – Comentario
  • UNA CABAÑA MUY CHIC, de JM Vanjav (Hasta en 500 Palabras+)
    Blog – Comentario

______________________________________
El primer enlace corresponde a la publicación en el blog personal (cuando lo haya),
el segundo, al comentario de aviso en esta entrada
para que podáis expresaros, comentar, interpretar o lo que os apetezca sobre el relato.

La Travesía Imposible

Fotografía de una pisadas, de pies descalzos, sobre un suelo liso de arena.
Imagen de chezbeate en Pixabay.

Pie izquierdo, pie derecho, pie izquierdo, pie derecho…

Siempre mirada al frente, sin pensar en el camino por andar. Nunca mirar hacia atrás, lo pasado está pisado.

Las huellas que voy dejando son testigos mudos de mi paso por este desierto de arena. Su sinuosa irregularidad va mostrando mi errático recorrido, pero también, mi empeño por no cejar en el intento.

Pie izquierdo, pie derecho, pie izquierdo, pie derecho…

Hace rato que trastabillo andando, porque ya no tengo suficientes fuerzas para correr. Porque, qué más da, me queda demasiado camino por delante y, como dice el poema, lo importante es llegar.

El sol todavía se está desperezando y sus entumecidos rayos aún no calientan demasiado. Sin embargo, temo que antes de llegar a mi destino se mostrará en toda su magnificencia y cada bocanada necesaria de aire será sustento y dolor.

Pie izquierdo, pie derecho, pie izquierdo, pie derecho…

Intento divisar el horizonte, pero se me hace tan difuso y distante que a punto estoy de llorar. Menos mal que puedo contenerme, porque entre las lágrimas, el sudor y la arena voladiza que se me pega, ardorosamente, a la cara se me habría formado un engrudo que ríase usted de las prótesis de los trolls en el Señor de los Anillos.

Pie izquierdo, pie derecho, pie izquierdo, pie derecho…

Mis andares recuerdan aquellos tiempos de farra nocturna que terminaban subiendo las escaleras de mi casa a cuatro patas, porque el equilibrio se había quedado tirado junto a la barra del tercer pub que había visitado. Luego, hacía virguerías para meter la llave en la cerradura, pero esa es otra historia.

Pie izquierdo, pie derecho, pie derecho, pie izquierdo, mano derecha, mano izquierda, frente, nariz, bocazo en la arena…

Caído de bruces, cuan largo soy, saco la nariz enterrada e intento escupir los granos que se me pegan a la lengua. «¡Ferá fofible!» farfullo. Me miro las zapatillas y confirmó que los cordones se han aliado para abrazarse y provocarme tan estilístico batacazo.

Me pongo de rodillas y me sacudo la arena que ha quedado pegada en la ropa, pero al intentar ponerme de pie y proseguir mi andadura, un monstruo negro, peludo y de inmensas patas salta sobre mí. Caigo volviéndome a revolcar, cual croqueta casera, por la arena. «Fu fufetera fare» balbuceo, volviendo a toser y escupiendo arena como un aspersor, mientras veo como la inmensa mole peluda se aleja trotando.

—¿Qué, un día duro, eh? —Me espeta un tipo que me sobrepasaba corriendo y luciendo un modelito de lo más fashion.

Lleva pantalones cortos, rojo llameante, sobre otros negros, largos y muy ajustados. En la parte superior, un top amarillo deslumbrante, sobre una camiseta de mangas largas verde mareante. Para que no le falte nada, unas gafas de sol que le ocupan casi toda la cara y una gorrilla azul celestón. Es un catálogo pantone en movimiento.

Después de recuperar la ceguera que el sol, en complicidad con el payaso micolor, me ha provocado, logro incorporarme para continuar la odisea. Sin embargo, una bicicleta está a punto de atropellarme y solo me salva el aviso de su bocina, que nada tiene que envidiar al claxon de un tráiler.

Cuando una vieja con su andador también me adelanta, al mismo tiempo que me saca la lengua, pienso en abandonar. «¡¡Ya no puedo más!!». Pero una muchachita, con la ropa tan diminuta y ajustada que no me deja mucho a la imaginación, me hace reconsiderarlo. Al ver sus andares, y su anatomía trasera, me yergo vigorosamente, como si me hubiera tomado cinco litros de Bluecow o Perrorade y me incorporo a su estela.

Eso sí, rezongando por lo bajinis:

«¡¡¡No me vuelvo a levantar temprano para ir a correr por la playa!!!».

Relato escrito para la propuesta del VadeReto de este mes, en este mismo Blog:
Crea la historia que te inspira la fotografía de unas dunas de arena e incluye en el relato la palabra DESIERTO.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de Greg Montani en Pixabay

VadeReto (FEBRERO 2022).-

Descripción del logo.-
Fotografía de fondo de la mesa de trabajo de un escritor. Está recortada de forma que solo se ve un primer plano de una máquina de escribir antigua.
En la parte superior aparece el texto "VadeReto", en rojo, con relieve y con trazo blanco bordeándolo.
En la zona inferior, una cinta dorada, a modo de banner, con un par de pliegues, lleva grabado encima el mes en curso del presente año, en rojo, seguida por una pluma de ave, también roja.
La imagen queda formando un cuadrado, con los textos centrados horizontalmente.
Para ir a los relatos participantes, pulsa AQUÍ.

Buenos días/tardes/noches sean…

Llegó Febrerillo el loco, como dicen en mi tierra. Un mes que se despierta, al fin, de la resaca post-navideña y que, aunque todavía muestra las marcas del invierno, empieza a darnos un tímido calor esperando la llegada de la primavera.

Atrás quedaron las fiestas y las bullas de las rebajas; empiezan a estorbar las bufandas y los gorros de lana, al menos por estas tierras sureñas; y nos adentramos en un tiempo sosegado y taciturno.

Será por eso que la musa del Acervo me haya sugerido para este VadeReto la siguiente fotografía:

¿Qué os transmite?

¿Qué os evoca?

¿Qué os hace sentir cuando escucháis hablar del…

¡¡¡DESIERTO!!!

Pero no tenéis por qué tomarlo literalmente, también podéis hacerlo en su sentido más metafórico. El DESIERTO es sinónimo de: soledad, calma, infinitud, pérdida, viaje, exploración…

Eso sí, aparte de esta orientación, la única condición específica en este VadeReto es que aparezca incluido dentro del relato, al menos una vez, la palabra DESIERTO.

Citas:

«Siempre me ha gustado el desierto. Uno se sienta en una duna de arena, no ve nada, no oye nada. Sin embargo, a través del silencio algo palpita, y brilla».

«El desierto es una extensión natural del silencio interior del cuerpo».

Mirad en vuestro interior, extraed lo que a vosotros os inspira y convertidlo en relato.

No dejéis que la arena se os meta en los zapatos, ni que el difuminado horizonte os haga perderos en la inmensidad del espacio. Pedidle a vuestra musa que os guíe y encontrad esa maravillosa historia que deambula en vuestra imaginación.

Besos Múltiples, Abrazos y ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo de la Cabecera y del Logo a partir de una Imagen de Peter H en Pixabay.

RELATOS PARTICIPANTES:
(por orden de escritura)

  • PLAYAS SALVAJES, de Marlen Larrayoz (Trujaman)
    Blog – Comentario
  • DUNAY: EL DESIERTO DEL SILENCIO INFINITO, de Lehna Valduciel (Viviendo entre Dos Mundos)
  • Blog – Comentario
  • EL VALLE DE LA LUNA, de Nuria de Espinosa (Entre Luces y Sombras)
    Blog – Comentario
  • EL SILENCIO, de Nuria de Espinosa (Entre Luces y Sombras)
    Blog – Comentario
  • EL AVANCE DEL DESIERTO, de Borja Pitarch (Las Flores de tu Jardín)
    Blog – Comentario
  • A MIL MILLAS, de Ángel (Contando Bajo la lluvia)
    Blog – Comentario
  • REFLEXIONES DE CLEOPATRA, de Virtudes Torres (Vitolosa)
    Blog – Comentario
  • EN EL DESIERTO, de Ana Piera (Píldoras para Soñar)
    Blog – Comentario
  • HUELLAS MÁS ALLÁ, de Susana (Artesanos de la Palabra)
    Blog – Comentario
  • DESDE QUE TE FUISTE, de Jose Lezcano (A Orillas del Oria)
    Blog – Comentario
  • CAMINOS INVISIBLES, de Lola García (Lo que Vale la Pena)
    Blog – Comentario
  • LA TRAVESÍA IMPOSIBLE, de Jose Antonio Sánchez (JascNet, Acervo de Letras)
    Blog
  • LA JOYA DE MI DESVÁN II, de JM Vanjav (Hasta en 500 Palabras+)
  • Blog – Comentario
  • BAJO LA ARENA, de Isra (El Destrio)
    Blog – Comentario

______________________________________
El primer enlace corresponde a la publicación en el blog personal (cuando lo haya),
el segundo, al comentario de aviso en esta entrada
para que podáis expresaros, comentar, interpretar o lo que os apetezca sobre el relato.

Lo que se Esconde entre la Niebla

En el día de mi séptimo cumpleaños celebramos una gran fiesta en la casona de mis abuelos. Fue un día maravilloso, disfrutando de los dulces, las risas, los juegos y la alegría de contar con mis amigos. Pero la noche fue todavía más increíble.

Me acosté reventado y me cobijé entre las mantas, deseando que su calor me adormeciera viajando entre felices sueños y esperando que la mañana tardara en llegar, porque necesitaba muchísimas horas de descanso.

Cerré los ojos y, aunque las imágenes del día revoloteaban traviesas e inconexas en mi cabeza, debí caer rápidamente dormido, porque desperté asustado y desorientado en medio de la noche.

Por un instante, creía estar todavía en la fiesta, rodeado de la algarabía estruendosa de la celebración. Sin embargo, el silencio era contundente y la oscuridad de la habitación solo se veía profanada por rendijas de luz que se atrevían a penetrar por entre las cortinas. Supuse que la luna, en su máximo esplendor, batallaba contra las tinieblas de la noche. Su brillante intensidad gritaba invitándome a escudriñar por el balcón.

La curiosidad y la valentía, que me daban mi inocente mocedad, me hizo levantarme y curiosear el exterior y lo que vi, primero me aterró y luego me cautivó. Una inmensa, turbia y blanquecina niebla había creado un impresionante paisaje que me impedía ver más allá de los cristales. Los jirones, de ese extraño humo, bailoteaban en el aire y la luz de la luna, atravesando esas extrañas colgaduras, creaba increíbles coreografías. Una extraña voz, que resonaba en mi cabeza, me impelía a salir fuera.

Como amante de las aventuras y, sin el miedo que da la adultez, abrí las puertas del balcón. Sin los límites del cristal, la vaporosa criatura, que flotaba ingrávida, penetró sin permiso en la habitación. Me sentí efusivamente secuestrado en un abrazo tenebroso, pero increíblemente acogedor. De forma inconsciente, el terror se transformó en curiosidad y el recelo en osadía. Con decisión, atravesé la falsa seguridad de los postigos y me adentré en la niebla. Algo o alguien me insuflaba una extraña valentía que en otras ocasiones siempre eché en falta.

Al principio, el frío me hizo tiritar bajo mi escueto pijama, la humedad me hacía sentir como si me hubiera lanzado a una piscina. Luego, poco a poco, el entusiasmo, la excitación y la temeridad de la aventura fueron calentándome la sangre. Empecé a corretear entre los apenas visibles árboles y descubrí un mundo fabuloso e insólito.

Imágenes ocultas entre la bruma se fueron haciendo nítidas y aparecieron maravillosas criaturas como salidas de cuentos de hadas: un potrillo saltando divertido, blanco como la nieve recién caída, con un cuerno colorido en la frente; un cervatillo, levantándose sobre sus patas traseras, tocaba una hermosa melodía con su flauta; una pandilla de enanos, alborotando con su estruendosamente risa, se daban empujones y caían al suelo en una cómica representación; una bellísima joven, de larguísima melena del mismo color que el agua, nadaba en un pequeño lago y, de vez en cuando, mostraba su escamosa y brillante cola de pez; una miríada de pequeños insectos emitían luces de colores, que al verlos de cerca resultaban ser diminutos seres voladores; un caballo extendía sus enormes alas blancas con intención de elevarse en un vuelo magistral; una espléndida águila se giró para mirarme, mostrando su insólita cabeza de mujer…

Fotomontaje creado sobre un fondo de un bosque verdoso lleno de neblina.
Entre los árboles se pueden ver, difuminados y casi escondidos, un unicornio alado, un par de hadas, una sirena que flota en el aire, un fauno y un enano.
Toda la composición está realizada a partir de las imágenes acreditadas al final de la entrada.
Créditos de las imágenes usadas para el fotomontaje al final de la entrada.

No salía de mi asombro y disfrutaba con cada aparición como si estuviera en una misteriosa y excepcional feria de rarezas fantásticas. Saltaba, bailaba, gritaba, reía con cada criatura. Para mí era una extensión de la fiesta que había disfrutado durante ese extraordinario día.

De repente, en la neblina emergió una gran voz sin boca.

—¡No temas, pequeño! Bienvenido al mundo de Fantasía —me dijo con entonación profunda y grave, pero dulcificando la inflexión de cada sílaba hasta transmitirme una increíble calma—. ¡Déjame que te enseñe!

Era tal la belleza y la fascinación por lo que estaba descubriendo que, en lugar de salir corriendo asustado, asentí complacido y me mostré deseoso de conocer más cosas de ese fantástico mundo. Así, el etéreo cuentacuentos me fue relatando historias en donde todos estos personajes tenían su protagonismo.

En la mañana, mis abuelos me encontraron entre los árboles, acurrucado en el suelo cerca del balcón, arropado entre la hojarasca algodonosa y cálida, plácidamente dormido. Alertados al no encontrarme en la cama, había salido aterrados a buscarme. Al ver que no había sufrido ningún daño, me abrazaron, me besaron y me hicieron prometer que nunca más abandonaría la protección de la casa y el abrigo de la habitación. Por respeto a ellos y a su amor, así lo hice.

Cuando les conté mi aventura nocturna, sonrieron benévolos y me aseguraron que todo había sido un sueño, aunque yo no quise creerlos. Respeté la promesa echa, pero no dejé cada noche de asomarme a los cristales de la imaginación. Deseaba conocer nuevos personajes, nuevas historias, nuevas aventuras. Por la mañana lo transcribía todo, frenética y apasionadamente, en mis cuadernos, creando este fantástico e insólito diario de CuentaCuentos.

Este relato se corresponde con la propuesta para el VadeReto de este mes:
Crea una historia que se escenifique en la NIEBLA.

Créditos de las imágenes usadas:
– Fondo de la cabecera y del fotomontaje de Darkmoon_Art en Pixabay.
– Hada Alada de Stefan Keller en Pixabay.
– Enano de piedra de Wolfgang Eckert en Pixabay.
– Hada Bailarina de SilviaP_Design en Pixabay.
– Sirena de Dina Dee en Pixabay.
– Unicornio/Pegaso de Elaina Morgan en Pixabay

VadeReto (ENERO 2022).-

Descripción del logo.-
Fotografía de fondo de la mesa de trabajo de un escritor. Está recortada de forma que solo se ve un primer plano de una máquina de escribir antigua.
En la parte superior aparece el texto "VadeReto", en rojo, con relieve y con trazo blanco bordeándolo.
En la zona inferior, una cinta dorada, a modo de banner, con un par de pliegues, lleva grabado encima el mes en curso del presente año, en rojo, seguida por una pluma de ave, también roja.
La imagen queda formando un cuadrado, con los textos centrados horizontalmente.
Nota.- Para el tema de este mes, he creado un efecto de niebla en la fotografía de fondo.
Para ir a los relatos participantes, pulsa AQUÍ.

Buenos días/tardes/noches sean…

Comenzamos un nuevo año (aunque algunos dicen que es la segunda temporada del fatídico 2020) y lo hacemos con los ojos empañaos de tanta comía, tanta bebía y la infestación de tantísimas noticias de nuestro amigo Covisito, que tanto cariño nos ha cogío que no hay manera de que se vaya a tomar… un poquito de viento.

Estaba pensando en el tema del VadeReto de este mes, mientras me tomaba un cafetito calentito, y al pegarle un soplío a la taza, como es usual, se me han empañao toas las gafas. Así, ya me diréis como puedo escribir o ver algo en la pantalla.

Uno, que intenta sacar partido hasta de los trompazos, ha pensao. Parece que estoy en un paisaje londinense, lleno de niebla y con menos visibilidad que un gato con antifaz. ¿Cómo sería vivir a diario ennieblado? ¿Sería divertido eso de ir por la calle como un zombie miope? ¿Transitar por las calles como en una pista de coches-choques, tropezando con todo y con todos?

Y claro, la cacerola que tengo por molondro se ha puesto a imaginar, desvariar e inventar chifladuras y situaciones divertidas y desbarradas.

Como no os quiero privar del deleite de disfrutar de estas pequeñas locuras, que tal si… ¿Inventamos historias que tengan como protagonista a la Bruma?

Así que, si os parece bien:

El VadeReto que estrena el año va de…

¡¡¡NIEBLA!!!

Escena de una calle cualquiera, vista desde su través. Con árboles a los lados y suelo de adoquinado.
Le he añadido un efecto neblina para que haga juego con el tema.
Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay
(modificada para crearle la sensación neblinosa)

Citas:

«A veces, cuando pierdes el camino en la niebla,
¡terminas en un lugar hermoso!
¡No tengas miedo de perderte!».

«Escribir es como conducir de noche en la niebla.
Sólo se puede ver hasta sus faros,
pero se puede hacer todo el viaje de esa manera».

.

Tenéis total libertad para crear los personajes que más os inspiren con el género que se os antoje; la extensión que necesitéis y el mensaje que queráis transmitir. Perooooo… el escenario en el que se tendrá que desarrollar la historia tiene que estar inmerso en la NIEBLA.

«Concentración, lápices afilacos y… ¡Acción!»

Encended vuestras luces antiniebla, dejad que la intimidad nebulosa os invada y que las hadas y hados que duermen en algodonosas nubes os inspiren lindas historias.

Besos Múltiples, Abrazos y ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo de la Cabecera y del Logo a partir de una Imagen de Peter H en Pixabay.

RELATOS PARTICIPANTES:
(por orden de escritura)

  • NIEBLA SOBRE EL MAR, de Marlen Larrayoz (El Blog del Trujaman)
    Blog Comentario
  • PERDIDO, de Ángel (Contando Bajo la lluvia)
    Blog Comentario
  • AQUELLA NOCHE, de Nuria de Espinosa (Entre Luces y Sombras)
    Blog Comentario
  • NO SALGAS DE CASA CUANDO HAY NIEBLA, de Marlen Larrayoz (El Blog del Trujaman)
    Blog Comentario
  • LA NIEBLA (RELATO CORTO), de Rosa Boschetti
    Blog – Comentario
  • LA NIEBLA, de Ana Piera (Píldoras para Soñar)
    Blog – Comentario
  • KHAYANNA: VENDEDORA DE ANAMS, de Lehna Valduciel (Viviendo entre Dos Mundos)
    BlogComentario
  • ¿QUÉ TRAE LA NIEBLA?, de Virtudes Torres (Vitolosa)
    Blog – Comentario
  • ENTRE LA NIEBLA, de Borja Pitarch (Las Flores de tu Jardín)
    Blog – Comentario
  • A PESAR DE LA BRUMA QUE ME ACECHA, de Jose Lezcano (A Orillas del Oria)
    Blog – Comentario
  • LO QUE SE ESCONDE ENTRE LA NIEBLA, de Jose Antonio Sánchez (JascNet, Acervo de Letras)
    Blog
  • ¿LA VES?, de Lola García (Lo que Vale la Pena)
    Blog – Comentario
  • EL CEMENTERIO DEL INDIANO, de JM Vanjav (Hasta en 500 Palabras+)
    Blog – Comentario

______________________________________
El primer enlace corresponde a la publicación en el blog personal (cuando lo haya),
el segundo, al comentario de aviso en esta entrada
para que podáis expresaros, comentar, interpretar o lo que os apetezca sobre el relato.

El Deseo Más Difícil

Sobre un fondo, rojizo anaranjado, con estrellas y luces desenfocadas, aparece una sucesión de cartas de correos. Se muestran de izquierda a derecha, en perspectiva, de la más pequeña a la más grande en primer plano. Formando una pequeña espiral.
Imagenes:
Cartas, de Gerd Altmann en pixabay;
Fondo, Imagen de Monicore en pixabay

Durante esos momentos, en que abre la saca llena de cartas, se ve importante. Se da cuenta que existe, porque creen en él. Bueno, creen los niños y unos pocos adultos, aunque intenten disimularlo. Durante unos pocos días deja de ser invisible.

Sin embargo, su ánimo enseguida decae. Cada año, las cartas se le hacen más difíciles de leer. Los niños están perdiendo toda su inocencia. Ya no piden juguetes sencillos, juegos de mesa para compartir con sus amigos, balones o muñecas, ropas deportivas o disfraces de superhéroes. Ahora, les gusta comportarse como adultos. En sus cartas solicitan, más bien exigen, ropa de marca, viajes a lugares carísimos, juegos de videoconsola violentos e incluso imitaciones perfectas de armas de fuego. Siempre pensó que los niños eran los únicos que podrían cambiar el mundo, pero ahora tiene muchísimas dudas.

Lee todas estas peticiones de pasada, muy rápidamente. Ya se encargarán los duendes mágicos de conseguirles estos regalos caros, o no. Él se interesa más por otros mensajes que escriben al final, como si se hubiesen acordado de añadirlos antes de cerrar la carta.

Suelen ser mensajes esperanzadores. Aunque no sabe si dudar de que lo hagan de corazón o, simplemente, como una forma de reblandecer su corazón, de parecer más dulces e inocentes. O, quizás, para contentar a sus padres y que se engañen pensando en lo buenos que son sus hijos. Pero él se deja convencer, necesita creer que son ciertos.

«Me gustaría que todo el mundo viviera en paz, no aguanto las imágenes de guerra en la tele», dice un chico que antes ha pedido un cañón para jugar en el jardín.

«¿Por qué no haces que al mismo tiempo que llueve agua, también llueva comida? No creo que sea tan complicado. De esa forma, se acabaría con el hambre en el mundo», solicita otro que pide doce tipos distintos de chocolatinas.

«Cuando voy por la calle veo muchos pobres pidiendo por los suelos, ¿no podrían venir los extraterrestres y llevárselos?». Bueno, este último no es, precisamente, un mensaje muy esperanzador.

De esta forma, sigue repasando todas las cartas que los niños le han ido dejando. Hasta que descubre una, algo más abultada, llena de dibujitos de colores, de un pequeño que se ha esforzado en realizar la caligrafía más hermosa del mundo. Al abrir el sobre, e intentar sacar la hoja manuscrita, caen al suelo dos tarjetas de visita y una fotografía. En esta última se ve a un hombre, una mujer y un niño, todos mirando a la cámara, muy sonrientes. Parecen muy felices. Lo deja todo a un lado y se dispone a leer la carta.

Con un simple vistazo, sus ojos se le empañan y su corazón se quiebra. No hay ni una sola petición de juguetes, ni un solo deseo personal o egoísta, ni siquiera un mensaje de paz y amor para el mundo. Solo un par de frases:

«Deseo que mis padres vuelvan a vivir juntos.
Deseo que volvamos a ser una familia normal».

El hombre de las barbas blancas no puede contener las lágrimas, que le emborronan el texto impidiéndole releerlo. Mira hacia el cielo y piensa: «Ojalá yo tuviera el poder de esa magia, pequeño».

Vuelve a meter las tarjetas y la fotografía, junto con el folio, en el sobre y se la guarda en un bolsillo interior, el que se calienta junto a su corazón, y sigue leyendo las demás. Solo unas pocas más llegan a llamar su atención, pero la del pequeño de la foto no deja de palpitarle en el pecho.

Cuando termina, las deposita todas en un contenedor azul y se dirige hacia una tienda de comestible, donde se compra un bocadillo y una gran botella de whisky, de marca blanca, no ha ganado tanto dinero en su trabajo como para permitirse un respetable homenaje.

Mientras deambula por las calles, entre bocado y sorbo, la imagen del pequeño de la fotografía se va horadando en su pensamiento. Intenta recordar su sonrisa, sin embargo, su mente le devuelve su cara triste. Lo feliz que sería el pequeño si él fuera capaz de conseguir cumplir su deseo. ¡Claro! ¡Es tan sencillo! Se dirige a la dirección que aparece en cada tarjeta, que listo es el chaval, llama a la puerta y les dice: «déjense de tonterías y quiéranse de nuevo». ¡Ya está, así de fácil! Jejeje. Si no le dan una patada en el culo que lo devuelva a la calle, seguro que llaman a la policía. El traje rojo y los pelos y barbas blancos no les convencerán. Tampoco sus hechuras, desdeñosas, descuidadas y achacosas. No, ya tiene bastantes problemas como para pasar la Nochebuena en un calabozo.

Con lo fácil que lo tendrían, hoy en día, si no les empujara el orgullo. Un mensaje de WhatsApp y sin tener que dar la cara. Escribir una disculpa, enviar y listo. Pero ninguno querrá dar el primer paso y, lo más seguro, es que estarán totalmente deseosos de que el otro les llame.

¿Podría mandar él esos mensajes? Sí, claro. Solo tiene que hacer un cursillo exprés de hacker. Decididamente, el whisky es barato, pero peleón.

Sigue paseando por las desiertas y frías calles, aunque más bien va dando bandazos y manteniendo milagrosamente el equilibrio. De vez en cuando, se mira en algún escaparate y se cachondea de su imagen. En las fotografías y dibujos sale con mejor porte. Ahora lleva la chaqueta por fuera del cinturón, el gorro colgando de una oreja y las barbas, bueno las barbas son suyas, de lo contrario ya las habría perdido en alguna esquina.

Cuando se termina la botella, sintiéndose suficientemente caliente por dentro, decide echarse a dormir. Aunque en realidad cae de cabeza entre unas bolsas de basura que le servirán de colchón. Duerme todo lo plácida y profundamente que el alcohol en su sangre le procura, pero la imagen del niño y la posible resolución de su problema, no dejan de errar por sus sueños.

 

El día siguiente, vísperas de la Navidad, amanece algo nublado, pero conforme van avanzando las horas, el sol se permite salir tímidamente para calentar los hogares. Excepto dos de ellos. En uno, un hombre, ha decidido no salir de su bata, se dispone a pasar las Navidades más solitarias de su vida. En el otro, una mujer, acompañada de su hijo, también se encuentra embargada por la tristeza, aunque intenta con todas sus fuerzas que su pequeño no la vea llorar. No sabe que él es demasiado listo para dejarse engañar. Tampoco adivina que tiene una carta mágica que está totalmente seguro de que va a funcionar.

Ambos almuerzan escuetamente, en otras fechas para no atiborrarse antes de la cena, ahora porque en realidad la pena les ha quitado el apetito. Los dos intentan afanarse en tareas que los distraigan de pensar en el otro. Él, cambiando de lugar papeles, libros y cajas que terminarán de nuevo en el sitio original, es incapaz de centrarse en su trabajo. Ella, componiendo los adornos navideños con su hijo, incluyendo el árbol. Aunque ambos, sin necesidad de consulta, han decidido que este año no pondrán la estrella. Esa misión siempre ha estado a cargo del padre.

En un determinado momento, los dos pasan de forma simultánea por la puerta de entrada a sus respectivas casas. Por debajo de ella han introducido un cartón con una ilustración impresa. En realidad es una postal, en donde se puede ver a un horondo y sonriente Santa Claus. En el interior, el mismo texto: «Lo siento, cariño. Quiero pedirte perdón. Creo que en un día como hoy deberíamos darnos otra oportunidad. ¿Por qué no nos vemos los tres para cenar?».

Primero se sorprenden, luego sonríen con sus ojos llorosos y después se llevan la postal al corazón.

En el mismo instante, un hombre y una mujer dejan que sus lágrimas los limpien de odio y rencor. Se dejaron convencer de que eran más fuertes que el amor que sienten. A duras penas han entendido la letra, pero les da igual que la caligrafía parezca escrita por un borracho. Es lo que han estado esperando desde hace demasiados días.

Con el corazón lleno de amor y emoción, corretean por toda la casa intentando encontrar sus móviles. Buscan por la cocina, el dormitorio, el salón. ¿A dónde lo lanzaron la última vez que esperaron encontrar un mensaje del otro? Casi al mismo tiempo consiguen encontrarlo, pero no se atreven a llamarse. Tienen mucho recelo del temblor de sus voces.

Simultáneamente, aparece en sus pantallas un mensaje:

«¿Nos vemos?».

Sin saludos ni preámbulos. De hecho, no son conscientes de haberlo escrito. Pero seguidamente aparece otro texto:

«Claro que sí».

Los dos sonríen, ya sin disimulo, y se afanan por escribir rápidamente:

«¿A qué hora te viene bien?», se adelanta él.

«A la de siempre, como todas las Nochebuenas», contesta ella.

«¿Qué te apetece que lleve, vino blanco o tinto?», se atreve él, ya sin mesura.

«¿Por qué no cenamos mejor con champán?», se lanza ella, de perdidos al río, piensa.

«Estaré allí puntual, como siempre», escribe él, añadiendo un emoticono de guiño y otro de sonrisa socarrona.

«¡Te quiero!». Se despiden los dos al mismo tiempo.

Esa noche, el hombre, todavía vestido de rojo, se asoma con cautela a una de las ventanas de la vivienda y sonríe como hace muchísimo tiempo que no se lo permite. Su truco ha dado resultado. Ahora está en manos de ellos que el deseo del pequeño se cumpla plenamente.

Le gustaría ver la cara del chico, pero no quiere demorarse y exponerse a que lo descubran. Tampoco le hace falta, será muy parecida a la que ve reflejada en los cristales de la ventana, aunque mucho más joven.

De esta forma, el hombre, que durante unos días del último mes del año se disfraza con los ropajes de Papa Noel para un Centro Comercial, ha conseguido hacer realidad un deseo. ¡Un precioso deseo! La magia, que su disfraz representa para tantísimos niños, parece haber funcionado.

Aunque sereno, se aleja dando tumbos, su cuerpo ya se ha acostumbrado, pero no hay persona en el mundo, en este instante, que se sienta más feliz que él. Aunque siga sin tener un euro en el bolsillo, un techo en el que cobijarse y la esperanza de un futuro. Pero quién sabe. Tal vez el Milagro de la Navidad exista y el verdadero Santa se acuerde de él.

Un Papa Noel, riendo y bailando (dibujo animado, en la parte izquierda), sobre un fondo azulado del que caen copos de nieve, representados por el símbolo hexagonal. A la derecha un abeto nevado y en la parte inferior todo el suelo blanco, nevado también.
Imagen de JaymzArt en pixabay

Este relato participa en la propuesta literaria VadeReto de este mes,
para este mismo blog:
Crea una historia relacionada con los Deseos.