La Semilla de una Pasión

Fotografía virada al blanco y negro con tonalidades sepia.
En ella se ve, centradas en un primer plano, unas manos, de una persona muy anciana, hojeando un libro.
Nada más y nada menos.
Composición a partir de la imagen de Alexas_Fotos en Pixabay.

Paseando la vista por el paradisíaco parque se ven escenas corrientes de un día soleado y hermoso. Niños jugando a la pelota o correteando entre los árboles; orgullosos paseantes con sus queridas mascotas; atrevidos corredores, que ponen al límite su resistencia; o gente menos entusiasta que prefiere descansar en los bancos o sobre la misma hierba. Algunos entablan conversación, pero otros prefieren aislarse del mundo con sus auriculares. Podríamos estar contemplando una pintura costumbrista de Manet o Brueghel.

Pero, un momento. ¡Hay una nota discordante!

Bajo un frondoso y gigantesco fresno se encuentra una anciana. Está sentada sobre el césped con las manos en su regazo en donde reposa un libro abierto. No solo extraña la facilidad con que lee a esa distancia, para su edad, sino que parece hacerlo musitando cada palabra leída con sus gastados, pero todavía vivaces labios.

Está tan ensimismada en su lectura que no percibe las hojas, que balanceadas por el viento, caen sobre sus hombros. No siente el gélido frescor que la mañana obsequia, antes de que el sol haga arder los pavimentos. Tampoco la perturba de su atenta lectura el ruido ensordecedor de los vehículos que rebumba desde la lejana carretera. Ni siquiera los niños, que juegan cerca de ella, la hacen levantar la vista de las páginas de su libro. Su cuerpo está sentado sobre la hierba, pero parece que su espíritu y su corazón hacen rato que se adentraron entre las palabras escritas y viajan por mundos distantes y fantásticos.

Poco a poco, sin darse cuenta, el murmullo que antes no superaba el siseo de la brisa, ahora escapa de su boca transmitiendo lo que sus ojos van asimilando. Ha pasado de lectora discreta y reservada a expresar en voz alta los pensamientos del autor. Antes leía para su alma, ahora parece hacerlo para que el entorno la escuche.

«Aquella tarde de brumas y llovizna me robó el corazón, la respiración y el sueño. Al amparo de la luz embrujada del Ateneo, sus manos escribieron en mi piel una maldición que habría de perseguirme durante años. Mientras yo la contemplaba embelesado, ella me explicó su historia y cómo había tropezado, también por casualidad, con las páginas de aquel libro. El accidente había tenido lugar en un pueblo de la Provenza… Los pueblos no se miran nunca en el espejo, decía siempre su padre, y menos con una guerra entre las cejas. El hombre era un buen lector de la historia y sabía que el futuro se leía en las calles, las factorías y los cuarteles con más claridad que en la prensa de la mañana… Durante meses les escribió todas las semanas. Al principio lo hacía desde el bufete, luego sin remite y, finalmente, a escondidas, desde una celda en el castillo donde, como a tantos, nadie le vio entrar y de donde nunca volvió a salir…»

Al terminar de leer este texto, se toma un ligero descanso. Quiere que la belleza impregnada en cada palabra se asiente en su mente, digerirla pausada y placenteramente. Lo hace con los ojos cerrados y cuando vuelve a abrirlos recibe una extraordinaria sorpresa, en lugar de ver el fresco y verdoso césped o los inhiestos e impasibles árboles, se encuentra con dos niños que se han sentado delante de ella y le sonríen complacidos de escucharla. Están expectantes y con sus inocentes, pero atrevidas caras, parecen invitarla a que continúe leyéndoles.

Ella los mira inquisitiva, pero no se atreve a hablarles. La escena es demasiado idílica y teme que sus palabras pueden romper el dulce encanto del momento. Así que decide acceder a su muda solicitud y sigue leyendo, aunque ahora eleva un poco más su voz e, incluso, la impregna de más emotividad.

«Hubo un tiempo, de niño, en que quizá por haber crecido rodeado de libros y libreros, decidí que quería ser novelista y llevar una vida de melodrama. La raíz de mi ensoñación literaria, además de esa maravillosa simplicidad con que todo se ve a los cinco años, era una prodigiosa pieza de artesanía y precisión que estaba expuesta en una tienda de plumas estilográficas en la calle de Anselmo Clavé. El objeto de mi devoción, una suntuosa pluma negra ribeteada con sabía Dios cuántas exquisiteces y rúbricas, presidía el escaparate como si se tratase de una de las joyas de la corona… Mi padre decía que aquélla debía de ser, por lo menos, la pluma de un emperador. Yo, secretamente, estaba convencido de que con semejante maravilla se podía escribir cualquier cosa, desde novelas hasta enciclopedias, e incluso cartas cuyo poder tenía que estar por encima de cualquier limitación postal. En mi ingenuidad, creía que lo que yo pudiese escribir con aquella pluma llegaría a todas partes, incluido aquel sitio incomprensible al que mi padre decía que mi madre había ido y del que no volvía nunca…»

De reojo, observa por encima de las páginas la actitud de los niños, estos siguen atentos abstraídos por su Retórica Literaria, pero ya no están solos. Sorprendentemente, su auditorio ha crecido, varios pequeños más se han unido al cuadro. Conforme sigue leyendo ve llegar a más niños que han decidido abandonar por un momento el balón y las correrías y fisgonear lo que los demás están atendiendo tan interesados.

Primero ha sido simple curiosidad, luego sorpresa e interés, finalmente les ha gustado lo que escuchaban. Así, han terminado por sentarse en la hierba y asistir callados y embelesados a lo que cuenta la cautivadora voz de la anciana.

Ella prosigue con su lectura, aunque ahora se la ve conmovida y maravillada con la escena. Ahora lee para ellos, termina cada frase mirándolos y no puede dejar de sonreír ante sus expresiones de interés y fascinación:

«Un manto de nubes chispeando electricidad cabalgaba desde el mar. Hubiera echado a correr para guarecerme del aguacero que se avecinaba, pero las palabras de aquel individuo empezaban a hacer su efecto. Me temblaban las manos y las ideas. Alcé la vista y vi el temporal derramarse como manchas de sangre negra entre las nubes, cegando la luna y tendiendo un manto de tinieblas sobre los tejados y fachadas de la ciudad. Intenté apretar el paso, pero la inquietud me carcomía por dentro y caminaba perseguido por el aguacero con pies y piernas de plomo.
Me cobijé bajo la marquesina de un quiosco de prensa, intentando ordenar mis pensamientos y decidir cómo proceder. Un trueno descargó cerca, rugiendo como un dragón enfilando la bocana del puerto, y sentí el suelo temblar bajo mis pies. El pulso frágil del alumbrado eléctrico que dibujaba fachadas y ventanas se desvaneció unos segundos más tarde. En las aceras encharcadas, las farolas parpadeaban, extinguiéndose como velas al viento. No se veía un alma en las calles y la negrura del apagón se esparció con un aliento fétido que ascendía de los desagües que vertían al alcantarillado.
La noche se hizo opaca e impenetrable, la lluvia una mortaja de vapor. «Por una mujer así, cualquiera pierde el sentido común…».
Eché a correr Ramblas arriba con un solo pensamiento en la cabeza: Clara…».

Pasan intensos minutos, aunque ni niños ni anciana parecen notar el trascurrir del tiempo. A ninguno le importaría seguir disfrutando de aquella improvisada y bellísima reunión durante horas, pero, antes de que los chicos se cansen o sus madres o padres vengan a requerirlos, la mujer decide cerrar el libro y dar así por terminada su lectura, no sin antes culminar en voz alta con una de las citas literarias que más le gustan:

«Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma».

Los niños salen del encantamiento y se dispersan, sin atreverse a decir nada. Sin embargo, la expresión de sus caras y sus satisfechas sonrisas son más elocuentes que las palabras. Solo una pequeña, de las primeras en sentarse junto a ella, le grita un divertido gracias al mismo tiempo que sale corriendo.

La mujer recoge sus escasos enseres y se dispone a regresar a su asilo. Tal vez no repare en que ha sembrado una portentosa semilla en las mentes de aquellos niños. Igual no en todos, pero alguno, al llegar a casa, buscará algún libro en un estante e se propondrá imitarla. Las palabras transformadas en historias le cautivarán, se harán fieles devoradores de aventuras y relatos y, de forma inconsciente, le darán las gracias por haberlos iniciado en tan maravillosa experiencia.

Nadie sabrá nunca que este acto involuntario de la anciana, prendido por el espíritu de Seshat, ha servido como modelo para sembrar el amor por los libros y su lectura. Puedes poner en las manos de un niño un libro o una espada, de ello dependerá su futuro y tal vez el del mundo.


Notas.- Todos los fragmentos leídos por la anciana están extraídos del libro «La Sombra del Viento» de Carlos Ruiz Zafón.
Seshat es la llamada «Señora de los Libros», diosa de la Escritura y la Historia, protectora de las Bibliotecas en la mitología egipcia.

Relato escrito para la propuesta literaria VadeReto de este mes:
Crea una historia que hable de la Lectura, inspírate en la imagen e incluye una de las citas propuestas.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de Pexels en Pixabay

Había una Vez…

Delante del fondo de una puesta de sol en Cádiz, estoy yo con David en brazos, pero forzado a una silueta. He manipulado el borde para que se vea espumoso y antiguo.
Fotografía propia tomada hace ya un puñao de años.

Había una vez un niño que se dormía mirando las estrellas y escuchando las historias de trotamundos y exploradores incansables; magos, brujas, hadas y criaturas indomables; aventureros curiosos y temerarios. Todos se enfrentaban a criaturas monstruosas y colosales, empresas y fortalezas que parecían inexpugnables, andanzas imposibles con destinos implacables. Cuando el telón de sus ojos lo hacía viajar a las tierras de la fantasía, soñaba con igualar esas gestas, cruzar el mundo para descubrir gentes y lugares maravillosos y vivir sus propias hazañas, saliendo siempre triunfante de todas sus aventuras. Cuando la mañana se abriera ante él, ya se enfrentaría a la realidad del mundo despierto.

Había una vez un alumno que disfrutaba más aprendiendo que estudiando. Sus porqués siempre iban seguidos de un cómo o de un quién y no se cansaba de preguntarle a la vida, porque sabía que el que pregunta no solo amplía sus conocimientos también se cuestiona su lugar en el mundo y aprende a convivir en él en armonía, tolerancia y alegría.

Había una vez un hijo que comenzó a crecer deprisa, más aprisa de lo que sus padres deseaban, porque el bebé se iba haciendo un hombre y ellos se veían más viejos. Siempre temerosos de que el mundo real fuera más peligroso que su propio mundo fantástico, lo amaban y protegían, pero sin dejar de proporcionarle las fortalezas necesarias para saber afrontar los problemas y superarlos.

Había una vez un pequeño guerrero que comenzó a desafiar sus propias batallas. Combatiendo entre números y letras, teoremas incomprensibles y lecciones complejas y tediosas. Lidiando con enemigos intangibles o insospechados, pero ganando amigos eternos e incondicionales. Bregando con balones indomables y canastas imposibles. Confuso entre la veleidad del triunfo y la triste enseñanza de la derrota. Cuando ganaba sólo sonreía si también veía sonrisas en las caras de sus compañeros, porque para él el triunfo del grupo era mucho más importante que el propio. Su certeza era que el trabajo en favor del equipo siempre era mucho más productivo y placentero.

Había una vez un soñador que con los ojos abiertos se atrevió con las aventuras soñadas. En ellas no había magia ni materias de naturaleza fantástica, sino la ciencia que te hace aprovechar el talento y la inteligencia; no había criaturas fantásticas, aunque sí fantásticas criaturas; no había montañas llenas de ogros, brujas y hechizos encantados, pero sí caminos abruptos que parecían encantados de volverse más escarpados e incluso hizo aparición un monstruo, de tamaño microscópico, que resultó ser mucho más terrorífico que los mismísimos gigantes; no tenía capa, ni escudo, ni espada para defenderse, pero sí corazón, coraje, decisión y fortaleza para combatir todos las adversidades que le surgían y derribar los imposibles muros que se le aparecían en el camino.

Hubo una vez un niño que dejó de serlo para convertirse en un hombre. Apuesto, brillante, sesudo, instruido, cultivado, talentoso… Admirado, respetado y querido por todos, hasta por sus competidores. Sus amigos se convirtieron en familia y su familia en amigos, porque el simple hecho de compartir con él ciertos momentos hace que estos se conviertan en especiales.

Hay ahora un hombre, que una vez fue niño, que es un magnífico FÍSICO, de maravilloso físico. Que tiene el mundo y el futuro por delante para seguir comiéndoselo con papas. Puede que sus padres sean más viejos, porque el tiempo no pasa en balde, pero rejuvenecen y engordan de satisfacción y orgullo contemplando cómo consigue lo que se propone, por muy ardua y costosa que sea la empresa.

Porque el que fue un niño, y ahora es todo un hombre, ha demostrado ser más grande que los héroes con los que soñara. Él mismo se ha convertido en un héroe sin capa, sin necesidad de artificios fantásticos. Capaz de combatir a los monstruos que en la vida real nos asechan. Haciéndolo con fortaleza, pero sin arrogancia; con valentía, pero con prudencia; con simpatía, pero sin perder la dignidad; con autoridad, pero siempre con humildad.

El hombre, que antes fue niño, es el hijo que todo padre quisiera tener; es el yerno que muchas desearían; el alumno que satisface a cualquier profesor; el amigo que desea todo amigo. Pero también el que nunca dejará de ser nuestro niño, mi niño. El que dio y da sentido a mi vida. El motor que hace latir mi corazón y por el que siempre estaré orgulloso de haberme convertido en padre.

¡Felicidades, David Sánchez, licenciado en Física y en la Vida!

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de JCK5D en pixabay

El Santuario

El cielo parecía haberse confabulado con el ánimo de Alonso Hidalgo, dejando caer tanta agua que le resultaba casi imposible ver dónde ponía sus pies. Su imprudencia al olvidarse de coger el paraguas y guarecido con un insuficiente impermeable, que había tenido tiempos mejores, vaticinaba que un gran constipado se uniría a su ya deprimente estado físico.

Sus pisadas sorteaban con dificultad los inmensos charcos que reflejaban su triste figura, encorvada y taciturna. La misma que hasta hacía unas semanas saludaba a sus vecinos, briosa y enérgica. Antes, cada paso que lo encaminaba a su santuario era firme y animado, a pesar de que el día todavía se estuviera desperezando. Ahora, arrastraba los pies como si lo llevaran a un cadalso o al mismísimo sacrificio. El camino que antes le trasladaba a su mundo secreto, mágico e íntimo, ahora se le volvía tortuoso, absurdo e insulso.

Cuando divisó el letrero se detuvo enfrente del escaparate y lanzó un hondo, extenso y lastimero suspiro. En letras mayúsculas, gruesas y de trazo gótico se leía el título que con tanto orgullo ideó hacía tanto tiempo y que dentro de poco caería en el olvido:

EL SANTUARIO DE LAS VIEJAS HISTORIAS

Había sido su gran ilusión, su deseo, su sueño desde que el primer libro cayó en sus manos y se adentró en aquellos mundos llenos de aventuras y fantasía. Montar una librería. Pero no una cualquiera, siempre quiso convertirse en un Librero de Viejo. Poder darle una nueva vida a los libros desahuciados, abandonados y rotos por el tiempo. Ponerlos al alcance de todos los bolsillos. Contagiar el amor por la lectura y sacar sonrisas en corazones oprimidos por la realidad. Había otra vida para disfrutar y esa estaba dentro de los libros.

Nadie pensó que su tienda fuera a funcionar en aquella solitaria y alejada calle, en un barrio tan humilde que hasta los libros eran un lujo. Pero el carácter afable de Alonso, su sociabilidad, su manera de hablar de los libros y su atención incondicional a sus clientes, le confirió enseguida un lugar significativo dentro de la comunidad. Siempre estaba dispuesto a recomendar lecturas. Hablaba con tal entusiasmo de las historias que contaban sus libros, que pronto pasó de ser considerado, más que un simple librero, un apasionado CuentaCuentos.

Su librería era un rincón muy especial del barrio, había conseguido decorarla y dotarla de una intimidad y un ambiente hogareño que hacía las delicias de todo aquel que traspasaba sus puertas. Tenía los precios más bajos de la ciudad y a pesar de ello, a veces, hasta dejaba que leyeran sus libros sentados en el suelo, sobre todo a los jóvenes. Él decía que era su pequeña aportación, porque de esa forma, aunque mínimamente, conseguía que se alejaran de la miseria y la delincuencia de las calles.

Pero ahora la existencia de su tienda, de su hogar, de su santuario peligraba inevitablemente. Eran pocos los ingresos y muchos los gastos. Además, con las redes sociales pocos leían libros y los pocos que lo hacían preferían la tecnología al papel. Su continuidad estaba avocada al fracaso y el fatal destino estaba claramente decidido.

Dado que siempre había ayudado a sus vecinos en sus problemas, tanto sociales como económicos, en el barrio se habían esforzado por hacer una colecta para ayudarlo, pero era demasiado lo necesario para mantener abierto su negocio. Él les había dedicado lágrimas de agradecimiento, pero les había dejado claro que no aceptaría un dinero que ellos necesitaban mucho más que él.

Después de cambiarse la ropa empapada, secarse y servirse su habitual taza de café, humeante y caliente, se puso detrás de su vetusto y sencillo mostrador. Ni siquiera se dignó a cambiar el letrero que colgaba de la puerta y que anunciaba que estaba todavía cerrado. Se dedicó a hojear de forma mecánica su libro de cuentas. Por muchas virguerías que hiciera no conseguiría cambiar el color de los números. Miraba las hojas, pero no las veía. Su mente andaba perdida entre los recuerdos de los buenos tiempos vividos.

Composición formada por dos fotos: De fondo, unas gafas sobre un libro sobre una mesa; superpuesto, varias fotografías, en blanco y negro, apiladas. Estas últimas se ven muy difuminadas y lo que más destaca son las gafas. La fotografía se muestra con tonalidades oscuras.
Composición a partir de las imágenes de Dariusz Sankowski en Pixabay y Suzy Hazelwood en Pexels

La campanilla de la puerta lo sacó de su ensimismamiento y la taza de café, que ya se mostraba fría, le hizo darse cuenta que había vuelto a perder la noción del tiempo, como le pasaba con asiduidad en los últimos días.

—Buenas, Alonso. Valiente día del libro se ha presentado, ¿eh? —lo saludó su longevo amigo el cartero.

—Buenos no espero que sean, Matías. Hasta el tiempo está triste —respondió el librero, dedicándole una tímida sonrisa que apenas se convirtió en una mueca.

Ambos se miraron y en sus ojos se estableció el diálogo que sus bocas no tenían ganas de pronunciar.

—Tengo este sobre certificado a tu nombre. Parece importante —le dijo Matías, mostrándole un pequeño sobre marrón, increíblemente seco dado el tremendo vendaval del exterior.

Alonso lo cogió y lo observó, más asustado que sorprendido. No recibía habitualmente correspondencia personal y después del aviso de embargo que le llegó hacía ya dos semanas, cada carta era una bomba a punto de explotarle en sus manos.

La sostuvo petrificado y ni siquiera se dio cuenta de que su amigo se había marchado hasta que sonó, de nuevo, la campanilla. Miraba alternativamente la puerta y la misiva, que había comenzado a temblarle de forma inconsciente. No se atrevía a abrirla.

Le costó tragarse el suspiro y respirar profundamente. Cerrando los ojos, se dijo a sí mismo que, después de la librería, ya no le quedaba mucho más que perder. Se encogió de hombros y la abrió.

Sobre el mostrador cayeron una tarjeta, una carta y un cheque. Sus ojos se fueron de forma instintiva hacia éste último y, al ver la cifra que en él aparecía, estuvo a punto de derrumbarse como un árbol centenario sin raíces. La impresión de ver tantos ceros, le hizo imposible descifrar la cantidad escrita. Pero lo que más le impactó fue la tarjeta. Se apoyó en el mostrador y la releyó tantas veces que las palabras bailaban ante sus ojos. No podía dejar de pensar que parecía una cruel e insana broma. Incluso, se dio una sonora bofetada para cerciorarse de que no estaba soñando. Su cuerpo tiritaba y las lágrimas le hacían verla borrosa. Tomó un buche de café y la volvió a leer por enésima vez:

«Espero que este cheque pueda saldar la deuda contraída y que amenaza la subsistencia de su librería. Un santuario como el suyo no puede caer en otras manos y mucho menos ser convertido en cualquier otro establecimiento. En la carta que acompaña esta tarjeta se lo explico todo».

Aquellas 48 palabras conmocionaron al mundo que ya daba por perdido. Creyó ver temblar las estanterías y a los libros sacudiéndose el polvo acumulado en sus lomos. Tardó en darse cuenta que era él el que se estremecía.

Sin llegar a creérselo todavía, con sus manos temblorosas consiguió abrir la carta y desdoblar el folio que contenía. Sus ojos eran incapaces de fijar las letras. Ya no lloraba, pero los nervios y la ansiedad le enturbiaban la visión.

Cogió la carta y su taza de café y se sentó en una silla. Se bebió más de la mitad del líquido frío de un solo trago y consiguió la serenidad suficiente para intentar desvelar las tantísimas preguntas que supuestamente le respondería la carta. Se ajustó las gafas y leyó:

«Buenas sean, don Alonso.

»Quizás no se acuerde usted de mí, hace ya muchos años que visité por primera vez su librería. Quise comprar un libro para mi padre y usted me recomendó uno, tan entusiasta y amable, que me enamoré enseguida de él. Sin embargo, yo no tenía suficiente dinero para comprarlo.

»Usted vio la ilusión en mis ojos y el cariño que quería ponerle a ese regalo y me hizo una propuesta. «llévatelo, si tu padre al leerlo sonríe de satisfacción, vendrás y hablaremos de la forma de pagarlo. En caso contrario, si no se le gusta, me lo devuelves y estaremos en paz».

»Mi padre no sólo sonrió con su lectura, lo disfrutó tanto que se empeño en que yo lo leyera también y desde ese día el mundo de los libros ha sido mi cobijo, mi aprendizaje, mi razón de viajar, de vivir y descubrir el mundo.

»Gracias a los libros soy mejor persona y usted hizo que llegara a convertirme en el hombre que ahora soy.

»Afortunadamente, me he enterado a tiempo del problema que le acusa y tengo el deber y el placer de ayudarlo. Acepte, por favor, mi ofrecimiento. Aunque le parezca mucho no es ni la mínima parte de la riqueza que usted me ha permitido alcanzar.

»Gracias por todo. Mantenga abierto ese santuario y siga pregonando las bondades de los libros. Seguro que todavía consigue cambiar muchas vidas.

»Siempre deudor de usted, M. Cervantes».

Por supuesto, la taza terminó estrellada en el suelo, aunque ya casi vacía, y las lágrimas volvieron a inundar los viejos ojos del librero. Él nunca había creído en los milagros. Cada una de las empresas que había acometido las había consumado gracias a muchísimo trabajo, tesón y fe en sus capacidades. “Sudores y lágrimas”. Jamás un dicho fue más real en su vida. Nadie le había regalado nunca nada.

Sin embargo, parece que el espíritu de Cervantes, que cada 23 de abril se manifestaba a través de cada libro y a cada lector, se había apiadado de su imposible dilema.

Pasillo de un librería (o biblioteca) en dónde se muestra, desde la izquierda, una estantería llena de libros, desde el suelo al techo. La imagen está en perspectiva, con el primer plano enfocado y un desenfoque gradual hacia el fondo. Unas bombillas que cuelgan del techo ofrecen la tenue luminosidad de la escena.
Imagen de StockSnap en Pixabay

Miró sus estanterías. Se paseó entre ellas, y se deleitó acariciando los lomos de sus libros. Luego, con una resplandeciente y complaciente sonrisa, se dirigió a la entrada y giró el cartel que avisaba del estado del establecimiento.

No satisfecho con esto, abrió la puerta, salió a la calle y, aunque la lluvia seguía arreciando, gritó con toda la fortaleza y contundencia de que fueron capaces sus pulmones:

¡EL SANTUARIO SEGUIRÁ ABIERTO!


Esta historia fue presentada al Desafío Literario Relato48 y, aunque no fue premiada ni seleccionada para su antología, me proporcionó un interesante aprendizaje y la oportunidad de mostrar mis escritos al mundo editorial.
Me encantaría que en los comentarios, más allá de vuestros halagos, siempre agradecidos, me dierais vuestra opinión de los puntos negativos en la redacción o de la historia.
Una de las cuestiones que más se hecha en falta, ¿verdad, Isra?, es la necesidad de críticas, siempre respetuosas y educadas, que nos ayuden a ver nuestros relatos desde otro punto de vista y con ello mejorar.
Muchas Gracias.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de Peter H en Pixabay.

Charlemos sobre: Arquetipos Narrativos

Buenos días/tardes/noches sean…

Si os digo que Star Wars, Harry Potter o el Señor de los Anillos usan la misma trama para mostrarnos la transformación del protagonista: su iniciación, viaje, superación y culminación; tal vez me creáis. Pero si os digo que también la usa Full Monty, Men in Black, Pinocho, El Club de los Poetas Muertos o Inside Out; entonces me diréis que estoy bastante loco.

Sin embargo, es así. Todas estas historias se basan en El Viaje del Héroe. Es lo que se llama un Arquetipo de Trama.

¿Qué es un arquetipo? Pues un tipo de personaje, historia o suceso que se repite con bastante frecuencia. Cuando se usa en novelas y películas, permite que tanto lectores como espectadores recuerden e identifiquen fácilmente otros modelos y necesiten menos explicaciones para disfrutarlos. En realidad, por ejemplo, se están divirtiendo con la misma historia pero contada por distintos personajes, distintos puntos de vista o aventuras que pueden, incluso, ser reflejos de nuestra vida diaria.

Existen distintos arquetipos:

  • De Trama o Narrativos: El Viaje del Héroe, un personaje sencillo y tranquilote que se ve obligado a cambiar para hacer algo sumamente increíble; el Modelo de Cenicienta, la virtud ignorada y finalmente reconocida; Fausto, una deuda que deber ser reparada; Romeo y Julieta, chico conoce a chica, o viceversa, se pelean, se reconcilian, se pelean, se reconcilian, se lo piensan, se buscan, se encuentran, se mueren alternativamente. Y otros más que podréis descubrir.
  • De Personajes: el Héroe, el Mentor, el Villano, el Amigo Fiel…
  • De Objetos: el Anillo/corona/bastón Mágico, el Santo Grial, la Fuente de la Eterna Juventud, la Espada de Arturo…

Al final de esta entrada podéis encontrar varios enlaces en donde se explica todo esto mucho mejor y por gente más docta que yo. 😉👍🏼

En esta entrada vamos a centrarnos en el primero, el Arquetipo de Trama o Narrativo.

Sin embargo, ya os dije en la primera entrada de esta sección que esto no es un taller, ni yo el docente. Se trata de aprender entre todos. Yo inicio el debate, la conversación, la reunión, la mesa redonda, como queráis llamarle, pero ahora…

Charlemos sobre:

Los Arquetipos Narrativos

Una figura, silueteada, aparece en un primer plano, a la izquierda, mirando hacia el fondo. A la derecha, una torre de electricidad. Hacia el fondo, árboles, un camino y montañas. No se trata de una fotografía, sino de un tramado de colores: negro en el primer plano, verdes en el resto.
Imagen de Vitaliy Bychkov en Pixabay.

A modo de ayuda os propongo algunas preguntas, pero son solo orientativas. Podéis hablar de lo que os plazca, dentro del tema, claro.

  • ¿Cuáles conoces? Cada uno puede nombrar uno y explicar en qué consiste. Leed los comentarios precedentes para no repetiros.
  • ¿Cuál es el que más te gusta leer?
  • ¿Cuál crees que te costaría más escribir?
  • ¿Cuáles asocias mejor según el género literario?

Por supuesto, también podéis aportar cualquier material que os parezca interesante para ilustrar el tema: Enlaces, libros, vídeos… Si incluís recortes o fragmentos o artículos, cuidado con el copyright. Respetemos las autorías.

Nota aclarativa.- Hay que diferenciar entre Arquetipo de Trama y Estructura Narrativa.
El Arquetipo nos habla sobre un tipo de historia que podemos contar, mientras que la Estructura nos ofrece la forma de contarla.
Un mismo Arquetipo se puede contar de distintas formas (Estructuras). Por ejemplo, el Arquetipo «El Viaje del Héroe» puede ser: una historia lineal, principio, desarrollo y final; circular, empieza la historia en un momento determinado y mediante flashback o recuerdos, rememorar el camino realizado para volver a terminar donde mismo empezó; con saltos en el tiempo, mediante recuerdos propios o del narrador; de cadena, dónde un incidente va desencadenando el siguiente; o inverso, el narrador, que puede ser el mismo héroe narrando recuerdos por medio de un diario, empieza por el final y termina en el principio.

Bibliografía para curiosos:

Arquetipos de Tramas:

El Viaje del Héroe como ejemplo arquetípico:

Arquetipos de Personajes:

Estructuras Narrativas:

¡Charlemos! ¡Platiquemos! ¡Conversemos! ¡Departamos!

Besos Múltiples, Abrazos y Ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo de la Cabecera a partir de una Imagen de Tomislav Jakupec en Pixabay

Otra Nota (explicativa).- Esta entrada ha sido modificada, una vez que el escribiente se ha dado cuenta de que había liado los conceptos y andaba más perdido que el Titanic en el Día de la Marmota, mea culpa. Menos mal que ya había dicho que actuaba como introductor, conductor o moderador, no como docente.
Muchas gracias a Marlen, Isra y Ana que me hicieron darme cuenta de mis errrrrrores.

VadeReto (MAYO 2022).-

Para el VadeReto de este mes hemos hecho algunos cambios en el logo. La fotografía de fondo presenta unas manos ancianas sobre un libro cerrado, este parece descansar sobre la falda de la persona que lo sostiene. El resto es igual que en logos anteriores: En la parte superior aparece el texto "VadeReto", en rojo, con relieve y con trazo blanco bordeándolo. En la zona inferior, una cinta dorada, a modo de banner, con un par de pliegues, lleva grabado encima el mes en curso del presente año, en rojo, seguida por una pluma de ave, también roja. La imagen queda formando un cuadrado, con los textos centrados horizontalmente.
Para ir a los relatos participantes, pulsa AQUÍ.

Buenos días/tardes/noches sean…

Parece que el tiempo no termina de madurar y sigue en su etapa adolescente: Unos días luce el sol, radiante y magnífico y está más feliz que un invitao a un convite; y otros, este se esconde temeroso tras nubes de tormenta o incluso granizo, triste como el que llega tarde al mismo convite.

Por aquí abajito tenemos un clima fantástico, porque nos movemos entre el calorcito del día y el fresquete de la noche. Por eso por la mañanita nos apetece darnos un garbeo y tomar el sol, como los lagartijos, y por la noche preferimos el calorcete de la casita y amodorrarnos en nuestro sillón favorito, con una infusión y un libro en el que perdernos.

Lo primero, el paseo y la cervecita, es para hacerlo entre amigos y al aire libre. Así que si venís por Cádiz no dejéis de avisarme. Os enseñaré el Paraíso en la tierra.

Lo segundo es más íntimo y se presta maravillosamente a nuestra particular propuesta literaria. Por eso el VadeReto de este mes va de:

¡¡¡LEER!!!

Para la creación de vuestro relato os propongo dos cosas.

Primero, esta fotografía que debe serviros como inspiración y de alguna forma verse representada en la historia:

Fotografía virada al blanco y negro con tonalidades sepia.
En ella se ve, centradas en un primer plano, unas manos, de una persona muy anciana, hojeando un libro.
Nada más y nada menos.
Composición a partir de la imagen de Alexas_Fotos en Pixabay.

Segundo, una frase que debe aparecer dentro del relato y que debéis elegir entre las citas siguientes:

«Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres».

«Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee».

«Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma».

Sin embargo, ya sabéis que las condiciones del VadeReto son siempre flexibles y bastante abiertas. Si os apetece poner vuestra propia cita sobre los libros o la lectura, adelante, pero tenéis que indicar de alguna manera su autor.

Y eso es to… yeso es to… yesoestooodo, amigos.

El tema de este mes es bastante abierto para que haya una mayor diversidad de historias por contar. Eso sí, hablad del hecho en sí de la lectura, no de los libros en general.

Que Caliope, Melpomene, Talia, Erato o la musa que haya sido castigada a iluminar vuestra inspiración sea generosa y no desista en su empeño, por muy dura que sea la mollera, como la mía. 😅😂🤣

Besos Múltiples, Abrazos y ashushones.
😊😉😘😘😘

P.D. Fondo usados a partir de las imágenes de Peter H en Pixabay (Cabecera) y Yerson Retamal en Pixabay (Logo)

RELATOS PARTICIPANTES:
(por orden de escritura)

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El primer enlace corresponde a la publicación en el blog personal (cuando lo haya),
el segundo, al comentario de aviso en esta entrada
para que podáis expresaros, comentar, interpretar o lo que os apetezca sobre el relato.