Reunión de Almas Pernosas

James Morgan III andaba a trompicones entre charcos y barro. Sus pasos le guiaban hacia un impresionante circo que acampaba en los terrenos colindantes al muelle.

—Aguanta un poco, Legina, que llegamos tarde —suplicó sin acortar las zancadas.

— No pugglg… estgglg… cansgglg… —le respondió esta mientras se tragaba sus palabras.

Con una casaca roja, una camisa blanca con encajes y pantalones negros, Morgan se había vestido de gala para su reunión. El día lo merecía. Un tricornio negro con encajes dorados y una inmensa pluma de pavo real coronaba su extensa y voluminosa melena. Y una barba, también blanca, que le llegaba hasta el pecho, le daba el toque final a una impostura nobiliaria. Sin embargo, solo llevaba puesta su larga bota negra de cuero en su pierna derecha. El otro pie calzaba un simple mocasín.

Aunque intentaba moverse lo más rápido que podía, iba dando cojetadas, con más hechuras de mono de feria que de capitán de barco. Parecía que su pierna izquierda quisiera ir en sentido contrario a su avance. Un par de veces, se impulsó tanto con ella que dio un giro de 360 grados creyéndose una bailarina del Bolshói, pero, como no lo era, estuvo a punto de caer cuan largo era en el pastoso barro.

Fotografía de Claudio Kirner en Pixabay.

Cuando consiguió dominar sus andares se adentró en una de las carpas del circo y se dirigió hacia una de las jaulas que se exponían en ella. Dentro, en el centro de esa cárcel y sentada sobre una silla, se adormilaba una mujer. Vestía una larga falda con volantes de espectaculares colores que se ceñía a su cintura y una camisa blanca que resaltaba sus curvas.

—Ya estoy aquí mi amor —la espabiló el hombre desde los barrotes. Ella levantó la cabeza, lo miró y le sonrío—. Cada vez son más difíciles nuestros encuentros.

—Pero tú siempre haces lo imposible para reunirnos —le respondió la mujer ampliando más su sonrisa.

—Ya sabes que mientras haya puerto cerca y mi barco no sea tragado por el Kraken, vendré a nuestro encuentro sin demora.

La mujer se levantó, se acercó al pirata y se elevó lo suficiente la falda para dejar ver su pierna izquierda. Esta era mucho más robusta que la otra y estaba totalmente llena de un espeso, largo y blanco vello. El hombre, a su vez, aguantándose como pudo a los barrotes, se descalzó y se subió la pernera izquierda del pantalón. Su pierna, al contrario que la de la mujer, era sedosa, delgada y totalmente depilada. Encararon sus piernas y estas, al verse frente a frente, comenzaron a emitir grititos de alegría. Mientras sus dedos se entrelazaban, ellos acercaron sus labios ardientes y se dieron un profundo beso.

—No desesperes, cariño, encontraré a esa maldita bruja y te juro, por las barbas de Morgan I, el colérico, que la obligaré a recomponernos.

Y, mientras se fundían en otro intenso beso, la pierna del pirata le decía a la de la mujer:

Con lo bien que estaba yo en ese cuerpo y ahora huelo como un Camembert de doscientos años.

Ambas rieron escandalosamente la chanza y siguieron parloteando y contándose sus curiosas vivencias desde el último encuentro.

Relato escrito para el reto Va de Reto de este mismo blog.

Esta es la propuesta de este mes:

– Personaje: Un Pirata cojo con una pierna que tiene vida propia.
– Escenario: Un circo itinerante en donde se exhiben monstruos venidos de los más increíbles lugares.
– Incluye la frase: “Con lo bien que estaba yo…”

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La Casa de la Bruja

Imagen de cocoparisienne en Pixabay

La luna asomando entre negras nubes de tormenta apenas le marcaba el camino. Dos largas horas le había tomado llegar a la entrada del bosque. Todo por su terca manía de no coger el autobús y querer venir andando. Pero, claro, como se iba a meter en el autobús con su mochila XXL, la vara de Anadenanthera Colubrina, dos metros de larga y punta de cuerno de unicornio, y el cuchillo, Rambus Rajonius, que llevaba oculto en la espinillera. Ya se lo había dicho su madre, «con lo fácil que te hubiera resultado estudiar para una oposición y se te ocurre meterte a cazatesoros». Suspiro. «¡Ay! Siempre fuiste un chico muy raro Indalecio Manuel». “Inda, mamá, Inda. Es más cortito y suena más bonito”.

El bosque se presentaba oscuro y tenebroso. Lo contrario hubiera sido un parque de atracciones. Y no se escuchaba ni el sonido del viento. Una calma aterradora y una oscuridad asfixiante. Iba a ser una noche muy angustiosa. No se lo pensó dos veces y se introdujo en la espesura. Porque si se lo llega a pensar está ahora en su casita la mar de tranquilo viendo un episodio de Buffy Cazavampiros.

Rebuscó dentro de su mochila de bolsillo y, después de sacar medio ropero de cachivaches, encontró un trozo de tela con más años que Jordi Hurtado, y la misma calidad de piel. En él estaba dibujado un mapa que señalaba con una X roja, bien grande, su objetivo. Miró el entorno, se orientó y comenzó a caminar.

Andaba con mucho cuidado y delicadeza, no quería que sus pisadas alertaran de su presencia, pero los millones de hojas que habían caído sobre el suelo producían un extraño castañeteo. Tampoco la gravilla ayudaba mucho y por más que intentaba disimular las pisadas, el sonido no cesaba. De hecho, cuando se quedó parado, el sonido siguió sonando. ¡La leche! Eran sus dientes. Tenían más miedo que él. Se sacó del bolsillo un trozo de cuero que usaba para limpiarse las gafas y se lo metió entre los diente. Ahora, ya no sonaba el traqueteo, pero no podía hablar y le costaba respirar. ¡Qué fatiga de viaje!

Después de varias horas de caminata, o eso le pareció por el esfuerzo, se dio cuenta que estaba totalmente desorientado. Lo contrario hubiera sido una grandísima sorpresa. Se perdió hasta el día que fue con su Mary al HIQUEA de la capital.

—He visto exploradores torpes, pero tú te llevas el segundo premio —escuchó un graznido a su espalda.

Del susto se le descolgó la mochila y tropezó con ella, cayendo sobre la alfombra de hojas. Después de luchar con la correa, que se le había enredado en el cuello, y conseguir salir buceando del mar de hojas, divisó en lo alto de una rama a un inmenso cuervo, negro como los tobillos de un carbonero. Sabía que las aves no se podían reír, pero juraría que se estaba cachondeando de él.

—¿Los cuervos pueden hablar? —le preguntó a sabiendas de lo estúpida que era la pregunta si no podía responderle.

—En realidad, no. Tengo aquí detrás una ardilla ventrílocua que me está metiendo la mano por el culo —le espetó el pajarraco con choteo.

«Entre todas las aves nocturnas del bosque me tenía que tocar el humorista agrio». Pensó con angustia.

—Agrio lo será tu puñetero padre, que seguro que dejó preñá a la vaca del chocolate, o fue tu mare la que copuló con el Asno de Buridán.

—¡Anda, además de parlanchín, telépata y malhablado!

—De eso nada, monada. Que nací en la universidad de Cambridge y me empapé de curtura. Pero es que tú haces blasfemar hasta a las monjas de clausura. ¿Creo que andas más perdío que un calcetín en una lavadora?

—Escucha pajarraco…

—Eh, eeh, eeeh, eeeeeh… Maese Cuervo para ti, si no te importa. Que mi padre fue asesor político-militar de Cromwell y mi madre la paloma espiritual de Mandela —adoptó una pose intelectual y prosiguió—. Puedo ayudarte si me das algo a cambio.

—¿Y qué es lo que quieres? ¿Mi alma? ¿Mi futuro hijo? ¿Casarte con mi hermana? …

—¿Pero qué dices, Chalao? Tú ves muchas pelis de sobremesa, ¿no? Lo único que quiero es ese reloj dorado que te asoma del bolsillo del chaleco. Está la cosa mu chunga y necesito llegar a fin de mes.

—¿Pero es de oro del Orinoco y perteneció a mi tatarabuelo?

—Sí, claro. Seguro que se lo robaste al abuelo de tu vecino, ¡atontao! ¿Prefieres quedarte perdido en este bosque de por vida? Porque con la habilidad que has demostrado no sales de aquí ni aunque un rayo milagroso se abra en las nubes y te señalen el camino de las baldosas amarillas, Dorothy barbuda. —el pitorreo empezaba a ser desesperante—. Anda, dame el reloj y en un minuto te mostraré el camino. Y decídete rapidito que tengo a una chati esperando en la RavenDisco. —dicho esto se puso a canturrear “You Make me Happy… You Never, Never Make me Blue…” por Marcia Ball.

Con mucho pesar y lágrimas en los ojos, le dio un beso al reloj y se lo acercó al cuervo. De improvisto apareció una ardilla y se lo quitó de las manos.

—Tranquilo, Marco Polo, esta no me mete la mano por allí para hacerme hablar, pero es mi secretaria. La tengo contratada a tiempo parcial a cambio de bellotas —se carcajeó el avechucho.

—¡Joder, cómo están los minijobs! —exclamó el pobre buscador—. ¿Bueno, me vas a indicar el camino?

—Claro, Hernán Cortés, gírate y da tres pasos. Separa aquellos arbustos y detrás está la casa que estás buscando.

—¡Serás hijo de…! —Se mordió la lengua— Tenía ahí mismo mi destino y la que has liado para decírmelo.

—A ver, Francisco Pizarro, soy cuervo pero no tonto. Hay que ganarse la vida y todos los días no se encuentra a un tonto como tú —salió volando lanzando graznidos que Inda creyó identificar como carcajadas.

Suspiró profundamente y se dirigió a su objetivo. Efectivamente, como el maldito pajarraco le había dicho, detrás de los arbustos estaba la casa. ¡La Casa de la Bruja! Podría pasar por cualquier otra vivienda de algún lugareño si no fuera porque estaba pintada en colores malva con matices blancos y grises. Por lo visto se trataba de una bruja muy fashion. Sin embargo, un halo de siniestralidad y de maldad la envolvía. Con solo mirarla daba ganas de salir corriendo y borrarla de tus sueños.

Mientras contemplaba las posibles opciones de acercamiento, un olor nauseabundo, tétrico y repugnante le abofeteo sin piedad. ¿Sería posible que hasta él llegaran los mejunjes que la bruja estuviera preparando? Para su deshonra el aroma llegaba de su espalda, más concretamente de “su espalda”. Sus esfínteres no habían soportado la tensión. Mientras se aseaba rápido y de cualquier manera, creyó escuchar en los aires ¡Cagóoon!

Tenía miedo, mucho miedo, eso estaba claro, pero tenía una determinación y la llevaría a cabo. Su prestigio y su honorabilidad estaban en juego, aunque los hubiera perdido hacía ya mucho tiempo. Se acerco con todo el sigilo y disimulo que pudo y atisbó por una de las ventanas. La casa parecía estar completamente vacía. La edificación solo contaba con una estancia que hacía las funciones de salón, cocina y dormitorio. Todo estaba iluminado por las brasas de la chimenea y un enorme caldero humeaba en ella. Parecía que la bruja había salido con presteza y urgencia, pero podría regresar en cualquier momento. ¡Tenía que darse prisa!

Descartó romper las ventanas, además de escandaloso, parecían ser demasiado seguras, y no quería partir la puerta para que la Bruja se diera cuenta del robo. Además, tampoco era muy ducho con las ganzúas y una vez intentó derribar una con el hombro y se llevó tres semanas ingresado.

Así que pensó en rodear la casa para buscar una entrada más accesible, pero en su patoso andar pisó un parterre de Pethunias Anthunias que lucían espléndidas. ¡Oh, Oh! La Bruja se iba a enfadar bastante. De las flores empezó a subir un polvo fosforescente que le envolvió las piernas, cuando quiso darse cuenta estaba levitando en el aire. Se elevaba sin control y los polvitos mágicos lo llevaban directamente hacia la chimenea.

—¡Qué está encendida! —gritaba gimoteando.

Empezó a revolverse y manotear, intentando mover los brazos como una gaviota borracha y en su pataleo impetuoso logró deshacerse de las partículas que envolvían sus piernas. ¡Craso error! Dejó de levitar. Afortunadamente no había cogido demasiada altura porque aterrizó, cuan largo era, en el patio trasero de la casa. Este estaba lleno de cadáveres de animales y otras inmundicias que prefería no analizar.

De nuevo la pestilencia le aporreó las narices, y esta vez no había sido él. No le dio tiempo a taparse la nariz. Unos crujidos sospechosos lo alertaron que había caído sobre una especie de trampilla. Entre el aterrizaje y su cuerpazo fortachón, que no gordura, esta terminó cediendo, se rompió y cayó con todo su peso, de tío fuerte, en lo que pareció un sótano. El costalazo fue monumental y allí se habría quedado lisiado si no hubiera caído sobre un enorme gato sphynx que amortiguó sus huesos y quedó convertido en la alfombra de una rata para toda la eternidad. Ahora sí que la Bruja se iba a cabrear, y ¡mucho!

Cuando consiguió levantarse pudo inspeccionar el sótano. Estaba lleno de cachivaches y de polvo, mucho polvo, toneladas de polvo. O allí hacía mucho que no limpiaban o eran restos de gente … fallecida. Prefería no pensar en ello. Con la caída, era posible que se hubiera tragado a varios difuntos.

Empezó a buscar entre todos los trastos lo que codiciaba, pero era imposible encontrar nada en ese berenjenal. Empezó a entrarle un miedo salvaje pensando que la Bruja podría presentarse en cualquier momento. Saltando y trepando, de forma farragosa, consiguió llegar, de manera inverosímil, hasta la puerta y salió corriendo escaleras arriba. Llegó al salón y, cuando se disponía a salir de la casa, vio lo que había venido buscando. Escondido junto a la chimenea había un cofre del tamaño de una caja de zapatos y bellamente ornamentado. Topacios, ópalos, esmeraldas y otras preciadas piedras enriquecían aquel humilde arcón de madera. La suerte parecía sonreírle al final.

Lo cogió con delicadeza y, aunque pesaba bastante, se lo puso bajo el brazo Se giró y vio el portón de la casa abierto de par en par y en ella a la Bruja, con una sonrisa aterradora de oreja a oreja. En su hombro, ¡el cuervo!

—Mamama… —tartamudea temblando de miedo.

—Que no es tu madre, gilipollas —le espeta el inoportuno Cuervo.

—Maaaldita la hora en que se me ocurrió hacerme el héroe. Tututu …

—Míralo, ahora está comunicando —se chotea de nuevo el pájaro.

—Tuuuviste que chivarte, pajarraco del demonio.

—Lo siento Indianajones, pero la Bruja paga mucho mejor que tú.

—Me tienes muy cabreada, ladrón estúpido —escupió la Bruja fulminándolo con la mirada.

—Pues no te digo ná cuando veas tus Pethunias Mágicas y cómo ha hecho adelgazar a Don Algodón —bufó con sarcasmo el plumífero.

—Sí, tú encima caliéntala, Pajarraco.

—El reloj era chapao y con pirita de la mala, Bocachanclas.

—¡¡¡Basta!!! —grita enfurecida la Bruja echando espumas por la boca— Vas a desear no haber nacido.

—¡Señora! ¡Ilustrísima Maldad! ¡Reina de la Noche! ¡Genuina Dama de la Orden de las Brujildas Emocionadas!

—Jojojo. Sa comprao un diccionario en el chino del pueblo. —El cuervo se retuerce de la risa y ya no es capaz de mantener el equilibrio en el hombro de la Bruja.

—Creo que podemos llegar a un acuerdo —continúa el buscador sin prestar atención a las chanzas del pájaro.

—¿Un acuerdo? ¿Qué puedes tener tú que a mí me interese? —le dice la Bruja mostrándole todo el desprecio que siente.

—Previendo que podría darse esta eventualidad, tengo aquí en el bolsillo algo que usted ansía con fervor. Aunque parezca torpe y tonto en el fondo no lo soy.

—jua jua jua, pues lo disimulas pa matarte —el pájaro ya no puede aguar su estabilidad y cae al suelo entre convulsiones por la risa.

—¡Jacoviano, lárgate! —le grita la Bruja al ave—. Ya has hecho tu trabajo. Regresa mañana para cobrar tu recompensa.

El cuervo se marcha ipso facto porque conoce el genio de la Bruja y con ella no se puede permite la menor broma. Sin embargo, mientras vuela, sigue dándole espasmos por el ataque de risa.

—No intentes engañarme, inmundicia, porque conocerás mi cara más aterradora —le susurra maléficamente sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.

Con las manos temblando, Inda hurga en su mochila y coge una pequeña bolsa envuelto en tela de seda. Cuando se la muestra a la Bruja, esta se mantiene en suspensión sobre la mano sin tocarla. En los ojos de la maléfica se descubre toda la fascinación que el objeto le revela.

—¿Qué es eso tan curioso? ¿Me quieres hacer un regalo? ¿Tal vez una joya?

—¡Exacto! Pero no es una joya cualquiera —Inda hace una pausa dramática para captar la atención de la maléfica. Ella lo mira con impaciencia. Él sabe la codicia y ambición de la mujer por las cosas mágicas o hechizadas.

—Y ¿qué hace que esa joya sea tan especial?

—Pues, en realidad no lo sé. Se la robé al mago Shacaconhejos, pero me aseguraron que era capaz de conseguir cualquier sueño que desearas —La Bruja no puede disimular su asombro.

—¡Ja! Y pretendes que me lo crea tal y como me lo estás contando. Debes de tomarme por una persona más estúpida de lo que tú eres. ¡Cochambre de estercolero! Además, ¿qué me impide desollarte vivo y luego quedarme con ese regalo?

—Bueno, cómo he dicho antes, no soy tan tonto como parezco —la bruja eleva los ojos al techo con desprecio, suspira y muestra una mueca procaz—. Esta bolsa que envuelve a la piedra también es mágica y está unida a mí de manera inexorable. Solo con pensarlo, desaparecerá sin que puedas hacer nada. Puedes creértelo o no, pero te cambio esta maravilla por lo que está dentro del cofre. No me interesa su valor sino su contenido.

—¿Sabes lo que hay dentro?

—Pues claro, el corazón de mi suegra. Yace en coma desde hace varios meses en su cama, catatónica.

—Ya entiendo. Pretendes clavarle un puñal para acabar definitivamente con ella, ¿no?

—En realidad, es lo contrario. Quiero que salga del coma y vuelva a su vida normal.

—Pero ¿tú eres el yerno más tonto del planeta? ¿O me estás mintiendo descaradamente?

—En absoluto. Mi mujer no se separa de su cama, ni de día ni de noche, y yo quiero que vuelva conmigo y me dé mimitos.

—Pues con más razón no entiendo que quieras reanimarla.

—Es que… Mi suegra hace unas croquetas de puchero que quitan el sentío y mi mujer no sabe como las hace. Y las suyas, pues… no.

—¡Por las barbas del nieto de Belcebú! Eso sí que no. Sus croquetas son sagradas y nunca me perdonaría que se perdiera su receta. Pero me tienes que prometer que me traerás una fiambrera bien llenita todos los meses —Esto último lo expresa con toda la súplica que puede generar su maldad suprema.

—Por supuesto, su magentuza. ¡Faltaría más! Aquí la tendrá. Esto… Entonces… ¿Puedo irme?

—Anda, date prisa antes de que cambie de opinión y te convierta en escarabajo de la patata.

De esta forma, Indalecio Manuel Durán Romero, Inmaduro para los amigos, consiguió salir vivo de la Casa de la Bruja y llevarse su botín. Su suegra salió del coma y le guisó tres lebrillos de croquetas. Su mujer pudo abandonar la habitación y darle mimitos y la Bruja…

Bueno, esa es otra historia que podrá ser contada…

Vale, ¡no! Que esta forma de cerrar el cuento jode mucho. ¿Verdad que sí?

La codiciosa Bruja se creyó la historia de Inda y se dispuso a hacer uso de la piedra mágica. Sin embargo, esta, en realidad, no había pertenecido al mago Shacaconhejos, sino al recaudador de Hacienda del Emir de Mekheoconthó. Cuando metió la mano en la bolsa, una fuerza succionadora la agarro y tiró de ella hacia su interior. Porque era bien conocido que moneda que cogía el Emir no la soltaba ni quemándolo. Así que la Bruja terminó dentro de la bolsa convertida en vil calderilla. Cuando el cuervo llegó al día siguiente no vio ni la recompensa prometida, ni a la bruja, pero sí la bolsa tirada en el suelo. ¿Qué hizo? Pues lo que se espera de un cuervo, la cogió, se la llevó y se la vendió a un buhonero que pagaba bien por las antiguallas.

Y colorín, colorado, el cuervo tiene el culo mojado.

Relato publicado en el Reto Literario de Septiembre “La Casa de la Bruja
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Noche de Juerga

Imagen de Pexels en Pixabay

Derrotar al insomnio, Misión Imposible X:

Clon, clon, clon… Una maldita gota se suicida en la bañera. Bzzz, bzzz, bzzz… Una inesperada noinvitada se pavonea por la habitación. Auuu, auuu, auuu… Un poeta callejero aulla rimas asonantes a su amada. Niiinoooo, niiinoooo, niiinoooo… Bendita hora para ponerse de parto. Glu, glu, glu… Los desagües haciendo gárgaras. Toc, toc, pom, toc, toc, pom… El trípode que vive arriba se prepara para su quinta evacuación de la noche. Ticotí, ticotá… El despertador ultramoderno se ríe en mi cara. Cri, cri, cri… Otro que se ha colado sin invitación. Buaaaa, buaaaa, buaaaa… El mejor despertador para unos padres primerizos. Plic, plic, plic… Ya estamos todos, las nubes se mean en los cristales. Croac, croac, croac… Pero bueno, ¡que vivo en un octavo piso! Grrrrr, grrrrr, grrrrr. Y mi vecina de cama amenaza con tragarse la habitación o empezar un concierto sinfónico.

¡¡¡A tomar por saco!!! ¡Me voy a escribir!

Microrrelato publicado en el Reto Literario “Desafío Extra septiembre: ¡¡¡Brrrrrr!!!
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Tres fotos para inspirar, diez líneas y empieza a lanzar
Onomatopeyas.

Un Flirteo Muy Buhonito

Imagen de  Gerhard Gellinger  en Pixabay

MaryOwl era un tronquito de chocolate con restos de nata. En una de las ramas del anciano roble dormitaba. JoaoRamowl, de cara difícil de ver pero gesto cariñoso y galante, se le acercó.

—Oh, trocito de carbón mío ¿te vienes a dar una vueltecita por la arboleda?

—¿Es la hora de darle un homenaje a mi estómago o solo quieres importunar el momento de mi viaje espiritual? —con dos inmensos cráteres lunares en la cara lo miró enfurruñada.

JoaoRamowl sintió romperse la noche y tragárselo sin desplumar. Esa mirada era un volcán a punto de erupcionar y la última vez tardó una eternidad en volver a volar y comer.

—En el parque hay un tenderete de semideglutida y aliñada carne selecta —dijo con más miedo que convicción.

—Espero que sin cebolla sean —esta vez apareció una tímida sonrisa en su tez cafeinada.

—La cebolla me la como yo, tiznita de mi corazón.

Y hacia el parque se fueron como hojas de otoño arrancadas por el viento planeando de amor.

Microrrelato publicado en el Reto Literario “¡Un Reto Retó-rico!
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Cuatro fotos para inspirar, diez líneas y tres figuras retóricas para hacer aparecer en su extensión (Metáfora, Eufemismo, Hipérbaton).

Encantado de Perderte

Entró en la biblioteca, sacó la llave y abrió el mohoso candado que guardaba los libros prohibidos. Cargó con un enorme volumen y lo soltó sobre la mesa. El polvo inundó la sala haciendo toser las estatuas familiares. Leyó el título “Grimorio, Impossibile Amans”. Lo abrió por una página marcada y buscó: «Hechizo para hacer perder la cabeza». Con una pluma entintada añadió debajo de los ingredientes. “No meter la cabeza en la olla, esperar a que el líquido enfríe y darlo a beber”. Dejó el libro, se sentó en su butaca y encendió la radio desde su bastón encantado.

Relato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un candado.
Reto opcional: Que la historia contenga la palabra: grimorio.

Un Diálogo Pasado por Agua

Relato publicado en el Reto Literario “Segundo Desafío Literario de Mayo: BLA BLA BLA
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Anémonas Púrpuras (pixabay)

–Hola Margarita.

–Hola Rosita.

–¿Qué tal el finde? ¿Algo fuera de la corriente?

–Pues me enrollé con un caballito de mar precioso. Marcos Tero, se llamaba.

–¿Y qué tal?

–Pues nada, me dejó aquí plantada.

–Qué tontaca eres Margari. ¡Todos los lunes el mismo chiste!

–A ver, Rosalinda, vivimos en un acuario, tenemos menos diversión que una orca en una bañera.

–Ya lo sé hija, pero es que tus chistes siempre salen aguados.

–Sabes que te digo, que ahí te quedas, ¡me voy! ¡Que me voy a quedar aquí plantada hasta que nos echen abono! jajaja

Este reto consistía en la creación de un diálogo a partir de las fotografías expuestas.

Una Pareja Muy Especial

Relato publicado en el Reto Literario “Palabra de Libro
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Midad y Cala son una pareja de chicos como otra cualquiera. Visten a la moda, viven al día y tienen muchas ganas de disfrutar de la vida. Al menos, eso piensas, mientras los ves venir de la mano por la calle, tranquilos y animosos. Hasta que Cala se engancha su chaqueta en el retrovisor de un coche y se estampa contra el capó. Y Midad, que siempre va mirando el móvil, se encuentra en su camino con una farola y, después de saludarle de frente, cae de espaldas en la acera como un saco de pienso. Son una pareja como otra cualquiera, quizás más despistada de lo habitual.

Cala trabajaba en la cocina de una hamburguesería y todo le iba bien hasta que un día, después de poner la carne en el asador, le dio por pensar en la filósofa de la vida. Se dijo a sí misma: ¿Y si este mundo fuera el infierno de otro planeta? Y elucubrando los males que asolan esta tierra. La hambruna y miseria de muchas zonas devastadas por la guerra o la desidia de sus mandatarios. La desigualdad en las regiones mal-llamadas del primer mundo, donde cada vez existe una brecha más amplia entre ricos y pobres. Pensando, pensando que a lo mejor había algo de razón… Despertó de pronto con gran sobresalto de su onírica reflexión porque había salido ardiendo media cocina y ya se escuchaban las sirenas de los bomberos en la lejanía. Otro trabajo de corta duración.

Midad no era tanto de pensar como de desconectar. Trabajaba como reponedor en un supermercado y siempre estaba en apariencia embelesada. Cuando muchos creían que su mente divagaba sobre los grandes misterios del universo o las premisas de la insuficiencia del hombre en el plano terrenal, en realidad estaba en babia y tenía la mente más en blanco que un oso polar comiendo helado de nata en el hielo blanco del Ártico. Un día que estaba descargando un palé en el almacén se quedó estático, inmóvil, como si le hubiera fallado la batería y hubiera entrado en desconexión total. El encargado, que ya andaba un poco cansado de sus “descansos”, le gritó: “Si no te gusta donde estás, muévete; no eres un árbol“. Del susto pegó un salto y cayó contra una de las inmensas estanterías que soportaban el peso de cientos de cajas de productos. Estas, como si fueran fichas de dominó, fueron cayendo una tras otra hasta quedar el almacén igual que si hubiera pasado un tornado. Otro empleo de corta duración.

Cada uno por su lado son un desastre constante y andan siempre esquivando las desdichas y suspirando por una vida sin sobresaltos. Sin embargo, cuando se encuentran y comparten sus andanzas, Cala y Midad, se ríen y son felices. Juntos respiran una vida diferente. No pueden existir uno sin el otro. Eso sí, siguen siendo la diversión  de la diosa fortuna que se burla del mundo a través de ellos. Por eso ahora, los dos sentados en el suelo se ríen como locos de sus torpes andanzas.

Llegada sin Aviso

Relato publicado en el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)

Imagen inspiración del Relato
Reto opcional: Que la historia suceda en el Equinoccio de Primavera.

Mientras tocaba mi lira en el jardín, el viento trajo volando una nota que me impactó directamente en la cara. Sonaron notas estridentes y no dije ningún exabrupto porque por poco me la como. Sin respirar, comprobé que era el anuncio de la fiesta del Equinoccio de Primavera. Una imagen de la celebración en mi mente y apareció mi hado madrino dejándome el jardín como si hubiera pasado un huracán. Y sin dejarme decirle nada, se puso a hincharme una calabaza que se convertiría en un precioso Rolls-Royce. Ahora, como le digo yo que ya tengo cita para ese día.

El Aprendiz de Mago

Relato publicado en el Reto Literario “MiniReto de Marzo
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

MiniReto de Marzo

Si me vieran mis compañeros de la Escuela de Magia se partirían el pecho de la risa. Cuando entré en este bosque, persiguiendo a un colibrí travieso y juguetón, no imaginaba que me saldría barba buscando algún indicio que resolviera el misterio de la carta que he recibido. Como todas las misivas que Töframaður nos envía, el texto no tiene pies ni cabeza. De hecho, no sé si lo estoy leyendo del derecho o del revés. Solo he seguido al pájaro que la portaba y ahora me encuentro entre árboles inmensos que a duras penas dejan entrar los rayos del sol.

Tengo claro que no he llegado a dominar el tungumál mágico y por eso no consigo que los símbolos que aparecen en el papel se transformen en algo legible. Pero tampoco debe ser difícil ver que algo no encaja con la espesura. Algún tipo de anomalía que me señale el camino. Algo que me aclare qué hago aquí en el bosque, en lugar de estar en la clase de galdur tækni.

Después de interpretar algunos signos del papel creo haber encontrado el camino. ¡Vaya! ¿Son imaginaciones mías o estoy escuchando una curiosa algarabía? Me acerco sigilosamente y, apartando la fronda, intento atisbar qué es lo que se esconde tras los arbustos.

Cuál será mi sorpresa, al ver bañándose en un pequeño lago, creado por una cascada, a unas preciosas hadas que cantan mientras se bañan. Alegres y entusiasmadas disfrutan salpicándose y zambulléndose en las gélidas aguas. Inexorablemente, me emociono con la escena y no me doy cuenta que la tierra bajo mis pies se está removiendo y, sin que me dé cuenta, termino cayendo de cabeza en el lago.

El susto es mayúsculo y las hadas gritan y salen corriendo del agua. Mientras, yo quedo sentado en el estanque con solo la cabeza fuera. Rojo como un balde lleno de pepitas de granadas. Guirnaldas de luciérnagas, tucu-tucus y poduridos que, antes de mi espectacular entrada, brillaban con precioso fulgor, ahora yacen mojadas y más apagadas que un guateque lleno de dementores. Con la conmoción, dos fénix que estaban apaciblemente amodorrados, han salido volando y bramando, y han prendido las carpas que estaban recién montadas. El fuego ha tardado segundos en dejar todo el emplazamiento más destrozado que el gimnasio de un minotauro loco.

Alguien me está gritando desde el borde del estanque. El agua que chorrea por mi cara me impide ver claramente quién es, pero su enorme vozarrón y la costumbre que tiene de gritarme continuamente, hacen que reconozca al director Leikstjóri. Es un vejete de casi dos metros de envergadura con pelo y barba blanca que le llegan hasta casi la cintura. Sus ojos verdes centellean de exasperación y parece a punto de convertirse en un temible dragón.

Cuando consigue calmarse y me explica la situación, comprendo que tengo que ser más aplicado en mis estudios. La misiva que he querido traducir no iba dirigida a mí, sino a mi compañero de habitación, nemandi de tercer año. Y es una invitación para la fiesta de fin de curso que se celebrará dentro de dos lunas. Ni que decir tiene que, encima que me he colado antes de tiempo, he estropeado todos los preparativos. Creo que mi graduación como indiscutible mago va a retrasarse durante muchos años.

Reto 5 Líneas – Enero 2019

Relato publicado en el Reto “5 Líneas
de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas
que incluya las tres palabras propuestas.

Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay.

(Añado, Familia y Demasiado.)

Levantarse ya es difícil por lo mucho que me quiere la cama pero que el espejo me insulte tan temprano resulta bochornoso. Añado un polvorón más a mi dieta y tendré que verme reflejado en el Amazonas. Porque en mi familia somos más de entrar de perfil que de frente y eso es demasiado para un bailarín de Frevo. Dicen en Olinda que cuando yo termino de danzar mi cuerpo sigue bailando sin pararse. Será que tengo el ritmo en la sangre (que riega mis michelines).