Una Misión para el STELLA

Relato publicado en el Reto Literario “ImagenA
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

En este relato he querido experimentar con algo que llevaba mucho tiempo rondando por mi cabeza. Unir lectura con música. Mis dos grandes pasiones. Así que, por decirlo de alguna forma, esta historia tiene banda sonora. Aunque, por supuesto, podéis leerla sin escucharla. Sin embargo, si elegís endulzaros con las maravillosas piezas que he incluido, tenéis dos opciones: Pulsar sobre cada enlace que encontréis durante el texto, que os llevará a la canción correspondiente en Youtube, o usar la lista de Spotify que os he creado para vuestra comodidad: El Viaje del Stella.

Como siempre, las indicaciones para el Reto las podéis encontrar en el Blog Fantepika de Jessica. Arriba tenéis el enlace. Espero que os guste.

Imagen de Brigitte Werner en Pixabay

Negro sobre negro. Un negro tan oscuro como la piel del Cancerbero. Negro. Así es el uniforme de Alfons Revisuá. Chaqueta y pantalones negros, pero con chaleco rojo borgoña, con los bordes dorados y botones a juego. Una gorra, también negra, completa su uniforme. Solo queda a la vista su cara en la que sobresale un gran mostacho blanco y frondoso que parece llegarle hasta el pecho. Y sus cejas, también grandes y pobladas, tapan unos ojos inteligentes e inquisitivos.

Al ritmo de Take the «A» Train” interpretado por Oscar Peterson, que suena por los altavoces, Alfons recorre el Stella, su tren, como lo lleva haciendo desde hace lustros. Por supuesto, no es suyo, pero lleva trabajando tanto tiempo en él, sirviendo en sus viajes, cuidando de sus vagones y atendiendo a sus visitantes, que lo considera como su casa. En realidad, sólo lo abandona cuando este necesita alguna limpieza o reparación. Con parsimonia, pero sin desdén, saca el reloj del bolsillo de su chaleco, que pende de una larguísima cadena de oro, y lo mira con fijeza, –¡Perfecto! –exclama– Siempre puntual, preciso y eficiente. –Se refiere, tanto a su reloj como al tren. Dos máquinas perfectas.

El Stella no es un tren como otro cualquiera. Funciona con magia electrokinética y se mueve por raíles ilusorios y quiméricos. Está formado por una máquina vieja de vapor, alimentada por trasgos, y cuatro vagones, dos de pasajeros, una cafetería y un almacén de objetos mágicos. Ha partido de la estación de REM, como es habitual, y se adentra por campos de girasoles que se yerguen inhiestos y altaneros. Luce un sol espléndido y generoso, que hace que el rostro de las plantas se vuelva hacia él con deleite. La brisa las invita a una grácil danza donde, todas al mismo ritmo, bailan con el swing de la melodía que sale por las ventanillas del tren.

Este es un viaje muy especial, un representante de cada familia de la magia ha solicitado billete. Y además, una apreciada y deseada joya está protegida dentro del vagón especial que el Stella protege como la mejor y más segura caja fuerte del mundo. Como es sabido que las familias están en guerra por la supremacía del reino de MagicGalerian, todas las alertas están activadas. Lo que menos quiere Alfons son problemas dentro de su tren. Aunque con el genio que se gastan estos visitantes todo es posible.

El tren inicia su tránsito por los Lagos de Escarcha. SuenaYou and the Night and the Music por Eddie Higgins La falsa vía se suspende mágicamente sobre el agua casi helada y pequeños carámbanos y gotas congeladas adornan el paseo como si una alfombra blanca le facilitara el paso al Stella. Este el momento, en el que Alfons inicia su inspección general. Todo debe estar en su sitio y los pasajeros bien acomodados y en sus respectivos compartimentos. Así, que una visita de cortesía se impone adecuadamente.

El primer vagón alberga a los tres primeros representantes mágicos. El revisor se acerca al compartimento 1A y puede sentir el calor antes incluso de abrir su puerta. Los cristales empañados y sudorosos le dan la alerta y decide usar uno de sus guantes para abrirlo. Con solo girar la manilla el golpetazo de calor está a punto de hacerle perder su valioso mostacho. Dentro la sensación es bochornosa y asfixiante. Un humo condensa todo el recinto y dentro, con su vestido rojo púrpura que hace juego con su cardada melena, está Jafira, la representante de los dominadores del fuego. Su faz muestra una mujer bellísima pero de gesto adusto. Con sus brazos cruzados sobre el pecho lo miro con altanería y casi sin sonreír. Alfons la saluda y le da la bienvenida al tren y decididamente, ante la pérdida de la integridad del mostacho, el uniforme y el propio tren, se despide, rápidamente, y vuelve a cerrar el compartimento para seguir con su inspección.

En el compartimento 1B no parece haber nada sorprendente. Todo está tranquilo. En su interior solo hay una preciosa gata blanca Ragdoll que descansa plácidamente sobre un cojín turquesa de Mohair y juguetea con una bola misteriosa de cristal. Cuando Alfons la saluda, el animal se transforma en Shurcata, una enigmática joven rubia de aspecto angelical que le sonríe tímidamente y lo saluda, para inmediatamente volver a transformarse en la deliciosa gata. En realidad es un Nahual, capaz de transformarse en cualquier animal. Con el temor de que la chica pase de gata a pantera, Alfons omite los protocolos y la deja dormir tranquila para avanzar al siguiente visitante.

El último compartimento de este vagón, el 1C, está totalmente vacío. Hay chucherías por todas partes y la maleta aparece totalmente desempacada con la ropa revuelta por el sitio. Ante la sorpresa del revisor se escucha una risita suave e infantil e inmediatamente después un tirón de la chaqueta que le hace dar un sobresalto. Sin darle tiempo a reaccionar, una fuerte patada en la espinilla lo hace cojear y caer sobre el sofá. Alfons reprende un taco y con la connivencia del Stella, alertado de las travesuras, un torrente de aire mágico hace que de la nada aparezca Illania, una niña pelirroja de cara tierna e inmaculada que no disimula sus ganas hacer trastadas. Es una elfa ulegemlig, dominadores de la materia y por tanto controlan la invisibilidad. Alfons se recompone y con voz adusta y autoritaria, reprende a la pequeña. –Señorita, ¿le importaría comportarte como la adulta que no eres y dejar sus diabluras? –La niña le mira con un mohín encogiendo su pequeña y dulce naricita y con una picara y traviesa sonrisa le pide disculpas.

Alfons respira profundamente intentando recomponerse y obtener mesura y tranquilidad. Sabe que forma parte de su trabajo soportar las extravagancias y peculiaridades de sus pasajeros. Son gente excéntrica, pero rica y poderosa y el prestigio del Stella nunca puede verse en compromiso. Como dice una de las placas colocadas en la pared: “El pasajero siempre tiene la razón, incluso cuando no la tenga”. Espirar, inspirar, espirar, inspirar… Stella ayuda e irrumpe “It Don’t Mean A Thing If It Ain’t Got That Swing” con Ella Fitzgerald & Duke Ellington. El pasillo se distensiona y la voz de Ella hace que Alfons empiece a mover pies y manos y se olvide del incidente. Bailando deja el vagón y permanece unos segundos en el acople para contemplar el paisaje. Impresionantes cataratas de agua helada dibujan cortinas que adornan las montañas adyacentes. La blancura del hielo contrasta con el verde de los prados y el marrón de los árboles que, aunque cubiertos de una capa transparente, muestran una amalgama de colores incomparable en todo el paisaje.

Temiendo que el revisor se pierda en la contemplación, el Stella cambia de ritmo y conecta a los audios a Albert Nicholas que interpreta “I Found a New Baby. Alfons despierta de su ensueño y cruza al vagón siguiente y se dirige al primer departamento, el 2A. En este caso, lo que primero le llega como saludo es un olor pútrido y pesado. Por las rendijas de las puertas, como tentáculos invisibles, una hediondez insoportable se le enreda en brazos y piernas y lo lleva en volandas hasta el interior del habitáculo. En su interior se encuentra un monje en posición Padmasana, pero levitando. Flotando literalmente como una pluma y dejándose mecer por el movimiento del tren. En realidad no es ningún monje es, Shegun, uno de los representantes de la Magia Negra. Parece que está meditando, pero en realidad le sientan mal los viajes y siempre tiene unos profundos mareos. Cuando Alfons le saluda dispuesto a presentarle su asistencia, un extraño y, en apariencia salvaje, lobo le gruñe. Es Caomhnóir, el guardián del Draíocht Dubh, templo de la Magia Negra. El revisor no se lo piensa dos veces y, con disimulo y presteza, los deja en su práctica meditación.

Un frío inmenso hace que las ventanillas del compartimento 2B aparezcan totalmente blancas. No se divisa el interior y a Alfons le cuesta un mundo abrirlo. El lugar parece un congelador y, al mirar dentro, su mostacho se convierte en un peine de estalactitas. Todo es tan blanco que hace daño en la vista. Un ser, de género indefinido, está sentado inmóvil y aparentemente inerte. Solo los ojos de un azul intenso y marino muestran su vitalidad. Es Catarsis, señor del frío. Con solo mirarlo le ha hecho sentir placer, miedo, alegría, llanto y después frío, mucho frío, una gelidez extrema. Ante tal combinación de emociones cierra raudo las puertas antes de volverse loco.

Por fin, el sexto y último compartimento del tren, el 2C. Pero, ¡qué sorpresa! ¡Está vacío! Dentro no hay nadie, pero tampoco equipaje. Parece que el último pasajero llegó tarde y perdió el tren. –No me lo puedo creer –exclama Alfons–. ¡Esto es imposible en la historia del Stella! –Pero en ese preciso instante, un remolino ventoso y una ligera explosión hacen que el gorro de Alfons salga disparado hacia el pasillo y en el asiento aparezca, cómodamente sentado, un caballero de levita y alta chistera, ambas inmensamente negras. Su ropa está pulcramente planchada e impoluta, como si acabara de salir del vestidor. –Hola Alfons, disculpa esta teatral llegada. Mi nombre es Efertime. No tenía ganas de esperar en la estación y he preferido montarme en marcha –dice el enigmático caballero, representante de la casa controladora del espacio-tiempo. «Vaya», piensa Alfons, «la guinda del pastel».

Suena “Caravan” con Chris Conz Trio. Nos vamos adentrando en el Abismo de Finnis y el blanco y glacial paisaje se va transformando en oscuro y parduzco, así como el ambiente se torna mortecino y tétrico. Las vías mágicas parecen que floten sobre la bruma que deja ver débilmente un precipicio sin fin. El viento al resbalar sobre las rocas, produce el sonido de una respiración agónica que, como una letanía, te va adormeciendo y atrayendo hacia ellas, como grandísimas fauces. Afortunadamente, la melodía camufla los gritos y gemidos provenientes de lo más profundo. La velocidad aumenta de forma pausada y gradual, el Stella quiere salir rápidamente de estos dominios. Recorriendo acantilados, cuevas y páramos el camino se hace infinito. Es el trayecto más siniestro del recorrido que, sin embargo, se mantiene alejado de los pasajeros. El tren los mantiene aislados de la podredumbre e impiden que ni siquiera miren por sus ventanillas.

Cuando ya todo parece fluir en armonía, como una singladura normal del Stella, suena una alarma. Alfons detecta inmediatamente el lugar del incidente y corre por los pasillos atravesando desenfrenadamente los vagones hasta llegar al sábháilte. Allí ve un precioso cofre con las iniciales DSS (Dheivishing Shanchiron Sharraneon) justo en el centro de la sala, aparentemente íntegro, pero está abierto y muestra su interior vacío. El objeto mágico ha sido robado.

El tren entra en un síncope de velocidad y convulsiones. Las paredes vibran y el convoy parece retorcerse. Al clamor de la ensordecedora señal, los seis pasajeros han acudido para ver la causa. Todos muestran en sus interrogantes caras su mejor máscara. Ante las explicaciones de Alfons, todos se miran y se encogen de hombros. Aparentan ser tan inocentes como una gacela que pasea por la sabana, pero pasan de intentar declarar su inocencia a acusarse mutuamente del delito.

–Has sido tú, mocosa –acusa Jafira a la pequeña Illiana.

–¿Yo? –se defiende la chica– tengo las manos demasiado pequeñas para forzar el baúl y cargar con un objeto tan pesado.

–Y, ¿cómo sabes que es un objeto pesado, si no lo has visto? –la increpa Surcata, que pasa de gata a tigre, de tigre a paloma y si no es por el bastonazo que recibe por parte de Shegun, se recorre todo el árbol de la evolución animal. –Vuelve a intentar hacer eso de nuevo y te mostraré el olor de mi dentífrico. –le grita desde el suelo convirtiéndose en un Smilodon, león dientes de sable.

–A ver, por favor, serenidad –comenta con su frialdad habitual Catarsis–. En primer lugar, por qué querríamos robar algo que no sabíamos ni que existía en este tren. Y, con qué fin íbamos a robarlo.

–No disimules, querido témpano –le replica Jafira–. Sabes tan bien como nosotros qué es lo que se mantenía oculto en ese cofre y la importancia que tiene para cualquiera de nuestras Casas. Tal vez, –dice girando la cabeza– Efertime pueda decirnos dónde está.

–Lo siento, pero yo acabo de llegar. Pueden preguntar al revisor. ¿Verdad, Alfons?

A partir de ese momento, las acusaciones, los gritos y los amagos de usar la fuerza o la magia empiezan a tomar un cariz preocupante. Se descubre claramente, que todos los presentes sabían del rumor de la existencia del objeto y que quien lo posea adquirirá el máximo poder para dominar a todas las demás Casas ganando la guerra.

En ese momento, el tren entra en el túnel de SNILUA. Y Suena “Boogie Woogie Stomp” de manos de Rob Río. La oscuridad exterior traspasa las paredes del Stella porque este, previendo la contienda, ha apagado todas las luces. Aprovechando la negrura circundante, aparece un destello de fuego que impacta a un lado de Alfons. Afortunadamente, se acuerda de sus años mozos como bailarín del Beaujoyeulx y con una grácil pirueta evita el impacto. Una bola de hielo cruza longitudinalmente todo el vagón e impacta a través de la puerta en la cafetería. Illania, de nuevo invisible, imparte a diestro y siniestro puntapiés y pellizcos. El bastón del señor del tiempo intenta entrar en razón varias cabezas. Un relámpago proveniente de manos negras, por poco se lleva por delante el bigote del revisor –Qué manía con mi mostacho –exclama él mismo sofocado. Caomhnóir, por su parte, es todo apariencia salvaje, lleva demasiado tiempo como portero del templo, por lo que decide no meterse en la trifulca. Así, sin que su señor se dé cuenta vuelve a su compartimento dónde estará a salvo de estos animales. El vagón es un circo, destellos de fuego y escarcha, gritos, estruendos, estrépitos y explosiones amenazan con hacer trizas el Stella.

La salida del túnel muestra un espectáculo dantesco. El Stella ha vuelto a cambiar el ritmo, Jimmy Smith toca “Root Down (and Get It)”.

Las luces han vuelto y todos se están atacando de alguna forma. Hechizos, armas mágicas o sus atrezos y extremidades sirven para atacarse entre sí. Alfons contempla asombrado la degeneración con la que los seis señores de las grandes Casas de la Magia se están atacando sin contemplación ni piedad. En medio de una batalla ¿imprevista?, ha conseguido esquivar los ataques y mantenerse con vida.

Cansado de tanta estupidez, y sacando un vozarrón totalmente discorde con su cuerpo brama. –¡BASTA! ¡PARAD! Sois señores de las casas más importantes de la Magia y os comportáis como viles y estúpidos hechiceros de segunda clase. Es hora de que dejáis vuestros odios e intereses particulares y argumentéis con inteligencia. Lleváis demasiado tiempo luchando con vuestra estupidez y vuestra bravura y habéis comprobado que de esa forma nunca llegaréis a un acuerdo mínimo de convivencia. Es el momento de usar las palabras y buscar el entendimiento.

–¡No! –contesta el de la chistera.– Uno de los aquí presentes ha conseguido robar el tesoro y ahora nos someterá a los demás. Nadie bajará del tren si no es por encima de mi cadáver.

–Y quién nos dice que no fuiste tú el que lo robaste, querido timewalker, esto no es más que una pantomima para que nos matemos entre nosotros y tú puedas regresar a tu casa con el preciado objeto –le reprende el señor de la casa Negra.

–Si hubiera sido yo, ya estaría fuera de este tren y vosotros habríais sido fulminados. –contesta el de la chistera a su vez.

–Sois muy gallitos y machitos –dice con ironía y desprecio Jafira–. Tal vez debería de quemaros a todos con piedra incluida.

Y de esta forma, todos comienzan de nuevo a gritar y amenazarse en un intento de intimidación que pronto se convertirá de nuevo en otra batalla campal.

Alfons se lleva la mano al bolsillo y, levantando el brazo, truena con voz enérgica, profunda y grave.

–Callaos de una vez y terminad la batalla. El objeto lo tengo yo. –Y diciendo esto, abre su mano y muestra una piedra de luz que los deja a todos cegados–. El objeto nunca ha estado en el cofre. Siempre lo he tenido yo. Todo esto no ha sido más que una treta para atraeros al tren y juntaros a todos, aquí y ahora.

El vagón al completo se queda mudo y absorto. Por unos segundos no saben cómo reaccionar. Han sido engañados y embaucados en una empresa inútil.

–Pero ¿Por qué? –exclama la señora gata–. Esto no puede ser una broma porque hemos estado a punto de matarnos. ¿Quién es el imbécil que ha ideado este teatro?

–Porque es la única forma de que se acabe esta guerra innecesaria, inútil y sin final posible. –explica Alfons.

–Y qué se supone que quieres que hagamos. ¿No te parece que eres demasiado enclenque para enfrentarte tú solo a nosotros? ¿Quieres que te matemos a ti primero y luego luchemos, de nuevo, por ese objeto? –dice entre risas la elfo Illania.

Parece que la batalla se va a iniciar de nuevo, pero esta vez con el revisor cómo único objetivo para arrebatarle el preciado objeto.

–¡No hará falta! –Y mostrando, de nuevo, la piedra de luz con rapidez cierra el puño y con una increíble fuerza aplasta el objeto.

Justo en ese momento, a los compases de Bill Evans, “Like Someone in Love”, el Stella inicia el ascenso hacia la montaña dónde comienza el trayecto del Éter. La piedra de luz ve potenciada su poder y fuerza y hace que el tren se eleve como un pájaro de vapor hacia el cielo y todo su contenido entre en ingravidez. El tiempo se ralentiza. Todos sienten una absoluta calma y candidez. Los pasajeros flotan a la deriva como Nymphaeas en un lago en un sinuoso baile sin rozarse. El silencio se apodera de todo. Las mentes, antes embravecidas se vuelven calmas, pero claras. Todos sienten una tranquilidad suprema que les hace sonreír. La piedra de luz, la magia del tren y el éter crean un campo inmersivo que les aligera sus mentes. No son conscientes, pero sus cabezas parecen reordenarse. La cólera y la animadversión se entierran en lo más profundo de sus cerebros. Todos son capaces de ver ahora con otros ojos a los demás. Ahora es más fácil hablar, dialogar, entenderse. Es imposible discutir.

Cuando el tren alcanza el punto más alto de su recorrido, se recupera la gravedad en su interior y los invitados del Stella se posan suavemente sobre el suelo. Sus caras ya no muestran odio ni rencor. Todos tienen ganas de conversar pacíficamente, de intercambiar su sabiduría.

El tren llega a su destino, Fantasto, y parece que todo se ha solucionado. Se ha firmado un tratado de Paz y Respeto que a todos contenta y que además permite que la solidaridad entre ellos mejore las condiciones de vida de cada Casa. Todos bajan del tren con tal parsimonia y felicidad que cualquiera que los vea creerá imposible lo sucedido pocos instantes antes.

El revisor estira su chaleco, recompone la chaqueta y mira con sonrisa y alegría como los seis se despiden en armonía dispuestos a iniciar una nueva etapa de paz y prosperidad.

Un anciano, de pelo blanco y larga coleta, que se apoya en un hermoso cayado, se aproxima al tren. Saluda al revisor y entra en el vagón. –¡Qué tal Alfons, cómo fue la travesía?

–Perfectamente, maese Foxtail, otro viaje de éxito para el Stella. ¡Como siempre!

Alfons ensancha su sonrisa y, dando unas palmaditas en el mamparo del tren, hace sonar su silbato para que se cierren las puertas y el ferrocarril inicie viaje de nuevo. La luna de Amarhis le espera. El Stella se contonea mientras se eleva hacia el cielo a los compases de “Fly Me to the Moon”, interpretado por las gráciles manos de Oscar Peterson.

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El Señor del Tiempo

Relato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)

Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un cofre/un tesoro.
Reto opcional: Que la historia contenga la palabra: sueño/s

Las calles eran un torbellino de tránsito. Vehículos y peatones querían llegar a alguna parte, pero no parecía que conocieran sus destinos. Desde el exterior de la esfera un anciano de larga melena y barbas blancas contemplaba el escenario con preocupación. «¡Qué barahúnda! Un rato al libre albedrío y se enzarzan en una frenética demencia». De un cofre sacó un artilugio mezcla de reloj y molinillo de café. Al mover su manivela, todas las figuras de la esfera se fueron ralentizando hasta adquirir una velocidad más pausada y moderada. «Mucho mejor. Con prisas no se consiguen cumplir los sueños».

Un Diálogo Pasado por Agua

Relato publicado en el Reto Literario “Segundo Desafío Literario de Mayo: BLA BLA BLA
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Anémonas Púrpuras (pixabay)

–Hola Margarita.

–Hola Rosita.

–¿Qué tal el finde? ¿Algo fuera de la corriente?

–Pues me enrollé con un caballito de mar precioso. Marcos Tero, se llamaba.

–¿Y qué tal?

–Pues nada, me dejó aquí plantada.

–Qué tontaca eres Margari. ¡Todos los lunes el mismo chiste!

–A ver, Rosalinda, vivimos en un acuario, tenemos menos diversión que una orca en una bañera.

–Ya lo sé hija, pero es que tus chistes siempre salen aguados.

–Sabes que te digo, que ahí te quedas, ¡me voy! ¡Que me voy a quedar aquí plantada hasta que nos echen abono! jajaja

Este reto consistía en la creación de un diálogo a partir de las fotografías expuestas.

Reto 5 Líneas – Mayo 2019

Relato publicado en el Reto “5 Líneas
de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas
que incluya las tres palabras propuestas.

Salida del Sol, Montañas con Nubes.
Imagen de Dan Fador en Pixabay.

(Huesos, Volamos y Rugido.)

Lo mejor del deporte es hacerlo al aire libre. Un día decidí subir a lo más alto de una montaña, pero al llegar a la cima escuché un rugido. Primero me asusté y luego sentí curiosidad. Miré detrás de unas Forsythias, que amarilleaban el paisaje, y encontré unos huesos, pero no me dio tiempo de examinarlos. Al escuchar unas fuertes pisadas, salí corriendo y me tiré desde el acantilado. Menos mal que soy un águila. ¿Volamos?

Conoce a la escritora de relatos Virtudes Torres

Tengo el placer de presentaros a una compañera de relatos que ha tenido a bien mostrarme algunos de sus trabajos. Eso sí, no se os ocurra escucharlos a solas y con poca luz porque dan mucho miedito.

Esta primera historia, fascinante e intrigante, se llama Vértigo” y fue dramatizada en el programa “La Rosa de los Vientos” de la cadena de radio Onda Cero. La narración corre a cargo de Remedios Márquez y la realización de Pepe Menchero. (2013)

Enlace a iVoox.

El segundo relato está realizado en vídeo por la propia Virtudes, que lo ha dramatizado con un arte que te pondrá los vellos de punta. Se denomina Desesperación. Es una historia de terror presentada al concurso ‘La Noche de Ánimas‘ de Interpubli y ‘El Último Peldaño‘, programa de radio de Onda Regional de Murcia (2015).

Enlace original a YouTube

El tercer relato también está realizado en vídeo, pero aunque no aparece Virtudes podemos escuchar su desgarrada y dramática voz escenificando maravillosamente la historia. Esta se llama El Relato y también fue presentada al programa ‘El Último Peldaño‘, de Onda Regional de Murcia. (2016).

Enlace original a YouTube

Espero que os gusten. Podéis encontrar más relatos en el blog Esta Noche te Cuento. Y también, leer sus aportaciones a los Retos Literarios de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog.