La Trastienda del Dragón

Un día como otro cualquiera. Un lunes maldito como cada semana. Mal dormir y peor despertar. Deambulo por las calles sin prestar atención a quién conmigo se cruza, tropezándome con mi destino, pero sin pararme a discutirle. Como casi siempre, termino dentro del bazar chino. Es uno de mis extraños hobbies, encontrar cosas de apariencia inútil o funcionalidad desconocida.

El anciano, de aspecto asiático, que se encuentra tras el mostrador, me saluda y muestra su radiante y perfecta sonrisa. Ya conoce mis debilidades y sabe que, con seguridad, algo atraerá mi atención y saldré con ello en la mano dispuesto a acribillarlo a preguntas. Son demasiadas las veces que nos hemos trabado en esas discusiones. Él ve usos que yo no advierto y yo le discuto que en realidad podría servir para otra cosa. De esta forma, hemos hecho amistad. Aunque, es difícil no hacerse amigo de él. Es tanta su bondad, su paciencia y su sabiduría que enseguida te colma con la sensación de que lo conoces de toda la vida.

Se llama Jun’ichi, pero, sabiendo que todos pronunciarían mal su nombre, él mismo se rebautizó y lo castellanizó. Pero, no se puso Juan, sabía que el diminutivo lo haría más cercano, más simpático, social y familiar. Gracias a mi malsana curiosidad y sabiendo que casi todos los nombres de su país encierran un significado bello y poético, atendió a mis ruegos y me confesó que “Jun” quiere decir Hombre obediente, respetuoso y de buen hacer. La verdad es que su nombre no podría describirlo mejor.

No es solo su nombre el que oculta verdades y misterios. Aunque todo el mundo conoce su tienda como “El Bazar Chino”, él nació en Osaka. Pero ante mi sorpresa, también me confesó:

—¿Te imaginas a un japonés regentando el chino del barrio? Escuchar a la gente decir “Voy a comprar al japonés”. Nanai de la China. Hay que seguir la tradición de los bazares y darle de comer a la mujer y los siete chinitos.

¡Será mentiroso. Si está más soltero que el capitán América!

Mientras me entretengo entre el batiburrillo de artículos de las estanterías, él atiende a sus clientes con el más riguroso y tópico servicio oriental. Le escucho hablar con las clientas marcando frenéticamente su falso acento: «Buenos días, ¿podel yo ayudal? … ¿Una fiamblela sin fondo? … ¿Una cafetela pala no hacel café? … ¿Un alicate que no apliete? … Todo bueno, bonito y balato, pasal al fondo y milal.

No puedo dejar de sonreír por su maravillosa actuación. Es digno de estar nominado a los Óscar. En realidad habla el castellano mejor que yo y, de hecho, hasta es capaz de sacar acento andaluz cuando se siente cómodo y confiado.

Otra de sus muchas cualidades es su adaptabilidad. No solo ha aprendido perfectamente el idioma, también ha abierto su paladar para degustar nuestra rica gastronomía y, por eso, muchas veces nos embarcamos en rutas de tapeo para que vaya descubriendo toda nuestra maravillosa gastronomía.

Después de aburrirme trasteando, y no encontrar nada que atraiga mi atención, me dirijo cansado y taciturno hacia el mostrador. Él me mira y tuerce el gesto. Ya he dicho que lo inunda la sabiduría. Con solo un simple vistazo  ha sido capaz de darse cuenta de mi frustración.

—Hoy no has encontrado nada que te haga rabiar —me dice alargando exageradamente la “r”. Sabedor de que eso me hace sonreír—. ¡Eso es imposible!

—¿Tan imposible como que sepas pronunciar tan bien las erres? —le respondo sarcásticamente.

—¿Qué sería de un vendedor chino sin sus ellles? —me responde soltando una risita sibilina.

—Eres un cuentista de tomo y lomo.

—Es el fino y difícil arte de la venta, muchacho.

—Algún día se te va a escapar una erre y le va a dar un soponcio a una de tus clientas.

—Y aquí estará el tío para socorrerla —dice divertido, mostrando su cara más socarrona.

Calla un par de segundos, me vuelve a mirar, con esos ojos que interrogan sin palabras, y se decide a sonsacarme de mi melancolía.

—¿Qué te pasa? Llevas una cara ideal para alquilar en un velatorio.

—Aburrimiento de la misma vida, Juanito.

— A ti lo que te hace falta es encontrar tu Ikigai  —me dice, como el que me que recomienda una  crema para las manos o cambiar de almohada.

—¿Ya vas a empezar a soltarme pensamientos budistas?

—No es budismo, copón, es una reflexión japonesa y significa encontrar la razón para la vida. Necesitas abrir los ojos y descubrirla. Darle sentido a cada día al levantarte.

—Vaya, ¿y dónde está el manual que me ayude a encontrarlo eso?

—No hay manuales para eso, amigo. La búsqueda es solo interior. Tienes que mirar hacia dentro y descubrirte a ti mismo.

—Uff, Confucio. Entonces la llevamos clara. Mi interior está más oscuro que la covacha de un oso invernal.

—Vaya, hoy tienes un día de algarabía y optimismo desaforado. Vamos a hacer una cosa —mira alternativamente a los monitores que le muestran los pasillos vacíos—. Es casi la hora de almorzar y ahora no hay ningún cliente. Voy a cerrar y a enseñarte algo.

Ya dije que se había adaptado muy bien a nuestras costumbres. Debe ser el único bazar “chino” del mundo que cierra para almorzar y echar una buena siesta.

—Anda, ¿me vas a invitar a unas cañas?

—No, hoy nada de ruta del tapeo. En realidad te voy a enseñar algo que tengo aquí dentro —me dice señalando con la cabeza al fondo de su establecimiento.

—Uy, ¡qué mal suena eso! Pensaba que con la búsqueda en el interior te referías a otra cosa. ¿Ya te has decidido a mostrarme tus perversiones más íntimas? —le suelto con expresión burlona.

—¡Qué animal eres algunas veces!

—¿Algunas, solo?

—Voy a enseñarte algo que no ha visto nadie y que solo guardo para gente muy especial.

—¿Sabes que lo estás poniendo todavía mejor, verdad? Ahora sí que me estoy giñando de verdad.

—Escucha, zoquete. Yo no tengo una mente tan calenturienta como tú. Yo no pienso continuamente en obscenidades como tu desquiciada cabeza.

—¡Venga ya, Juanito! Que he visto las miradas que les echas a algunas de tus clientas.

—A ver, una cosa es admirar y contemplar la belleza que pasea por delante de mis ojos y otra tener ideas obscenas como un mono salvaje.

—¡Claro, claro! Ahora resulta que eres más santo y casto que el monaguillo de Buda.

Mientras sale de detrás del mostrador, mueve la cabeza dándome por perdido. Se dirige a la puerta y la cierra tras poner el letrero de CERRADO. Debe ser el único bazar chino que tenga uno. Luego, me hace una seña para que lo siga y me lleva hasta el fondo de su almacén.

Pasamos de la zona de útiles escolares a la de artículos del hogar y de allí a la de los misterios por resolver. Desde una de las estanterías, una lechuza a tamaño natural me mira inquisitiva. Me hubiera llevado un susto de órdago si no supiera que es un artilugio electrónico, pero tan real que dan ganas de darle de comer un poco de alpiste. Ni me acerco a ella. Sé la historia que hay tras sus tiernos, pero maléficos ojos, y se me pone la carne de gallina. Pero esa es otra historia que contaré algún otro día.

Cuando parecía que íbamos a traspasar la frontera de la provincia, llegamos a la zona de moda y disfraces. Se acerca a un apartado rodeado de cortinas, que hace las funciones de probador, y me indica que entre.

—¿Quieres que me meta en el probador contigo? Hasta aquí hemos llegado, satirón —le digo levantando ostensiblemente los brazos y haciéndome el enfadado y dolido.

—¡¡Por los cuatro brazos de Shiva!! —se hace el desesperado y me muestra el inmenso espejo que está situado al fondo del probador.

No sé si es real o una simple imitación, pero es impresionante. La superficie reflectante está enmarcada en una serie de dibujos y relieves con motivos chinos, o japoneses. Distintos animales, de lo más extraño y mitológico, se distribuyen por el marco dándole un aspecto entre exótico y tenebroso. Dos inmensos Dragones, parecen custodiar el espejo, uno a cada lado.

—Lo siento, Juanito, pero no pienso mirarme en el espejo. Ya sé lo guapo que me he levantado hoy.

Tuerce el gesto, desesperado, y suelta un hondo suspiro. Después de reprenderme con la mirada y poner cara interesante, se acerca al dragón que está a la derecha del marco y aprieta uno de sus ojos. Cuando este se hunde, casi por arte de magia, desaparece el cristal y en su lugar surge un umbral tenebroso, tenuemente iluminado por la luz que entra desde el probador. Solo unos escalones se atreven a insinuar un camino.

Juanito me mira y sonríe, disfrutando al ver como mi boca me llega al ombligo.

—¿Qué? —me suelta y, sin esperar otra burlona respuesta mía, enciende la linterna de su móvil e ilumina las tinieblas—. ¡Bienvenido a mi mundo interior!

No espera a que me decida a acompañarlo, entra solícito y decidido, y con solo la luz del teléfono comienza a descender los escalones. Me decido y entro. Me pego rápidamente a él para poder divisar dónde piso y no resbalar y caer rodando.

—¿No te llegó el presupuesto para instalar electricidad aquí?

—Joder, tío. Le quitas todo el encanto al misterio y la aventura.

—Aventura la que me voy a pegar yo como resbale y me parta la crisma.

—La cabeza es la que no te vas a partir, de lo dura que la tienes.

Seguimos bajando el corto tramo de escaleras, sin dejar de lanzarnos irónicos e indolentes piropos. Parecemos hermanos.

Llegamos al final y, sin darme tiempo a controlar mi naturaleza cagona, Juanito apaga la linterna y nos quedamos totalmente a oscuras. Las tinieblas son tan intensas que no me veo ni las manos. Cuando estoy a punto de empezar a gritar y pedir auxilio, el graciosete nipón presiona un interruptor, que solo él sabe dónde está, y la habitación se ilumina mostrando un espectáculo digno de una escena de Indiana Jones.

—¡Este es mi Sanctasanctórum! —exclama, abriendo mucho los brazos. Como el maestro de ceremonias de un circo.

 Yo no puedo responderle. Mi boca ha alcanzado esta vez el suelo. La habitación está atestada de tiestos, pero a diferencia de los mostrados arriba, estos parecen formar parte de un tesoro arqueológico.

Antes de que le pregunte, lo adivina y me responde:

—No. Estos efectos no están en venta. Forman parte de la herencia de mi familia. Son mi legado, el sentido de mi existencia. Formo parte de una extensa y añeja estirpe.

Hay estatuas, cofres, cuadros, vasijas, cristalería, lámparas… Algunos brillan, pareciendo que estén hechos de materiales preciosos, pero otros son simplemente antiguos, muy muy antiguos. Están dispuestos sin orden aparente y siento pánico de rozar alguno y que se rompa al caerse. Me muevo al ritmo cobarde de un camaleón mientras él, conocedor de cada espacio libre disponible, anda con soltura, saltando de un objeto a otro. Me los va enseñando y explicando algunos de sus misterios.

—¿Ves como la luz reverbera entre cada hoja de este farol? —me aclara, mientras me enseña una lamparita, bella en su sencillez, pero compleja en su diseño—. Representa el komorebi, la luz del sol que se filtra a través de las hojas de los árboles.

Sin dejarme reposar en su espléndida belleza, nos dirigimos hacia un globo de papel que flota con alguna misteriosa artimaña.

—Esta esfera transmite el ukiyo, el mundo flotante. Nos enseña lo liviana que es nuestra vida y lo ilusa de nuestra preocupación por las cosas efímeras e inestables.

Sigue exultante, mostrándome sus tesoros. Pero, cuando pasamos por delante de un cuadro, este capta toda mi atención. Una bella mujer, ataviada con un amplísimo quimono azul, juguetea con un dragón en lo que parece la orilla del mar.

—Esta es mi bisabuela materna, se llamaba Masumi. Que quiere decir “de gran belleza” y “verdadera pureza”.

Me quedo embelesado, porque en verdad, su atractivo es radiante y cautivador.

Montaje formado por un marco antiguo y una fotografía.
El marco es grueso, dorado y con motivos de conchas o abanicos, ocho en total. Uno en cada esquina y otro en el centro de cada arista.
La fotografía es un dibujo digital que muestra a una chica asiática, vestida de azul claro y vaporoso, junto a un dragón rosa. Parecen estar en la orilla de una playa entre rocas y la espuma marina.
Al fondo se divisa el mar y una especie de isla borrosa.
Una imagen muy fantástica.
Montaje realizado a partir de la Imagen de syaifulptak57 en pixabay.

Cuando le voy a preguntar si el dragón también es pariente suyo, la chica del cuadro gira la cabeza, me encara y me mira fijamente a los ojos. Su enigmático rostro se introduce en mi mente sin permiso ni perdón. La sangre se me congela en las venas y estoy a punto de boquear de asfixia.

—Vamos, ven. Quiero enseñarte esto —me llama mi amigo desde otro rincón, sacándome de mi ensueño. Intento convencerme de que solo ha sido una alucinación. Sacudo mi cabeza y salgo raudo en busca de su voz.

Cuando le doy alcance, lo veo sentado en un butacón antiquísimo, rodeado de tanta belleza, que me siento como Stendhal en su primera visita a Florencia.

—Pero esto es un tesoro inmenso. ¡Eres un asqueroso multimillonario nipón! —le espeto, intentando ser exageradamente desagradable.

—¡Qué va! Todas estas cosas tienen un valor incalculable, pero solo sentimental. Si las intentara vender perdería dinero.

—¿Estás seguro?

—No, pero me da igual. No te he traído aquí para deslumbrarte con mis enseres. En realidad, solo quería enseñarte esto.

En sus manos tiene una caja de madera. Tan sencilla y natural que parece desentonar con todo lo que hay en aquella estancia. La miro, mostrando mi ignorancia y desconcierto. No sé qué quiere que haga.

—¡Cógela!

—¡Tengo miedo!

—¡Tómala, no seas cagón! —Sin darme tiempo a reaccionar me la pone en las manos y la cojo con la misma delicadeza y pánico, que si fuera un huevo del extinto Dodo.

—¿¡Qué hago!? —le pregunto histérico perdido.

—Siéntate aquí —me dice, cediéndome el asiento—. Esta caja te ayudará a descubrir tu ikigai —añade sin más, iniciando una traicionera escapada.

—¿No pretenderás dejarme aquí solo, verdad?

—Solo serán unos minutos. Yo tengo que comprobar una cosa y tú necesitas abrir la caja solo.

—Pero, ¿por qué? ¿Qué necesidad hay? ¡Vámonos mejor de cerveceo!

—Confía en mí. Gracias a esa caja mi vida cambió y decidí venir aquí.

—¿Y pretendes que yo vaya al Japón a montar un bazar español?

—Cada uno tiene su destino y la caja solo te ayudará a abrir tus chakras.

—¡Yo no quiero que me abra nada! Estoy muy a gusto con los agüeros que ya tengo —exclamo mirando la caja con más miedo que el mayordomo del joker.

El muy cabrito no me da opción, cuando levanto la vista estoy solo. También es ninja por lo visto, porque no me he dado cuenta ni por dónde se ha ido y el miedo me impide levantarme del sillón.

La caja empieza a hacerse muy pesada y parece que vibra. La miro fijamente y noto que me apremia a abrirla. Razono. ¿Qué puede haber dentro que sea peligroso? ¿Una piraña del Amazonas? ¿Un trozo de Uranio procedente de Chernóbil? ¿La calavera de una momia Sokushinbutsu? En realidad la caja es demasiado pequeña para contener cualquiera de esas cosas, pero mi cachonda imaginación se magnificaba con las dosis de pánico.

Cuento hasta tres y, al llegar a doce, la abro. Un impresionante fogonazo inunda toda la instancia y me deja ciego. ¡Eah, otro regalito para mi apasionado optimismo! Al menos me darán trabajo en la ONCE.

Cuando consigo abrir los ojos de nuevo y atisbo a mi alrededor,  sin miedo a que mis córneas se solidifiquen como huevos fritos, comprendo que he sido transportado en el espacio o el tiempo. O las dos cosas. Estoy en un impresionante parque, lleno de cerezos en flor.

—¡Bienvenido al Hanagasumi! —me sobresalta Masumi, la que dice Juanito que fue su bisabuela —. Bienvenido a esta nube de flores —aclara.

Miro a mi alrededor y, efectivamente, parece un paraje idílico lleno de nubes y flores, que flotan en el aire como alegres hadas danzando. ¿Me habré muerto por culpa de la explosión de la cajita y estaré en el paraíso nipón?

La miro y, su belleza es tan pura, dulce y suntuosa, que me quedo embobado contemplándola sin pudor. Ella sonríe y me invita a pasear a su lado.

—Si Jun’ichi te ha invitado a nuestra morada, es porque te tiene en muy buena estima —tras unos segundos de reconocimiento del verdadero nombre de Juanito, asiento totalmente encandilado—. También sabrá de tu necesidad de ayuda.

Mientras habla, las flores revolotean a su alrededor conformando una escena idílica y onírica que, junto a su delicada belleza, me mantienen en un trance confortable y sosegado. Sus palabras son como un mantra que va abriendo mis sentidos, colmándolos de una calma como hacía mucho tiempo que no sentía. Ella sigue hablando y yo me voy empapando de sus palabras.

—…Nosotros hemos llegado a comprender que la vida es Mikkaminumanosakura —antes de que mi cara le muestre mi ignorancia, se apresura a explicarlo—, que significa que el cambio ocurre de forma rápida e intensa, tal como las flores de cerezo que van del punto álgido de su floración a dispersarse en un lapso de tiempo muy corto —acompañándola en un movimiento coreográfico, las flores volátiles se estampan contra el suelo y vuelven a flotar de nuevo—. Mientras estás pensando en lo duro que es tu día, este transcurre y se convierte en el mañana…

Ella me sigue hablando, pero entre mi habitual ligereza de atención y el ensueño en el que me encuentro, solo atisbo frases sueltas.

—…La vida es demasiado corta para estancarnos en los problemas livianos…

Llegamos a lo que parece el final de un camino y el entorno parece tornarse borroso. Poco a poco las nubes se van disipando y las flores van desapareciendo. La imagen de Masumi también se va difuminando y antes de que todo desaparezca consigo escuchar un último consejo:

—Aprende a disfrutar del momento, el mañana siempre está por llegar. Recuerda el Mikkaminumanosakura…

De nuevo una explosión de luz me ciega por unos instantes. Cuando consigo volver a ver con nitidez, compruebo que he regresado al viejo sillón y sigo dentro de la misma habitación, rodeado de los variados y exuberantes enseres de mi amigo. Frente a mí, está Juanito. Su espléndida sonrisa no le cabe en su pequeña cara.

—¿Qué? —me lanza, como el que pregunta si me ha sentado bien el copazo.

—¿Qué de qué? —le respondo yo, más por mi entontamiento que por saber lo que me está preguntando.

—¿Cómo ha sido tu experiencia mística?

—¿Mística? Me has dado un cobazo del treinta y dos. Esta caja contenía unos polvitos alucinógenos que me han metido un colocón de impresión —le dijo a la defensiva.

—Bueno, si eso es lo que crees. Pero, ¿te sientes mejor?

La verdad es que sí. Me siento como si me hubiera quitado de encima una enorme carga. Iniciamos el camino de regreso, entre todas las antigüedades, y me siento más ligero y despreocupado. En lugar de sortear enseres de tanto valor, creo estar paseando por un campo… por ese campo. No sé si lo que he vivido ha sido un sueño, una fantasía o el efecto alucinógeno de lo que contenía la caja. Solo sé que me siento cambiado. Me siento alegre y dispuesto a comerme el mundo. Y unas tapitas a las que voy a invitar a Juanito en cuanto consigamos salir de esta cueva.

En mi cabeza más racional, todo esto no ha podido ser real, pero cuando pasamos por delante del cuadro de Masumi, creo ver como ella me lanza un guiño. A mí o a su biznieto. De todas formas, sus palabras se han quedado incrustadas en mis sentidos. Y la expresión que me ha enseñado y que tan difícil me es de pronunciar sustituirá a partir de ahora a la célebre Carpe Diem. Cada vez que me levante gritaré, o lo intentaré:

¡¡¡Mikkaminumanosakura!!!



NOTA.- Este cuento está escrito con el mayor de mis respectos, admiración y cariño hacia la cultura japonesa. Si algún japonés, o conocedor de esta maravillosa cultura, se aventura a leerme y encuentra imprecisiones, equívocos, errores… me encantará que me lo haga saber y me ayude a comprenderlo mejor y corregirlo. 😊



Este relato es apto como propuesta para el VadeReto de este mes, así como, por casualidades del travieso destino, para el reto Syn-Opsis de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog Fantepika.
En ambos casos, el tema del reto es la cultura japonesa, en la Syn-Opsis con la imagen como inspiración.

Un Cadáver a la Mesa

Imagen de un rincón de un bosque en dónde se ven dos árboles. Uno delante, grande e imponente, con las ramas, también grandes como en un inmenso abanico. El otro árbol tiene las mismas características, pero aparece más pequeño en la perspectiva. Ambos crean una especie de burbuja de aire que engloba la escena y sus troncos, de forma que el verde de las hojas se transforma en marco de la escena y la fotografía.
Imagen de Jplenio en pixabay.

«Al fin llegué a los pies de aquella impresionante y antiquísima deidad. Su anchura me limitaba todo el horizonte y se elevaba de forma tan indefinida que parecía perderse más allá del firmamento.
El silencio era tan intenso que dañaba a los sentidos. Solo mi corazón se empeñaba en querer quebrantarlo. La quietud era tan profunda que ni la más tenue brisa se atrevía a perturbarla.
Con un hondo suspiro hinqué mi rodilla ante ella. Agaché la cabeza y le dediqué la plegaria que desde pequeño me habían inculcado. Deposité mi carga en el suelo y le agradecí su protección y vitalidad para la consecución de mi misión.
Me fui dejando tras de mí el pesadísimo lastre que me había encadenado durante tanto tiempo y sentí ganas de salir volando.
Allí quedaron solos, como en un encantamiento, los espíritus ancestrales y su cadáver.
...»

Emprendí el camino de regreso hacia mi cabaña. El día se había ido escabullendo sin que me diera cuenta y solo al ver luces iluminando sus ventanas me apercibí que la oscuridad se había adueñado del bosque. Abrí la puerta e intenté entrar dejando fuera mi desaliento y pesadumbre.

—Hola hombretón, has tardado mucho hoy en buscar la leña —me dijo ella nada más verme.

Como siempre que regresaba, me mostraba la más dulce de las sonrisas. Su belleza se resistía al tiempo y su presencia era la única fuente de calor que conseguía aislar las paredes del imperecedero invierno exterior.

—Ya está la cena, ¿has visto a Jai?

Un tremendo escalofrío hizo estremecer cada hueso de mi cuerpo. Endurecí el gesto para impedir que se mostrara toda mi negrura interior. Respondí con un minúsculo hilo de voz, evitando que su temblor me delatara.

—No.

—No le he sentido desde esta mañana. La humedad de la noche se está transformando en niebla y el frío no es bueno para sus viejos huesos.

Siguió con sus avíos en la cocina y yo, dándole la espalda para ocultarle mi semblante, me dirigí hacia la mesa. Las tres sillas se mantenían fieles a su alrededor y los cubiertos aparecían perfectamente alineados junto a cada uno de los tres platos.

—¿Estás seguro que no está afuera contemplando la salida de su querida amiga, la luna?

—No —dije de nuevo. Solo los monosílabos se atrevían a escapar de mi garganta.

—¿Qué te pasa? Te noto muy cansado.

Resoplé y, sin volver a responder, me senté en mi sitio, con la mirada baja y fija en el plato aún vacío.

—Verás cómo esta cenita que he preparado te reconforta.

Me llenó el plato de humeante sopa y sus efluvios me embriagaron, llevándome algo de calor y sosiego a mi lacerante corazón.

Ella se sirvió también y se sentó enfrente de mí.

—¿Sabes qué te digo? Tengo demasiada hambre y frío. ¡Hoy no vamos a esperarle! Ya regresará cuando su estómago le demande calor y sus congelados huesos anhelen la calidez de la chimenea.

Sorprendido ante su arrebato, miré hacia la silla que estaba a mi derecha, completamente vacía y fría. Ella también la miraba, pero parecía no ver nada.

—¿Has conseguido mucha leña? —me preguntó, intentado disimular la inquietud que la atenazaba. Era la primera noche que cenábamos sin su presencia—. Ha dicho la radio que se avecina un temporal de nieve. Mañana deberíamos de ir a comprar reservas, por si nos quedamos aislados.

Yo le respondía con simples gestos de mi cara o de mis hombros. Cada palabra que intentaba escapar era atrapada por mi desangelado ánimo.

Ella hablaba sin parar, parecía destilar una nueva frescura, denotaba que la había abandonado una pesada carga. Me contaba lo que había hecho durante el día; sus planes para mañana; las noticias que había escuchado en la radio; sus quehaceres con los animales. Yo empecé a relajarme y, sin darme cuenta, comencé a hablar también. Hacía años que no manteníamos una distendida y sencilla conversación. Su presencia siempre flotaba entre ambos y la distraía de mis palabras. Era un impenetrable obstáculo hasta para nuestras miradas.

La veía hablar, con jovialidad y aplomo. De vez en cuando, miraba levemente hacia su asiento, pero el vacío no la capturaba. Su ausencia parecía no hipnotizar su atención y volvía a su sencilla verborrea. Me miraba candorosamente. Sus ojos me mostraban que su felicidad todavía era posible.

Conversamos toda la noche y ni una sola vez torció su preciosa sonrisa. Incluso, luego, mirándola mientras dormía, la sentí en paz y libertad. Por fin había escapado a sus cadenas.

Jailergud la controlaba desde que nació. Nada podía hacer sin su consentimiento y ella no sentía libertad para hacerlo sin su consulta. Toleraba mi presencia con desprecio, pero sabía que no podía remediarlo, yo nunca renunciaría a ella y no podía arriesgarse a que ella se rebelara y escapara a su influjo. Hoy, por fin, he conseguido que recobre la libertad que nunca tuvo.

Ahora, una inmensa paz invade también mi alma. Puedo confirmar que no he errado en mi empresa.

¡No, no soy un asesino!

Jailergud murió hace ya siete años y, desde entonces, ella soportaba su influencia como si nunca se hubiera ido. La seguía poseyendo igual que en vida. Así que decidí hacer caso a la leyenda. Desenterré sus huesos y los llevé hasta la divinidad del bosque. Sé que el sortilegio ha funcionado. Hoy, después de tanto tiempo, he conseguido que su fantasma regrese al inframundo y nos deje vivir en paz.

Este mini relato es mi propuesta para el VadeReto de este mes.
El Reto consiste en continuar el texto que aparece al principio, sobre fondo sombreado: «Al fin llegué a los pies…»

Tras la Máscara

Montaje a partir de la Imagen de Willgard Krause en pixabay.

Siempre iba con una máscara cubriendo su aparente fealdad. Nadie había conseguido atisbar sus facciones. Se sentía encarcelado más allá del instrumento que le ocultaba su identidad. Nunca se miró en un espejo, ni siquiera en la superficie de las cristalinas aguas del lago. Era su maldición desde que tenía razón de existencia y lo llevaba con amargura, pero con determinación. Cada cual debía aceptar su destino.

Un día al pasar por la plaza mayor, no se percató y se vio entrometido en una pelea. No participó en ella, pero un mal golpe dirigido a la persona equivocada le rompió la máscara y quedó expuesto a todos. Al verle, salieron corriendo horrorizados. Se sintió la persona más miserable y repugnante del mundo.

Intentó regresar al refugio de su casa. Escondiéndose entre callejones y esquinas. Evitando encararse con nadie. Huyendo de los reflejos como del fuego. Sin embargo, al intentar esquivar a un grupo de viandantes, terminó enfrentado a un escaparate.

Lo que vio no le asustó. No le causó vergüenza. No le pareció siguiera desagradable. Sus facciones eran bellas y proporcionadas. Dulces y hermosas. Sus ojos reflejaban vida y su boca una sonrisa que iluminaba todo su entorno.

En ese momento descubrió que no lo habían enmascarado porque fuera horrible, sino para que no avergonzara con su belleza la fealdad de los demás.

Este minirelato es mi aportación para el reto de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog Fantepika.
El correspondiente al Desafío Literario de Enero 2021: Syn Opsis“.

El TERROR que se Adentra en el Bosque

Fotomontaje hecho con la falsa portada del libro.
En la imagen de la portada se ve a una niña y un niño (ella algo mayor que él) cogidos de la mano.
De espaldas a nosotros, contemplan una especie de casa- cripta, en un bosque oscuro y tenebroso.
Ella porta un violín y él una trompeta.
Todo queda tenuemente iluminado por una farola que está entre la casa y los niños.

Después de leer Hansel y Gretel, Caperucita Roja, Peter Pan, Aladino y otros doscientos cuentos inofensivos, como castigo y en lectura frenética, los hermanos Maja y Rones, haciendo honor a sus nombres, deciden adentrarse en el bosque Mash Ten Hebroso.

Pertrechados con sus armas más terroríficas, un violín y una trompeta (que se lo pregunten a sus vecinos), están decididos a encontrar a la bruja Koxaphea Konpelhos.

Desean ver cumplido su más ansiado sueño. Emigrar a un mundo fantástico-musical, porque aquí ya no hay quién los sopor… entienda.

La bruja es la llave de los doce mundos más uno. Un poco oxidada, pero todavía funcional.

El planeta Runforiulaif les espera, cándidamente acogedor, sin temerse la venida de su peor pesadilla.

¿Podrán convencer a la bruja antes de que esta huya y se recluya en un monasterio budista?

¿Podrán entrar al nuevo mundo sin que este se destruya de puro terror?

¿Será escrita alguna vez esta historia?

Pronto en las pantallas de sus móviles, tablets e incluso en Neshflin.

(Quién dice pronto, dice cuando termine la pandemia y podamos pasear sin mascarillas 🙄)

PD. La portada ha sido creada a partir de la imagen de Angeline01 en pixabay.

En realidad, este libro no existe, al menos todavía, es uno de los retos de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog Fantepika. En este caso el correspondiente al Desafío Literario Noviembre: Syn Opsis
A partir de la imagen dada como portada de un libro.

Creadle un título y una sinopsis.
Si la inspiración se mantiene escribid también la novela. 😜

El Circo de la Bruma

Montaje realizado para la entrada.
Sobre un fondo de noche estrellada, se ve la carpa de un circo difuminado tras la bruma.
Una chica, con ojos luminosos, sostiene su preciosa cara entre sus manos (a la derecha). Lleva maquillados, tímidamente, ojos y labios como un clown.
Las líneas discontinuas de una carretera se simulan a la izquierda, teniendo como destino una luna llena, también difuminada.
Montaje realizado a partir de las imágenes de Antranias, Victoria_Borodinova, Duncan Miller, FelixMittermeier, (Pixabay)

Dentro solo se percibe soledad, cansancio, apatía, tristeza. Fuera, la oscuridad lo oprime y, esa infinita línea blanca que va saltando de forma constante, hipnotizándolo, le invita a dar una cabezada. Mantener los ojos abiertos es una batalla insufrible. De nuevo una noche de kilómetros de carretera. De nuevo una noche que se aleja de su familia. De nuevo una noche que falta a la promesa más importante de su vida. La promesa que les hizo a sus hijos.

«Es una reunión importantísima y no puedes faltar a ella», le había dicho su jefe y él, fiel esclavo de la empresa e ingenuo aspirante a un ascenso, se había despedido de su familia y se había vuelto a embarcar en un viaje de negocios hacia el otro confín del estado.

Esta vez ha sido el Halloween. Les había prometido a sus hijos acompañarlos en sus batidas de trato o truco. Pero igual que había pasado en los anteriores, y en otras fiestas, una llamada de teléfono había dado al traste con su promesa. No podía seguir así. Su trabajo era importante. Era el sustento de su familia y la oportunidad de aspirar a una vida más tranquila y cómoda, pero se estaba jugando algo mucho más primordial, el amor de sus hijos y la paciencia de su mujer.

Tan embargado estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta que una espesa niebla se había hecho dueña de la noche. Los faros del coche se reflejaban en esa cortina que le impedía ver con claridad a menos de un par de metros.

Creyendo divisar algo entre la bruma, frena bruscamente. Pone las luces de emergencia y baja la ventanilla. Intenta divisar algo, pero es casi imposible ver nada. Decide bajarse del coche aún a riesgo de ser atropellado. De pronto, unas siluetas apenas se hacen visibles. Con el titilar de los intermitentes se muestran como pequeñas figuras con andares ridículos. No los puede contar, pero está seguro que son muchos y empiezan a rodearle. Cuando uno de ellos se expone a los faros puede ver que es un enano. ¡No! No está seguro. Es un ser pequeño, que parece humano, pero está deforme y desfigurado. Se asemeja a los gnomos de los cuentos que lee su hija. Le tiende una mano y, ante su sorpresa, no tiene miedo. Se la coge y se adentra con él en la niebla. Los demás los envuelven y acompañan en una comitiva tenebrosa.

Sin darse cuenta, se están adentrando en el bosque al que cercenaba la carretera. Extrañas luces parecen señalarle el camino. Se detiene y las mira fijamente, al pasar cerca de ellas, viendo con asombro que son pequeñísimos seres luminiscentes que se mantienen en el aire con sus pequeñas alas. ¿Hadas? Debe haberse quedado dormido y está soñando. Un pinchazo en el trasero le hace continuar andando y pensar que duele demasiado para estar en un sueño.

De vez en cuando, ve unos extraños carteles que se hacen visibles de forma tenue y desaparecen rápidamente.

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Y finalmente, antes de salir a un inmenso claro del bosque, las hadas rodean un último cartel consiguiendo iluminarlo plenamente:

EL CIRCO DE LA BRUMA

Se queda embobado ante la belleza del anuncio, pero un nuevo empujón lo hace salir del bosque y contemplar una impresionante carpa llena de colores y un ensordecedor encanto.

La niebla sigue presente, no deja ver claramente nada, pero lo poco que atisba le hace estremecer. Una gran cantidad de figuras han ido apareciendo entre la bruma: Un perro que no ladra, ruge, porque su cabeza es claramente la de un león; una bella dama, vestida de gasas, que tiene grandísimos ojos de búho y manos y cola de rata; un caballo con cuernos de rinoceronte y orejas de elefante; un viejo, con chistera y bastón, del tamaño de una rata; un águila de dos metros de altura con cabeza de serpiente; un avestruz con dos cabezas humanas que no paran de parlotear…

Sin dejar de andar, se va adentrando en el pasillo que le van dejando y que le lleva ante una figura majestuosa que parece esperarle a la puerta del circo. Es una mujer de una belleza asombrosa. Sus ojos centellean con los colores del ópalo. Su mirada le hace olvidar el pavor y lo fascina. Su tez es exquisita y acaramelada. Su figura sinusoidal y sugerente.

—¡Bienvenido seas, desconocido! —Su voz es aterciopelada, dulce y susurrante.

Con el movimiento de las manos lo invita a entrar en la carpa. Su cuerpo se mueve involuntariamente y se adentra en un mundo, tan fantástico, lleno de magia y fantasía, que le hace dudar entre el sueño y la locura. Lo que ve es indescriptible, portentoso, deslumbrante, narcótico. Como un zootropo, las incesante secuencia de imágenes giran vertiginosas a su alrededor. Irrumpen en su cabeza y es incapaz de discernir la alienación que lo está invadiendo. Sin embargo, se siente feliz, reposado, cautivado por tanta belleza.

Ella le escolta y él percibe que van de la mano. Su calidez le genera una seguridad y una complacencia como hacía mucho que no sentía. Quizás, desde que era un niño y se refugiaba entre los brazos de su madre. Cuando la mira, su mente se queda en blanco y solo puede sonreír y seguir disfrutando de la alucinación que le embarga.

No sabe cuánto tiempo ha transcurrido, ni es capaz de reseñar todo lo que ha visto. Se encuentra de nuevo fuera de la carpa y todos, arracimados a su alrededor, parecen esperar algo.

La mujer está frente a él. Le coge las dos manos y le está hablando. Tarda unos segundos en poder volver a la realidad y prestarle atención.

—¡Tienes que elegir! —le está diciendo.

—¿Cómo? —contesta confundido—. No entiendo…

—Tienes que decidir si te quedas con nosotros o te vas. Has de hacer tu propia elección.

Su delicada voz y sus resplandecientes ojos lo tienen totalmente hechizado.

—Has podido vivir lo que significa pertenecer a nuestra familia. Sin embargo, solo tú puedes decidir si quieres formar parte de ella.

Por un instante, se siente aturdido. ¿Familia? ¿Pertenencia? ¡Él tiene la suya! Duda. ¿La tiene?

Inconscientemente, se mete la mano en el bolsillo buscando su pañuelo. Ha comenzado a sudar y temblar. Al sacarlo, su cartera cae al suelo. Abierta de par en par, muestra las fotos de sus hijos, sonrientes, bellos, inocentes. ¿Familia? Se repite a sí mismo. Vuelve a mirar a la mujer y también a todos los que lo rodean. Ya no ve figuras bellas, caras sonrientes, gestos amables.

—¡¡¡NOOO!!! —grita descontrolado y sale corriendo de nuevo hacia el bosque.

En una vorágine de emociones sigue desbocado y no se detiene hasta que sus temblorosas piernas y su punzante corazón lo obligan implacables. Sigue en medio de la niebla y no ve absolutamente nada a su alrededor. Está perdido, abandonado en medio de esa espesura. ¡No! En realidad está perdido en su propia vida.

Unas extrañas luces estroboscópicas llaman su atención. No tiene nada que perder porque cree haberlo perdido todo ya. Se dirige hacia ellas y comienza a escuchar unos murmullos.

—¡Ey! ¡Aquí está!

Unas manos lo cogen de los brazos, lo sacan del bosque y lo devuelven a la carretera. Varios vehículos están detenidos en ella.

—Parece desorientado y estaba deambulando por el bosque —exclama otra voz.

—¡Vamos! Tienes una herida en la frente y pareces conmocionado —le requiere otra.

Aturdido, ve como las luces se corresponden con un coche de policía y una ambulancia. Lo llevan hacia esta última. En un atisbo de lucidez, consigue ver su coche. Está empotrado contra un árbol.

—¡Te ha tocado la lotería del Halloween, amigo! —le susurra la voz amiga—. Ha sido tu día de suerte y parece que te han dado otra oportunidad.

—¿Otra oportunidad? —balbucea.

—¡Desde luego! ¡Menudo airbag debe tener tu coche, amigo! No sé cómo has podido salir de él y alejarte andando.

Cuando mira a los ojos del hombre, cree ver el destello del ópalo.

— El destino te invita a seguir viviendo. Con un poco de suerte, en unas horas estarás en tu casa y podrás disfrutar del Halloween con tu familia —le susurra.

La cara del médico se difumina porque las lágrimas se convierten en turbias cortinas.

Mientras lo acomodan en la camilla y, antes de que cierren la puerta, cree ver siluetas difusas, pequeñas y deformes en la niebla, que le dicen adiós.

La ambulancia arranca y solo piensa en una cosa.

¡Otra Oportunidad! ¡La Oportunidad de cambiar su vida!

Microrrelato publicado en el Reto Literario “Desafío Literario especial Halloween
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Crea una historia a partir de los datos del reto.

Sorteo VadeReto, Primer Cuatrimestre 2020

Hola amigos.

Terminada una nueva etapa en la propuesta literaria de este blog, nuestro VadeReto. Ha sido un cuatrimestre de mucha participación con excelentes, ingeniosos y fantásticos relatos. No puedo más que daros las gracias por vuestras historias y, como era lo prometido, aquí os traigo el sorteo del libro dedicado.

Este es el listado, por orden de participación, de los integrantes en cada uno de los VadeReto del cuatrimestre:

Por ello, con las condiciones establecidas en las bases, mínimo de dos participaciones, estos son los integrantes en dicho sorteo. Por orden alfabético:

Armonía Hache (@ArmoniaHache)
Diana Buitrago (@DianaBBuitrago)
Galaxi Gomel (@GalaxiGomel)
Israel (El Destrio)
Jessica Galera (@Jess_YK82)
JM Vanjav (@jm_vanjav)
Lehna Valduciel (@Halenita_)
Lídia Castro (@lidiacastro79)
MarioBG (@GodricVampire)
Natalia (@readingdeworld)
Virtudes Torres (Vitolosa)

Aquí tenéis una captura del resultado:

Y… la afortunada ha sido…

Diana Buitrago (@DianaBBuitrago)

Enhorabuena, Diana. Ahora solo tienes que elegir tu libro en papel, dedicado por su autor. Este es el enlace actualizado:

Libros para el Sorteo.

Muchísimas Felicidades, Dragona, que lo disfrutes.

VadeReto (Abril 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches tengáis…

Puede que sean Malos Tiempos para la Lírica, como decía Golpes Bajos. Quizás sea al contrario y debamos dejar salir nuestros sentimientos escribiendo. Son momentos jodidos y debemos enfrentarlos juntos uniendo nuestras fuerzas, aunque algunos sigan remando en sentido contrario. Desde aquí siempre he intentando poner una nota de humor y diversión para aislarnos del maremagnum exterior. Por eso, en el VadeReto de este mes se me ha ocurrido algo especial que espero os guste. Ojalá sirva para aliviar tensiones y alegraros el día.

El siguiente audio es de una muy buena amiga, mejor escritora y grandísima persona. Espero que os inspire a escribir algo. En caso contrario, simplemente, escuchadlo y dejad que os contagie. Seguro que os saca algo más que una sonrisa. Solo tenéis que pulsar sobre la imagen siguiente:

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Enlace Alternativo del Audio

Este es el único requisito de este mes. Dejaos llevar por el audio y escribid.

Ya sabéis, la extensión mínima es de 100 palabras y podéis extenderos lo que vuestra creatividad, imaginación y espíritu literario necesite.

Ojalá este momento pase, mucho antes de lo previsible, y podamos seguir disfrutando de nuestras vidas en unión de nuestra gente. Sin confinamiento ni restricciones. Ojalá también esto nos pueda servir de aprendizaje. Está siendo un impresionante paréntesis en nuestras vidas. Necesitamos cambiar nuestros malos hábitos y aprender a convivir con educación, alegría y optimismo. También la naturaleza necesita de nuestro atención. Debemos respetar nuestro entorno y cuidar más nuestro planeta. Es el único que tenemos. Al menos, de momento.

Ánimo, fortaleza y esperanza. Entre todos podremos conseguirlo. Y, por supuesto, NUNCA dejéis de escribir. Es el viento que impulsa nuestra imaginación y nos hace ser más libres.

Dos jóvenes saltan de alegría en la orilla de una playa. Solo se ve sus siluetas, teniendo como fondo una puesta de sol, donde ya se ha escondido el astro.
La imagen es una típica fotografía a contraluz donde las siluetas toman el protagonismo en el centro.
Imagen de Moni Mckein en Pixabay

P.D. Cuarta y última oportunidad para participar en el VadeReto del primer cuatrimestre del 2020. La lista de libros disponibles la podéis consultar en el siguiente enlace:

Sorteo VadeReto

Esperanza tras la Tempestad

Inmersos en una tormenta inesperada. Nuestros corazones se afligen angustiosos. El futuro es incierto y las emociones acongojan. Sin embargo, siempre hay una luz que muestra el camino de la esperanza. Es el momento de creer en nosotros mismos y mostrar la fortaleza que dudamos tener. Juntos lo conseguiremos.

Microrrelato publicado en el Reto “Emociones en 50 Palabras
de Sadire Lleire (@SLleire)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido propuesto, pero con tan solo 50 palabras.
Este mes, también se propone que la historia tenga lugar durante una tormenta o el inicio de esta.

Este micro ha sido considerado como merecedor del Certificado de Excelencia del reto de este mes:

Galardón otorgado por Sadire Lleire como "Certificado de Excelencia" para este mes de marzo de 2020.

Muchas Gracias, Sadire. 😍😍😍

La Sabiduría de la Naturaleza

La tristeza los mantuvo ocultos mientras la raza dominante exterminaba sin contemplaciones. Abandonaron su entorno, con asco e ira, y se escondieron a la espera. Cuando los destructores se tuvieron que encerrar por miedo a un enemigo mucho más pequeño, más insignificante, pero más implacable, más temible, la naturaleza les devolvió la alegría y, como una bandada de flechas que atraviesan sin permiso, tomaron posesión de la tierra. Las llamadas bestias y fieras volvieron a dominar el mundo y la naturaleza no se sorprendió. Sabía que estas cuidarían mejor de ella, porque su apariencia era sombría, pero sus corazones límpidos.

Microrrelato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una flecha/un carcaj
Reto opcional: Que aparezca una de las seis emociones básicas:
sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza o ira.

Este micro ha sido galardonado con la mención especial del Optimvs mensi.

Muchas Gracias, Lídia. 😍😍😍

Sorteo VadeReto Especial, Ganador

Realizado el sorteo correspondiente al VadeReto Especial

Estos son los participantes:

Sadire Lleire
Lehna Valduciel
Israel
Jessica Galera
JM Vanjav
Natalia Readingdeworld
GodricVampire

Captura realizada en la página Sortea2. En ella aparecen todos los participantes y el ganador del mismo.

Como se puede ver, el afortunado ha sido:

JM Vanjav

Enhorabuena, JM. Has resultado ganador de un Cuaderno Encantado, realizado por Inés Poveda (@InesPoveda). Además de un libro en papel, dedicado por su autora, cuyas publicaciones puedes consultar en los siguientes enlaces:

En breve, te pondré en contacto con ambas autoras para concretar los detalles.

Felicidades y espero que los disfrutes.