MicroTuit #03

Fotomontaje, en blanco y negro, donde se puede ver a una oveja subida en una mesa redonda, que tiene dispuesta toda la cristalería y cubertería para el servicio de la comida. Ocho sillas rodean la mesa. Un cuadro a la izquierda de una señora, parece contemplar la escena. A la derecha una puerta de cristales divididos en rectángulos.
Fotomontaje de Justin Dingwall

Todos salieron en estampida cuando el niño abrió su regalo. Parecía un acto de magia o brujería. Hasta la chica del cuadro parecía sorprendida. Cuando Manuel Augusto se recuperó del susto hizo un solemne juramento, nunca más volvería a comprar Huevos Kinder caducados. [Fuente]

Escribe un microrrelato en un solo tuit inspirado en la imagen.
Propuesto por J.J. Muñoz Rengel (@jjmunozrengel)

MicroTuit #02

Fotograma de la película "El Internado" en dónde se ve a uno de los niños protagonistas, con un babi y la cara tapada con un saco que lleva pintado ojos y boca.
Fotograma de la película “El Internado“.

Todo el año yendo al gimnasio… Todo el maldito año con una dieta que me ha dado más hambre que los anuncios de la Navidad… Todo el puñetero año buscando un smoking de mi talla… Y hoy, precisamente hoy, día de la fiesta… Se me ocurre mirarme al espejo. La mare que me… [Fuente]

Escribe un microrrelato en un solo tuit inspirado en la imagen.
Propuesto por María Leiva (@MariaLeiva93

MicroTuit #01

Ilustración de Stefan Koidl que muestra a una especie de extraterrestre muy alto dentro una habitación. Su altura sobrepasa la de la habituación y un pequeño gato lo mira, sentado y expectante.
A Chernobyl Horror Story 3
Imagen de Stefan Koidl (Artstation; Instagram)

«Tiene guasa la cosa. Cuando adopté a este humano, me dijeron que no crecería, sería pequeñito y regordete. ¡Creo que me han dado coba! » dijo el minimo, pensando en cómo llegar a final de mes alimentando a su huésped. [Fuente]

Escribe un microrrelato en un solo tuit inspirado en la escalofriante imagen.
Propuesto por Ricardo Zamorano (@RizavalRZ)

Solo Puede Quedar Uno

Composición creada con Photoshop donde se ven los retratos de los cuatro personajes protagonistas de la historia.
La composición los presenta en cuatro óvalos sobre fondo negro y todo salpicado de gotas de sangre.
Junto a cada retrato aparece su nombre.
Omito la descripción de cada uno, dado que se hace en el mismo relato.
Créditos de las imágenes:
Sandrina: Pexels en Pixabay
Darío Muratkalenderoglu en Pixabay
Imagen de Mystic Art Design en Pixabay
Imagen de Free-Photos en Pixabay

Desierto del Cacajari. Un viejo y desastrado motel muere a los pies de una carretera polvorienta. Sus paredes exudan el tiempo y se mantienen erguidas por la rutina. El sol se torna compasivo dando un pequeño descanso del pegajoso y asfixiante bochorno. Cuatro viajeros se guarecen dentro del bar. Cada uno sentado a una mesa. Solos. Aislados en cada esquina del comedor. La barra aparece vacía y la cocina está ya apagada. Nadie atiende al servicio. Quizás estén en el piso superior, donde están los dormitorios o, tal vez, hayan decidido abandonar el café a su suerte. El silencio molesta los oídos. Nadie hace ruido, ni siquiera al comer o beber. No se miran, pero se presienten. El mismo aire es una cortina de angustia e inquietud. El ambiente es espeso e irritante. ¿Qué es lo que genera esa tensión?

Al fondo, casi escondida por la barra, está Sandrina. Piel y pelo morenos. Joven, sensual y de mirada cándida. Tiene delante de ella un plato lleno de patatas fritas y una hamburguesa doble. Intactos. Se le nota hambrienta, sin embargo, solo ha tocado su Coca-Cola light. A través de una pajita va dando sorbitos pequeños y lentos. Mira a los demás de soslayo. Aparenta gran serenidad, pero su interior es un volcán presto a su erupción.

Frente a ella, justo en el ángulo recto con los demás comensales, está Darío. También joven y atractivo. Aunque ligeramente más maduro. Barba y cejas muy marcadas. Indumentaria ligera y cómoda. Lo que más llama su atención es su mirada. Ojos penetrantes y zafíos. Los mantiene bajos, sobre el plato que tiene delante, totalmente vacío. Sabedor de que nadie podría aguantarle la mirada durante mucho tiempo, se concentra en el móvil. De vez en cuando, mira distraídamente por la ventana que tiene a su izquierda. Su calma es totalmente efectista. Sus piernas se mueven espasmódicas y su dedo pulgar cambia constantemente el contenido de la pantalla.

En la esquina contraria se sienta Sophie. La más joven de los cuatro. Pelirroja de media melena, con gesto inocente y sosegado. Se come de forma pausada un ponty de pollo, parapetado entre patatas fritas. Paladea cada una de ellas cogiéndola con los dedos, pero no hace ruidos al masticar. Las absorbe con deleite. Junto a ella, en la silla situada a su izquierda, una guitarra sin funda descansa de pie. Observando toda la sala y a sus ocupantes. Expectante. Le gustaría ser protagonista de la escena, pero se mantiene muda.

En la última mesa, en el vértice de un cuadrado perfecto, equidistante de los demás, se halla Shinná. Está sentado dando totalmente la espalda al resto. Oriental y de avanzada edad. Pelos, bigotes y barba muy largos, níveos y desmarañados. Sus ojos muestran cansancio y debilidad. En su mesa solo hay dos botellas de whisky, una vacía y la otra medio llena, y un vaso del que da, de vez en cuando, pequeños buches. Su indumentaria dista bastante de estar limpia y su aspecto denota descuido y olvido. Casi encorvado, se inclina de forma imposible sobre el vaso, intentando atisbar en el reflejo ambarino de su interior su propia imagen esquiva. De vez en cuando, cierra los ojos. Parece que no los volverá a abrir y caerá en un profundo y alcohólico sueño, pero se aviva y da otro pequeño sorbo.

El sol está a punto de esconderse por el horizonte, como si previese el estallido de la tensión. Las pequeñas lámparas, que adornan el techo del comedor, se empiezan a calentar tenuemente. Los cuatro levantan muy lentamente sus rostros, escrutando a los otros tres. Parece una coreografía infinitamente ensayada. Sus movimientos son síncronos, pero secos y graves.

Darío ha dejado el móvil sobre la mesa y un ligero temblor se ha adueñado de su cuerpo. Coloca las dos manos sobre la superficie e intentan controlar su respiración. Sandrina empieza a olfatear el entorno. Ya no disimula su hambre y empieza a babear ligeramente. Sus dientes, blanquísimos, están cambiando. Sophie permanece inalterable. Sigue comiendo, sin percatarse de los cambios en el ambiente. Shinná por su parte, se ha incorporado, todo lo que su cuerpo extenuado y senil le permite. Se ha girado levemente, encarando a sus compañeros de cena. Su cara muestra una risa perturbada, producto de su mente ebria y fatigada. Sus ojos apenas se mantienen abiertos y aparentan doblegarse para dar con su semblante en el suelo.

Todo ocurre a cámara lenta. El oriental simula dar una cabezada y, en un movimiento incomprensiblemente ágil, se incorpora y con la mano derecha agarra la botella de whisky vacía y la lanza contra Sandrina, que se ha levantado a su vez, aún más veloz, para abalanzarse contra Sophie. Su cara se ha transformado en una bestia, mostrando sus inmensos colmillos y con los ojos llameantes y ensangrentados. De un manotazo hace pedazos la botella y ríe desvergonzada. Cuándo gira su cabeza, para centrarse en Sophie, ve cómo esta ha cogido su guitarra y apuntándole con el mástil, hace sonar una sola de sus cuerdas. Cómo respuesta a la vibrante pulsación, salen del clavijero tres saetas de nogal que impactan sin piedad en el corazón de la vampira.

A Sandrina no le da tiempo ni a mostrar sorpresa. Explosiona convirtiéndose en una nube de carne y sangre. Revienta, literalmente, en el aire. Atravesando la cortina de partículas, se deja ver Darío. Ya no es humano se ha convertido en una grosera y horrenda fiera. El pelo negro, craso y burdo atesta todo su cuerpo. La ropa yace rota en el suelo, imposible de cubrir el ensanche de sus músculos.

Sophie ya está en pie. Agarrando la guitarra por el mástil y enarbolándola a modo de garrote. A Darío solo le da tiempo a dar dos pasos hacia ella. Golpeándolo con la caja le hace reventar la cabeza, llenando todas las mesas adyacentes de trozos de cerebro, piel, dientes, pelos y sangre. La guitarra ni se inmuta. Su cuerpo está hecho de carbino, indeformable e indestructible. Sophie desmonta el mástil de la guitarra y, convertido en una catana de afilada hoja, corta a la bestia de arriba abajo. Su cuerpo, formando ahora una y griega, cae fulminado, como un pesado fardo, esparciendo todavía más sangre.

Totalmente roja, cubierta de las vísceras de lo que fue Darío, Sophie se encara con Shinná. Ambos están de pie, frente a frente. El chino tiene las manos separadas, con las palmas enfrentadas. Entre ellas, un rayo de colores fosforescentes se entrecruza formando una madeja de luces. Ambos se miran, pero no se mueven. La escena parece congelada. Los ojos hablan y las bocas callan.

Shinná no está allí por casualidad. Es un asesino a sueldo que ha cobrado una cantidad obscena por acabar con Sophie, la cazadora de monstruos. En una aberrante asociación, licántropos, vampiros, espectros, ogros, quimeras, incluso leprechauns, se han unido para contratar al assassin y acabar con la temible y afamada asesina de criaturas fantásticas. De forma lenta, pero obstinada, está diezmando las filas de toda la comunidad de engendros.

Sophie no cobra. Trabaja por puro placer. Desde niña fue educada, entrenada y formada para matar alimañas. Con dieciséis años se quedó huérfana en una escaramuza familiar. Desde entonces trabaja sola y disfruta matando bestias. Ahora se ha cobrado dos piezas más, pero tiene ante sí a otro asesino. Este es aún más despiadado que ella, porque es un cazador de cazadores.

Cuando Shinná empieza a juntar sus manos, para hacer más intenso el rayo lumínico y lanzarlo sobre la chica, esta vuelve a montar la guitarra, rauda y veloz, y la coge en su postura natural. Con un movimiento rápido y controlado, la hace tañer con un gemido frenético, agudo y lacerante. El nipón no llega a abrir los brazos y queda en pose errática. De sus oídos empiezan a surgir hebras sanguinolentas que le recorren toda la barba, tiñéndola de bermeja fachada. Sus ojos también lloran sangre y su respiración se hace ardua y pesada. Sus piernas se rinden al combate y le hacen postrarse ante su rival. Durante unos segundos permanece enhiesto, mirando inane a la chica. Esta enarbola de nuevo la guitarra, pero no es necesario el golpe de gracia. Shinná cae inerte, de frente, impactando contra el suelo. La sangre, que comienza a brotar por todas sus cavidades, va impregnándolo en un lienzo siniestro y granate.

Toda la escena ha durado escasos segundos. Los suficientes para que Sophie aumente su reputación y agrande el número de ceros que tendrán que añadirle al contrato de su próximo cazador. Se acerca a su mesa y se come tres gajos de patatas que le quedaban en el plato.

Cuando llegó allí, de forma nada fortuita, se bajó de su moto y entró a tomarse un refrigerio, sabía perfectamente que solo podría quedar uno vivo. ¿Vivo? La chica ríe a carcajadas mientras se mira en el espejo que hay tras la barra. Allí puede ver su horrendo reflejo. Una amalgama de huesos recubiertos de piel pútrida, oquedades habitadas por larvas, gusanos y tábanos. Todo ello aglutinado de tinieblas y espanto. La cazadora de monstruos hace ya mucho tiempo que dejo de exhalar vida.

Relato publicado para el Reto Literario “Desafío Literario Enero 20: Solo Puede Quedar Uno” de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Cuatro fotos, cuatro personajes, que deberán ir muriendo durante la historia.

Como máximo, solo puede quedar uno.
Elige uno de los objetos escondidos que tendrás que usar como arma: Una Guitarra

Coartada para una Reunión

Izquierda, una carta que muestra: Una niña pequeña intenta levantar una pesada y enorme caja, envuelta en papel de regalo rojo con cinta blanca. 
Derecha, un dado mostrando en su cara superior: una estrella fugaz.

Se acaba enero y un paquete solitario aparece en la mesa del salón. Un regalo que espera ser recogido sin demasiada premura. ¿Cuesta hacer la llamada? En absoluto. ¿Es para una amistad que se perdió? Tampoco. ¿Quizás se nos olvidó invitarle? Ni mucho menos.

En realidad es una simple e inocente excusa. Como las Navidades, que nos sirven de pretexto para aparentar felicidad y solventar enfados y desacuerdos.

Esa caja envuelta, que parece lujosa y pesada, pero está vacía, es una estrella que con su luz manda un mensaje: «Te espero cualquier día del año, tenemos que celebrar nuestra amistad».

Microrrelato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una Estrella
Reto opcional: Que aparezca la palabra: Enero.

Arrasando por la Vida

Desde pequeños aprendemos a usar lo que nos rodea para nuestro bienestar y beneficio. Consumimos y tiramos las sobras. Antes preferimos asolarlo todo a privarnos de las comodidades. Aceptamos lo que se nos ofrece y abarrotamos nuestras vidas de cosas triviales. No pensamos en el grandísimo pecado que es no disfrutar de nuestro entorno sin destrozarlo. Cuando la Naturaleza muera en nuestras manos, aunque queramos recuperarla, comprenderemos lo que es vivir sin ella.

Microrrelato publicado en el Reto “5 Líneas
de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas
que incluya las tres palabras propuestas:
(Antes, pecado, aunque)

Naturaleza en Extinción

La imagen muestra: un prado, dónde se puede ver un banco vacío junto a un árbol. Delante del banco, separando este del cesped, un camino de ladrillos rectangulares, formando un semicírculo. Unas nubes al fondo y el sol cayendo, completan la escena de una puesta de sol.
Imagen de Gundula Vogel (Pixabay)

Esta mañana me despertó los tenues rayos del sol, cuando aún no calentaban. Salí volando sin siquiera lavarme la cara y realicé todos mis quehaceres. Necesitaba terminar pronto para poder llegar a tiempo a la cita con Beety. Habíamos quedado al atardecer y me quedaba un largo camino por delante.

Piqué de un sitio y de otro sin molestarme mucho en cuidar mi dieta. Sé que cualquier día tendré problemas para sustentar mi orondo cuerpo e incluso, puede que no quepa por la abertura de mi hogar. Bueno, hoy tenía mucha bulla y quería aprovechar el buen tiempo.

Saciadas mis necesidades básicas, volví a salir zumbando y me metí en el metro. Estaba atestado de personas que regresaban de sus trabajos. El ambiente era angustioso e insalubre. Todos llevaban caras serias, tristes, con gestos adustos e irritados. No parecía que sus rumbos fueran demasiado agradables. Yo, sin embargo, ansiaba llegar a mi destino. Se apiñaban incómodos, dando codazos, empujones y, alguno, hasta intentó darme un manotazo.

Cuándo las puertas se abrieron, no esperé a que nadie se me adelantara y me apresuré a salir de allí sin mirar atrás. Enfilé raudo las escaleras que llevaban a la superficie y el aire límpido y virginal me inundó los sentidos. Ya estaba cerca, muy cerca.

Había pasado bastante tiempo desde la última vez que quedé allí con Beety, pero el paisaje no había cambiado. Me dejé caer en el frío hierro del banco azul que dominaba la vista y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. El sol empezaba ya a declinar hacia su ocaso y pintaba el cielo con tonos ocres y las nubes con trazos azules y grises. A mi derecha un árbol, de escasas hojas, intentaba filtrar tímidamente el moribundo sol. De aspecto perenne, pero firme, ejercía de guardián del pequeño parque en el que me encontraba.

Beety llegó enseguida y se colocó a mi lado. Juntos fuimos viendo caer la luz y cambiar el verde del césped por el pardo pálido de la tierra. El camino de grises ladrillos que nos separaba del prado emergía de vida. Una larga fila de hormigas se disponía a llevar sus capturas hacia su agujero. Gusanos, lombrices y babosas festejaban el no haber sido pisadas por los niños que jugaron esa tarde sobre ellos. Varias mariposas danzaron a nuestro alrededor generando bellísimos reflejos de variados colores que la luz filtraba a través de sus alas.

Cuando el sol apenas alumbraba ya y el silencio se adueñaba de todo el paisaje, Beety y yo nos tocamos con nuestras cabezas y nos felicitamos por poder disfrutar un día más del maravilloso paisaje. No sabíamos cuánto duraríamos, según muchos estábamos al borde la extinción. Cuando eso pase, posiblemente el mundo cambie y no será a mejor. Ignorantes y desdeñosos, los humanos no son conscientes de nuestra importancia en el ecosistema. Cuando faltemos dejarán de existir también las plantas, puesto que somos las responsables de su polinización y eso dará comienzo al declive de la naturaleza. Somos pequeños, somos insectos, somos abejas, pero somos necesarios. Somos imprescindibles.

Relato escrito para el reto literario VadeReto de este mismo blog.
Estas son las condiciones de este mes:
Crea un relato que describa la imagen, de forma que todo aquel que no pueda verla en su máximo expresión, sea capaz de disfrutar de todos sus matices.

Detente en el Ahora

Todos pensamos que la vida no tiene fin y olvidamos que el reloj del tiempo tiene la firme intención de acabar con nuestro efímero deambular por el mundo. Lloramos por el pasado, anhelamos el objetivo del futuro, pero nos olvidamos de vivir el presente. ¿Hay mayor despropósito que ese?

Microrrelato publicado en el Reto “Emociones en 50 Palabras
de Sadire Lleire (@SLleire)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido propuesto, pero con tan solo 50 palabras.

VadeReto (Enero 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches sean…

Empezamos el 2020 con muchas ilusiones y muchos propósitos. ¡Como siempre! Ya veremos luego cuántos de estos sueños conseguimos hacer realidad.

Yo me he propuesto en este primer VadeReto pensar un poco más en los demás. Especialmente, en aquellas personas que tienen dificultades para acceder perfectamente a nuestros contenidos. Por eso, el reto de este mes consiste en lo siguiente.

Observad atentamente, durante algunos minutos, esta imagen:

La imagen muestra: un prado, dónde se puede ver un banco vacío junto a un árbol. Delante del banco, separando este del cesped, un camino de ladrillos rectangulares, formando un semicírculo. Unas nubes al fondo y el sol cayendo, completan la escena de una puesta de sol.
Imagen de Gundula Vogel (Pixabay)

La mayoría de los retos propuestos en las redes sociales piden que creéis un relato a partir de la inspiración ofrecida por la fotografía. Yo os voy a pedir que hagáis lo contrario. Cread un relato que describa la imagen, de forma que todo aquel que no pueda verla en su máximo expresión, sea capaz de disfrutar de todos sus matices. Hablad de los colores, de las formas, de los detalles, … y por supuesto de lo que os inspira.

Podéis elegir el género que queráis y crear los personajes que necesitéis. Con respecto a la la extensión, ya sabéis, a partir de 100 palabras, la que os dé vuestra creatividad.

Cómo si fuerais un preciso pintor, afilad vuestros pinceles y ofreced vuestras creativas historias para que esta imagen aparezca nítidamente en nuestras mentes.

Y, como siempre, lo más importante, no os olvidéis de DISFRUTAR escribiendo.

P.D. Este será el primer reto para poder participar en el sorteo del primer cuatrimestre del 2020. Lo realizaré en los primeros días de Mayo. De momento, la lista de libros disponibles es la misma del sorteo anterior. Aquí tenéis el enlace:

Sorteo VadeReto

Este reto está dedicado, especialmente, a Lehna Valduciel (@Halenita_), colaboradora asidua de este Acervo de Letras y amiga amable, cariñosa, simpática y atenta. Gracias a sus sugerencias ha surgido esta idea y espero que sirva para que seamos más conscientes de los problemas de accesibilidad en nuestros contenidos.

Mi Relato para el VadeReto:

Naturaleza en Extinción
Esta mañana me despertó los tenues rayos del sol, cuando aún no calentaban. Salí volando sin siquiera lavarme la cara y realicé todos mis quehaceres. Necesitaba terminar pronto para poder llegar a tiempo a la cita con Beety. Habíamos quedado al atardecer y me quedaba un largo camino por delante…

Aquí la entrada completa

Primer Sorteo VadeReto – Ganadora

Realizado el sorteo prometido correspondiente al primer trimestre de VadeReto.

Aquí tenéis una captura del resultado:

Como se puede ver, la afortunada ha sido:

Natalia (@readingdeworld)

Enhorabuena, Natalia. Ahora puedes elegir tu libro en papel, dedicado por su autor, de los disponibles en este enlace:

Libros para el Sorteo.

Felicidades y espero que lo disfrutes.