Una Pareja Muy Especial

Relato publicado en el Reto Literario “Palabra de Libro
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Midad y Cala son una pareja de chicos como otra cualquiera. Visten a la moda, viven al día y tienen muchas ganas de disfrutar de la vida. Al menos, eso piensas, mientras los ves venir de la mano por la calle, tranquilos y animosos. Hasta que Cala se engancha su chaqueta en el retrovisor de un coche y se estampa contra el capó. Y Midad, que siempre va mirando el móvil, se encuentra en su camino con una farola y, después de saludarle de frente, cae de espaldas en la acera como un saco de pienso. Son una pareja como otra cualquiera, quizás más despistada de lo habitual.

Cala trabajaba en la cocina de una hamburguesería y todo le iba bien hasta que un día, después de poner la carne en el asador, le dio por pensar en la filósofa de la vida. Se dijo a sí misma: ¿Y si este mundo fuera el infierno de otro planeta? Y elucubrando los males que asolan esta tierra. La hambruna y miseria de muchas zonas devastadas por la guerra o la desidia de sus mandatarios. La desigualdad en las regiones mal-llamadas del primer mundo, donde cada vez existe una brecha más amplia entre ricos y pobres. Pensando, pensando que a lo mejor había algo de razón… Despertó de pronto con gran sobresalto de su onírica reflexión porque había salido ardiendo media cocina y ya se escuchaban las sirenas de los bomberos en la lejanía. Otro trabajo de corta duración.

Midad no era tanto de pensar como de desconectar. Trabajaba como reponedor en un supermercado y siempre estaba en apariencia embelesada. Cuando muchos creían que su mente divagaba sobre los grandes misterios del universo o las premisas de la insuficiencia del hombre en el plano terrenal, en realidad estaba en babia y tenía la mente más en blanco que un oso polar comiendo helado de nata en el hielo blanco del Ártico. Un día que estaba descargando un palé en el almacén se quedó estático, inmóvil, como si le hubiera fallado la batería y hubiera entrado en desconexión total. El encargado, que ya andaba un poco cansado de sus “descansos”, le gritó: “Si no te gusta donde estás, muévete; no eres un árbol“. Del susto pegó un salto y cayó contra una de las inmensas estanterías que soportaban el peso de cientos de cajas de productos. Estas, como si fueran fichas de dominó, fueron cayendo una tras otra hasta quedar el almacén igual que si hubiera pasado un tornado. Otro empleo de corta duración.

Cada uno por su lado son un desastre constante y andan siempre esquivando las desdichas y suspirando por una vida sin sobresaltos. Sin embargo, cuando se encuentran y comparten sus andanzas, Cala y Midad, se ríen y son felices. Juntos respiran una vida diferente. No pueden existir uno sin el otro. Eso sí, siguen siendo la diversión  de la diosa fortuna que se burla del mundo a través de ellos. Por eso ahora, los dos sentados en el suelo se ríen como locos de sus torpes andanzas.

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