Apocalipsis Familiar

El ruido en la cocina y los aromas que emergían de ella hacían profetizar un auténtico banquete. Paco terminaba de darle el punto a la comida y Juana salió para poner la mesa para los cuatro. Mientras, la televisión, con ausente audiencia, daba machacona, por enésima vez, las noticias sobre la pandemia y la implantación de las vacunas.

—¿Dónde se habrán metido los niños? ¡María! ¡Leo! ¡A comer! —llamó su madre desde el Salón— ¡Como tenga que subir a buscaros os la vais a ganar!

El padre se acercó a la mesa con una tremenda palangana de plástico llena de pasta.

—Paco de mi vida, ¿así te han enseñado a emplatar los del mastershé ese? —le dijo su mujer abriendo exageradamente los ojos.

—Qué quieres cariño, no he encontrado la olla, ni la cacerola, ni la paellera, ni…

—Tú es que no encuentras nada, querido.

—Pues se habrán escondido, porque he mirado en todos los cajones y…

—¿A que voy yo y lo encuentro?

—Anda, déjate de madradas y vamos a comer. ¿Dónde están los niños?

—¡Yo que sé! Los dejé viendo la tele, pero cuando he salido ya no estaban. Se habrán aburrido y han subido a su cuarto a jugar mientras terminabas. ¡Cómo eres tan lento con la comida!

—Cariño, un buen chef necesita cocinar sin premura y con tempo.

—Tempo es lo que no tenemos. Que se nos va a juntar la comida con la merienda. ¡María! ¡Leo! —volvió a llamar a los niños —. Nada, que no bajan. Seguro que se están haciendo los sordos.

—Bueno, no grites más, que no vas a poder lucirte en el karaoke del finde —soltó Paco con ironía—. Voy a subir yo y decirles que ya está el papeo.

Juan fue a la planta superior y vio que la puerta del cuarto de los niños estaba cerrada.

—Chicos, ¿por qué habéis cerrado la puerta? ¿No recordáis las normas de la casa?

Dentro no se escuchaba ni un suspiro. Juan intentó girar el pomo, pero la puerta no se abría.

—Niiiiñooos, dejaros de juegos que se enfría la comiiidaaaa —repitió el padre golpeando suavemente en la puerta.

—¿Qué pasa? —le asustó la madre a sus espaldas, Inquieta, había subido para ver qué pasaba.

—¡Hija de mi vida! ¡Qué sigilo! Ni que entrenaras con el CSID —respondió él, dando un respingo—. No lo sé, se han encerrado en la habitación.

—Pero bueno. ¡Se la van a cargar!

—A ver, cálmate que seguro que están jugando o nos quieren gastar alguna broma.

—Es que no es momento de bromas, Paco, que la comida es sagrada.

Desesperada, Juana dio varios golpes más fuertes en la puerta.

—Niños, ya estáis castigados por haber cerrado la puerta. Sabéis que eso está prohibido. Como no salgáis ahora mismo el castigo será doble.

—Sí, tú dales buenos incentivos a los chiquillos, que se van a esconder debajo de la cama.

—Paco, que lo dices como si yo fuera un monstruo. Si tú te pusieras más severo con ellos no tendría yo que simular ser un ogro.

—¡Es que te pones tan guapa de ogra, cariño!

—No te doy con la sartén porque no la has encontrado. ¡Niños, voy a contar hasta tres y…!

Dentro se escuchó un alboroto con pequeños grititos y sonido de metal.

—¡Paco! ¡Que a los niños les está pasando algo!

—¡Anda ya! No te pongas histérica, ¿qué les va a estar pasando? —Acercando la boca a la puerta, ronroneó— Marííía, cieliiiito, abre la puerta, mi vida.

—¡No, que seguro que nos queréis comer! —emergió la vocecita de su hija desde el interior.

—¿Pero qué leches dice esta niña? ¡Definitivamente se le ha ido la olla! —exclamó su madre.

—A ver, cariño. Seguro que está de guasa. ¡Cariiiiiii, ábrele a tu papi querido!

—¡¡¡QUE NOOOOO!!! —se escuchó desde dentro una coral de dos vocecitas.

—Paco, que no me gusta el tono de los gritos. ¿Qué está pasando?

—¡Yo que sé cariño! Habrán visto algo en la tele y se han asustado. Ya sabes lo impresionables que son.

—Claro, como tú les dejas ver todo lo que quieren.

—Pero si tengo puesto hasta el pin parental ese.

—María, o abres la puerta ahora mismo o te vas a quedar sin tele, sin internet y sin postre durante tres meses —le gritó la madre a la puerta.

—Tú como negociadora no tienes precio, ¿eh Bruswili?

—Claro, como tú disfrutas con las travesuras de tu hija.

—No te pongas mandona que luego te hacen mimitos y a ti también se te cae la babita.

—El pelo se le va a caer como no abra ya mismito.

—Escúchame, pequeño monstruo. Abre solo un poquito la puerta y verás que somos nosotros. Que como tu madre tire la puerta vas a tener que pagar tú a los carpinteros —siguió bromeando su padre para convencer a la pequeña.

—¡Ofú, Leo! Vamos a tener que abrir, porque si mamá se empeña seguro que la derriba —se escuchó tenuemente la voz de ella en el interior.

Desde fuera, sintieron como el cerrojo se descorría, aunque la puerta seguía cerrada. Dentro se oyeron unas pequeñas pisadas que corrían alejándose de la entrada.

—Espera, cariño —frenó Paco a su mujer—. No vayas a entrar a lo termineitor que te conozco. Son pequeños y si les creamos un trauma nos va a salir todavía más caro la psicóloga. Recuerda lo que nos dijo en la última sesión.

Ante el bufido de su mujer, él empujó suavemente la puerta, entreabriéndola y asomándose levemente al interior. Antes de que ella pudiera acceder a la habituación, él volvió a salir, rápidamente, tapándose la boca.

—¿¡Qué pasa!? —dijo ella alarmada, temiéndose lo peor.

—Nada, nada. Míralo tú misma —le respondió él, aguantándose las carcajadas.

Cuando la madre abrió del todo la puerta pudo comprobar el tremendo berenjenal que habían organizado en la habitación. Los peluches, juguetes, pupitres y todo lo que pudieron acarrear habían sido dispuestos como barricadas para esconderse detrás. Tras los tiestos, estaba Leo con una bol ensaladera puesto en la cabeza, con el cuerpo embutido dentro de una caja de muñecas y en su mano derecha una espumadera. A su lado, en pose defensiva, María aparecía también con la cabeza protegida, en este caso, con una olla. Con varias tapas de cacerolas se había fabricado un peto y empuñaba la escobilla del váter como flamante espada.

—¡¡¡La madre que os parió!!! —exclamó Juana.

—¡Tú misma, cariño! ¿Ves por qué no podía encontrar esos cacharros? —le soltó Paco haciendo una mueca.

—Son nuestras armaduras para defendernos de vosotros —dijo la pequeña.

—Zi, nostas maduras —repitió el peque.

Montaje realizado a partir de las fotos del niño y la niña que propuse en el VadeReto.
He recortado las dos imágenes y las he insertado en la misma fotografía.
Luego, les he incorporado los utensilios mencionados en el texto y usados como armadura y defensa.
Es decir, a la niña: la olla en la cabeza, las dos tapaderas como escudos y la escobilla del WC, como si la tuviera en la mano; al niño, la ensaladera en la cabeza y se ve la parte acucharada de la espumadera, a un lateral.
Montaje realizado a partir de las imágenes:
Niña: Nathanel Love en pixabay.
Niño: Marques Edgar en pixabay.

—¿De nosotros? ¿Pero qué dices, chiquilla? ¡Paco, esta niña está peor que nunca!

Paco, intentaba, sin mucho éxito, aguantarse la risa y, poniendo una seriedad imposible, les dijo a sus hijos:

—A ver, pequeños monstruos, ¿por qué tenéis que defenderos de nosotros? ¿Es que ahora os parecemos muy feos?

—¡PACO!

—Nena, hay que seguirles el juego. Ya sabes lo que dijo la psicóloga. Nada de traumas —se volvió de nuevo hacia los niños y, dulcificando al máximo la voz se dirigió a la pequeña generala—. Dime, cielo, ¿de qué tenéis miedo?

—Porque podéis haberos convertido en shombis.

—En Shovis —repitió el más pequeño.

—¿¡ZOMBIS!? —Gritaron los dos padres a la vez.

—Sí, lo ha dicho la tele.

—Ves, Paco. No se les puede dejar solos delante de ese trasto.

—¿Qué es lo que ha dicho la tele, monstruito de hojalata?

—Que la vacuna tendrá conchacon… conchucan… conchiacuen…

—¿Consecuencias? —terminó Paco.

—¡Eso! Además, me lo contó Satu, que se lo ha dicho su padre. Que todo el que se ponga la vacuna se convertirá en un shombi.

—un Shorvi —recalcó el niño.

—¿Otra vez, el satu y el enterao de su padre! ¡LOS MATO! —gritó la madre.

Paco no podía gritar, las lágrimas ya le caían indolentes por toda la cara y le dolía las mandíbulas de aguantarse la risa. Como pudo se dirigió de nuevo a su hija:

—Monstruito, ¿tu madre y yo tenemos caras de zombis?

—No lo sé. Nunca he visto a ninguno. No sé lo que son. A lo mejor estáis empezando a convertiros.

—Tú sí que estás empezando a hacerme perder la paciencia, María —le espetó la madre.

—Contrólate, Juana, que te sube la tensión. Vale, María. Observa atentamente:

Con rápidos movimientos de pies, su padre hizo dos pasos de baile. Como la cara de María seguía con su gesto adusto y serio, prosiguió. Cruzó las piernas e hizo un giro de 360 grados terminando con los brazos abiertos como esperando los aplausos.

—¿Un zombi sería capaz de hacer esto? —le preguntó a la pequeña.

—No lo sé, pero creo que no —respondió riendo.

—Ahora tú, amorcito —dijo dirigiéndose a su mujer.

—Si pretendes que yo también haga la payasa para convencer a tu hija de que no soy un zombi es que estás borracho.

—¡Venga ya, no seas aguafiestas!

Sin dejarla reaccionar, la cogió por una mano y tirando de ella le hizo acercarse. Le puso la otra mano en la cadera y giraron juntos en un torpe baile que a punto estuvo de terminar con ambos en el suelo. Luego, cogiéndola por los hombros la hizo girar como un trompo, terminando con ella sujeta a escasos centímetros del suelo, en la postura en que terminan las parejas danzarinas de las pelis.

Los dos niños reían a carcajadas y tocaban las palmas.

—Ven, babo, babo. Ota vé, ota vé —gritaba y aplaudía el pequeño Leo.

—¡Sois los papi y mami normales! ¡Bieenn! —confirmaba María.

La madre, como pudo, se incorporó y, dejando al marido sentado en el suelo, les dijo:

—La comida lleva un cuarto de hora en la mesa y tiene que estar más fría que los pies de vuestro padre. Por si no lo sabéis, ha hecho espaguetis.

—¡ESPAGUEEETIS! —gritó la niña.

—¡TEEETIS, TEEETIS! —gritó el pequeño.

Ambos arrojaron sus falsas armas y se despojaron de sus armaduras. Leo le echó los brazos a María, que lo cogió en volandas. Saltaron sobre la inexpugnable barricada, salieron corriendo hacia las escaleras y bajaron hasta el salón para sentarse a la mesa. Mientras, Juana con los brazos en jarra suspiraba y Paco dejaba, por fin, explotar la risa que tanto llevaba aguantando.

—Desde luego, Paco, tu hija, cualquier día, me va a volver loca.

—¡Mi hija! Claro —farfulló Paco—, pero cuando está dormidita la mar de tranquilita, como un peluche, entonces, bien que es “tu hija”, ¿verdad?

Una vez pasada la falsa invasión zombi, los cuatro estaban sentados alrededor de la mesa. Reían y disfrutaban unos hermosos platos de espaguetis con queso. Cuando llegó la hora del postre, la madre se levantó y les dijo muy serios a sus hijos:

—Os traigo el postre, pero con una condición. Nunca más volváis a encerraros en la habitación y mucho menos cojáis los cacharros de la cocina. Estas cosas son sagradas y no las podéis usar para vuestros juegos.

—Ofú, mamí, es que… —empezó María.

—Ni esque, ni esca. No tenéis que hacerle caso a la tele. Para eso estamos nosotros. Cualquier cosa que os preocupe u os dé miedo, nos lo preguntáis. Además, no les hagáis caso a la gente tonta que se inventa cosas para asustar a los demás. Nadie se va a convertir en zombi. Veréis como la vacuna termina con el virus y dentro de poco podremos decirle adiós a todo esto. ¿De acuerdo?

—¡Vaaaaleee! —dijeron los dos pequeños al mismo tiempo.

—Yo también quiero decir algo —empezó a decir el padre haciendo sonar un cuchillo en un vaso.

—Paco, que te conozco —le dijo su mujer.

Los dos niños miraron a su padre atentos y con media sonrisa. Sabían que él siempre le sacaba la punta guasona a todo.

—Bueno, Juana. Es que no podemos negar una cosa. En el caso de que de verdad ocurriese un apocalipsis zombi, tenemos unos hijos valientes y guerreros que nos defenderán de esos monstruos.

Todos, incluida la madre, rompieron a reír a carcajadas y celebraron la unión familiar con una deliciosa tarta de chocolate.

Este relato forma parte de la propuesta literaria VadeReto (Enero 2021)
En este mismo blog:
Usando las fotografías de los niños debéis crear una historia llena de optimismo y alegría. Divertida, gamberra, mágica…

Tras la Máscara

Montaje a partir de la Imagen de Willgard Krause en pixabay.

Siempre iba con una máscara cubriendo su aparente fealdad. Nadie había conseguido atisbar sus facciones. Se sentía encarcelado más allá del instrumento que le ocultaba su identidad. Nunca se miró en un espejo, ni siquiera en la superficie de las cristalinas aguas del lago. Era su maldición desde que tenía razón de existencia y lo llevaba con amargura, pero con determinación. Cada cual debía aceptar su destino.

Un día al pasar por la plaza mayor, no se percató y se vio entrometido en una pelea. No participó en ella, pero un mal golpe dirigido a la persona equivocada le rompió la máscara y quedó expuesto a todos. Al verle, salieron corriendo horrorizados. Se sintió la persona más miserable y repugnante del mundo.

Intentó regresar al refugio de su casa. Escondiéndose entre callejones y esquinas. Evitando encararse con nadie. Huyendo de los reflejos como del fuego. Sin embargo, al intentar esquivar a un grupo de viandantes, terminó enfrentado a un escaparate.

Lo que vio no le asustó. No le causó vergüenza. No le pareció siguiera desagradable. Sus facciones eran bellas y proporcionadas. Dulces y hermosas. Sus ojos reflejaban vida y su boca una sonrisa que iluminaba todo su entorno.

En ese momento descubrió que no lo habían enmascarado porque fuera horrible, sino para que no avergonzara con su belleza la fealdad de los demás.

Este minirelato es mi aportación para el reto de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog Fantepika.
El correspondiente al Desafío Literario de Enero 2021: Syn Opsis“.

VadeReto (Enero 2021)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.
Añadido para esta entrada el texto "Feliz Año Nuevo" en la parte superior.

Buenos días/tardes/noches sean…

Termina un año complicado, duro y difícil de olvidar. Comienza otro lleno de incertidumbres, miedos y secretos por descubrir.

¿Qué nos deparará el futuro?

Observad unos segundos la siguiente fotografía:

Fotografía de un primer plano de un niño, bebé, con unos ojos grandísimos y oscuros. Mira desde la izquierda hacia un lugar indefinido.
Solo se le ve desde el cuello hacia arriba.
El fondo parece un parque pero está desenfocado.
Imagen de Marques Edgar en pixabay.

Los ojos de un niño encierran una belleza extraordinaria. Porque muestran el reflejo de un mundo por descubrir. Miles de experiencias que aprender y aprehender. Su inocencia les permite enfrentarse sin miedo a todo lo nuevo que se le presenta. Para terror y fatiga de sus padres. 😝😂

Los ojos de un niño son las ventanas por las que asomarse a las aventuras diarias que le harán crecer y madurar. Si la suerte y las circunstancias le acompañan, se convertirá en un adulto sano, íntegro e inteligente. Ya después, la vida le hará darse chocazos y se transformará en lo que algunos somos. Tarambanas, duros de mollera y sacos de boxeo para el desahogo del puñetero destino.

¿Y qué os parece esta otra foto?

Sobre un fondo uniforme gris desenfocado, una niña, de entre cuatro y cinco años, mira a la cámara con cara de inocencia, pero también de picardía. Parece que está a punto de hacer alguna trastada.
Tiene una larga melena rubia, encrespada, que le cae por su hombre derecho. Luce un peto de franjas naranjas, de distinto grosor, que se cruzan sobre fondo negro.
Es preciosa, pero da un poco de miedo lo que estará pensando. XD
Imagen de Nathanel Love en pixabay.

La cara de esta niña muestran ingenuidad y dulzura, pero también picardía, energía y valentía para enfrentarse a todo lo desconocido que se le muestra por primera vez. No tiene miedo de una vida a la que quiere comerse enterita. (Si fuera mi hija estaría prendado de ella, pero también tendría tarifa plana en la farmacia para comprar por kilos Trankimazin, Lexatin, Tranxiliumy, tila Morgana concentrada y un martillo de goma.)

De la misma forma que estos niños deberíamos afrontar este 2021. Listos para disfrutar cada alegría que nos depare y preparados para aprender de cada obstáculo que nos ponga por delante.

Espero que estas fotografías os haya inspirado alegría, esperanza e ilusión, porque para el primer VadeReto de este Año Nuevo os propongo que creéis una historia llena de optimismo y alegría. Divertida, gamberra, mágica…

Podéis usar la inspiración que os transmita las fotografía, echar una mirada a vuestro entorno o sacar los trastos del baúl de vuestra imaginación.

Que los teclados echen humo y vuestra imaginación bulla de emoción.

Mi mejores deseos para todos vosotros. Que el Nuevo Año nos traiga, sobre todo, muchísima salud y también, pidamos sin miedo, muchas alegrías que disfrutar y deseos por cumplir. Que vuestras lágrimas sean de alegría y vuestros gritos de satisfacción.

Hoy más que nunca tomo la frase que usaba mi admirado y querido Cifu, como despedida de cada uno de sus programas:
«Besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples para todos». 😊😉😘😘😘

Esta es mi participación:

APOCALIPSIS FAMILIAR

El ruido en la cocina y los aromas que emergían de ella hacían profetizar un auténtico banquete. Paco terminaba de darle el punto a la comida y Juana salió para poner la mesa para los cuatro. Mientras, la televisión, con ausente audiencia, daba machacona, por enésima vez, las noticias sobre la pandemia y la implantación de las vacunas.
—¿Dónde se habrán metido los niños? ¡María! ¡Leo! ¡A comer! —llamó su madre desde el Salón— ¡Como tenga que subir a buscaros os la vais a ganar!
El padre se acercó a la mesa con una tremenda palangana de plástico llena de pasta.

https://jascnet.wordpress.com/2021/01/30/apocalipsis-familiar/

Fotomontaje: Sobre un fondo negro aparecen, en azul, los números 2021, pero el uno está formado por las palabras "Amor Salud y Felicidad".
En la esquina superior izquierda, estrellas blancas sobre estelas azules caen hacia la derecha en forma de fuegos artificiales.
Encima de los números aparece el texto: "Para todos mis Acervolenses, Feliz".
En la esquina inferior izquierda, dos copas de champan brindando.
Por último, en la esquina inferior derecha, "Acervo de Letras" y la dirección web.
Todos los textos en color oro.
Fotomontaje a partir de la imagen de Gerd Altmann en Pixabay.