Entrando al Otoño

Hojas pardas sobre un verde suelo y un ligero frío que te encoge la chaqueta. Atrás quedó el calor de las vacaciones, pero el otoño nos trae aromas a leña, castañas y nostalgia. Parece triste, pero, en realidad, es precioso. Sobre todo cuando llevas el corazón de la mano.

Microrrelato publicado en el Reto “Emociones en 50 Palabras
de Sadire Lleire (@SLleire)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido propuesto, pero con tan solo 50 palabras.

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El Corazón Prisionero

Sacando la cabeza por la trampilla pude contemplar una espléndida sala llena de columnas. Cada una contenía una hornacina con un tesoro. Llamó mi atención una jaula con barrotes de oro que iluminaba toda la sala. Me acerque sigilosa y escudriñe dentro. Llorando acurrucada había un hada de alas bellísimas e iridiscentes. Sin dudarlo un momento, viendo sus lágrimas y desconsuelo, la saqué de su prisión y me la llevé. Justo cuando salía del túnel, tras un impresionante estruendo, todo el palacio se vino abajo. Tarde comprendí que el hada era el Pilar que sustentaba, con su magia, la montaña.

Relato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una jaula.
Reto opcional: Que la historia contenga la palabra: Pilar.
(no tiene por qué usarse como nombre propio)

Va de Reto (Octubre 2019)

Como podréis comprobar, la mayoría de los relatos que he ido publicando en este blog han salido de las iniciativas que han ofrecido tres maravillosas escritoras con retos muy interesantes: Adella Brac, con su propuesta 5 Líneas; Lídia Castro con su invitación a Escribir Jugando; y Jessica Galera con… lo que a su increíble cabeza se le ocurra ese mes. Son una forma divertida de trabajar nuestra imaginación y, como un juego, mantenernos activos escribiendo. La verdad es que si no fuera por estos retos no habría llegado hasta aquí. Por eso, a petición popular (de dos locos) y con la imprescindible e inestimable ayuda de Jessica, se me ha ocurrido crear mi propio reto. Como decía mi abuela: «¡Ay carallo, Andrés, todo lo que ves lo querés!».

Dada mi manía de darle vueltas a la mollera y querer plantear siempre las cosas de la mejor manera posible, esta propuesta estará en fase de pruebas durante un tiempo. Por eso me encantaría que opinarais y me hagáis llegar vuestras sugerencias para que este reto sea el vuestro.

Dirán los más curiosos, ¿de qué va el título? Pues, es una libre modificación de la expresión latina ¡Vade Retro!, cuyo significado es “apártate” o “retrocede”. Era frecuente en las pelis vintage de exorcismos como ¡Vade Retro, Satánas! Aquí, por supuesto, no vamos a usarla de esa forma, sino para espantar y quitarnos de encima los miedos, vergüenzas y bloqueos al escribir. Sentíos libres de crear lo que más os guste y divertíos. Es solo un juego.

¡Pues vamos a ello! Esto es lo que se me ha ocurrido ofreceros este mes.

Os presento tres personajes:
– Un Pirata cojo con una pierna que tiene vida propia,
– Un Alien con dos cabezas que ha aterrizado en la tierra por error y
– Un perro con trastorno de la personalidad. No sabe ladrar. Dice “miaauuu”

Os muestro tres fotografías como posibles escenarios:

FOTO #01: Un pueblo abandonado que al dar las doce de la noche se convierte en una fiesta funky.

Fotografía de Daniel Nebreda en Pixabay.

Foto #02: Un circo itinerante en donde se exhiben monstruos venidos de los más increíbles lugares.

Fotografía de Claudio Kirner en Pixabay.

FOTO #03: La biblioteca de una universidad dónde se enseñan materias mágicas y los libros tienen vida propia.

Fotografía de Mystic Art Design en Pixabay.

y por último, el inicio de tres frases:
– Si lo sé no vengo…
– Ya me lo dijo mi madre…
– Con lo bien que estaba yo…

El reto consiste en escribir un relato eligiendo uno o varios personajes, darles vida en uno de los escenarios e incluir en él una de las tres frases. ¿Extensión? En principio la que queráis. No seré yo el que os limite, pero, si queréis una orientación, podemos hablar de entre 100 y 500 palabras. ¿Temática? A vuestra elección también. Cuánto más loca e imaginativa más divertida.

Podéis incluirla completa en los comentarios o poner en ellos un enlace a vuestra web.

Siento deciros que no habrá premios (podría regalar alguno de mis libros, pero tendríais que esperar bastante a que los escriba) y tampoco ganador. No me atrevo a ejercer de jurado dado todo lo que tengo todavía por aprender. Sentíos todos galardonados con el primer premio. Con uno muy grande para que se pueda dividir entre todos. ¿Podrá cambiar esto en un futuro? Como decía un tío mío italiano: «Chi lo sa, il destino è una trottola che balla su una mucca».

Espero que os animéis a participar en este juego y que os divirtáis con él.

Sin ánimo de servir de ejemplo, sino para implicarme y jugar también, aquí os muestro mi aportación:

James Morgan III andaba a trompicones entre charcos y barro. Sus pasos le guiaban hacia un impresionante circo que acampaba en los terrenos colindantes al muelle…

Continúa en la siguiente entrada: Reunión de Almas Pernosas

La Casa de la Bruja

Imagen de cocoparisienne en Pixabay

La luna asomando entre negras nubes de tormenta apenas le marcaba el camino. Dos largas horas le había tomado llegar a la entrada del bosque. Todo por su terca manía de no coger el autobús y querer venir andando. Pero, claro, como se iba a meter en el autobús con su mochila XXL, la vara de Anadenanthera Colubrina, dos metros de larga y punta de cuerno de unicornio, y el cuchillo, Rambus Rajonius, que llevaba oculto en la espinillera. Ya se lo había dicho su madre, «con lo fácil que te hubiera resultado estudiar para una oposición y se te ocurre meterte a cazatesoros». Suspiro. «¡Ay! Siempre fuiste un chico muy raro Indalecio Manuel». “Inda, mamá, Inda. Es más cortito y suena más bonito”.

El bosque se presentaba oscuro y tenebroso. Lo contrario hubiera sido un parque de atracciones. Y no se escuchaba ni el sonido del viento. Una calma aterradora y una oscuridad asfixiante. Iba a ser una noche muy angustiosa. No se lo pensó dos veces y se introdujo en la espesura. Porque si se lo llega a pensar está ahora en su casita la mar de tranquilo viendo un episodio de Buffy Cazavampiros.

Rebuscó dentro de su mochila de bolsillo y, después de sacar medio ropero de cachivaches, encontró un trozo de tela con más años que Jordi Hurtado, y la misma calidad de piel. En él estaba dibujado un mapa que señalaba con una X roja, bien grande, su objetivo. Miró el entorno, se orientó y comenzó a caminar.

Andaba con mucho cuidado y delicadeza, no quería que sus pisadas alertaran de su presencia, pero los millones de hojas que habían caído sobre el suelo producían un extraño castañeteo. Tampoco la gravilla ayudaba mucho y por más que intentaba disimular las pisadas, el sonido no cesaba. De hecho, cuando se quedó parado, el sonido siguió sonando. ¡La leche! Eran sus dientes. Tenían más miedo que él. Se sacó del bolsillo un trozo de cuero que usaba para limpiarse las gafas y se lo metió entre los diente. Ahora, ya no sonaba el traqueteo, pero no podía hablar y le costaba respirar. ¡Qué fatiga de viaje!

Después de varias horas de caminata, o eso le pareció por el esfuerzo, se dio cuenta que estaba totalmente desorientado. Lo contrario hubiera sido una grandísima sorpresa. Se perdió hasta el día que fue con su Mary al HIQUEA de la capital.

—He visto exploradores torpes, pero tú te llevas el segundo premio —escuchó un graznido a su espalda.

Del susto se le descolgó la mochila y tropezó con ella, cayendo sobre la alfombra de hojas. Después de luchar con la correa, que se le había enredado en el cuello, y conseguir salir buceando del mar de hojas, divisó en lo alto de una rama a un inmenso cuervo, negro como los tobillos de un carbonero. Sabía que las aves no se podían reír, pero juraría que se estaba cachondeando de él.

—¿Los cuervos pueden hablar? —le preguntó a sabiendas de lo estúpida que era la pregunta si no podía responderle.

—En realidad, no. Tengo aquí detrás una ardilla ventrílocua que me está metiendo la mano por el culo —le espetó el pajarraco con choteo.

«Entre todas las aves nocturnas del bosque me tenía que tocar el humorista agrio». Pensó con angustia.

—Agrio lo será tu puñetero padre, que seguro que dejó preñá a la vaca del chocolate, o fue tu mare la que copuló con el Asno de Buridán.

—¡Anda, además de parlanchín, telépata y malhablado!

—De eso nada, monada. Que nací en la universidad de Cambridge y me empapé de curtura. Pero es que tú haces blasfemar hasta a las monjas de clausura. ¿Creo que andas más perdío que un calcetín en una lavadora?

—Escucha pajarraco…

—Eh, eeh, eeeh, eeeeeh… Maese Cuervo para ti, si no te importa. Que mi padre fue asesor político-militar de Cromwell y mi madre la paloma espiritual de Mandela —adoptó una pose intelectual y prosiguió—. Puedo ayudarte si me das algo a cambio.

—¿Y qué es lo que quieres? ¿Mi alma? ¿Mi futuro hijo? ¿Casarte con mi hermana? …

—¿Pero qué dices, Chalao? Tú ves muchas pelis de sobremesa, ¿no? Lo único que quiero es ese reloj dorado que te asoma del bolsillo del chaleco. Está la cosa mu chunga y necesito llegar a fin de mes.

—¿Pero es de oro del Orinoco y perteneció a mi tatarabuelo?

—Sí, claro. Seguro que se lo robaste al abuelo de tu vecino, ¡atontao! ¿Prefieres quedarte perdido en este bosque de por vida? Porque con la habilidad que has demostrado no sales de aquí ni aunque un rayo milagroso se abra en las nubes y te señalen el camino de las baldosas amarillas, Dorothy barbuda. —el pitorreo empezaba a ser desesperante—. Anda, dame el reloj y en un minuto te mostraré el camino. Y decídete rapidito que tengo a una chati esperando en la RavenDisco. —dicho esto se puso a canturrear “You Make me Happy… You Never, Never Make me Blue…” por Marcia Ball.

Con mucho pesar y lágrimas en los ojos, le dio un beso al reloj y se lo acercó al cuervo. De improvisto apareció una ardilla y se lo quitó de las manos.

—Tranquilo, Marco Polo, esta no me mete la mano por allí para hacerme hablar, pero es mi secretaria. La tengo contratada a tiempo parcial a cambio de bellotas —se carcajeó el avechucho.

—¡Joder, cómo están los minijobs! —exclamó el pobre buscador—. ¿Bueno, me vas a indicar el camino?

—Claro, Hernán Cortés, gírate y da tres pasos. Separa aquellos arbustos y detrás está la casa que estás buscando.

—¡Serás hijo de…! —Se mordió la lengua— Tenía ahí mismo mi destino y la que has liado para decírmelo.

—A ver, Francisco Pizarro, soy cuervo pero no tonto. Hay que ganarse la vida y todos los días no se encuentra a un tonto como tú —salió volando lanzando graznidos que Inda creyó identificar como carcajadas.

Suspiró profundamente y se dirigió a su objetivo. Efectivamente, como el maldito pajarraco le había dicho, detrás de los arbustos estaba la casa. ¡La Casa de la Bruja! Podría pasar por cualquier otra vivienda de algún lugareño si no fuera porque estaba pintada en colores malva con matices blancos y grises. Por lo visto se trataba de una bruja muy fashion. Sin embargo, un halo de siniestralidad y de maldad la envolvía. Con solo mirarla daba ganas de salir corriendo y borrarla de tus sueños.

Mientras contemplaba las posibles opciones de acercamiento, un olor nauseabundo, tétrico y repugnante le abofeteo sin piedad. ¿Sería posible que hasta él llegaran los mejunjes que la bruja estuviera preparando? Para su deshonra el aroma llegaba de su espalda, más concretamente de “su espalda”. Sus esfínteres no habían soportado la tensión. Mientras se aseaba rápido y de cualquier manera, creyó escuchar en los aires ¡Cagóoon!

Tenía miedo, mucho miedo, eso estaba claro, pero tenía una determinación y la llevaría a cabo. Su prestigio y su honorabilidad estaban en juego, aunque los hubiera perdido hacía ya mucho tiempo. Se acerco con todo el sigilo y disimulo que pudo y atisbó por una de las ventanas. La casa parecía estar completamente vacía. La edificación solo contaba con una estancia que hacía las funciones de salón, cocina y dormitorio. Todo estaba iluminado por las brasas de la chimenea y un enorme caldero humeaba en ella. Parecía que la bruja había salido con presteza y urgencia, pero podría regresar en cualquier momento. ¡Tenía que darse prisa!

Descartó romper las ventanas, además de escandaloso, parecían ser demasiado seguras, y no quería partir la puerta para que la Bruja se diera cuenta del robo. Además, tampoco era muy ducho con las ganzúas y una vez intentó derribar una con el hombro y se llevó tres semanas ingresado.

Así que pensó en rodear la casa para buscar una entrada más accesible, pero en su patoso andar pisó un parterre de Pethunias Anthunias que lucían espléndidas. ¡Oh, Oh! La Bruja se iba a enfadar bastante. De las flores empezó a subir un polvo fosforescente que le envolvió las piernas, cuando quiso darse cuenta estaba levitando en el aire. Se elevaba sin control y los polvitos mágicos lo llevaban directamente hacia la chimenea.

—¡Qué está encendida! —gritaba gimoteando.

Empezó a revolverse y manotear, intentando mover los brazos como una gaviota borracha y en su pataleo impetuoso logró deshacerse de las partículas que envolvían sus piernas. ¡Craso error! Dejó de levitar. Afortunadamente no había cogido demasiada altura porque aterrizó, cuan largo era, en el patio trasero de la casa. Este estaba lleno de cadáveres de animales y otras inmundicias que prefería no analizar.

De nuevo la pestilencia le aporreó las narices, y esta vez no había sido él. No le dio tiempo a taparse la nariz. Unos crujidos sospechosos lo alertaron que había caído sobre una especie de trampilla. Entre el aterrizaje y su cuerpazo fortachón, que no gordura, esta terminó cediendo, se rompió y cayó con todo su peso, de tío fuerte, en lo que pareció un sótano. El costalazo fue monumental y allí se habría quedado lisiado si no hubiera caído sobre un enorme gato sphynx que amortiguó sus huesos y quedó convertido en la alfombra de una rata para toda la eternidad. Ahora sí que la Bruja se iba a cabrear, y ¡mucho!

Cuando consiguió levantarse pudo inspeccionar el sótano. Estaba lleno de cachivaches y de polvo, mucho polvo, toneladas de polvo. O allí hacía mucho que no limpiaban o eran restos de gente … fallecida. Prefería no pensar en ello. Con la caída, era posible que se hubiera tragado a varios difuntos.

Empezó a buscar entre todos los trastos lo que codiciaba, pero era imposible encontrar nada en ese berenjenal. Empezó a entrarle un miedo salvaje pensando que la Bruja podría presentarse en cualquier momento. Saltando y trepando, de forma farragosa, consiguió llegar, de manera inverosímil, hasta la puerta y salió corriendo escaleras arriba. Llegó al salón y, cuando se disponía a salir de la casa, vio lo que había venido buscando. Escondido junto a la chimenea había un cofre del tamaño de una caja de zapatos y bellamente ornamentado. Topacios, ópalos, esmeraldas y otras preciadas piedras enriquecían aquel humilde arcón de madera. La suerte parecía sonreírle al final.

Lo cogió con delicadeza y, aunque pesaba bastante, se lo puso bajo el brazo Se giró y vio el portón de la casa abierto de par en par y en ella a la Bruja, con una sonrisa aterradora de oreja a oreja. En su hombro, ¡el cuervo!

—Mamama… —tartamudea temblando de miedo.

—Que no es tu madre, gilipollas —le espeta el inoportuno Cuervo.

—Maaaldita la hora en que se me ocurrió hacerme el héroe. Tututu …

—Míralo, ahora está comunicando —se chotea de nuevo el pájaro.

—Tuuuviste que chivarte, pajarraco del demonio.

—Lo siento Indianajones, pero la Bruja paga mucho mejor que tú.

—Me tienes muy cabreada, ladrón estúpido —escupió la Bruja fulminándolo con la mirada.

—Pues no te digo ná cuando veas tus Pethunias Mágicas y cómo ha hecho adelgazar a Don Algodón —bufó con sarcasmo el plumífero.

—Sí, tú encima caliéntala, Pajarraco.

—El reloj era chapao y con pirita de la mala, Bocachanclas.

—¡¡¡Basta!!! —grita enfurecida la Bruja echando espumas por la boca— Vas a desear no haber nacido.

—¡Señora! ¡Ilustrísima Maldad! ¡Reina de la Noche! ¡Genuina Dama de la Orden de las Brujildas Emocionadas!

—Jojojo. Sa comprao un diccionario en el chino del pueblo. —El cuervo se retuerce de la risa y ya no es capaz de mantener el equilibrio en el hombro de la Bruja.

—Creo que podemos llegar a un acuerdo —continúa el buscador sin prestar atención a las chanzas del pájaro.

—¿Un acuerdo? ¿Qué puedes tener tú que a mí me interese? —le dice la Bruja mostrándole todo el desprecio que siente.

—Previendo que podría darse esta eventualidad, tengo aquí en el bolsillo algo que usted ansía con fervor. Aunque parezca torpe y tonto en el fondo no lo soy.

—jua jua jua, pues lo disimulas pa matarte —el pájaro ya no puede aguar su estabilidad y cae al suelo entre convulsiones por la risa.

—¡Jacoviano, lárgate! —le grita la Bruja al ave—. Ya has hecho tu trabajo. Regresa mañana para cobrar tu recompensa.

El cuervo se marcha ipso facto porque conoce el genio de la Bruja y con ella no se puede permite la menor broma. Sin embargo, mientras vuela, sigue dándole espasmos por el ataque de risa.

—No intentes engañarme, inmundicia, porque conocerás mi cara más aterradora —le susurra maléficamente sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.

Con las manos temblando, Inda hurga en su mochila y coge una pequeña bolsa envuelto en tela de seda. Cuando se la muestra a la Bruja, esta se mantiene en suspensión sobre la mano sin tocarla. En los ojos de la maléfica se descubre toda la fascinación que el objeto le revela.

—¿Qué es eso tan curioso? ¿Me quieres hacer un regalo? ¿Tal vez una joya?

—¡Exacto! Pero no es una joya cualquiera —Inda hace una pausa dramática para captar la atención de la maléfica. Ella lo mira con impaciencia. Él sabe la codicia y ambición de la mujer por las cosas mágicas o hechizadas.

—Y ¿qué hace que esa joya sea tan especial?

—Pues, en realidad no lo sé. Se la robé al mago Shacaconhejos, pero me aseguraron que era capaz de conseguir cualquier sueño que desearas —La Bruja no puede disimular su asombro.

—¡Ja! Y pretendes que me lo crea tal y como me lo estás contando. Debes de tomarme por una persona más estúpida de lo que tú eres. ¡Cochambre de estercolero! Además, ¿qué me impide desollarte vivo y luego quedarme con ese regalo?

—Bueno, cómo he dicho antes, no soy tan tonto como parezco —la bruja eleva los ojos al techo con desprecio, suspira y muestra una mueca procaz—. Esta bolsa que envuelve a la piedra también es mágica y está unida a mí de manera inexorable. Solo con pensarlo, desaparecerá sin que puedas hacer nada. Puedes creértelo o no, pero te cambio esta maravilla por lo que está dentro del cofre. No me interesa su valor sino su contenido.

—¿Sabes lo que hay dentro?

—Pues claro, el corazón de mi suegra. Yace en coma desde hace varios meses en su cama, catatónica.

—Ya entiendo. Pretendes clavarle un puñal para acabar definitivamente con ella, ¿no?

—En realidad, es lo contrario. Quiero que salga del coma y vuelva a su vida normal.

—Pero ¿tú eres el yerno más tonto del planeta? ¿O me estás mintiendo descaradamente?

—En absoluto. Mi mujer no se separa de su cama, ni de día ni de noche, y yo quiero que vuelva conmigo y me dé mimitos.

—Pues con más razón no entiendo que quieras reanimarla.

—Es que… Mi suegra hace unas croquetas de puchero que quitan el sentío y mi mujer no sabe como las hace. Y las suyas, pues… no.

—¡Por las barbas del nieto de Belcebú! Eso sí que no. Sus croquetas son sagradas y nunca me perdonaría que se perdiera su receta. Pero me tienes que prometer que me traerás una fiambrera bien llenita todos los meses —Esto último lo expresa con toda la súplica que puede generar su maldad suprema.

—Por supuesto, su magentuza. ¡Faltaría más! Aquí la tendrá. Esto… Entonces… ¿Puedo irme?

—Anda, date prisa antes de que cambie de opinión y te convierta en escarabajo de la patata.

De esta forma, Indalecio Manuel Durán Romero, Inmaduro para los amigos, consiguió salir vivo de la Casa de la Bruja y llevarse su botín. Su suegra salió del coma y le guisó tres lebrillos de croquetas. Su mujer pudo abandonar la habitación y darle mimitos y la Bruja…

Bueno, esa es otra historia que podrá ser contada…

Vale, ¡no! Que esta forma de cerrar el cuento jode mucho. ¿Verdad que sí?

La codiciosa Bruja se creyó la historia de Inda y se dispuso a hacer uso de la piedra mágica. Sin embargo, esta, en realidad, no había pertenecido al mago Shacaconhejos, sino al recaudador de Hacienda del Emir de Mekheoconthó. Cuando metió la mano en la bolsa, una fuerza succionadora la agarro y tiró de ella hacia su interior. Porque era bien conocido que moneda que cogía el Emir no la soltaba ni quemándolo. Así que la Bruja terminó dentro de la bolsa convertida en vil calderilla. Cuando el cuervo llegó al día siguiente no vio ni la recompensa prometida, ni a la bruja, pero sí la bolsa tirada en el suelo. ¿Qué hizo? Pues lo que se espera de un cuervo, la cogió, se la llevó y se la vendió a un buhonero que pagaba bien por las antiguallas.

Y colorín, colorado, el cuervo tiene el culo mojado.

Relato publicado en el Reto Literario de Septiembre “La Casa de la Bruja
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Noche de Juerga

Imagen de Pexels en Pixabay

Derrotar al insomnio, Misión Imposible X:

Clon, clon, clon… Una maldita gota se suicida en la bañera. Bzzz, bzzz, bzzz… Una inesperada noinvitada se pavonea por la habitación. Auuu, auuu, auuu… Un poeta callejero aulla rimas asonantes a su amada. Niiinoooo, niiinoooo, niiinoooo… Bendita hora para ponerse de parto. Glu, glu, glu… Los desagües haciendo gárgaras. Toc, toc, pom, toc, toc, pom… El trípode que vive arriba se prepara para su quinta evacuación de la noche. Ticotí, ticotá… El despertador ultramoderno se ríe en mi cara. Cri, cri, cri… Otro que se ha colado sin invitación. Buaaaa, buaaaa, buaaaa… El mejor despertador para unos padres primerizos. Plic, plic, plic… Ya estamos todos, las nubes se mean en los cristales. Croac, croac, croac… Pero bueno, ¡que vivo en un octavo piso! Grrrrr, grrrrr, grrrrr. Y mi vecina de cama amenaza con tragarse la habitación o empezar un concierto sinfónico.

¡¡¡A tomar por saco!!! ¡Me voy a escribir!

Microrrelato publicado en el Reto Literario “Desafío Extra septiembre: ¡¡¡Brrrrrr!!!
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Tres fotos para inspirar, diez líneas y empieza a lanzar
Onomatopeyas.

La Belleza en la Decadencia

La primera vez que escuché la expresión Wabi-Sabi quiso el destino llevarme hasta una pequeña plazuela. Las paredes desconchadas se engalanaban con flores y las grietas se ocultaban tras cascadas de Wisterias de increíbles colores. Un cerezo decadente proporcionaba, sin embargo, una impresionante Sakura Fubuki, pero lo que más llamaba mi atención era la imagen que imperaba en la fuente encastrada en la plaza.

—¡Es Izanami! —me ilustró una anciana ataviada con un precioso Yukata al verme admirarla. Diosa de Creación y Muerte.

—¡¿Cómo es posible semejante belleza?! —proclamé.

—Haz lo que puedas, lo demás déjaselo al destino —respondió.

Relato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una fuente.
Reto opcional: Que la historia contenga la palabra: Izanami
(Nombre propio. Diosa de la creación según la mitología japonesa).

Una Fiesta Tardía

Imagen de E Swamy en Pixabay

Andaba taciturna y alicaída cuando descubrí una notificación del grupo. Me hallé muy desconcertada, pero dichosa por el agasajo. Así que me puse mi mejor vestido de gasa, unos stilettos, un cloché y mi abanico de metal. Sin dilación me dirigí hacia el emplazamiento en cuestión. Franqueé la entrada pasando inadvertida. Sin embargo, cuando las luces infrarrojas impactaron en mi etéreo cuerpo todos empezaron a gritar. ¡No es fácil ser fantasma pasada de moda!

Relato publicado en el Reto “5 Líneas
de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas
que incluya las tres palabras propuestas:
(Metal, vestido y grupo.)

Inconsciencia

Imagen de Skeeze  en Pixabay.

Un calor abrasivo inundaba la selva. El humo alcanzaba el cielo presagiando el desastre. Una sirena bramaba acercándose. Hombres llenos de optimismo descendían la esperanza del vehículo. Su auxilio era ínfimo, pero necesario, ineludible, obligatorio. La selva chillaba de dolor e impotencia. Las lágrimas surcaban rostros desesperados. Una niña gritaba con rabia: «¡Nos quemamos!». Y tenía razón. No se quemaba la selva, se quemaba nuestro mañana.

Relato publicado en el Reto “5 Líneas
de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas
que incluya las tres palabras propuestas:
(Hombres, sirena y tenía)

Un Flirteo Muy Buhonito

Imagen de  Gerhard Gellinger  en Pixabay

MaryOwl era un tronquito de chocolate con restos de nata. En una de las ramas del anciano roble dormitaba. JoaoRamowl, de cara difícil de ver pero gesto cariñoso y galante, se le acercó.

—Oh, trocito de carbón mío ¿te vienes a dar una vueltecita por la arboleda?

—¿Es la hora de darle un homenaje a mi estómago o solo quieres importunar el momento de mi viaje espiritual? —con dos inmensos cráteres lunares en la cara lo miró enfurruñada.

JoaoRamowl sintió romperse la noche y tragárselo sin desplumar. Esa mirada era un volcán a punto de erupcionar y la última vez tardó una eternidad en volver a volar y comer.

—En el parque hay un tenderete de semideglutida y aliñada carne selecta —dijo con más miedo que convicción.

—Espero que sin cebolla sean —esta vez apareció una tímida sonrisa en su tez cafeinada.

—La cebolla me la como yo, tiznita de mi corazón.

Y hacia el parque se fueron como hojas de otoño arrancadas por el viento planeando de amor.

Microrrelato publicado en el Reto Literario “¡Un Reto Retó-rico!
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Cuatro fotos para inspirar, diez líneas y tres figuras retóricas para hacer aparecer en su extensión (Metáfora, Eufemismo, Hipérbaton).

El Buscador de Historias

Una de las mayores desdichas con las que se puede tropezar un escritor es la falta de historias que contar. Cuando tu mente se vuelve más blanca que la hoja que llora abandonada sobre el escritorio. Cuando la vida no te susurra al oído cuentos y fantasías. Cuando un paseo por el bosque solo te muestra los árboles y un atardecer te parece un fenómeno cotidiano y aburrido. Cuando el niño que vive en ti crece y se muda porque tu imaginación dejó de alimentarlo.

Como era incapaz de contar historias busqué quién me las contara a mí. Alguien que pudiera abrir mi mente y poner sobre mi pluma el mecanismo de creación que había perdido. Salí a preguntar a mis vecinos, pero unos tenían sus vidas ingresadas en sus móviles viviendo otras vidas y otros contemplaban, plantados delante de aburridos televisores, las disputas, los gritos y las enajenaciones mentales del mundo.

Recordé que los cuentos y fábulas siempre han estado en boca de los ancianos y a ellos acudí para que me contaran sus historias. Sin embargo, éstos dejaron de sentirse narradores desde hacía mucho tiempo. Ya nadie acudía a ellos para que iluminaran sus sueños. Para que sacaran del fondo de sus corazones a los niños que se habían dormido en sus profundidades. Así que los ancianos olvidaron las historias y el mundo se desentendió de escucharlas. Se dedicaron a vivir y a contemplar como pasaba el tiempo que se los llevaría en volandas.

Afortunadamente, un amable librero de viejo me dio esperanzas. Me enseñó un libro muy antiguo. Estaba ajado y sus hojas amenazaban con abandonarlo. Su tacto era rudo y apagado. Era uno de esos libros que no atraían por su portada, sino por el misterio que podía albergar en su interior. Acariciando su tapa, el anciano librero me dijo: «Cuenta esta leyenda, que donde el cielo se desborda existe una mujer, una diosa, una maga, tal vez una bruja. Cuenta que es capaz de crear mundos increíbles y fantásticos. Cuenta que su imaginación ha alimentado la fantasía de miles de soñadores. Cuenta muchas cosas que, quizás, solo sean eso, cuentos, pero de qué están hechos los sueños si no de fábulas». Viendo mi desesperanza se apiadó de mí y me regaló el libro. Me indicó que lo leyera pausadamente y con paciencia porque, tal vez si creía, me indicaría el camino para encontrarla.

Lo leí y releí tantas veces que me aprendí pasajes de memoria. Las indicaciones que se mostraban eran tan imprecisas y burdas que eran imposibles de buscar en ningún mapa. Por mucho que leía, en mi cabeza solo resonaba la frase: «donde el cielo se desborda». Sobre la mujer mencionada por el librero poca información había. Solo se hacía hincapié en que «cuando la encuentres, sabrás que es ella». En el libro aparecía uno de los nombres por los que era conocida, pero que no debía ser pronunciado en voz alta, más que en su presencia. Lo busqué en Internet y en viejas bibliotecas, pero por supuesto no encontré nada. El libro era tan antiguo como la leyenda y cualquier referencia a ambos quedaba fuera del conocimiento. Solo tenía una opción, emprender el camino siguiendo la escasa información del texto con la ilusión y la esperanza de encontrar aquel ser legendario y, acaso, ficticio.

Y aquí me encuentro, avanzando por sendas desconocidas, creo que perdido y solo, muy solo. Tantos años escribiendo sobre aventureros que van en busca de su quimera y ahora soy yo el que se ha convertido en uno de los personajes de mis historias. Voy en busca de una leyenda. Voy en busca de mi salvación. Si no la encuentro tendré que olvidarme de escribir porque sin historias que contar no habrá libro que narrar.

Llevo días soportando un tiempo inclemente. Subiendo y bajando montañas inacabables. Atravesando bosques tenebrosos llenos de crujidos y sombras. Intentando dormir en noches sin estrellas que hacen imposible pensar en el renacimiento del sol. Parece que la dama de la leyenda se empeña en ponerme pruebas imposibles para que llegue hasta ella. Sin embargo, no cejaré en mi empeño. Todo sea por volver a encontrar el camino de la creación, porque escribir es lo que da sentido a mi vida. Si no soy capaz de contar historias tendré que contentarme con vivir las que otros escribieron o morirme en vida, desganado y melancólico.

Después de luchar contra la desesperanza y bordear la huida, mi corazón no puede contener tanta felicidad y mis ojos son incapaces de abarcar tanta belleza. Creo que he llegado a mi destino. Estoy exhausto, pero eufórico.  He sido capaz de completar el viaje y ante mí tengo el más maravilloso espectáculo que nunca podría haber imaginado. Enormes masas de agua surgidas de las nubes caen formando impresionantes cascadas. Se mezclan creando un maremágnum de increíbles colores que crean inverosímiles arcoíris. El ruido es ensordecedor, pero la belleza hipnótica. Miles de aves gritan y revoletean entre las corrientes. Una de ellas me ha mostrado un camino, casi invisible, que sobrevuela los torrentes. Por él me encamino como si flotara sobre las aguas. No diviso el final avanzando entre nubes, pero mi ansiedad y urgencia se sobrepone al miedo. Después de tanto esfuerzo para llegar hasta aquí nada me va a hacer abandonar.

Imagen de EnriqueLopezGarre en Pixabay

El estrecho camino se ha convertido en una indefinida llanura ocultada por la niebla. Recuerdo el texto escrito en el libro que guardo en mi mochila y que a duras penas ha aguantado el farragoso viaje. Evoco y, tímidamente, balbuceo el nombre que en él aparece: «JessiKhaleshi». No tarda en aparecer una sombra entre la bruma. Vuelvo a rememorar el texto: «¿Eres la señora de Fantépica?» le pregunto con impaciencia y temor. «¿La contadora de historias. La creadora de Mundos y fantasías? ¿Mi salvadora?» insisto. Ella sonríe y me responde: «¿Si así lo crees tú?».

Me acerco ilusionado y sonriente. Me presento y le explico mi desgracia. Le cuento cómo la desdicha se ha cebado sobre mi pluma y cómo las páginas siguen en blanco después de mirarlas eternamente. Le suplico que me saque de ese foso en el que me encuentro. Y ella, con la voz más dulce y hermosa que mis oídos hayan escuchado, me dice: «Me pides que te cuente historias para tus libros. Que te regale los oídos con bellas fábulas para que las conviertas en grandes aventuras. Que abra las puertas que sellan tu mente. Sin embargo, no soy yo quién puede ayudarte».

Mi cara muestra inefable mi desilusión. Mis ojos se anegan de lágrimas que me ahogan. Mastico mi infortunio pensando que no tiene solución. Ella, al ver mi cara, me mira ladeando la suya y sonriendo añade: «Llevas todo el viaje con los ojos cerrados. Has sido incapaz de ver más allá del camino. No has mirado el mundo que atravesabas.

»No has visto cómo aquel cervatillo ha escapado in extremis del lobo que le perseguía. No has escuchado como aquel leñador talaba árboles para venderles calor a sus vecinos. No te has dado cuenta como miles de hormigas sobrevivieron a las lluvias torrencialmente porque trabajaron con la inteligencia del grupo. No te fijaste cómo hay árboles que crecen dónde ninguna otra planta ha sido capaz de levantar un palmo del suelo. Has deambulado mirando sin ver nada.

»No soy yo la que te puede contar las historias que debes escribir. Es tu propio camino el que te ofrecerá el material necesario para que las crees. Yo solo soy la excusa de tu viaje. Has pensando que te serviría en bandeja las historias, cuando es tu misma odisea la que te las ha contado al oído sin que te hayas dado cuenta. Querías conocer aventuras sin levantarte de la silla en la que escribías. Ahora las has vivido. Ya tienes tus historias.»

Y en ese momento, rememorando esos pasajes, vi al cervatillo convertido en un vistoso paje que llevaba una misiva importantísima para el rey. Gracias a sus gráciles movimientos y a sus veloces piernas pudo escapar del lobo-demonio y avisar de la llegada del peligro. Vi que el hacha que usaba el leñador era de mágico oro, la había encontrado en el fondo del río, y se pasó muchos días decidiendo si venderla o quedársela. Cuando la usó, descubrió que era capaz de hablar con los árboles y, con su permiso y ayuda, encontró los que ya estaban muertos. Así consiguió talar maderos, más grandes y en menos tiempo, sin dañar el bosque. Las hormigas eran en realidad una pequeña colonia de seres venidos del espacio que intentaban sobrevivir en un mundo de gigantes. Sus mentes colmenas les capacitaba para realizar, con increíble destreza, inverosímiles empresas. Y aquel árbol, que se levantaba solitario y resistente al agotamiento del suelo, era alimentado desde sus raíces por los seres más pequeños del universo. Tan inteligentes que nunca se dejaban ver, pero que iban de planeta en planeta impidiendo que estos se convirtieran en yermos paisajes. Creaban señales para que los pobladores se alertaran del destino fatal de su planeta. Vi el mundo que me rodeaba, pero que no había sabido mirar. Abrí los ojos de la imaginación y todas las fábulas aparecieron en mi cabeza.

Gracias magnánima señora por tu sabiduría, tu generosidad y tu paciencia. Me has enseñado a ver el mundo y comprender que las historias siempre han estado dentro de mí. Mi niño interior ha vuelto a sonreír porque tiene mil fábulas con las que alimentar su fantasía. Es él el que las inventa y me las cuenta. Ya no tengo miedo a que se aburra y me abandone. Escribir es crear, pero, sobre todo, observar la vida con la inocencia y el encanto de la imaginación.

Relato publicado en el Reto Literario “Un Agosto de Leyenda’
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
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