Reto 5 Líneas – Enero 2019

Relato publicado en el Reto “5 Líneas
de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas
que incluya las tres palabras propuestas.

Imagen de OpenClipart-Vectors en Pixabay.

(Añado, Familia y Demasiado.)

Levantarse ya es difícil por lo mucho que me quiere la cama pero que el espejo me insulte tan temprano resulta bochornoso. Añado un polvorón más a mi dieta y tendré que verme reflejado en el Amazonas. Porque en mi familia somos más de entrar de perfil que de frente y eso es demasiado para un bailarín de Frevo. Dicen en Olinda que cuando yo termino de danzar mi cuerpo sigue bailando sin pararse. Será que tengo el ritmo en la sangre (que riega mis michelines).

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El Sombra Negra

Relato publicado en el Reto Literario “Lo que ves es lo que Lees
de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Esta imagen sirvió para la inspiración del texto.

Llevábamos demasiadas jornadas navegando sin rumbo. La tripulación empezaba a mostrarse inquieta e indisciplinada. Afortunadamente, cuando se acabó la última gota de agua potable, había suficiente Ron para hidratar nuestras viejas gargantas. El dulce licor también permitió tranquilizar las almas y rebajar el bravío de la dotación.

De esta forma, medio ebrios y cansados divisamos de repente su borrosa silueta. Como aparecido del fondo y enmarcado por una bruma sinuosa y espesa se presentó el Sombra Negra. No hizo falta que el vigía avistase. Todos estaban en cubierta y pudieron contemplar su siniestra impostura. Y se preguntaron si ese monstruoso navío era real o una quimera producto de su embriagada imaginación.

A la orden del capitán quisimos abordarlo y el terror invadió nuestros corazones. Le gritábamos desde la borda pero solo recibíamos el eco de nuestros aullidos. La recompensa por su captura y el tesoro que decían dormía en su tripa nos insufló la suficiente valentía para empujarnos a penetrar en su tétrica cubierta.

Mientras lo hacíamos, nuestras voces rebotaban por toda su osamenta golpeando nuestros oídos y lacerando nuestro coraje. La falsa niebla que, como un velo, envolvía su esqueleto, hacía que no pudiéramos ver más allá de nuestro aliento. Pero cuando al fin pudimos enfrentarnos a las caras que nos miraban como en un reflejo, con nuestra misma sorpresa y pavor, pudimos comprobar que las voces que escuchábamos no eran ecos sino las nuestras. Más gastadas y torturadas por los años. Porque ese navío no era sino nuestro reflejo en el mar. Nuestro espejo en el tiempo. La imagen que tendremos dentro de cientos de años cuando nuestro barco se convierta cual espectro en otro de los buques fantasmas que pueblan las leyendas de los marinos.