A la Búsqueda del Hogar

Como otra mañana cualquiera, me apetecía salir a pasear sin rumbo fijo. Deseaba disfrutar del espléndido día, del calor del sol y del aire descontaminado, fresco e innato de la naturaleza. Así, sin darme cuenta me vi dentro del bosque. Y, como siempre me solía pasar, los aromas, los sonidos y los colores me hicieron sentirme en un mundo distinto, lleno de bellezas y misterios por explorar.

Seguía sin encontrar mi sitio en el mundo y multitud de preguntas me atormentaban cuestionándome mi destino. No creía que estas excursiones me darían respuestas, pero, al menos, calmarían mi ansiedad y mi desorden mental.

Me dejé embriagar por los gorjeos de los pájaros que, con sus increíbles colores, revoloteaban a mi alrededor; el crujir de la hojarasca, que alfombraba el terreno llenándolo de tonos ocres, cítricos, púrpuras y aceitunados; el correteo de criaturas que, recelosas de mi presencia, acudían prestas a esconderse en las copas y oquedades de los árboles. Era un inmenso silencio roto por pequeños chasquidos y notas musicales que me llenaban de asombro y satisfacción.

No tardé en sentirme desorientado. Me había alejado del sendero y la espesura me hacía notar perdido. Aunque me encontraba a gusto y reconfortado, empezaba a extrañar mi casa. Tal vez fuera a causa de la sed, el hambre o el frío que comenzaba a sentir.

Anduve sin conseguir reencontrar el camino hasta que salí a un claro entre los árboles en cuyo centro reinaba una cabaña, pequeña, humilde y hogareña. El humo que emanaba de su chimenea me fue atrayendo con su rico aroma y conforme me iba acercando, inconscientemente, una dulce melodía me invitaba a escudriñar en su interior.

Una cabaña solitaria en el interior de un bosque. rodeada de árboles. Predominan los tonos verdes, azules y marrones, todos oscuros. En la composición he modificado la imagen para que se vea de noche y con un cielo estrellado.
Imagen modificada a partir de la ofrecida por David Mark en Pixabay.

Me aproximé, lo más prudente y sigiloso que pude, para mirar por la ventana y contemplé la escena más fantástica e increíble que nunca pude soñar.

En lo que parecía la única habitación de la cabaña, salón, cocina y dormitorio se repartían los espacios para conformar una estancia de apariencia confortable y familiar. A la luz de la ventana, aparecían y desaparecían dos enanos que bailaban desmelenados y desinhibidos. Se acompañaban de una pequeñuela, rubita y de risa escandalosa, que revoloteaba, cual hada angelical, sobre ellos. Los tres se movían al son de la música que parecía interpretar un perro con un acordeón, sentado cómodamente en una silla, acompañado, cerca de él y sobre una mesa, de un gato que zapateaba al mismo tiempo que tocaba un tambor, y de dos ratones, que soplaban en sus instrumentos de vientos. Todos perfectamente sincronizados con la orquestada sintonía.

Pero lo que más me impresionó, a pesar de todo, fue la mujer que estaba junto a la chimenea. Parecía una simple anciana, encorvada y hacendosa, pero cuando volvió su cara hacia las criaturas estuve a punto de caer, escandalosamente, desvelando de esa forma mi disimulado espionaje. Era una mujer muy, muy, muy vieja, tanto, que parecía casi imposible distinguir sus rasgos ante la cantidad de arrugas que le cubrían el rostro. Su aspecto denotaba una imagen misteriosa, al mismo tiempo que causaba escalofríos y recelo. Algo en su persona intimaba y me hizo temer que, sin necesidad de mirarme, pudiera notar mi presencia.

Mientras los danzarines bailaban y los animales tocaban, ella parecía un director de orquesta, moviendo en su mano una larguísima cuchara de palo, que le servía tanto para remover lo que estuviera guisando en una grandísima olla, como para dirigir a los miembros de tan inusitado e inverosímil grupo.

De repente, la criatura voladora dio una cabriola increíble en el aire y terminó enfrentada al cristal de la ventana por dónde yo fisgaba y, claro… ¡Me vio!

Ahora sí que me caí de espaldas y rodé, intentando torpemente levantarme para salir huyendo. Por supuesto, no lo conseguí. Solo logré revolcarme por la hierba para terminar repantingado, frente a la puerta de la cabaña, para contemplar estupefacto como esta se abría.

Tras ella apareció la extraña mujer que había visto por la ventana, pero radicalmente distinta. Había perdido toda su apariencia mística. Ahora era una anciana dulce, con el aspecto más benévolo y entrañable que pudieras desear.

—Hola, ¿te encuentras bien? ¿Te has lastimado? —me preguntó, con su voz cantarina y deleitosa. Como si estar allí, sentado sobre el césped, fuera la cosa más normal del mundo.

Yo no atiné a responder, entre tartamudeos y farfullos. Así que terminé callándome y agachando la cabeza esperando un gran rapapolvo.

—¡Vamos, entra! Dentro de poco se hará de noche y el frío se volverá implacable. Te sentará bien tomar algo caliente. Seguro que te gusta la sopa. Sobre todo la mía —dijo acompañado de un cómplice guiño.

El miedo me impedía moverme, estaba a la espera de que saliera toda la tropa que había visto por la ventana y me molieran a palos por entrometido. Sin embargo, por la puerta salieron tres niños… y el perro.

Los dos chicos tenían la estatura de los enanos, pero sus caras eran lindas e inocentes, como la de unos niños, claro. Y la chica era más pequeña y rubia, como la criatura voladora, aunque ahora ausente de alas, pero con una sonrisa en la cara y dos hoyuelos en los cachetes que la hacían la bebita más dulce y adorable del mundo.

¿El Perro? Bueno, el perro era tal y como lo había visto, pero ahora se movía sobre sus cuatro patas y hacía… pues, lo que hace cualquier perro: mirar de forma amorfa y de lado, olfatear el aire, gruñir y parecer más tonto de lo normal. Suponía que los demás miembros de la troupe estarían dentro y parecerían también normales, lo cual me haría pensar en una alucinación o en un inicio de locura.

Los chicos me ayudaron a levantarme y entre todos, sin oposición por mi parte, me llevaron al interior de la cabaña. El ambiente era acogedor, confortable y lleno de los aromas que salían de la olla y que me hacían gruñir de forma bastante sonora el estómago. La verdad es que tenía bastante hambre.

Después de invitarme a sentarme a la mesa, la amable anciana llenó un bol de humeante sopa y lo colocó delante de mí. Me mostraba remiso a lanzarme sobre ella. Su aspecto no mostraba nada raro, aunque ciertas burbujas que aparecían y explotaban ruidosas me hacían desconfiar. Todos me miraban expectantes, empujándome con sus miradas a degustar la vianda. Un nuevo y espontáneo rugido de mi estómago me ayudó a decidir.

Su sabor era delicioso, especiado, sabroso y con ligeros matices que revoloteaban en mi paladar. Tras la primera cucharada se espantaron mis dudas y apuré en seguida el deleitoso caldo. El calor fue reconfortándome interiormente y me hizo sentir agradecido y satisfecho.

Todos los niños comenzaron a gritar de alegría y reanudaron el baile. La anciana me mostró una radiante y afable sonrisa y me sirvió un segundo plato de sopa que dejó sobre la mesa. Esta vez, me la fui tomando con más mesura.

Poco a poco, el ambiente festivo, las risas y bailes, el conjuntado jolgorio y el hambre saciada me fueron relajando y comprobé, con sorpresa aunque sin temor, que la escena que contemplaba iba cambiando. Los niños se fueron transmutando en los enanos que vi por la ventana, la pequeña rubita desplegó sus diminutas alas y comenzó a revolotear por toda la habitación, y los animales cogieron sus instrumentos y completaron la imagen que antes había creído imaginar.

¿La vieja? Ya no aparentaba ser una anciana bondadosa y entrañable. Su aspecto volvió a mostrar a la viejísima mujer, llena de arrugas y sonrisa siniestra, con más apariencia de hechicera que de abuelita. Sin embargo, no me causó temor. Al contrario, sentí una cercanía familiar que me animó a integrarme definitivamente a la fiesta.

No sé cuánto duró, la imagen que se veía a través de la única ventana iba cambiando. Pasó del somnoliento crepúsculo a una magnífica y tranquila noche estrellada. Se escuchó, tímida y brevemente, lejanos aullidos, tenues aleteos y el ronroneo del viento. Las notas siguieron sonando, acompañadas de palmadas y zapateos, y, sin darme cuenta, llegó el alba para insuflarle vida al bosque. Con este ciclo natural, perdí la noción del tiempo y disfruté alucinado hasta que la música cesó.

Todos empezaron a dar muestras de cansancio y la necesidad de irse a dormir. Me invitaron muy amablemente a que compartiera catre con ellos, sin embargo, sentía la exigencia de volver a casa. A mi casa.

Abandoné la cabaña, llevándome sus afectos y bendiciones, y deambulé por el bosque, de nuevo sin rumbo, durante bastante tiempo. No sabía encontrar el camino de regreso, todo me parecía distinto, insólito, nuevo, desconocido. Terminé llegando a un lago en donde quise saciar mi sed y refrescarme de la somnolencia que me empezaba a embargar el cuerpo y el espíritu.

Bebí con fruición y me lavé la cara con la fresca y límpida agua, pero cuando miré la imagen reflejada en su superficie la sorpresa me abofeteó. Vi unos ojos rasgados y profundos sobre una nariz ancha y redonda. Una inmensa perilla me recubría la barbilla y mis puntiagudas orejas sobresalían de una densa y negra melena. Pero lo más sorprendente eran los dos cuernos que predominaban sobre mi frente.

Miré mi figura, contemplativamente, durante unos intensos y largos segundos, asimilando mi apariencia. Me observé desde distintos ángulos, evaluando lo que veía, y… ¡Me gustó!

Me incorporé para contemplar todo mi cuerpo y disfruté de mis patas cabrías. Las huellas con forma de pezuña, que iba dejando sobre la orilla del lago, me hicieron reír. Inicié una pequeña danza, terminando de aceptar mi imagen, saltando y girando, hasta que unas pequeñas risas me hicieron parar y ver a docenas de criaturas que salían, con timidez, de entre el follaje. Me observaban maravillados, aplaudiendo y mostrándome su aprobación.

Vagaba por el mundo buscando, sin saber que era a mí mismo a quién buscaba. Ahora ya sé dónde está mi sitio. ¡Aquí! ¡Este es mi HOGAR!

Este relato se corresponde con la propuesta para el VadeReto de este mes:
Crea un cuento a partir de la imagen de una cabaña solitaria en el interior de un bosque y destaca una palabra en MAYÚSCULAS.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de JPlenio en Pixabay

30 comentarios en “A la Búsqueda del Hogar

  1. Pingback: VadeReto (MARZO 2022).- | Acervo de Letras

  2. ¡Es que me lo temía, me lo temía, no se puede andar fisgoneando por la ventana de una cabaña solitaria, en el medio del bosque! Encima, te ofrecen una «sopita» y tú vas y te la tomas. ¡Y por partida doble! Pero ¿no has aprendido nada de los cuentos? Enanos, brujas, hadas, animales exorcizados… ¿Qué más tenías que ver para salir escopetado?
    ¡Menos mal que tienes un buen conformar! ¡Si hasta te gustan tus patitas cabrías! Pero ¿dónde has dejado tus piernas humanas?, ¡hombre de Dios! Noooo, si la barbita de la foto ya lo auguraba, algo extraño se estaba preparando.
    Bueno, dado que he agotado mis signos de exclamación y pregunta, quería acercarme a darte mi enhorabuena, primero por haber plasmado este cuento precioso que contaré a mis sobrinos ¡por supuesto! Y segundo por el nuevo look, que te ha dejado tan a gustito. Así que bienvenido a tu nuevo hogar. ¡Que lo disfrutes!
    Y ¡Felicitaciones! por el colofón al Acervo mensual! Un abrazote grandotote y saludos a las criaturas del bosque.

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    • 😂😂😂😂🤣🤣🤣🤣🤣🤣
      ¡Qué arte más grande tienes!
      ¿Sabes qué te digo? Tal y como tengo las rodillas, me cambiaba a patas cabreras pero ya mismito. Tú sabes lo que tiene que ser volver a correr y saltar como una loca, digo como una cabra. 🐏
      Y el ahorro en zapatos. 🤣🤣🤣
      Y si me vas conociendo, ya sabrás que por una buena y apetitosa comía me dan coba brujas, enanos y hasta la niña de la curva. 😜😝
      Uno tiene sus perdiciones. 🤷🏻‍♂️
      Sólo me va a salir un poco caro el gasto en peines. 😁😝
      Me encantó que te gustara y que le des a mi cuento un uso tan maravilloso como entretener a tus sobrinos. Ojalá les guste también. Ya me contarás.
      Gracias por tus palabras.
      Un abrazo 🤗😊👍🏼

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      • ¿Sabes qué te digo? Que cuando consigas las patas cabreras, vayas pidiendo otro par. Porque si jugamos una carrera, no sé quién desfallece antes. Eso de saltar como una cabra loca, me tienta muchísimo. Lo que no estoy tan segura es lo de los cuernos. ¡Tienen muy mala fama!
        Gracias a ti por hacerme reír. Un abrazo.

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  3. Me ha encantado José, me he trasladado absorta al relato y se me ha hecho muy ameno, es una lectura alegre y además con el mensaje de aceptación de lo q es en cada momento, en definitiva una filosofía de vida saludable, gracias por jugar tan bien con las letras del abecedario, besos

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    • ¡Ole, Ana!
      Me encanta que te haya gustado y que hayas visto ese mensaje de aceptación que intenté mostrar. En definitiva, esa integración con enanos, hados o faunos refleja nuestra propia diversidad y los problemas de sentirse diferente. 😉
      Gracias por tus palabras.
      Un abrazo 🤗😊👍🏼

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  4. Hola Jasc, que deleite de cuento nos has regalado. Desde el principio nos engancha, tiene su toque enigmático y bueno cuando el protagonista se está comiendo la sopa yo imaginé lo que venía pero lo imaginé más siniestro. Logras darle un cariz positivo a esta sorprendente transformación y al final el personaje encuentra su sitio en el mundo. Me ha encantado la forma de narrarlo, el mensaje y las escenas que con tus palabras pintas para nosotros. Un gusto leerte.

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    • Wuau ¡qué bonitas palabras! 🥰🥰🥰
      Muchas gracias, Ana.
      La verdad es que se pueden escribir historias más tétricas y tenebrosas, pero para eso ya está el telediario, ¿verdad? 😝
      O el mes de octubre, donde dejaremos que salgan nuestros instintos más estiphenkinianos. 😊
      El gusto es mío por conseguir que te haya gustado.
      Un abrazo, 🤗😊👍🏼

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  5. Pues sí, me ha trasladado a la historia esa forma que tienes de contar las cosas.
    Yo no tengo mucha imaginacion, me cuesta imaginarme lo que leo, pero con tu relato he visto toda la historia como si yo fuera el fauno, la fauna o la cabrita jajajja.
    Y ese final, inesperado, de encontrar un lugar en el mundo. Me encanta…
    Tienes mucho talento

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    • ¡¡¡Oooommmmgggg!!!
      Alsejo, tú por aquí. 😍😍😍😍😍
      Muchas gracias por tus peshioshas palabras. 😊🥰
      Que yo te haga imaginar cosas ya es un regalo. ¿Te ha sorprendido el final? Si sabes que yo soy mu animâ. 😅😂🤣 Y mu cabra también. 😝
      Gracias 😘😘😘😘

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  6. Ninguna/o me habéis formao la bulla, o reñido, por incumplir el reto.
    ¡¡¡Se me había olvidado la palabra en MAYÚSCULAS!!! 🤦🏻‍♂️
    Supongo que es porque todas/os habíais imaginado cuál era. 😅😂😝
    Mil perdones, me pondré unos minutos de cara a la paré. 😁
    Saludos 🤗😊👍🏻

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  7. Qué bueno, José. Disfruté de tu paseo y esa paz que transmite. Empecé a sospechar con ese caldito, no pintaba seguro, pero es cierto que el estómago manda y bueno el resultado es haberte puesto como una cabra 😂😂. En serio, ha sido fascinante leerte y el final con un proceso de aceptación que no de resignación.
    Me ha encantado. Un fuerte abrazo 😘😘

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    • Muchas gracias, Lola.
      Como una cabra suelo estar siempre, pero esta vez me gustó adecuarme el disfraz para no desentonar en el bosque. 😜😝
      Creo que ese mensaje es lo más importante, porque en la realidad todos somos criaturas diversas, aunque no tengamos pezuñas, rabo o cuernos, espero. 😅 Y la aceptación tiene que empezar por uno mismo, aunque luego los demás te lo pongan muy difícil.
      Andamos escasos de empatía y eso es imprescindible para la convivencia en sociedad. Tenemos mucho que aprender de las criaturas del bosque, sean o no mitológicas.
      Gracias por tus palabras, Lola.
      Abrazasho. 🤗😊👍🏼

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    • Buenas noches, Nuria.
      Pues ricitos tengo, pero más que de oro son de plata. Muchas canas ya. 😝
      He querido dejar en el misterio quienes o qué son los miembros de la cabaña. Y la anciana representa esa doble dualidad dulce y tenebrosa. Como la tenemos todos y, como en el relato de Isra, dejamos salir una u otra.
      Muchas gracias por tus comentarios.
      Un abrazo, 🤗😊👍🏼

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    • Hola, Rosa.
      Es lo que tiene ser cotilla. 😝
      Y como la comía le/me pierde, pues terminaremos siempre encantados (en los dos sentidos). 😂😂😂
      Me encantó que te gustara el relato. Muchas gracias por tus palabras.
      Abrazote. 🤗😊👍🏼

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  8. He recorrido los comentarios ya quepensaba que ya te había comentado y me encuentro en que no, no lo hice. Y al leerlos me doy cuenta que yo lo he interpretado diferente. Sí que al comerse la sopa pensé en algo maléfico. Pero luego al ver que se reconocía y se sentía feliz, pensé que era un ser errante que no se aceptaba y que buscaba su lugar y que al fin, lo había encontrado. Se había reconocido.
    En todo caso, me ha encantado el cuento. Mucho.
    Saludos

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    • Buenos días, Jose.
      La verdad es que hay de todo un poco. Ya sabes que me gusta dejar que la imaginación de cada uno le dé forma completa al relato.
      La realidad es que toda la fábula es una mera excusa para hablar de los diferentes, de los que se encuentran aislados y fuera de lugar en sus vidas. Ese final es una pizquita de esperanza de que se encuentren ellos mismos, tengan la apariencia que tengan.
      ¿La sopa? ¿No te has dado cuenta que en casi todos mis relatos sale algo de comida? 😅😂🤣
      El aspecto maléfico de la vieja, la sonrisa inocente de la angelita, la bullanguería de los enanos, el humanismo de los animales, todo puede ser interpretado según la apertura mental de cada uno. Así que tus dos teorías son válidas. 👌🏼
      Muchas gracias por comentar y por darme tus apreciaciones. Eso siempre le da sentido a la escritura.
      Un Abrazo 🤗😊👍🏼

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