VadeReto (Septiembre 2020)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.

Buenos días/tardes/noches sean…

No me tocó la lotería (no juego ni al chichimoni), no me dejaron quedarme en el hotel de las Seychelles (ni siquiera como botones o guía de pasillos) y algún despistado que pasó por estos lares, por equivocación de su GPS, me recordó que ya lucían telarañas. Así que, aquí estamos de nuevo con el VadeReto. Sé que lo habéis echado de menos, peroooo ¡¡¡se estaba tan a gustito tomando el solecito en la hamaca a la orillita del mar!!!

Espero que todos estéis bien de salud y que las condiciones de la “Nueva Normalidad” no os haga perder la cordura (aquel que la tuviera). Ojalá sigan intactas vuestras ilusiones escritoriles y vayamos saliendo, poquito a poquito, de esta peli mala seudo-apocalíptica en la que nos han metido..

Vais a encontrar algunos cambios en este rincón, no muchos, pero siempre es bueno lavarle la carita un poco al sitio. Nueva cabecera, nuevo logo para el VadeReto, nuevas iniciativas y ya no habrá sorteo. (Sorry, tengo que ahorrar para mascarillas).

¡¡¡Al tajo!!! (Que nada tiene que ver con el río.)

El primer Reto de esta nueva temporada es muy sencillo y no requiere de muchas explicaciones. Simplemente, os ofrezco tres fotografías:

Un niño/a pequeño/a se asuma a un risco, acompañado de su oso de peluche, para contemplar una enorme y hermosa luna llena. El cielo no está todavía negro. Una neblina de nubes blancas le dan marco a la luna en un cielo azul cobalto.
Imagen de Myriam Zilles en Pixabay.
Una escalera central aparece escoltada por dos escaleras mecánicas (se supone que una de subida y otra de bajada) . El ambiente es oscuro y la iluminación incide principalmente en la escalera no mecánica, dejando las otras dos en penumbra y ocultando todo el entorno.
Imagen de Okan Caliskan en Pixabay.
Un rayo de luz incide sobre un libro abierto, aproximadamente por el centro de sus páginas. El entorno es oscuro para resaltar la iluminación sobre el libro.
Foto de Nitin Arya en Pexels.

Con todas ellas tendréis que crear vuestra historia.

Podéis inventaros los personajes que queráis, usando el género que más os guste, pero las tres imágenes tienen que verse reflejadas en el relato . Aunque no de manera literal, ni en el orden expuesto.

¿La extensión? Ya no os pongo ni máximo ni mínimo. ¡La que queráis! ¡Sentíos libres!

Afilad vuestros lápices y sacadle punta a vuestra imaginación. ¡O al revés!

Feliz regreso de las vacas y a este vuestro VadeReto.

Mi participación:

MOONDREAMS

Sentada en la cama con los pies en el suelo, Selene pasea su mirada perdida por la habitación. Sus pies descalzos, se balancean rozando levemente el suelo. Intenta que el frío de las baldosas le transmita calma y serenidad. Es su manera de tomar contacto con la tierra. Aunque un par de pisos de distancia la separen de ella y en realidad solo esté pisando una pieza de mármol. Piensa en otro día más. Pero no en el día de la semana, ni siquiera del mes. Piensa en otro día más de la vida. Ese que comienza con la luz del sol y termina con la salida de la luna. Pero… ¿por qué no al revés?…

Continúa aquí:
https://jascnet.wordpress.com/2020/09/28/moondreams/

49 pensamientos en “VadeReto (Septiembre 2020)

  1. Facilito dices, pues con la primera imagen ya me veo buscando recuerdos olvidados de la infancia, a partes iguales por su lejanía y mi corta memoria. Con la segunda imagen sombría y casi siniestra si se me ocurre algo, así que mejor no se te ocurra subir por esas escaleras cuando con un cuchillo a tu sombra yo vaya siguiendo los pasos por detrás. Y con la tercera, ni fu ni fa, aunque ese libro abierto puede ser la fotografía más peligrosa de las tres.

    🥂🖐

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    • jajajaja
      No te compliques, JM. La primera puede ser, simplemente, quearse ensimismao mirando la luna, sentirse niño u hombre-lobo frente a ella, estar más perdío que un niño sin su peluche… No te tomes las imágenes literalmente. Échale salsa a la imaginación y sorpréndenos.
      La imagen siniestra de la escalera me gusta bastante aunque aceptaré tu consejo.
      ¿El libro abierto? Ahí has dao en el clavo. Es la foto que más peligro representa.

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      • Que discrepo. Un libro abierto es todo. Todo está en los libros. La más peligrosa es la escalera, con diferencia, per se et per accidens.
        Habrá que ponerse a ello… ¿tenemos un mes no? Porque creo que esto va a doler… 🤣🤣🤣
        Lo importante: rebienvenido, muchas gracias por todo y un gran abrazo!
        A JM también, solo faltaria!!

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          • Pues es improbable sí, aunque por debajo de una escalera mecánica tampoco tan fácil es😂😂
            Ahora que caído del cielo, dícese estantería, un libro si te puede dejar bien marcado y no, precisamente, por su lectura. En cuanto a una escalera mecánica que por encima te caiga resulta, más bien, poco frecuente 🤣🤣🤣

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        • Pues por eso digo que es lo más peligroso. TODO, lo bueno y lo malo, está en los libros, Isra. 😂😂😂
          Lo más peligroso de la escalera mecánica es cuando se va la luz y te coge a medias. O cuándo te metes en sentido contrario, que ma pasao. 🤦🏻‍♂️
          Para el relato, tener tenéis todo el tiempo del mundo, pero para que no se os acumule con lo demás, hasta que publique el siguiente. Espero que sea a primeros de octubre. Espero ansioso ese relato cruel y dolorido. 😉
          Abrazos y ashushones para todos, siempre.

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  2. Me pediste un relato Ská. Yo te dije que solo había escrito uno en toda mi vida. Aquí va el segundo. He hecho lo que he podido, de verdad, pero… de donde no hay… Bienhallado

    Y NANSY FUE UNA ESTADÍSTICA

    —¡No llames a mis padres! —suplica la adolescente llorosa, en el pequeño consultorio de la sala de urgencias del Clínico, donde Nansy retira la vía por la que le ha sido suministrada la dosis de tiamina para paliar la intoxicación etílica —¡Van a echarme de casa, no tengo dónde ir! ¡Te prometo que no lo haré más!

    La mira con indiferencia. Tras el caos, el agotamiento y la impotencia provocados por la reciente pandemia, ya no le conmueven los pequeños dramas de la gente que se autolesiona de forma inconsciente en aras de una diversión mal entendida.

    —Eres menor de edad. Es el procedimiento. Espera aquí —dijo tan solo, con expresión seca.

    Mientras cierra la puerta escucha los improperios de la chica gritando a voz en cuello.

    —¡Qué no los llames te digo! ¿Quién te has creído que eres, sudaca de mier…?

    Haciendo caso omiso continua a la recepción.

    —No hemos podido localizar a los padres —le comunica la celadora— ¿Ha venido con alguien? Si es así deja que se la lleven. Necesitamos el espacio. Total, va a volver, siempre vuelven. Ya nos encargaremos.

    Va a la sala de espera arrastrando los pies. Echa un vistazo a la estancia, ocupada por una pareja de ancianos cariacontecidos, ella lánguida en una silla de ruedas y él con aspecto cansado, sosteniendo su mano; un hombre que se sujeta la muñeca con cara de dolor; y un muchacho con el pelo rapado, botas militares y una cazadora bomber estirado indolente en tres sillas de plástico gris.

    Desde la irrupción del virus, la sala de Urgencias del Clínico está inusualmente vacía. El triaje divide a los posibles infectados de otras patologías, y sólo permiten acompañantes en caso estrictamente necesario. Lejos quedan los tiempos en que toda la parentela de una familia gitana acompañaba y esperaba a un enfermo hasta que se lo devolvían tras tratarlo.

    —Familiar de Vanesa Moreno —dice con voz impersonal y hastiada. Suerte que su turno finaliza de inmediato.

    El muchacho rapado se levanta de su improvisada litera y se acerca a Nansy. Le mira de arriba abajo impresionada por su imponente estatura, y por los trazos negros de un tatuaje que no llega a vislumbrar del todo, asomando por los puños de la cazadora.

    —Puedes pasar a recogerla. Consulta 4.

    No espera. El cansancio está haciendo mella en su cuerpo y a duras penas se sostiene en pie.

    Antes de entrar al vestuario, hace un alto en la sala de pediatría. Le gusta sentarse unos minutos, al final de su turno, a contemplar el póster de un niño que mira a la luna con su osito de peluche. Le recuerda a su pequeño Renzo, que ahora tendrá cuatro años. Ella y su marido, Nelson, habían decidido, al año de ser padres por cuarta vez y verse en dificultades para sacar a su familia adelante, que su título de auxiliar de enfermería les sería de utilidad en España. Tal vez les alcanzaría para pagar la costosa operación de rodilla del mayor, la hipoteca, y aliviar su día a día. Casi lo habían logrado.

    Un año más y podría regresar a casa, dejar atrás el cuartucho alquilado en Lavapiés, la soledad infinita, la añoranza de su tierra y su familia, la alienación de la vida en la gran ciudad, cuando solo trabajas y duermes, pues el coste del ocio es menos cantidad para enviar a la familia. Había tenido algunos conocidos, pero su constante negativa a compartir una noche de copas, unos cafés o un picnic en algún parque, terminaron por espaciar las invitaciones hasta que dejaron de llegar.

    Se pregunta si Renzo la reconocería, si miraría la luna pensando en mamá como ella lo hace mirando la luna de papel, sintiendo una congoja que se manifiesta físicamente como un pinchazo en el alma.

    Sale del Clínico al cabo del rato. Andando hasta el Intercambiador de Moncloa por la calle solitaria, le parece oír unos pasos contundentes que se acercan a ella con velocidad. Acelera. Posiblemente son solo transeúntes con el mismo destino, pero una inquietud indefinida se apodera de ella.

    Los pasos incrementan el ritmo a la vez que los suyos. El temor sube amargo desde la boca de su estómago a la garganta. Echa a correr, alcanzando los arcos frente al Ministerio del Aire. Los pasos corren tras ella. No quiere mirar atrás. Ya vislumbra el edificio acristalado del Intercambiador. Unos metros más…

    Alcanza la puerta sin aliento. Escucha el bombeo rápido de su corazón, como un tambor cuyo sonido in crescendo retumba en sus oídos. Ya ve las escaleras mecánicas que llevan al vestíbulo, donde se concentrarán los más madrugadores que van a su trabajo. Solo un poco más…

    Pone el pie en la escalera, el pánico y la adrenalina abandonando casi su cuerpo con un suspiro de alivio.

    Una mano en su hombro que la gira bruscamente, la coge por los brazos con fuerza, la zarandea y la empuja escaleras abajo. Mientras cae, piensa que esa cabeza rapada le resulta familiar. Escucha algo como «tú a mi novia no le buscas líos, india de los cojones». Pero no lo procesa. Apenas tiene tiempo de pensar en un niño con un oso mirando la luna por una ventana, antes que todo se vuelva negro.

    La gente del vestíbulo corre al pie de la escalera. Un hombre, mientras se agacha a socorrer a la mujer tendida en un charco de sangre que brota de su cabeza, ve pasar una pareja que mira con regocijo mientras él le dice a ella, que responde con esa risita tonta típica de adolescente enamorada «Una menos. A ver si se van todos a su país».

    Allá en Perú, Renzo ha despertado llorando. Siente como frío en la sangre. Su padre entra en el cuarto y le toma en sus brazos. Le consuela y vuelve a dejarle en su camita. Abre un libro y comienza a leerle un cuento que habla de retornos esperados, de vidas de ensueño, de amores eternos.

    En Madrid, “20minutos” informa que una mujer ha sufrido un aparatoso accidente en las instalaciones de la Red de Transporte Público. Al año se produce un porcentaje de accidentes similar a…

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    • Pilarica, Pilarica. Menos mal que no sabes escribir. 🤦‍♂️
      De dónde no había fue mi mare y sacó tres camisas, dos pantalones y siete calcetines, uno desparejo, por supuesto. 😅
      Como decía mi abuela, el primero en la frente por exigente.
      Has tocado un tema muy sensible para mí. La situación de los inmigrantes “pobres”, los que no meten goles, ni canastas, o llegan con yates y petrodólares a los puertos, los que se ponen un casco pa currá, se parten el espinazo para recoger el sembrao o una bata blanca pa paliar la miserable situación de la sanidad, como tu Nansy. No voy a extenderme aquí porque no creo que sea el lugar, pero duele.
      Creo que ya lo he dicho en alguna parte de este mismo blog, ¿sabes qué diferencia tiene para mí un relato bueno o malo? Lo que transmite.
      Solo será malo si me deja indiferente. El tuyo, por supuesto, no lo ha hecho. Todo lo contrario.
      Te felicito y, ya puesto, te invito pal siguiente VadeReto. Tus relatos me interesan mucho. Aunque me hagan llorá, puñetera. 😅
      Pilar Eremita, bienvenida a este rinconsito literario, que ya es el tuyo también.
      Besote, ashushón y codito-codazo. 😘😘😘

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      • Has conseguido lo que nadie. Hacerme escribir por escribir:D Eso créeme, es todo un hito. Igual repito… igual… Cosazo grande. Un ¿placer? No estoy muy segura jajaja. Y si, conozco muchas Nansys, muchas. Y merecen todo mi respeto y admiración.

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        • Pues no me tomo una cerveza porque es todavía mu temprano, pero brindo por hacerte escribir. Te advierto que el VadeReto es adictivo. El de octubre será muy… sensitivo. 😉
          Cualquiera que deje su tierra, su gente, su vida y sus ilusiones por irse a otro país desconocido. Sin certeza de lo que se va a encontrar. Sin esperanzas fiables y, a veces, con la incertidumbre de si podrán volver y lo que se encontrarán… Merecen nuestro respeto, admiración, comprensión, pero sobre todo la hospitalidad que siempre nos distinguió como país multicultural que somos.
          Pero el odio, la envidia y la manipulación de ciertos “indeseables” … me callo!!!

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  3. Pingback: VadeReto (Septiembre 2020) – jm vanjav hasta en 500 palabras+

  4. Bueno, para no perder tiempo ya he dado contenido a las tres fotos relacionándolas entre sí. Aquí va el primer párrafo:

    De mi infancia pocos recuerdos me quedan. Ha pasado tanto tiempo y mi memoria tan selectiva, seguramente por su escasez y a la vez por la saturación de tanta inútil información, solamente me trae algún destello de mi niñez. Si sé que en aquella lejana época era imaginativo, con cualquier cosa me entretenía. Mi amigo imaginario era Yoguin mi oso de peluche con el que mantenía conversaciones cada noche hasta que ambos nos dormíamos. Y por último mi fascinación por la luna, podía pasarme horas contemplándola cuando era redonda y plena, pero a escondidas para que nadie me viera y luego hiciera burla mía. Ya tenía la coletilla de bobalicón cada vez que me sorprendían distraído mirando sin ver; así que, absorto contemplando la luna, cuando menos me llamarían lunático.

    El resto a quien quiera ver como sigue la historia puede dar al enlace:
    https://jmvanjav.wordpress.com/2020/08/31/vadereto-septiembre-2020/

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    • Reto conseguido, JM.
      Y no me refiero solo a acoplar las imágenes dentro de la historia, sino también a dar vida a esas escaleras que tanto miedo te daban. La próxima vez que coja una de estas me va a dar un pellizco en el estómago.
      Un relato muy bien hilvanado con un giro final insospechado, aunque puede que hasta cierto punto, interesante para los amantes de los libros.
      No sé si existe el libro que “estabas leyendo” en la biblioteca, yo solo he encontrado una leyenda de Toledo que también da una jartá de miedo.
      Enhorabuena y muchísimas gracias por aceptar la invitación a la nueva temporada del VadeReto. Ya sabes que tienes una butaquita aquí reservada.
      Un abrazo.

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      • Gracias JA, lo de las imagenes insertadas es para darle más vistosidad. Sí, lo de las escaleras mecánicas que te acercan inexorablemente a una zona sombría, pude acojonar al mismo Batman.
        El título del libro es para darle el toque pero tampoco se te ocurra preguntar por él haber si te van a decir que lo tienen y cuando empieces a leerlo ya sabes el resto.
        Toledo de noche de por sí ya es algo angustiante.
        Gracias a ti por tu regreso y lo dicho, si no me despisto, puntualmente esa butaquita reservada cada mes yo ocuparé.
        🥂👍

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        • Pues ya lo había buscao. Curioso que es uno. Menos mal que parece que está… Descaralogado. 😉
          Toledo es una de mis visitas pendientes desde que leí “Lo que se perdió bajo el sofá” de Eloy Moreno. Pero creo que los viajes van a tener que estar hasta el 2025, lo menos. 😝
          A propósito, son cosas mías o te ha poseído el espíritu de Yoda? 😅

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          • Siempre te quedan los viajes virtuales que más baratos resultan. Y con una bebida en la mano, igual hasta más motivado, tú te sientes.
            Lo de escribir así será porque también hago un poco de poesía y le busco algo de ritmo a lo que digo. Eso, más mis limitaciones gramaticales, un poco de pedantería y con mi toque disléxico ya lo tienes.
            Así, con semejante mezcla JA, hablar como Yoda difícil no es.
            👽🖖

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  5. Pingback: VadeReto Septiembre 2020 en el blog de JascNet – Relato Desde El Redondal – Desde El Redondal

  6. Pingback: Leer seguro. VadeReto Septiembre 2020. N.N. – Día 172, 2 de septiembre – El Doblao del Arte. Punto y aparte.

    • Buenos día, María José.
      Modestia ninguna, tienes las puertas abiertas de par en par para que entres, mires, curiosees lo que quieras y, como has hecho, participes.

      Acabo de leer tu relato y es precioso.
      Como te he comentado en tu blog, me has retratado en esa niña amante de los libros. Son mi forma de viajar, explorar aventuras y, a veces, hasta de vivir. Lo has expresado de una forma tan dulce, sencilla y bonita que es un amor leerlo.

      Felicidades por tu primera aportación a este VadeReto.
      Espero que te siga interesando y compartas tus historias con este grupo de locos amantes de la escritura y los libros.
      Ya tienes una butaquita reservada, para cuando te apetezca venir y sentarte a leer un poco, junto a la mesita de los refrigerios, el balcón o la chimenea, según el tiempo. 😉

      Un abrazo. 😘

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      • Pues muchas gracias José Antonio, por abrir la puerta a tu VadeReto, por la butaquita y por los refrigerios y el acogimiento.
        Me alegra mucho que te haya gustado el relato. Solo decirte que alude a un niño. En realidad hago una mezcla de recuerdos míos propios, de mi hijo mayor y de mi padre.
        Encantada!!
        Haré lo posible por buscar un huequito al mes y participar porque me agrada la idea. La he conocido a través de JM Vanjav y no pude resistirme, jejeje.
        Un abrazo!!🤓👋

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  7. Hello Bro! Me paso por aquí para dejarte mi relato. Ya sabes que no soy de enrollarme mucho, pero espero que la extensión no sea impedimento para el disfrute jeje. Me lo has puesto difícil esta vez y he explorado terrenos desconocidos. Ahí voy:
    “Se escondió en el último pasillo de la biblioteca con el libro entre las manos. Las luces del techo zigzagueaban en un baile funesto, inmortalizando títulos olvidados y mandando otros al recuerdo de la penumbra. Se sentó en el suelo, apoyado contra una destartalada estantería, que gruñó temiendo ser derribada definitivamente. Paul echó un vistazo hacia arriba y temió que la montaña de libros que le quedaban encima pudiera caer sobre él. Pero, ¿cuándo había visto él tumbarse una estantería? En su corta existencia, había aprendido a leer muy pronto, los libros eran sus amigos. Igual que Henry, su osito, al que llevaba consigo en todas sus sesiones maratonianas hasta la biblioteca. Se acomodó en su puesto preferido de lectura y abrió aquel pesado tomo de aspecto desgastado.
    Volteó sus páginas buscando el siguiente cuento que leer y una luz mágica le iluminó el rostro, causándole una sonrisa. Algunos se hubieran asustado ante aquellos tímidos rayos que emitía el libro, sin embargo, Paul conocía ya el lenguaje secreto con el que se comunicaba aquel viejo tomo. Las palabras solo narraban cuentos de otros, las luces eran como caricias que no necesitaban decir nada. Comenzó a leer a trompicones, antes de que el sueño lo venciera y se quedara plácidamente dormido frente a la cálida luz que lo acunaba.”

    Si queréis seguir leyendo, pasaros por mi blog: https://dianabuitrago111.wixsite.com/saliralaluna/post/el-pr%C3%ADncipe-cobarde

    Un abrazo

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  8. Hola.
    Este es el primer mes que escribo en esta página un relato, y espero que no sea el último.
    Gracias por esta labor que nos permite poder realizar a todos los participantes, una de nuestras mayores pasiones, escribir.
    Aquí tenéis mi relato:

    El Oso y el Niño.

    Siempre era el último en salir del trabajo. La caja había que cuadrarla antes de marcharse a casa, y no quería que se quedasen ni Loli, ni Alberto. La primera era madre soltera con un hijo de apenas cuatro años y no le llegaba para pagar horas extras a la niñera, mientras que Alberto, cuidaba de su mujer convaleciente de una operación cuando su suegra se marchaba a su casa después de toda la tarde atendiendo a su hija.

    Por estos motivos, Alfonso no se turnaba con ellos para esas labores de la segunda planta del centro comercial “El Solao“, como sí hacían en el resto de plantas. Él se solidarizaba con sus compañeros, que ya bastante tenían con su vida fuera de aquel edificio, como para llegar tarde a sus hogares. A él no le esperaba nadie en el domicilio, excepto una desangelada nevera y unas fotos de pared de su desaparecida mujer; una joven fantástica que con tan solo treinta y cuatro años perdió la vida en aquel accidente de moto, cuando un ebrio conductor se saltó aquel semáforo de la Castellana y la lanzó varios metros por el asfalto con muerte en el acto.

    Alberto y Lourdes se conocieron en la guardería cuando él tenía tan solo cuatro años y ella tres, y de ahí fueron juntos al colegio y después al instituto. Aunque siempre se vieron como amigos, la universidad cambió sus planes cuando ambos se matricularon para estudiar periodismo. Aquellos sentimientos escondidos comenzaron a florecer, y después de siete años de noviazgo, se casaron. Quien les iba a decir a aquella feliz pareja de recién casados, que nueve años después, la parca les iba a distanciar… Hasta que la muerte os separe, como dijo aquel sacerdote.

    Pensaba en todo aquello mientras bajaba por las escaleras mecánicas dirección al parking del centro comercial. A mitad de trayecto, la escalera frenó en seco y las luces se apagaron.

    Parecía tratarse de un corte de luz, así que empezó a llamar con fuertes voces a Faustino, el vigilante de seguridad del turno de noche, pero nadie respondía a sus llamamientos, así que bajó a ciegas la escalera mecánica y se atrincheró en un rincón de la primera planta con la esperanza de que regresase la luz.

    Encendió la linterna de su smartphone, pero la luz era demasiado tenue como para guiarse hacia el aparcamiento, así que se sentó en el suelo, en un apartado rincón, descolgándose antes la mochila que llevaba al hombro. En su interior guardaba las llaves de casa, su cartera, además de un libro que siempre le acompañaba en sus viajes en metro.

    Esta vez cogió uno de su estantería que tenía bastante olvidado, y que realmente era un cuento infantil. Lo sacó lentamente de su mochila y con la tenue luz de su móvil-linterna, alumbró la portada en la cual se podía leer “El oso y el niño“.

    Era un breve relato que su madre, fallecida cuando él era un adolescente, le contaba antes de dormir cuando era pequeño.

    Su protagonista era un oso de peluche de nombre Máximo, el cual daba consejos a un niño en plena guerra civil, sobre como sobrellevar el día a día entre bombardeos y odios.

    No era un cuento muy dulce, pero sí repleto de moralejas.

    Alfonso abrió el libro por la primera página y una lágrima esporádica rodó por su mejilla.

    Preso del cansancio de horas trabando, fue cerrado los ojos inconscientemente y cuando rápidamente los abrió, se encontró en medio de una bella pradera iluminada únicamente por la luz de una enorme luna, y al fondo, observó a un pequeño oso de peluche dándole la espalda, el cual de giró velozmente al advertir la presencia de Alfonso.

    —Amigo mío —dijo el oso con una sonrisa en su artificial rostro—. Has tardado en volver a verme, pero me alegro que hayas decidido venir.

    Alfonso se quedó ojiplático, pero antes de que pudiese contestar, una niña se acercó corriendo a donde él se encontraba, frenándose en seco cuando se encontraba frente a él.

    Era ella, y de eso no había la menor duda. Tirabuzones castaños, sus características pecas alrededor de la nariz, y esos enormes ojos que le escrutaban en ese momento.

    —Ven, Alfonso, juguemos cerca del lago —dijo la niña.

    A continuación, cogió su mano y le llevó a orillas de un agua cristalina. Alfonso advirtió que no tenía que agachar la mirada cuando se dirigía a la niña, quedando ambos a la misma altura. Sus dudas se despejaron cuando vio su reflejo en el lago, cual espejo a sus pies, y no era un hombre lo que veía, sino un pequeño de tan solo ocho años agarrado de la mano de aquella niña.

    La pequeña también observaba el reflejo de ambos, y tras un intenso, pero breve silencio, arrancó a decir

    —Alfonso, quédate aquí conmigo para siempre. Seremos niños perpetuamente y nadie ni nada nos separará.

    El niño levantó su mirada y volviéndose hacia ella, contestó.

    —Esa fue de nuestras etapas más felices, Lourdes, donde vivíamos libres de preocupaciones. Pero esa etapa ya pasó.

    Lourdes esbozó esa sonrisa pícara que se le ponía cuando sabía algo que Alfonso desconocía.

    —Entonces Alfonso, si este tiempo pasó, ¿por qué no me dejas marchar?

    Aquel hombre convertido en niño enmudeció.

    En ese instante, Máximo el oso, se acercó lentamente y poniendo su brazo de peluche sobre su hombro, le dijo:

    —Lourdes está bien donde está. Ella ha vuelto a la etapa más feliz de su vida, a su niñez, donde prácticamente van todos después de esa palabra tan fea que usáis los humanos, la muerte. Pero tú sigues en lo que denomináis vida —hizo un alto para desviar su mirada hacia la niña—. Ella no pudo elegir su destino, pero hasta el momento, tú sí. Recordarla es bonito, pero no lo es tanto retenerla. Rompe esas cadenas y ambos seréis libres. El destino ya moverá sus fichas para juntaros de nuevo.

    Alfonso observó como aquella niña caminaba hacia un punto indeterminado mientas iba transformándose poco a poco y de espaldas, en la mujer que un borracho le arrebató en el asfalto.

    Entonces comprendió todo. Pensó en su comportamiento después de su muerte. Entendió aquellas discusiones con su padre cada vez que le llamaba para preguntarle cómo se encontraba, o aquella irritación que le causaba su sobrino de ocho años al que antes adoraba. También entendió sus jornadas maratonianas en el trabajo sin apenas descansar, junto con esa costumbre de evitar trato con compañeros en la cafetería del centro comercial, cuando hace meses era él el más sociable de todos ellos. Comprendió aquellas noches de insomnio y aquel sábado por la noche que terminó en urgencias por una sobredosis “accidental” de barbitúricos, como explicó al médico y a la enfermera.

    En ese instante, una fuerte sacudida en el hombro le apartó de aquellos pensamientos, y por un momento pensó que se trataba del oso, pero no, era Faustino, el vigilante de seguridad.

    —Alfonso, se ha quedado usted dormido. Hemos tenido un corte de luz, cada vez hay más por la zona, y eso que tenemos un buen sistema eléctrico.

    En ese instante, Alfonso recordó con claridad como había llegado hasta allí y se incorporó con ayuda de Faustino a quien agradeció que le avisase y las explicaciones que le había dado.

    Cuando ya se alejaba con su mochila al hombro y su libro en la mano, escuchó la voz del vigilante a su espalda.

    —Alfonso, cuando subía y le encontré dormido, no dejaba de susurrar entre sueños los nombres de Máximo y Lourdes, si me permite la indiscreción, ¿quiénes son?

    Alfonso se giró lentamente, y posando una mirada dulce en el libro que llevaba entre sus manos, respondió:

    —Ella es mi mujer, quien me está esperando pacientemente en un lugar tranquilo. El otro es un viejo amigo de la infancia quien me dio un consejo que no debo olvidar.

    Faustino tenía fama de curioso en la empresa, así que como era de esperar, formuló otra pregunta mientas se rasgaba la coronilla ya despoblada de pelo.

    —¿Le puesto preguntar por el consejo?

    Alfonso sonrió, imitando a Lourdes en aquel último sueño.

    —Vivir, Faustino. Que tengas buen turno. Buenas noches.

    En ese instante, pasó por la sección de juguetería ubicada en la primera planta, y observó un pequeño oso de peluche en una estantería cercana; miró a los lados para asegurarse que ninguna indiscreta mirada se posaba en él, y volviendo su vista al oso, le guiñó un ojo, para después susurrar

    —Gracias. Cuida mucho de ella, amigo.

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    • En primer lugar, bienvenido a este humilde rincón literario, eshryder.

      Y gracias por tus palabras. Esa ha sido siempre la intención del VadeReto, la oportunidad de reunirnos unos cuantos locos de la escritura y, jugando con las propuestas, regalarnos relatos e historias que nos permitan disfrutar durante unos minutos de fantásticos cuentos.

      No sé si seré yo u os habéis propuestos emocionarme con vuestros relatos.
      Cómo le he dicho a María José, para mí una historia es buena si me transmite algo y puedo asegurarte que la ternura, la sensibilidad y la sencillez de tu cuento me ha llegado muy adentro. (Creo que algo se me metió en los ojillos)

      Es una triste, pero preciosísima historia con una bellísima moraleja.
      No puedo estar más orgulloso por la forma en que, entre todos, hacéis enriquecer el VadeReto con vuestros relatos.

      Muchísimas gracias por tu aportación y, como tú mismo dices, ojalá que puedas pasarte por aquí cada mes para seguir regalándonos tus historias.
      Un abrazo.

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    • No hay problemas, eshryder.
      Se entendía perfectamente. De todas formas, me he permitido editarlo y colocarlos. Así como algunos errores mecanográficos. Espero que haya quedado perfecto. Si no es así, mándame el original por email, privado de tuiter, por dónde mejor te venga, y lo vuelvo a corregir.
      Saludos.
      (PD. Si tienes tuiter, pásame tu nick para ponerlo en la mención. Y si tienes blog, puedes escribir el relato en él y poner aquí solo el primer párrafo del texto y luego el enlace. Como más cómodo te sea.)

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      • Muchas gracias por añadir los guiones.
        Mi Twitter es @TweetHechicero.
        Me alegra mucho que te haya gustado y por supuesto que todos los meses me paso por aquí para dejar mi pequeña aportación.
        Lugares así en Internet, son maravillosos.
        Un saludo.

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  9. Pingback: Nefasta resurrección – Viviendo Entre Dos Mundos

  10. Hola a todos. Espero que os encontréis bien y que os estéis cuidando mucho.
    Me asomo para dejaros mi participación en el reto de este mes, ojalá la disfruteis.
    Un abrazo muy fuerte para cada uno.
    Nefasta resurrección

    El fantasma de la culpa acicateaba su dolorido corazón y sumía su mente en una tiniebla que lo engullía sin compasión. Los recuerdos volvían una y otra vez sin darle tregua.

    Se maldijo en voz queda mientras permanecía de pie con los ojos cerrados.

    La imagen de aquella escalera lo golpeó con tanta nitidez que le arrancó un jadeo. Sabía lo que venía a continuación: su pequeño Mario moviendo los brazos como si fuese un avión mientras caminaba de puntillas en el borde del escalón y gritaba entre risas para llamar su atención y él, maldito fuese por el resto de su existencia, seguía al pie de la escalera discutiendo por teléfono con aquel idiota de Marco que nunca se sentía satisfecho y nunca tenía tiempo para dedicarles mientras él miraba por el rabillo del ojo.
    El resto lo podéis leer en el siguiente enlace:
    https://viviendoentredosmundos.wordpress.com/2020/09/13/nefasta-resurreccion/

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    • Maravilloso, Lehna.
      Nunca dejas indiferente con tus escritos.
      Parecía que me iba a jartá de llorá con la defunción del mocoso y has terminado haciendo que mire a los niños con recelo y mieditis.
      No se te da mal el terror, jejeje.
      Enhorabuena por el relato y muchísimas gracias por continuar regalándonos tus historias para el VadeReto.
      Besote y manita en el pecho (que ahora dicen que es malo el codito-codazo).
      Un abrazo.

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      • Querido Jose:
        Me alegra muchísimo si te ha gustado el relato y que honor lo que me dices sobre el género porque me parece de los más difíciles de narrar.
        Gracias por la oportunidad que nos brindas con tu reto, eres parte de mis promotores inspiracionales.
        Me encanta participar aquí, que lo sepas.
        Abrazos y axuxones verbales, ya sabes, por aquello de que hay que cuidarse.

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  11. Bueno, un poco tarde.
    Pero dejo por aquí mi participación:

    Juan estaba leyendo, como tantos días, recostado en la vieja butaca que había heredado de su padre, quien a su vez, la había heredado del suyo. Estaba vagando entre mundos, como solía decir, para escapar de una realidad que le resultaba desagradable, la mayor parte del tiempo.

    Estuvo leyendo durante largo rato, no sabría decir cuánto.

    Entonces su mujer, le dijo que fuese a comprar algo para la cena.

    Así que perezoso, se levantó y fue hacia el supermercado, ya había anochecido, la Luna brillaba, llena en el cielo.

    En un balcón cercano, un niño la miraba como embobado, abrazado a su peluche, su madre lo llamaba desde el interior, pero él no parecía escucharla, como si solo existiese, aquella visión del cielo.

    Llegó al centro comercial y subió por las escaleras mecánicas, el trayecto, se le hizo eterno, tenía la sensación de que cada vez estaba más lejos de llegar arriba, que la escalera subía y subía como si fuese a llegar hasta el cielo, pero finalmente llegó a su destino.

    Tras ello, empezó a recorrer los pasillos en busca de algo de cenar, pero no encontraba más que artículos de limpieza, ropas, electrodomésticos. Qué raro, la sección de comida siempre había estado allí. ¿Se habría perdido? No podía ser.

    Vago sin rumbo por lo que le pareció un laberinto de pasillos, hasta que finalmente encontró la sección de alimentación, había mucha más variedad de lo que recordaba, algunos alimentos tenían un aspecto de lo más exótico y no recordaba haberlos visto antes allí, ni en ninguna otra parte.

    Cogió un par de cervezas, unos huevos y una bolsa de patatas y se dirigió hacia la caja, depósito los artículos sobre la cinta transportadora y se llevo la mano a la cartera, solo que no llevaba cartera, de hecho, horrorizado comprobó, que ni siquiera llevaba pantalones.

    Soltó un grito y notó como el libro se le deslizaba sobre la amplia barriga, había sido todo un sueño, se había quedado dormido. “Ahora que lo pienso, ni siquiera tengo esposa”. Recordó.
    Y siguió con la lectura.

    WattPad: Una Aventura en el Supermercado.

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  12. Muy bueno, Mario.
    El poder de los libros y la maravillosa forma de vivir otras vidas. Aunque a veces, te cueste salir en pelotas al super. XDD
    Muchas gracias por participar en el VadeReto y seguir regalándonos tus historias.
    Un abrazo.

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  13. Pingback: Moondreams | Acervo de Letras

    • Preciosa fábula, Virtu.
      Has llegao a lo justo, porque ya te estaba poniendo falta. 😅
      ¿Cómo te voy a echá a los leones? ¿Quieres que me pongan una denuncia los de la protectora de felinos con melena? ¿Se han hecho veganos? 😊😂
      Tus historias siempre tienen algo muy especial. Sobre todo nos retrotraen a aquellos años que parecen estar demasiado lejos, pero que mantenemos en el recuerdo por lo felices que éramos siendo niños.
      Felicidades por el relato y muchísimas gracias por seguir compartiendo tus historias en nuestro VadeReto.
      Un bezote

      Le gusta a 1 persona

      • Voy contrarreloj por ti y por Jessica pero es que no me gusta nada de lo que escribo y soy demasiado crítica conmigo. 👎👎
        Pero tus palabras me han sacado la sonrisa. Muchas gracias. 😘😘😘
        Soy mi peor enemigo.🤦‍♀️

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        • Lo somos, Virtu, lo somos.
          Nos exigimos demasiado, pero esa es la forma de hacer algo diferente y con lo que estemos conformes y nos guste.
          El detalle está en saber cuando plantarnos. Es difícil, claro, pero forma parte del camino.
          Tú no desfallezcas en él y disfruta luego con los resultados. 😉
          Vamoadahle!!! 💪🏼💪🏼💪🏼

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