El Circo de la Bruma

Montaje realizado para la entrada.
Sobre un fondo de noche estrellada, se ve la carpa de un circo difuminado tras la bruma.
Una chica, con ojos luminosos, sostiene su preciosa cara entre sus manos (a la derecha). Lleva maquillados, tímidamente, ojos y labios como un clown.
Las líneas discontinuas de una carretera se simulan a la izquierda, teniendo como destino una luna llena, también difuminada.
Montaje realizado a partir de las imágenes de Antranias, Victoria_Borodinova, Duncan Miller, FelixMittermeier, (Pixabay)

Dentro solo se percibe soledad, cansancio, apatía, tristeza. Fuera, la oscuridad lo oprime y, esa infinita línea blanca que va saltando de forma constante, hipnotizándolo, le invita a dar una cabezada. Mantener los ojos abiertos es una batalla insufrible. De nuevo una noche de kilómetros de carretera. De nuevo una noche que se aleja de su familia. De nuevo una noche que falta a la promesa más importante de su vida. La promesa que les hizo a sus hijos.

«Es una reunión importantísima y no puedes faltar a ella», le había dicho su jefe y él, fiel esclavo de la empresa e ingenuo aspirante a un ascenso, se había despedido de su familia y se había vuelto a embarcar en un viaje de negocios hacia el otro confín del estado.

Esta vez ha sido el Halloween. Les había prometido a sus hijos acompañarlos en sus batidas de trato o truco. Pero igual que había pasado en los anteriores, y en otras fiestas, una llamada de teléfono había dado al traste con su promesa. No podía seguir así. Su trabajo era importante. Era el sustento de su familia y la oportunidad de aspirar a una vida más tranquila y cómoda, pero se estaba jugando algo mucho más primordial, el amor de sus hijos y la paciencia de su mujer.

Tan embargado estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta que una espesa niebla se había hecho dueña de la noche. Los faros del coche se reflejaban en esa cortina que le impedía ver con claridad a menos de un par de metros.

Creyendo divisar algo entre la bruma, frena bruscamente. Pone las luces de emergencia y baja la ventanilla. Intenta divisar algo, pero es casi imposible ver nada. Decide bajarse del coche aún a riesgo de ser atropellado. De pronto, unas siluetas apenas se hacen visibles. Con el titilar de los intermitentes se muestran como pequeñas figuras con andares ridículos. No los puede contar, pero está seguro que son muchos y empiezan a rodearle. Cuando uno de ellos se expone a los faros puede ver que es un enano. ¡No! No está seguro. Es un ser pequeño, que parece humano, pero está deforme y desfigurado. Se asemeja a los gnomos de los cuentos que lee su hija. Le tiende una mano y, ante su sorpresa, no tiene miedo. Se la coge y se adentra con él en la niebla. Los demás los envuelven y acompañan en una comitiva tenebrosa.

Sin darse cuenta, se están adentrando en el bosque al que cercenaba la carretera. Extrañas luces parecen señalarle el camino. Se detiene y las mira fijamente, al pasar cerca de ellas, viendo con asombro que son pequeñísimos seres luminiscentes que se mantienen en el aire con sus pequeñas alas. ¿Hadas? Debe haberse quedado dormido y está soñando. Un pinchazo en el trasero le hace continuar andando y pensar que duele demasiado para estar en un sueño.

De vez en cuando, ve unos extraños carteles que se hacen visibles de forma tenue y desaparecen rápidamente.

¿BUSCAS DIVERSIÓN?

¿QUIERES VIVIR EXPERIENCIAS FANTÁSTICAS?

¿TE GUSTARÍA PERTENECER A LA TROUPE MÁS INCREÍBLE NUNCA IMAGINADA?

Y finalmente, antes de salir a un inmenso claro del bosque, las hadas rodean un último cartel consiguiendo iluminarlo plenamente:

EL CIRCO DE LA BRUMA

Se queda embobado ante la belleza del anuncio, pero un nuevo empujón lo hace salir del bosque y contemplar una impresionante carpa llena de colores y un ensordecedor encanto.

La niebla sigue presente, no deja ver claramente nada, pero lo poco que atisba le hace estremecer. Una gran cantidad de figuras han ido apareciendo entre la bruma: Un perro que no ladra, ruge, porque su cabeza es claramente la de un león; una bella dama, vestida de gasas, que tiene grandísimos ojos de búho y manos y cola de rata; un caballo con cuernos de rinoceronte y orejas de elefante; un viejo, con chistera y bastón, del tamaño de una rata; un águila de dos metros de altura con cabeza de serpiente; un avestruz con dos cabezas humanas que no paran de parlotear…

Sin dejar de andar, se va adentrando en el pasillo que le van dejando y que le lleva ante una figura majestuosa que parece esperarle a la puerta del circo. Es una mujer de una belleza asombrosa. Sus ojos centellean con los colores del ópalo. Su mirada le hace olvidar el pavor y lo fascina. Su tez es exquisita y acaramelada. Su figura sinusoidal y sugerente.

—¡Bienvenido seas, desconocido! —Su voz es aterciopelada, dulce y susurrante.

Con el movimiento de las manos lo invita a entrar en la carpa. Su cuerpo se mueve involuntariamente y se adentra en un mundo, tan fantástico, lleno de magia y fantasía, que le hace dudar entre el sueño y la locura. Lo que ve es indescriptible, portentoso, deslumbrante, narcótico. Como un zootropo, las incesante secuencia de imágenes giran vertiginosas a su alrededor. Irrumpen en su cabeza y es incapaz de discernir la alienación que lo está invadiendo. Sin embargo, se siente feliz, reposado, cautivado por tanta belleza.

Ella le escolta y él percibe que van de la mano. Su calidez le genera una seguridad y una complacencia como hacía mucho que no sentía. Quizás, desde que era un niño y se refugiaba entre los brazos de su madre. Cuando la mira, su mente se queda en blanco y solo puede sonreír y seguir disfrutando de la alucinación que le embarga.

No sabe cuánto tiempo ha transcurrido, ni es capaz de reseñar todo lo que ha visto. Se encuentra de nuevo fuera de la carpa y todos, arracimados a su alrededor, parecen esperar algo.

La mujer está frente a él. Le coge las dos manos y le está hablando. Tarda unos segundos en poder volver a la realidad y prestarle atención.

—¡Tienes que elegir! —le está diciendo.

—¿Cómo? —contesta confundido—. No entiendo…

—Tienes que decidir si te quedas con nosotros o te vas. Has de hacer tu propia elección.

Su delicada voz y sus resplandecientes ojos lo tienen totalmente hechizado.

—Has podido vivir lo que significa pertenecer a nuestra familia. Sin embargo, solo tú puedes decidir si quieres formar parte de ella.

Por un instante, se siente aturdido. ¿Familia? ¿Pertenencia? ¡Él tiene la suya! Duda. ¿La tiene?

Inconscientemente, se mete la mano en el bolsillo buscando su pañuelo. Ha comenzado a sudar y temblar. Al sacarlo, su cartera cae al suelo. Abierta de par en par, muestra las fotos de sus hijos, sonrientes, bellos, inocentes. ¿Familia? Se repite a sí mismo. Vuelve a mirar a la mujer y también a todos los que lo rodean. Ya no ve figuras bellas, caras sonrientes, gestos amables.

—¡¡¡NOOO!!! —grita descontrolado y sale corriendo de nuevo hacia el bosque.

En una vorágine de emociones sigue desbocado y no se detiene hasta que sus temblorosas piernas y su punzante corazón lo obligan implacables. Sigue en medio de la niebla y no ve absolutamente nada a su alrededor. Está perdido, abandonado en medio de esa espesura. ¡No! En realidad está perdido en su propia vida.

Unas extrañas luces estroboscópicas llaman su atención. No tiene nada que perder porque cree haberlo perdido todo ya. Se dirige hacia ellas y comienza a escuchar unos murmullos.

—¡Ey! ¡Aquí está!

Unas manos lo cogen de los brazos, lo sacan del bosque y lo devuelven a la carretera. Varios vehículos están detenidos en ella.

—Parece desorientado y estaba deambulando por el bosque —exclama otra voz.

—¡Vamos! Tienes una herida en la frente y pareces conmocionado —le requiere otra.

Aturdido, ve como las luces se corresponden con un coche de policía y una ambulancia. Lo llevan hacia esta última. En un atisbo de lucidez, consigue ver su coche. Está empotrado contra un árbol.

—¡Te ha tocado la lotería del Halloween, amigo! —le susurra la voz amiga—. Ha sido tu día de suerte y parece que te han dado otra oportunidad.

—¿Otra oportunidad? —balbucea.

—¡Desde luego! ¡Menudo airbag debe tener tu coche, amigo! No sé cómo has podido salir de él y alejarte andando.

Cuando mira a los ojos del hombre, cree ver el destello del ópalo.

— El destino te invita a seguir viviendo. Con un poco de suerte, en unas horas estarás en tu casa y podrás disfrutar del Halloween con tu familia —le susurra.

La cara del médico se difumina porque las lágrimas se convierten en turbias cortinas.

Mientras lo acomodan en la camilla y, antes de que cierren la puerta, cree ver siluetas difusas, pequeñas y deformes en la niebla, que le dicen adiós.

La ambulancia arranca y solo piensa en una cosa.

¡Otra Oportunidad! ¡La Oportunidad de cambiar su vida!

Microrrelato publicado en el Reto Literario “Desafío Literario especial Halloween
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Crea una historia a partir de los datos del reto.

Sorteo VadeReto, Primer Cuatrimestre 2020

Hola amigos.

Terminada una nueva etapa en la propuesta literaria de este blog, nuestro VadeReto. Ha sido un cuatrimestre de mucha participación con excelentes, ingeniosos y fantásticos relatos. No puedo más que daros las gracias por vuestras historias y, como era lo prometido, aquí os traigo el sorteo del libro dedicado.

Este es el listado, por orden de participación, de los integrantes en cada uno de los VadeReto del cuatrimestre:

Por ello, con las condiciones establecidas en las bases, mínimo de dos participaciones, estos son los integrantes en dicho sorteo. Por orden alfabético:

Armonía Hache (@ArmoniaHache)
Diana Buitrago (@DianaBBuitrago)
Galaxi Gomel (@GalaxiGomel)
Israel (El Destrio)
Jessica Galera (@Jess_YK82)
JM Vanjav (@jm_vanjav)
Lehna Valduciel (@Halenita_)
Lídia Castro (@lidiacastro79)
MarioBG (@GodricVampire)
Natalia (@readingdeworld)
Virtudes Torres (Vitolosa)

Aquí tenéis una captura del resultado:

Y… la afortunada ha sido…

Diana Buitrago (@DianaBBuitrago)

Enhorabuena, Diana. Ahora solo tienes que elegir tu libro en papel, dedicado por su autor. Este es el enlace actualizado:

Libros para el Sorteo.

Muchísimas Felicidades, Dragona, que lo disfrutes.

VadeReto (Abril 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches tengáis…

Puede que sean Malos Tiempos para la Lírica, como decía Golpes Bajos. Quizás sea al contrario y debamos dejar salir nuestros sentimientos escribiendo. Son momentos jodidos y debemos enfrentarlos juntos uniendo nuestras fuerzas, aunque algunos sigan remando en sentido contrario. Desde aquí siempre he intentando poner una nota de humor y diversión para aislarnos del maremagnum exterior. Por eso, en el VadeReto de este mes se me ha ocurrido algo especial que espero os guste. Ojalá sirva para aliviar tensiones y alegraros el día.

El siguiente audio es de una muy buena amiga, mejor escritora y grandísima persona. Espero que os inspire a escribir algo. En caso contrario, simplemente, escuchadlo y dejad que os contagie. Seguro que os saca algo más que una sonrisa. Solo tenéis que pulsar sobre la imagen siguiente:

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Enlace Alternativo del Audio

Este es el único requisito de este mes. Dejaos llevar por el audio y escribid.

Ya sabéis, la extensión mínima es de 100 palabras y podéis extenderos lo que vuestra creatividad, imaginación y espíritu literario necesite.

Ojalá este momento pase, mucho antes de lo previsible, y podamos seguir disfrutando de nuestras vidas en unión de nuestra gente. Sin confinamiento ni restricciones. Ojalá también esto nos pueda servir de aprendizaje. Está siendo un impresionante paréntesis en nuestras vidas. Necesitamos cambiar nuestros malos hábitos y aprender a convivir con educación, alegría y optimismo. También la naturaleza necesita de nuestro atención. Debemos respetar nuestro entorno y cuidar más nuestro planeta. Es el único que tenemos. Al menos, de momento.

Ánimo, fortaleza y esperanza. Entre todos podremos conseguirlo. Y, por supuesto, NUNCA dejéis de escribir. Es el viento que impulsa nuestra imaginación y nos hace ser más libres.

Dos jóvenes saltan de alegría en la orilla de una playa. Solo se ve sus siluetas, teniendo como fondo una puesta de sol, donde ya se ha escondido el astro.
La imagen es una típica fotografía a contraluz donde las siluetas toman el protagonismo en el centro.
Imagen de Moni Mckein en Pixabay

P.D. Cuarta y última oportunidad para participar en el VadeReto del primer cuatrimestre del 2020. La lista de libros disponibles la podéis consultar en el siguiente enlace:

Sorteo VadeReto

Esperanza tras la Tempestad

Inmersos en una tormenta inesperada. Nuestros corazones se afligen angustiosos. El futuro es incierto y las emociones acongojan. Sin embargo, siempre hay una luz que muestra el camino de la esperanza. Es el momento de creer en nosotros mismos y mostrar la fortaleza que dudamos tener. Juntos lo conseguiremos.

Microrrelato publicado en el Reto “Emociones en 50 Palabras
de Sadire Lleire (@SLleire)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido propuesto, pero con tan solo 50 palabras.
Este mes, también se propone que la historia tenga lugar durante una tormenta o el inicio de esta.

Este micro ha sido considerado como merecedor del Certificado de Excelencia del reto de este mes:

Galardón otorgado por Sadire Lleire como "Certificado de Excelencia" para este mes de marzo de 2020.

Muchas Gracias, Sadire. 😍😍😍

La Sabiduría de la Naturaleza

La tristeza los mantuvo ocultos mientras la raza dominante exterminaba sin contemplaciones. Abandonaron su entorno, con asco e ira, y se escondieron a la espera. Cuando los destructores se tuvieron que encerrar por miedo a un enemigo mucho más pequeño, más insignificante, pero más implacable, más temible, la naturaleza les devolvió la alegría y, como una bandada de flechas que atraviesan sin permiso, tomaron posesión de la tierra. Las llamadas bestias y fieras volvieron a dominar el mundo y la naturaleza no se sorprendió. Sabía que estas cuidarían mejor de ella, porque su apariencia era sombría, pero sus corazones límpidos.

Microrrelato para el Reto Literario “Escribir Jugando
de Lídia Castro (@lidiacastro79)
Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
En tu creación debe aparecer la imagen del dado: una flecha/un carcaj
Reto opcional: Que aparezca una de las seis emociones básicas:
sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza o ira.

Este micro ha sido galardonado con la mención especial del Optimvs mensi.

Muchas Gracias, Lídia. 😍😍😍

Sorteo VadeReto Especial, Ganador

Realizado el sorteo correspondiente al VadeReto Especial

Estos son los participantes:

Sadire Lleire
Lehna Valduciel
Israel
Jessica Galera
JM Vanjav
Natalia Readingdeworld
GodricVampire

Captura realizada en la página Sortea2. En ella aparecen todos los participantes y el ganador del mismo.

Como se puede ver, el afortunado ha sido:

JM Vanjav

Enhorabuena, JM. Has resultado ganador de un Cuaderno Encantado, realizado por Inés Poveda (@InesPoveda). Además de un libro en papel, dedicado por su autora, cuyas publicaciones puedes consultar en los siguientes enlaces:

En breve, te pondré en contacto con ambas autoras para concretar los detalles.

Felicidades y espero que los disfrutes.

El Reflejo de mi Alma

Imagen de Ryan McGuire (pixabay)

Cada vez que me miras me interrogas, con esos ojos tan incisivos y acusadores. Me ofreces tu sonrisa y, sin embargo, me huelo la trampa. ¡Qué tramas maldito embustero! Cierro los ojos, pero sigo viendo tu inquisitivo rostro. Todos los días te interrogo, pero jamás me respondes. Solo sirves para recordarme mi fútil y vana existencia en el tiempo. Me das miedo. Sé que es imposible dejar de mirarte, pero algún día…

Microrrelato publicado en el Reto “5 Líneas” de Adella Brac (@adellabrac)

Este reto consiste en escribir, cada mes, un microrrelato en 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas: (Tramas, jamás y trampa.)

Batalla por la Supervivencia de la Especie

29 de febrero de 3469, 15 horas 35 minutos 18 segundos y 20 milisegundos.
Eso, según el año solar.

Soy demasiado vieja para pelear, pero cuando la necesidad obliga, los años no son más que excusas de una mente realmente decrépita. Hace ya varios meses que luchamos por no sucumbir a la invasión. Éramos un pueblo pacífico, laborioso y tranquilo. Solo nos alterábamos por disputas familiares, sin mayor problema que terminar tomándonos unos refrescantes néctares de zarramo para dirimir nuestras diferencias. Ahora, con ineficaces armas en las manos, batallamos para no caer esclavizadas o perecer en la lucha.

—Capitana, la munición que abía, ya no la ay —me espeta una de mis soldados más elocuentes. El día no hace sino mejorar.

—Tranquila, sargenta. Mientras haya coraje habrá esperanzas. No podemos hundirnos con el primer problema que nos reviente en la cara.

—¿Problema primero, señora? Los víveres son fenecidos, para lavarse agua no ay y el enemigo, con su ostil ostigamiento, está ya tan cerca que… —Por la diosa D’Ondesten, qué difícil es entender a esta zagala.

—¡Soldado!, ¿has venido a informar o a conseguir que me ponga a llorar?

—Lo siento señora. Es que tiempo ace que no comemos. Desde el tiempo en que se podía pasear sin que el tiempo se te hiciera eterno buscando en poco tiempo un sitio seguro dónde no te cogieran sin tiempo a esconderte y te mataran con poco tiempo para… —Por los cuernos de Ordandará que no va a hacer falta una bomba para que me estalle la cabeza.

—¡¡¡Basta!!! Comida no habrá, pero la lengua la tienes tan larga que se podría alimentar con ella a todo el pueblo.

—Perdón, señora, por los nervios me aflijo. ¿Cuál las órdenes son?

—¡Agua, ajo y resina. Yo no he inventado esta guerra!

—Esto… tampoco de eso tenemos, señora.

— No eres más trancasordio porque naciste un martes, si lo llegas a hacer un domingo le dan un premio a tu madre. ¡¡¡Aguantarse, a joderse y resignarse!!! Monstrenca. Vuelve al pelotón y que nadie se entere de que tenemos menos perspectivas de supervivencia que una de tus neuronas en un vendaval.

—Sus órdenes mi Capitona —Esto lo ha dicho con mucha guasa y sarcasmo.

Ha salido corriendo a un pelo de que la deje calva de un guantazo. Me juego mis plumas a que no tarda ni un plis plas en contárselo todo a la tropa. ¿Tropa? ¡Qué ingenua soy! La última vez que las conté no llegaban a diez inocentes piezas de este triste e insignificante ejército.

5 de abril de 3472, 18 horas 0 minutos 0 segundos y 0 milisegundos.

Hemos recibido el impacto de otra bomba temporal. A este paso no llego a cotizar para la jubilación. Todos los relojes del bosque marcan la misma hora, de forma exacta y elocuente. Esto no puede significar nada bueno. ¿Tendré intacta la bilocación?

—Mi capitana, otro problema a abido. —Aquí no le da tiempo a una ni para tener incertidumbre.

—¿Qué pasa ahora Lenguaraz Smarty? —De aquí a unos minutos me sangran todas las orejas.

—Otras dos elementales muertas an sido. Una de vieja y la otra tras engullir un zimbordio de color castrulia. —¿Y no podía haber caído la bomba justito en toda la mollera de la sargenta? Está claro, las diosas nos han abandonado.

—¿Cuántas quedamos, sargenta?

—¿Contándonos yo, usted y la diosa? Pues… —Sí, está contando con los dedos—. Semos cinco y media.

—¡¿Media?!

—Xasto, mi señora capitana. A Dorothy, la última bomba quedarse le a echo sin dos de sus brazos, una pierna, tres orejas y…

—Vale, vale… deja los detalles para el informe de la ambulancia. No le digas nada al resto de elementos, pero creo que de esta no nos salva ya ni un milagro de la Diosa Shastá. Reúne a toda la tropa que les voy a decir unas palabras.

—En realidad, señora, detrás nostra justo están. —La madre que la parió podría haberse dedicado a laborar en lugar de a reproducirse.

—Chicas —les digo mientras intento mantener la compostura y la voz firme y autoritaria. Necesitan aliento y brío. No es el momento de sembrar el pánico. Aunque viendo sus caras, yo diría que no tengo que disimular—. ¡¡¡Ha llegado el momento que todas estábamos esperando. Afilemos nuestras garras, calentemos todas nuestras piernas, brazos y colas, y salgamos a luchar sin miedo a la muerte. La Diosa Veniconmi nos espera con sus treinta y dos extremidades abiertas!!!

Dicho esto, desenvaino mis uñas telescópicas, preparo mis cabezas de repuesto y me pongo a gritar como una Ullottan, mientras lidero a lo que queda de mi tropa. Bueno, eso espero. Aunque prefiero no mirar hacia atrás y ver que no me sigue nadie.

—¡¡¡NO ME COGERÉIS VIVA, REPUGNANTES HUMANOS!!!


Relato publicado en el Reto Literario “Reto de Lubra: Tiempo” de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Datos del Reto:
Crea un relato inspirado en la imagen y que cumpla con los tres Designios de Lubra que tienes que escoger y que, en consonancia, estarán relacionados con esa temática.

Condiciones:
# Primera frase de tu relato: “Soy demasiado viejo/a”
# Menciona el día, la hora, el mes y el año en el que te encuentras (lo más preciso posible).
# El Reloj Negro:
– Escribe la palabra “tiempo” cinco veces en tres líneas, demuestra tus dotes literarias.
– A lo largo del reto has de utilizar estas tres palabras: ZARRAMO,  CASTRULIA y TRANCASORDIO.
– Zámpate tres “H” en palabras que la lleven.

VadeReto (Marzo 2020)

Logo del VadeReto correspondiente al mes en curso.
Las letras de "Va de Retro", bañadas en oro, se sitúan sobre un libro abierto de color amarillo, con páginas vacías. La segunda "r" de Retro simula caerse para dejar el verdadero nombre del reto.
El libro reposa sobre un marco circular plateado, con relieves de laureles triunfales.
En la parte de abajo, dentro de un rectángulo gris, y en color rojo, aparece el mes y el año, de forma abreviada..

Buenos días/tardes/noches sean…

Dado que el VadeReto del mes pasado os sugirió a casi todos el género terrorífico, este mes he querido ofreceros la oportunidad de desarrollar una visión más insólita y humorística para vuestras historias.

Todas las noticias, cuyas capturas se muestran a continuación, son totalmente reales, aunque no lo parezcan. Al menos, de esta forma han sido publicadas en periódicos de tirada internacional. El mundo es así de sorprendente y los humanos más estrambóticos todavía.

CREMAN A UN HOMBRE POR ERROR EN EEUU Y LE OFRECEN A SU FAMILIA DISCULPAS Y CENIZAS.
La equivocación se produjo porque el técnico responsable de la cremación no comprobó el número de identificación del cuerpo.
30-oct-2016
MULTAN A UN COCHE QUE IBA SUBIDO EN UNA GRÚA POR EXCESO DE VELOCIDAD.
El servicio Catalán de Tráfico aseguró a la propietaria que la multa fue notificada a ella porque la grúa tenía una matrícula andorrana.
19-ene-2015
UNA FUGITIVA PIDE QUE CAMBIEN SU FOTO DE "SE BUSCA" POR OTRA EN QUE SALE MEJOR.
La joven escapó el 19 de agosto de una comisaría cerca de Sidney, Australia. "Podéis usar esta foto, por favor y gracias", escribió al mandar a la Policía una foto en la que salía más favorecida.
30-ago-2016
UN HOMBRE  BAJO LOS EFECTOS DEL LSD SALVA AL PERRO DE LOS VECINOS DE UN INCENDIO IMAGINARIO.
Un neoyorquino de 43 años acabó arrestado por allanamiento de morada, aunque sus intenciones eran buenas y su comportamiento fue heróico... dentro de su alucinación.
18-oct-2016
Duke, un perro de raza Gran Perineo, ha ganado las eleccione a la alcaldía en Cormorant, en Minnesotta. El resulado de las elecciones han dado como claro vencedor al animal por tercera vez consecutiva.
Lo mandatos en el pueblo duran un año.
24-ago-2016
LA POLICÍA RECIBIÓ UN AVISO DE "DISPUTA DOMÉSTICA" Y AL LLEGAR DESCUBRIÓ A UN HOMBRE, SOLO, GRITÁNDOLE A UNA ARAÑA.
El hombre contra la araña. Episodio I.
La policía australiana recibió el pasado fin de semana múltiples llamadas que reportaban una disputa doméstica violenta en un domicilio al norte de Sydney (Australia), al llegar al lugar de los hechos encontraron a un hombre, solo, con un bote de spray en la mano.
26-nov-2015

La propuesta de este mes consiste en elegir una de las noticias anteriores y a partir de ella elaborar una historia para vuestro relato. Podéis modificar algunos detalles y los personajes, pero no debe cambiarse la esencia de la noticia.

Ya sabéis, la extensión mínima es de 100 palabras, pero podéis desparramaros todo lo que vuestra creatividad necesite.

¡Que paren las rotativas! ¡Que engrasen las máquinas! Os vais a convertir en periodistas de los antiguos y vais a sacarle todo el jugo a las noticias. Escudriñad en los detalles y mancharos las manos de tinta.

P.D. Como ya he comentado en redes, el sorteo VadeReto pasa a ser cuatrimestral. Así que este se corresponde con el tercer reto para poder participar en el primer cuatrimestre del 2020. La lista de libros disponibles la podéis consultar en el siguiente enlace:

Sorteo VadeReto

Mi Relato para el VadeReto:

La Gesta de un Héroe Alucinante

Estaba siendo un día de mierda y la tarde amenazaba con seguir por el mismo camino. Sentado en uno de los bancos del parque, mientras contemplaba cómo las nubes formaban preciosas y curiosas imágenes, mi primo Perrishi llega como un tsunami e interrumpe impunemente mis elucubraciones…

Aquí tenéis el relato completo

Una Mascarada Menoscabada

La música sonaba atronadora. Violines, violas, cuchelos, piano… intentaban sobrevolar el murmullo y sobrevivir a los gritos de la multitud. Mendelssohn, Brahms, Tchaikovsky, Haendel… ningún clásico se salvaba de rivalizar con las sonoras carcajadas de arlequines, piratas, hadas, animales antropomorfos, montruosas criaturas, sarcolopendras… Todos danzaban, saltaban, corrían y se divertían en el gran salón del castillo de Zima. Como cada año, nadie quería perderse la tradicional Fiesta de Máscaras del conde Leznable. No era el mejor anfitrión que se podría desear para una agradable celebración, pero la comida y la bebida era gratis y este día todo el mundo tenía acceso al castillo. Solo había dos condiciones: ir disfrazado y no estar en la lista de negra del condado. Lo primero fue fácil, mi disfraz de Fred Astaire, el más experto bailarín de todos los tiempos, destacaba entre todos los asistentes. Lo segundo, más fácil todavía. Era la primera vez que pisaba el condado. Solo tuve que hacerme pasar por un vecino difunto. Estaba perfectamente de salud, pero tuvo la desgracia de tener mis mismas características físicas. Ya no tendrá que pagarle impuestos al conde.

Imagen de Sophia Hilmar en Pixabay

Tenía una misión muy clara, aunque imprecisa. Asesinar al jefe de la policía. El muy inepto se había propuesto acabar con la mafia local y la mafia local no estaba muy dispuesta a facilitarle el trabajo. Además, tenían todo el dinero que pudieran necesitar y que mejor forma de emplearlo que contratando al mejor asesino a sueldo del planeta. Bon, Anselmo Estrabón. Para servirles a ustedes. Si tienen dinero para pagarme, por supuesto.

Todo parecía sencillo hasta que conseguí entrar en el castillo y comprobé que hasta los agentes de seguridad iban disfrazados. Teniendo en cuenta que era un sujeto de mediana estatura, rechoncho, patizambo y de edad madura, solo se parecía a la inmensa mayoría de los ricachones del pueblo. ¿Qué iba a hacer? ¿Arrancarles la máscara uno a uno? Preguntarle al oído, ¿es usted el jefe de la policía? No, tenía una forma más sutil de resolver el problema. Gracias a mis grandes dotes detectivescas, había conseguido descubrir la forma en la que se reconocían los agentes encubiertos de la ciudad. Usaban consignas rimadas. Sí, era una forma muy peliculera, pero, por lo visto, tenían hasta un club de poesía montado. No sería yo el que criticara su afición literaria. Así, solo tendría que acercarme a mi objetivo y cantarle la primera parte de la contraseña. Aquel que me contestara adecuadamente se ahorraría esa noche quitarse la purpurina de la cara.

Con mi elegante frac negro, mis botines relucientes, un filardelo corinto y una máscara que me tapaba media cara, me adentré en el salón principal. Empecé a andar, contoneándome, como lo haría el célebre bailarín y, cuándo solo había avanzado unos metros, alguien me llamó:

—¡Eh, tú! El estirado. ¿Qué haces sin bandeja?

Me giré sorprendido, sin entender nada, y me encontré con un armario empotrado de cuatro puertas que también vestía frac y pajarita. Idéntico al mío.

—¿Qué coño haces deambulando por la fiesta como si fueras un invitado?

—Y… ¿Usted es…? —le dije intentando no partirle la boca delante de toda la gente. Mi misión era más importante que mi orgullo.

—¡Dios, otro empanado! ¡El maître, imbécil! El responsable de que no te paguen ni los gastos como no andes rápido para la cocina y te pongas a servir copas!

¿Servir copas? ¿Me había cargado a un camarero para entrar en el castillo? Bueno, no era mal asunto. De esa forma, pasaría todavía más desapercibido y tendría excusas para acercarme a los invitados sin parecer un acosador. Salí titubeante del salón buscando la cocina.

—Por ahí no, ¡atontao! Gira a la izquierda y al final de pasillo. Cada vez mandan a becarios más tontos. —El menda era un tipo grande y fuerte, pero su amabilidad me sugería que podría no llegar al final de la fiesta.

Seguí diligente la indicación del ropero andante y me infiltré en la cocina. Allí faltó poco para que me metieran una bandeja por la boca. Todo el mundo parecía estresado. Unos corrían entre los fogones, gritando, dando órdenes. Otros entraban y salían con platos inmensos llenos de camandreos de todos los colores y otras deliciosas y apetitosas viandas. Alguien me puso una bandeja en las manos, otro empezó a llenarlas con copas de cristal y, un tercero, las colmó de un líquido amarillento, dorado y burbujeante, que supuse era champagne. A duras penas pude salir con ella de la cocina sin que tuvieran que comprar una cristalería nueva.

Con una mano debajo y otra aguantando el borde de la bandeja, penetré de nuevo en el salón. Nada más verme, seis invitados sedientos se lanzaron como depredadores sobre las copas. Intenté mantener el equilibrio, pero el peso de la batea, los arreones de los ansiosos borrachos y mi torpe habilidad como camarero, hicieron que empezara a trastabillar hacia el centro del salón. La gente me dejó espacio y me vi solo, en medio de la pista, mientras todos formaban un corro a mi alrededor. Empecé a emular un patético ballet, cómo si realmente fuera el danzarín actor del que iba disfrazado. Daba vueltas inverosímiles, evitando in extremis que el champagne alimentara la grandísima alfombra. Los asistentes se empeñaban en corear cada uno de mis movimientos. Gritaban jocosos ¡Uuuyyy! y bramaban sarcásticos vítores del tipo: ¡Que le den un par de aros y una pelota! ¡Que le pongan unos patines! ¡Que lo vistan con un tutú!

Mientras, con guasa y sorna, la orquesta había empezado a interpretar Entry of the Gladiators. Yo intentaba recomponer mi prodigioso estilo de baile, cuando una señora de edad indeterminada se abalanzó hacia mí. Sus torpes andares e irregulares hechuras parecían demostrar que estaba muy cercana del doble cero. Se envalentonó y quiso convertirse en mi pareja de baile. Me agarró por la cintura, desde la espalda, y juraría que intentó meterme mano. Sería vieja, pero tenía una fuerza increíble. En el segundo bandazo que me hizo dar, terminó por romper la belleza de la danza. Di un traspié y los dos salimos desequilibrados y a trompicones hacia el gentío. Todos se atropellaron intentando apartarse y haciéndonos un pasillo. Vi como, inexorablemente, nos encaminábamos hacia una gigantesca fuente de carne en salsa, que en ese momento entraba en el salón, portada por cuatro camareros. Perdí de vista la bandeja. Sonaron cristales, gritos, insultos… Por el rabillo del ojo vi llegar al aparador con frac que era el maître. No lo dudé ni un instante. Aproveché que la mitad de los invitados estaba en el suelo, haciendo break dance y patinaje artístico, y me escabullí de la forma más sigilosa y rápida posible. Afortunadamente, no había perdido la máscara. No paré hasta que encontré los aseos y me escondí en uno de los reservados. Allí, logré recuperar la respiración y reordenar mi estratégico plan, ahora ligeramente descompuesto gracias a la nonagenaria Ginger Rogers.

Estaba empezando a pensar que este trabajo se me estaba yendo de las manos, cuando la suerte se dignó a sonreírme. Dos personas entraron en el cuarto de baño con una conversación frenética.

—Búscame a ese engendro del demonio y sírvemelo al punto y sin guarnición —masculló entre dientes el hambriento visitante. Por lo visto el castillo también ocultaba incidentes paranormales.

—Enseguida pongo a los hombres en su búsqueda, Jefe. —¿Jefe? ¿El destino me regalaba a mi víctima en bandeja? Bueno, dada mi habilidad con ella, mejor que sea en una cesta con asas.

—Hazlo con total discreción. No quiero que el conde nos despelleje vivos, aunque después del numerito de ese inútil vestido de camarero, miedo me da el finiquito. —Seguía masticando cada palabra que decía. Por lo visto no le gustó mi coreografía.

—Sin problemas, Jefe. Nadie se dará cuenta ni de que existimos.

Dicho esto, el sonido de la puerta indicó que el subalterno se había marchado del aseo. Era mi oportunidad de terminar el trabajo y largarme de aquel maldito castillo. Busqué en mi fajín interior, mi mochila encubierta, el “Shemicida del Silencio”. Así lo llamaba yo. Era ideal para acallar sujetos deseosos de despedirse del trajín diario. Abrí la puerta del reservado muy lentamente, enrollé cada extremo del cable en una mano y salí dispuesto a culminar mi trabajo.

El destino era un cachondo. Delante de mí, mirándose al espejo con cara de bulldog amargado estaba el armario-ropero. Contemplaba mi reflejo con ojos desorbitados. Solo tenía dos opciones: terminar lo que había empezado o desaparecer como si fuera Houdini. Como lo segundo no lo había practicado convenientemente, me decidí por atacarle.

Sin esperar a que reaccionara me encaramé a su espalda y le pasé el cable por el cuello. Aquel tío tenía más pescuezo que un buey de Aquitania. A duras penas podría cruzar el hilo para estrangularlo. El gigantón se irguió y empezó a sacudirse como un chucho mojado. De nuevo inicié un estrambótico baile con pareja singular. El armatoste quiso enseñarme todos los rincones de los servicios, sobre todo las paredes. Tengo suerte de ser canijo, liviano y moverme con rapidez. De esa forma, pude librarme de terminar empotrado en los azulejos cada vez que los embestía con su espalda. Parecía la coleta de Beyoncé.

Poco a poco, con esfuerzo y perseverancia, conseguí que el cable rodeara todo su cuello, pero ni por esas. La próxima vez me busco un lazo de cáñamo de dos metros. No sé si por efecto de mi mortífera arma o porque le estaba faltando el resuello por el bailoteo, el titán parecía decaer en sus embestidas. En la única oportunidad que tuve, apoyé mis pies sobre uno de los lavabos y lo lancé contra el váter que estaba enfrente. La maniobra resultó y terminamos entrando en él. Bueno, sería más correcto decir que él terminó con la cabeza dentro del váter y yo encima pateándolo para que no se levantara. Aproveché y pulsé la cisterna varias veces. Si no moría estrangulado lo haría ahogado. Al fin, dejó de agitarse. Lo asfixió el agua o algo que había ya en el inodoro. A duras penas tuve tiempo de descansar. Cuando acababa de guardar el cable de nuevo en su habitáculo secreto escuché una voz a mis espaldas.

—¡Uy! ¿Qué le ha pasado al maître? ¿Está indispuesto?

Me giré y por poco me dio un infarto. Detrás de mí estaba Batman. Su aspecto enclenque y penoso me hizo suspirar y recordar que estaba en una fiesta de disfraces. Al final la fortuna no era tan cabrona conmigo. El superhéroe de imitación china tenía mis mismas hechuras. No perderé el tiempo contando como lo noqueé, en realidad, tan solo hizo falta un puñetazo, pero ya tenía un nuevo disfraz. Mirándome en el espejo no pude desdeñar que me quedaba muchísimo mejor que al tipo que yacía en el suelo.

Cuando llegué de nuevo al salón, no había indicios de mi maravilloso espectáculo vodevil. Tendría que contactar con este servicio de limpieza para mis fiestas veraniegas. La gente seguía bailando, bebiendo y comiendo. Como dijo aquel ilustre emperador: «Mientras haya viandas no habrá malas propagandas». ¿O quizás fue un político? En fin, el escenario estaba dispuesto para que Batman hiciera su triunfal entrada.

Por ventura, nadie se fijó en mí y pude otear el ambiente en busca de mi objetivo. Como dije antes, en este condado se alimentaban bien. Era más difícil encontrar a un canijo que a un camarero con la bandeja llena. Evidentemente, los evité como a la lepra. Ya había tenido suficiente amistad con el servicio por una noche. Me acerqué al primer gordinflón que tenía cerca, disfrazado de papagayo, e improvisé un santo y seña rimado. Sutilmente, le susurré al oído:

Cuando el sol despierta,
el pájaro se inquieta.
Es el momento de volar,
para pareja encontrar.

El interpelado se giró sorpresivo y me dijo con retintín:

—¡Oyoyoyyy! Pues con esas hechuras no vas a encontrar ni a una golondrina ebria, precioso.

Dudaba que esa fuera la respuesta correcta, pero, ante su sinuoso contoneo, decidí hacer una huida elegante. Dejé al guacamayo saludando con una mano y me dispuse a seguir buscando.

Ante mí apareció un gorila. Se golpeaba el pecho como si estuviera en una película de Tarzán.

—Yo serrr monada —me dijo, imitando a un indio sioux con acento teutón. ¿Estaría dándome la contraseña?

—Si quieres, te invito a una limonada —le rimé de forma cantarina.

El tipo se separó dos pasos y me miró de arriba abajo y de abajo arriba. Con la cabeza metida en aquel grandísimo melón simiesco, no sabía si se estaba riendo, llorando o le estaba dando un ataque epiléptico. Estaba claro que lo mío no era la poesía.

Después de varias tentativas más sin ningún éxito. Me propuse hacer uso de mi portentosa psicología detectivesca. Busqué al más rollizo de los comensales. Era un arquetipo muy socorrido, pero suele ser el modelo más fidedigno de jefe. Lo divisé sin dificultad a lo lejos, evidente, y… ¿no podía ser tan simple? Iba vestido del policía que siempre persigue a Charlot. Otra cosa no, pero original, tampoco. Estaba bailando sin gusto y con varias chicas orbitando a su alrededor. Estaba claro que no aceptaría de buen grado que me interpusiera como satélite. Después de pensarlo, se me ocurrió hacer uso de mi disfraz. Me envalentoné y me acerqué simulando algo de embriaguez.

—¡Hostia puta! ¿Pero qué haces tú aquí, pingu? —Para los neófitos en temas superheróicos, el pingüino es uno de los enemigos más antiguos e irritantes de Batman.

La bola vestida de uniforme no pareció entender el chiste y su cara mostraba todo menos amabilidad.

—¿Qué estás diciendo, imbécil? —En esa fiesta, mi persona no había sentido aprecio en ningún momento—. Voy de policía, no de pingüino. —Intenté redirigir la broma para ver si conseguía llevarlo a mi terreno.

—Jajaja Ya lo sé, hombre. Era una broma entre colegas. ¡Ya sabes! —Le guiñé un ojo. Luego me di cuenta que llevaba máscara—. El Pingüino, el enemigo de Batman. Tú… yo… unas birras. Revivir aventuras…

—¿Tú… Batman? Más bien pareces un murciélago borracho con capa. —Su carcajada y el comparativo hirió mis sentimientos, pero lo que más me enervó fue el tonito y su dedo señalándome. Me estaba cabreando bastante su actitud de superioridad y eso me dio otra idea.

—¡Qué gracioso! Pues tú pareces… el hermano gordo de Pavarotti, pero después de haberse comido tres vacas. —Dio resultado. Escupió el champán que había intentado beber y miró a las chicas que, a su vez, lo observaban atónitas. No lo hice dudar. Le saqué la lengua y empecé a correr.

Aquello era demasiado cómico. El policía de películas mudas persiguiendo a un Batman escuálido y paticorto. La gente, por supuesto, se apartó y nos dejó el camino libre para la persecución. Los cabrones de la orquesta no perdieron la ocasión y empezaron a interpretar Yakety Sax. Tenía que llevármelo a algún sitio discreto dónde cargármelo. El problema iba a ser conseguir que me siguiera persiguiendo sin que antes reventara por falta de oxígeno.

Seguía corriendo, pero, de vez en cuando, me volvía y le hacía algún gesto ordinario con mis manos. Entonces, el poli reanudaba la persecución rebotando por los pasillos como una bola de pinball. En algún momento, incluso, cuando parecía que iba a abandonar definitivamente la caza, le mostré mis posaderas. Aquello me estaba divirtiendo una barbaridad.

Batman corriendo, figura de Lego.
Imagen de gregstepien75 en Pixabay

Como suele pasar en estos casos, la comicidad se me fue de las manos y no me di cuenta que estaba saliendo a los jardines del castillo. Allí me esperaban un Thor, con un martillo de goma flácida; un Ironman, con el faro de una bicicleta pegado en el pecho; un Spiderman, que sería imposible de aguantar con telas de arañas, aunque fueran de acero; y otro con un abrigo marrón, una pasada negra en la frente y un palo de fregona en las manos. ¿De qué coño iba disfrazado este tío? Estaba claro que en el condado eran unos frikis del copón, pero los disfraces los traían los chinos.

—¡Aquí no queremos gentuza de la D.C.! —me soltó el tío de la fregona. ¿Decé? ¿Se refería al grupo de rock? ¿O sería el acrónimo de Dementes y Criminales?

—¡Vamos a convertirte en ratita pisada, murciélago canijo! —me gritó el tío con complejo de bicicleta.

—¡Te voy a abrir la cabeza! —dijo de forma original el nota del martillo.

El falso spiderman no dijo nada, creo que se estaba asfixiando dentro del traje de lycra cuatro tallas más pequeño que su oronda barriga.

Los cuatro intentaban rodearme para algún juego que no me estaba empezando a gustar. En esas, llegó el pingüino al jardín. Farfullaba y tenía la cara más roja que la capa de Superman. ¡Leche! ¿Me estaría volviendo friki yo también?

Todos se le quedaron mirando y se olvidaron de mí. Empezaron a llegar más invitados de la fiesta que habían sido atraídos por mi espectacular actuación. Al fin, uno de ellos, exclamó gritando:

—¡Le está dando un infarto!

Acto seguido, el pingüino puso los ojos en blanco, rodó por el suelo, como una peonza, y terminó cayendo muerto. Bueno, no era precisamente el plan que había urdido, pero me venía de maravillas. Objetivo eliminado. Trabajo limpio, discreto y efectivo.

Unos gritaban pidiendo un médico, otros una ambulancia, alguno al doctor Estaño. ¿Qué extraño? Y la gente del servicio gritaba ¡¡¡El condeeee!!! Lo estarían reclamando para que decidiera a quién había que llamar. No me apetecía nada encontrarme con él, así que, decidí que era el momento idóneo para que Batman desapareciera de la escena. Además, necesitaba quitarme ya la lycra y la máscara. Me estaban dando unas ganas tremendas de liarme a ostias con el que se cruzara en mi camino.

Al día siguiente, decidí tomarme la jubilación por anticipado y darme unas maravillosas vacaciones en alguna isla paradisíaca del Caribe. De esas que están más perdidas que una cacerola en el IKEA. Lo habría hecho de sumo gusto de forma voluntaria, pero las noticias que venían en el periódico del condado me impelieron a adelantar los trámites.

La Gaceta del Condado
EL CONDADO SE VISTE DE LUTO POR LA TREMENDA PÉRDIDA
Durante la tradicional Fiesta de Máscaras, que se celebra todos los años en el castillo de Zima, ocurrió un desgraciado accidente. El conde Leznable III, el presuntuoso, falleció de un ataque al corazón. El señor del castillo fue incapaz de soportar la extensa carrera a la que le retó un tipo disfrazado de Batman, que se empeñaba en llamarlo pingüino. En la foto se le ve rodeado de superhéroes. El jefe de la Policía del Condado, German Teca, manifestó a este medio: «A mí no me engañan. Esto es una sucia maniobra de la mafia local para evitar que los empapele. Esta semana tendrán noticias muy jugosas». Les tendremos informados.

NOTA.- Palabras inventadas para el reto:
cuchelos, sarcolopendras, filardelo, camandreos, shemicida


Relato publicado en el Reto Literario “Reto de Lubra: Baile de Máscaras” de Jessica Galera (@Jess_YK82)

Datos del Reto:
Infíltrate en el castillo de Zima, durante la Fiesta de Máscaras, para cumplir una misión. Describe el escenario y los personajes y explica tu objetivo.

Condiciones:
# Alguien cree que eres un sirviente de la mansión. Quizás puedas aprovechar eso o quizás te traiga algún quebradero de cabeza.
# Te ves obligado(a) a recitar un poema: 4 líneas con rima.
La Máscara Negra:
# Durante la fiesta, deberás caerte de forma ridícula.

# Haz aparecer cinco palabras que no existan, inventadas por ti.