Reunión de Almas Pernosas

James Morgan III andaba a trompicones entre charcos y barro. Sus pasos le guiaban hacia un impresionante circo que acampaba en los terrenos colindantes al muelle.

—Aguanta un poco, Legina, que llegamos tarde —suplicó sin acortar las zancadas.

— No pugglg… estgglg… cansgglg… —le respondió esta mientras se tragaba sus palabras.

Con una casaca roja, una camisa blanca con encajes y pantalones negros, Morgan se había vestido de gala para su reunión. El día lo merecía. Un tricornio negro con encajes dorados y una inmensa pluma de pavo real coronaba su extensa y voluminosa melena. Y una barba, también blanca, que le llegaba hasta el pecho, le daba el toque final a una impostura nobiliaria. Sin embargo, solo llevaba puesta su larga bota negra de cuero en su pierna derecha. El otro pie calzaba un simple mocasín.

Aunque intentaba moverse lo más rápido que podía, iba dando cojetadas, con más hechuras de mono de feria que de capitán de barco. Parecía que su pierna izquierda quisiera ir en sentido contrario a su avance. Un par de veces, se impulsó tanto con ella que dio un giro de 360 grados creyéndose una bailarina del Bolshói, pero, como no lo era, estuvo a punto de caer cuan largo era en el pastoso barro.

Fotografía de Claudio Kirner en Pixabay.

Cuando consiguió dominar sus andares se adentró en una de las carpas del circo y se dirigió hacia una de las jaulas que se exponían en ella. Dentro, en el centro de esa cárcel y sentada sobre una silla, se adormilaba una mujer. Vestía una larga falda con volantes de espectaculares colores que se ceñía a su cintura y una camisa blanca que resaltaba sus curvas.

—Ya estoy aquí mi amor —la espabiló el hombre desde los barrotes. Ella levantó la cabeza, lo miró y le sonrío—. Cada vez son más difíciles nuestros encuentros.

—Pero tú siempre haces lo imposible para reunirnos —le respondió la mujer ampliando más su sonrisa.

—Ya sabes que mientras haya puerto cerca y mi barco no sea tragado por el Kraken, vendré a nuestro encuentro sin demora.

La mujer se levantó, se acercó al pirata y se elevó lo suficiente la falda para dejar ver su pierna izquierda. Esta era mucho más robusta que la otra y estaba totalmente llena de un espeso, largo y blanco vello. El hombre, a su vez, aguantándose como pudo a los barrotes, se descalzó y se subió la pernera izquierda del pantalón. Su pierna, al contrario que la de la mujer, era sedosa, delgada y totalmente depilada. Encararon sus piernas y estas, al verse frente a frente, comenzaron a emitir grititos de alegría. Mientras sus dedos se entrelazaban, ellos acercaron sus labios ardientes y se dieron un profundo beso.

—No desesperes, cariño, encontraré a esa maldita bruja y te juro, por las barbas de Morgan I, el colérico, que la obligaré a recomponernos.

Y, mientras se fundían en otro intenso beso, la pierna del pirata le decía a la de la mujer:

Con lo bien que estaba yo en ese cuerpo y ahora huelo como un Camembert de doscientos años.

Ambas rieron escandalosamente la chanza y siguieron parloteando y contándose sus curiosas vivencias desde el último encuentro.

Relato escrito para el reto Va de Reto de este mismo blog.

Esta es la propuesta de este mes:

– Personaje: Un Pirata cojo con una pierna que tiene vida propia.
– Escenario: Un circo itinerante en donde se exhiben monstruos venidos de los más increíbles lugares.
– Incluye la frase: “Con lo bien que estaba yo…”