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Docente, devoralibros y creador de historias. Tal vez no llegue a ninguna parte, pero como lo importante es disfrutar del camino, ¡pues ahí estamos!

VadeReto (Junio 2021)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.
Nota.- En esta ocasión he modificado el fondo para que parezca una superficie acuosa. Como si el logo estuviera flotando en una piscina.

Buenos días/tardes/noches sean…

Dicen los entendíos que el veranito empieza con el Solsticio de Verano y acaba con el Equinoccio de Otoño. También que empieza el 21 de junio y termina el 22 de septiembre, eso siempre que hablemos del hemisferio norte, si se trata del hemisferio sur hay que pegarle una vuelta.

En realidad, para cada uno, el verano llega cuando puede empezar a disfrutar del buen tiempo; ponerse ropa corta y fresquita; ir a la playa, si le coge cerca; y sobre todo, tomarse unas bien merecidas y deseadas vacaciones.

En mi tierra, bendito paraíso, cuando llegan estas fechas, los colores inundan el entorno y nos embriagan con su belleza. El amarillo que crea días límpidos y luminosos, pero también amenaza con quemarnos si no somos precavidos; el azul del espléndido cielo que se nubea con sutiles motas blancas y grises; el verde azulado del mar que nos rodea y nos baña de sal; el naranja matizado de sutiles tonalidades rojas, amarillas, violetas… que pinta las impresionantes puestas de sol, como las de La Caleta

Por eso, para este y futuros VadeReto se me ha ocurrido jugar con los colores. No solo con su interpretación pictórica. La belleza de sus tonalidades, sus connotaciones positivas y negativas, la representación simbólica, las referencias sociales, religiosas o políticas. Todos los colores encierran muchos significados, tantos como historias puedes imaginar con ellos.

Pues ahí vamos…

Este mes tenéis que escribir un relato basado en el AZUL.

Para ayudaros en la inspiración tenéis el enlace precedente y este sobre El Significado del Color Azul. También os muestro varias fotografías, pero tampoco tenéis que tomarla como foco de vuestras historias, o sí. Lo que os apetezca.

Una niña, rubia, despeinada y de ojos azul intenso. Su expresión es de duda o meditación.
Imagen de Pezibear en pixabay.
Una rosa azul intenso, entre índigo y cobalto, sobre un fondo también azul, más claro y con diversas tonalidades, pero desenfocado.
Imagen de GLady en pixabay.
Una medusa solitaria nada hacia la superficie del mar. La imagen está vista desde abajo y se ve como el sol crea una ventana de luz en la superficie.
Imagen de Free-Photos en pixabay.

Dicho esto, azulejaos de añiles, índigos, cobaltos, garzos, zarcos, celestes, turquesas, marinas, cerúleos, lapislázulis, azures…

¡Cuéntanos algo que nos cambie de color!

¡Que las musas pinten vuestra inspiración!

Besos y achuchones múltiples.
😊😉😘😘😘

Ensoñación Innata

Abro los ojos, pero no soy capaz de vislumbrar nada. Por mucho que lo intento, la tenebrosa oscuridad me convierte en un ciego involuntario. ¡No, no puede ser! Me rebelo y me obligo a rechazar esta angustiosa sensación. Agudizo los sentidos para intentar captar algo que me haga salir de esta engañosa alucinación. ¡Quiero captar al menos un sonido! Sin embargo, el silencio se empeña en magnificar mi soledad y acrecentar mi miedo. Intento moverme y mis brazos y piernas se niegan a obedecerme. ¿Qué demonios me está pasando? ¿Será el tránsito hacia la muerte?

Encierro mi ansiedad y me afano en acompasar mi respiración para no empezar a gritar. Tengo que racionalizar mis sentidos. No puedo dejar que me dominen y que, aunque simulen ausencia, gobiernen cada nervio de mi cuerpo.

Cuanto hasta diez… Dejo un par de segundos tras cada inspiración, profunda e intensa… Aguanto el aire en mis pulmones y dejo que la serenidad inunde cada una de mis células… Exhalo muy despacio, controlando cada gota de aire que abandona mi cuerpo… Lo repito varias veces hasta que noto como me relajo y vuelvo a asumir el control de mi organismo.

Pruebo de nuevo, pero no comienzo esta vez por la vista, sino por los oídos. Me concentro en captar el más mínimo murmullo, susurro, chasquido, crujido… ¡Noto algo! Parece un ligero roce. Cuando soy capaz de concentrar toda mi atención en él lo reconozco: es el viento. Es un brisa tan tenue que no me extraña que antes no la haya percibido. Me dejo abrazar y logro sentir cómo me acaricia la piel. Me produce un pequeño escalofrío que se convierte en alborozo. ¡Estoy vivo!

Con más sosiego, me invito a abrir los ojos sin que me invada el pánico. La vista se me aclara y comienzo a percibir mi entorno, aunque la luz sigue siendo débil y etérea. El amarillo, el verde, el marrón, parpadean ante mí, bosquejándome siluetas.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La fragancia, limpia y natural, hacen despertar también mi olfato. No tengo dudas, estoy en un bosque. Ya puedo distinguir los árboles que me rodean. También pequeños arbustos que se florean de preciosos y coloridos brotes, alimentando abejas con sus elixires. Las esencias inundan mi boca, degustando sabores a flores, hierba, hongos, tierra húmeda, savia…

Con un esquizofrénico baile, las mariposas cobran vida ante mis sorprendidos ojos y me regalan una bienvenida coreografiada en el aire. Cuando intento acariciar una, noto que mis extremidades siguen sin querer moverse, permanecen entumecidas. Noto las piernas, pero parecen exánimes masas, encalladas y petrificadas. Sin embargo, me encuentro erguido. Soy incapaz de alcanzar con mis ojos los pies, pero puedo comprobar que me sustentan sin problemas.

Cuando, con empeño, consigo visualizar parte de mis brazos, la alarma y la ansiedad comienzan a adueñarse de nuevo de mi ser. Mi piel es rugosa, dura y de aspecto viejo y pétreo. De color pardo con tonalidades verduzcas. Se prolongan hacia el cielo, pero no terminan en manos sino en… ¡¡¡Hojas!!!

Con violenta erupción, el miedo se convierte en terror y un mudo grito muere en mi garganta mientras una terrible pregunta me explota en la mente:

«¿Soy un árbol que soñó ser una persona,
o soy una persona que está soñando ser un árbol?»

Este relato se corresponde con la propuesta para el VadeReto de este mes:
Crea una historia relacionada con los Sueños.

VadeReto (Mayo 2021)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.
Nota.- En esta ocasión he añadido nubes alrededor de la imagen para crear un cuadro onírico. Estamos en un sueño.

Buenos días/tardes/noches sean…

Dicen que la vida es un sueño y que no por mucho soñar, amanece más temprano.

Que quién vive sus sueños alarga sus días y que el que no sueña no disfruta de las aventuras que le brinda la vida.

Todo eso está muy bien, pero ¿Qué pasa con el dormir? ¿Por qué algunos tenemos por amigo al insomnio y se empeña en ser más jartible que las llamadas de ofertas telefónicas?

No pegas ojo por la noche y luego te llevas todo el día como un extra de “gualquin dí”.

Ya lo decía hasta Martin Luther King: ¡¡¡Tengo un sueño!!!

En fin, dichosos los que duermen como un bebito sin importarle los sueños en los que ande metido.

Y ¿por qué todo este rollo soñero? Pues porque teniendo en cuenta no repetirme y que es lunes de vigilia, la inspiración me hace proponeros soñar. Pero literariamente. Así que…

El VadeReto de este mes va de SUEÑOS.

Fotografía de un bebé felizmente dormido.
Un cesto de mimbre sin asa le sirve de cama y una mullida manta de hilo blanco le viene como colchón. 
Va vestido con ropita de punto marrón claro y lleva un gorrito con orejas de conejo, como el muñeco que porta en su brazo derecho.
La mano izquierda se apoya en su sien, generando la imagen el mayor de los placeres oníricos.
Imagen de MarvelMozhko en pixabay.

Pero no de tus anhelos y ansias para el futuro. Ni de tus deseos imperiosos e irrealizables.

Cuéntanos un sueño, una historia onírica, una fantasía increíble o una locura imposible. Total, en los sueños todo es posible, ¿no?

Convertíos en el Walt Disney acervolense y hacednos vivir vuestro sueño sin caernos dormidos. Aunque visto la falta de él, lo mismo hasta nos viene bien. 😅😂

Dejad volar vuestra imaginación y soñad entre las nubes, pero no os olvidéis de volver a bajar al suelo.

¡Que la inspiración os coja despiertos!

Besos y achuchones.
😊😉😘😘😘

La Trastienda del Dragón

Un día como otro cualquiera. Un lunes maldito como cada semana. Mal dormir y peor despertar. Deambulo por las calles sin prestar atención a quién conmigo se cruza, tropezándome con mi destino, pero sin pararme a discutirle. Como casi siempre, termino dentro del bazar chino. Es uno de mis extraños hobbies, encontrar cosas de apariencia inútil o funcionalidad desconocida.

El anciano, de aspecto asiático, que se encuentra tras el mostrador, me saluda y muestra su radiante y perfecta sonrisa. Ya conoce mis debilidades y sabe que, con seguridad, algo atraerá mi atención y saldré con ello en la mano dispuesto a acribillarlo a preguntas. Son demasiadas las veces que nos hemos trabado en esas discusiones. Él ve usos que yo no advierto y yo le discuto que en realidad podría servir para otra cosa. De esta forma, hemos hecho amistad. Aunque, es difícil no hacerse amigo de él. Es tanta su bondad, su paciencia y su sabiduría que enseguida te colma con la sensación de que lo conoces de toda la vida.

Se llama Jun’ichi, pero, sabiendo que todos pronunciarían mal su nombre, él mismo se rebautizó y lo castellanizó. Pero, no se puso Juan, sabía que el diminutivo lo haría más cercano, más simpático, social y familiar. Gracias a mi malsana curiosidad y sabiendo que casi todos los nombres de su país encierran un significado bello y poético, atendió a mis ruegos y me confesó que “Jun” quiere decir Hombre obediente, respetuoso y de buen hacer. La verdad es que su nombre no podría describirlo mejor.

No es solo su nombre el que oculta verdades y misterios. Aunque todo el mundo conoce su tienda como “El Bazar Chino”, él nació en Osaka. Pero ante mi sorpresa, también me confesó:

—¿Te imaginas a un japonés regentando el chino del barrio? Escuchar a la gente decir “Voy a comprar al japonés”. Nanai de la China. Hay que seguir la tradición de los bazares y darle de comer a la mujer y los siete chinitos.

¡Será mentiroso. Si está más soltero que el capitán América!

Mientras me entretengo entre el batiburrillo de artículos de las estanterías, él atiende a sus clientes con el más riguroso y tópico servicio oriental. Le escucho hablar con las clientas marcando frenéticamente su falso acento: «Buenos días, ¿podel yo ayudal? … ¿Una fiamblela sin fondo? … ¿Una cafetela pala no hacel café? … ¿Un alicate que no apliete? … Todo bueno, bonito y balato, pasal al fondo y milal.

No puedo dejar de sonreír por su maravillosa actuación. Es digno de estar nominado a los Óscar. En realidad habla el castellano mejor que yo y, de hecho, hasta es capaz de sacar acento andaluz cuando se siente cómodo y confiado.

Otra de sus muchas cualidades es su adaptabilidad. No solo ha aprendido perfectamente el idioma, también ha abierto su paladar para degustar nuestra rica gastronomía y, por eso, muchas veces nos embarcamos en rutas de tapeo para que vaya descubriendo toda nuestra maravillosa gastronomía.

Después de aburrirme trasteando, y no encontrar nada que atraiga mi atención, me dirijo cansado y taciturno hacia el mostrador. Él me mira y tuerce el gesto. Ya he dicho que lo inunda la sabiduría. Con solo un simple vistazo  ha sido capaz de darse cuenta de mi frustración.

—Hoy no has encontrado nada que te haga rabiar —me dice alargando exageradamente la “r”. Sabedor de que eso me hace sonreír—. ¡Eso es imposible!

—¿Tan imposible como que sepas pronunciar tan bien las erres? —le respondo sarcásticamente.

—¿Qué sería de un vendedor chino sin sus ellles? —me responde soltando una risita sibilina.

—Eres un cuentista de tomo y lomo.

—Es el fino y difícil arte de la venta, muchacho.

—Algún día se te va a escapar una erre y le va a dar un soponcio a una de tus clientas.

—Y aquí estará el tío para socorrerla —dice divertido, mostrando su cara más socarrona.

Calla un par de segundos, me vuelve a mirar, con esos ojos que interrogan sin palabras, y se decide a sonsacarme de mi melancolía.

—¿Qué te pasa? Llevas una cara ideal para alquilar en un velatorio.

—Aburrimiento de la misma vida, Juanito.

— A ti lo que te hace falta es encontrar tu Ikigai  —me dice, como el que me que recomienda una  crema para las manos o cambiar de almohada.

—¿Ya vas a empezar a soltarme pensamientos budistas?

—No es budismo, copón, es una reflexión japonesa y significa encontrar la razón para la vida. Necesitas abrir los ojos y descubrirla. Darle sentido a cada día al levantarte.

—Vaya, ¿y dónde está el manual que me ayude a encontrarlo eso?

—No hay manuales para eso, amigo. La búsqueda es solo interior. Tienes que mirar hacia dentro y descubrirte a ti mismo.

—Uff, Confucio. Entonces la llevamos clara. Mi interior está más oscuro que la covacha de un oso invernal.

—Vaya, hoy tienes un día de algarabía y optimismo desaforado. Vamos a hacer una cosa —mira alternativamente a los monitores que le muestran los pasillos vacíos—. Es casi la hora de almorzar y ahora no hay ningún cliente. Voy a cerrar y a enseñarte algo.

Ya dije que se había adaptado muy bien a nuestras costumbres. Debe ser el único bazar “chino” del mundo que cierra para almorzar y echar una buena siesta.

—Anda, ¿me vas a invitar a unas cañas?

—No, hoy nada de ruta del tapeo. En realidad te voy a enseñar algo que tengo aquí dentro —me dice señalando con la cabeza al fondo de su establecimiento.

—Uy, ¡qué mal suena eso! Pensaba que con la búsqueda en el interior te referías a otra cosa. ¿Ya te has decidido a mostrarme tus perversiones más íntimas? —le suelto con expresión burlona.

—¡Qué animal eres algunas veces!

—¿Algunas, solo?

—Voy a enseñarte algo que no ha visto nadie y que solo guardo para gente muy especial.

—¿Sabes que lo estás poniendo todavía mejor, verdad? Ahora sí que me estoy giñando de verdad.

—Escucha, zoquete. Yo no tengo una mente tan calenturienta como tú. Yo no pienso continuamente en obscenidades como tu desquiciada cabeza.

—¡Venga ya, Juanito! Que he visto las miradas que les echas a algunas de tus clientas.

—A ver, una cosa es admirar y contemplar la belleza que pasea por delante de mis ojos y otra tener ideas obscenas como un mono salvaje.

—¡Claro, claro! Ahora resulta que eres más santo y casto que el monaguillo de Buda.

Mientras sale de detrás del mostrador, mueve la cabeza dándome por perdido. Se dirige a la puerta y la cierra tras poner el letrero de CERRADO. Debe ser el único bazar chino que tenga uno. Luego, me hace una seña para que lo siga y me lleva hasta el fondo de su almacén.

Pasamos de la zona de útiles escolares a la de artículos del hogar y de allí a la de los misterios por resolver. Desde una de las estanterías, una lechuza a tamaño natural me mira inquisitiva. Me hubiera llevado un susto de órdago si no supiera que es un artilugio electrónico, pero tan real que dan ganas de darle de comer un poco de alpiste. Ni me acerco a ella. Sé la historia que hay tras sus tiernos, pero maléficos ojos, y se me pone la carne de gallina. Pero esa es otra historia que contaré algún otro día.

Cuando parecía que íbamos a traspasar la frontera de la provincia, llegamos a la zona de moda y disfraces. Se acerca a un apartado rodeado de cortinas, que hace las funciones de probador, y me indica que entre.

—¿Quieres que me meta en el probador contigo? Hasta aquí hemos llegado, satirón —le digo levantando ostensiblemente los brazos y haciéndome el enfadado y dolido.

—¡¡Por los cuatro brazos de Shiva!! —se hace el desesperado y me muestra el inmenso espejo que está situado al fondo del probador.

No sé si es real o una simple imitación, pero es impresionante. La superficie reflectante está enmarcada en una serie de dibujos y relieves con motivos chinos, o japoneses. Distintos animales, de lo más extraño y mitológico, se distribuyen por el marco dándole un aspecto entre exótico y tenebroso. Dos inmensos Dragones, parecen custodiar el espejo, uno a cada lado.

—Lo siento, Juanito, pero no pienso mirarme en el espejo. Ya sé lo guapo que me he levantado hoy.

Tuerce el gesto, desesperado, y suelta un hondo suspiro. Después de reprenderme con la mirada y poner cara interesante, se acerca al dragón que está a la derecha del marco y aprieta uno de sus ojos. Cuando este se hunde, casi por arte de magia, desaparece el cristal y en su lugar surge un umbral tenebroso, tenuemente iluminado por la luz que entra desde el probador. Solo unos escalones se atreven a insinuar un camino.

Juanito me mira y sonríe, disfrutando al ver como mi boca me llega al ombligo.

—¿Qué? —me suelta y, sin esperar otra burlona respuesta mía, enciende la linterna de su móvil e ilumina las tinieblas—. ¡Bienvenido a mi mundo interior!

No espera a que me decida a acompañarlo, entra solícito y decidido, y con solo la luz del teléfono comienza a descender los escalones. Me decido y entro. Me pego rápidamente a él para poder divisar dónde piso y no resbalar y caer rodando.

—¿No te llegó el presupuesto para instalar electricidad aquí?

—Joder, tío. Le quitas todo el encanto al misterio y la aventura.

—Aventura la que me voy a pegar yo como resbale y me parta la crisma.

—La cabeza es la que no te vas a partir, de lo dura que la tienes.

Seguimos bajando el corto tramo de escaleras, sin dejar de lanzarnos irónicos e indolentes piropos. Parecemos hermanos.

Llegamos al final y, sin darme tiempo a controlar mi naturaleza cagona, Juanito apaga la linterna y nos quedamos totalmente a oscuras. Las tinieblas son tan intensas que no me veo ni las manos. Cuando estoy a punto de empezar a gritar y pedir auxilio, el graciosete nipón presiona un interruptor, que solo él sabe dónde está, y la habitación se ilumina mostrando un espectáculo digno de una escena de Indiana Jones.

—¡Este es mi Sanctasanctórum! —exclama, abriendo mucho los brazos. Como el maestro de ceremonias de un circo.

 Yo no puedo responderle. Mi boca ha alcanzado esta vez el suelo. La habitación está atestada de tiestos, pero a diferencia de los mostrados arriba, estos parecen formar parte de un tesoro arqueológico.

Antes de que le pregunte, lo adivina y me responde:

—No. Estos efectos no están en venta. Forman parte de la herencia de mi familia. Son mi legado, el sentido de mi existencia. Formo parte de una extensa y añeja estirpe.

Hay estatuas, cofres, cuadros, vasijas, cristalería, lámparas… Algunos brillan, pareciendo que estén hechos de materiales preciosos, pero otros son simplemente antiguos, muy muy antiguos. Están dispuestos sin orden aparente y siento pánico de rozar alguno y que se rompa al caerse. Me muevo al ritmo cobarde de un camaleón mientras él, conocedor de cada espacio libre disponible, anda con soltura, saltando de un objeto a otro. Me los va enseñando y explicando algunos de sus misterios.

—¿Ves como la luz reverbera entre cada hoja de este farol? —me aclara, mientras me enseña una lamparita, bella en su sencillez, pero compleja en su diseño—. Representa el komorebi, la luz del sol que se filtra a través de las hojas de los árboles.

Sin dejarme reposar en su espléndida belleza, nos dirigimos hacia un globo de papel que flota con alguna misteriosa artimaña.

—Esta esfera transmite el ukiyo, el mundo flotante. Nos enseña lo liviana que es nuestra vida y lo ilusa de nuestra preocupación por las cosas efímeras e inestables.

Sigue exultante, mostrándome sus tesoros. Pero, cuando pasamos por delante de un cuadro, este capta toda mi atención. Una bella mujer, ataviada con un amplísimo quimono azul, juguetea con un dragón en lo que parece la orilla del mar.

—Esta es mi bisabuela materna, se llamaba Masumi. Que quiere decir “de gran belleza” y “verdadera pureza”.

Me quedo embelesado, porque en verdad, su atractivo es radiante y cautivador.

Montaje formado por un marco antiguo y una fotografía.
El marco es grueso, dorado y con motivos de conchas o abanicos, ocho en total. Uno en cada esquina y otro en el centro de cada arista.
La fotografía es un dibujo digital que muestra a una chica asiática, vestida de azul claro y vaporoso, junto a un dragón rosa. Parecen estar en la orilla de una playa entre rocas y la espuma marina.
Al fondo se divisa el mar y una especie de isla borrosa.
Una imagen muy fantástica.
Montaje realizado a partir de la Imagen de syaifulptak57 en pixabay.

Cuando le voy a preguntar si el dragón también es pariente suyo, la chica del cuadro gira la cabeza, me encara y me mira fijamente a los ojos. Su enigmático rostro se introduce en mi mente sin permiso ni perdón. La sangre se me congela en las venas y estoy a punto de boquear de asfixia.

—Vamos, ven. Quiero enseñarte esto —me llama mi amigo desde otro rincón, sacándome de mi ensueño. Intento convencerme de que solo ha sido una alucinación. Sacudo mi cabeza y salgo raudo en busca de su voz.

Cuando le doy alcance, lo veo sentado en un butacón antiquísimo, rodeado de tanta belleza, que me siento como Stendhal en su primera visita a Florencia.

—Pero esto es un tesoro inmenso. ¡Eres un asqueroso multimillonario nipón! —le espeto, intentando ser exageradamente desagradable.

—¡Qué va! Todas estas cosas tienen un valor incalculable, pero solo sentimental. Si las intentara vender perdería dinero.

—¿Estás seguro?

—No, pero me da igual. No te he traído aquí para deslumbrarte con mis enseres. En realidad, solo quería enseñarte esto.

En sus manos tiene una caja de madera. Tan sencilla y natural que parece desentonar con todo lo que hay en aquella estancia. La miro, mostrando mi ignorancia y desconcierto. No sé qué quiere que haga.

—¡Cógela!

—¡Tengo miedo!

—¡Tómala, no seas cagón! —Sin darme tiempo a reaccionar me la pone en las manos y la cojo con la misma delicadeza y pánico, que si fuera un huevo del extinto Dodo.

—¿¡Qué hago!? —le pregunto histérico perdido.

—Siéntate aquí —me dice, cediéndome el asiento—. Esta caja te ayudará a descubrir tu ikigai —añade sin más, iniciando una traicionera escapada.

—¿No pretenderás dejarme aquí solo, verdad?

—Solo serán unos minutos. Yo tengo que comprobar una cosa y tú necesitas abrir la caja solo.

—Pero, ¿por qué? ¿Qué necesidad hay? ¡Vámonos mejor de cerveceo!

—Confía en mí. Gracias a esa caja mi vida cambió y decidí venir aquí.

—¿Y pretendes que yo vaya al Japón a montar un bazar español?

—Cada uno tiene su destino y la caja solo te ayudará a abrir tus chakras.

—¡Yo no quiero que me abra nada! Estoy muy a gusto con los agüeros que ya tengo —exclamo mirando la caja con más miedo que el mayordomo del joker.

El muy cabrito no me da opción, cuando levanto la vista estoy solo. También es ninja por lo visto, porque no me he dado cuenta ni por dónde se ha ido y el miedo me impide levantarme del sillón.

La caja empieza a hacerse muy pesada y parece que vibra. La miro fijamente y noto que me apremia a abrirla. Razono. ¿Qué puede haber dentro que sea peligroso? ¿Una piraña del Amazonas? ¿Un trozo de Uranio procedente de Chernóbil? ¿La calavera de una momia Sokushinbutsu? En realidad la caja es demasiado pequeña para contener cualquiera de esas cosas, pero mi cachonda imaginación se magnificaba con las dosis de pánico.

Cuento hasta tres y, al llegar a doce, la abro. Un impresionante fogonazo inunda toda la instancia y me deja ciego. ¡Eah, otro regalito para mi apasionado optimismo! Al menos me darán trabajo en la ONCE.

Cuando consigo abrir los ojos de nuevo y atisbo a mi alrededor,  sin miedo a que mis córneas se solidifiquen como huevos fritos, comprendo que he sido transportado en el espacio o el tiempo. O las dos cosas. Estoy en un impresionante parque, lleno de cerezos en flor.

—¡Bienvenido al Hanagasumi! —me sobresalta Masumi, la que dice Juanito que fue su bisabuela —. Bienvenido a esta nube de flores —aclara.

Miro a mi alrededor y, efectivamente, parece un paraje idílico lleno de nubes y flores, que flotan en el aire como alegres hadas danzando. ¿Me habré muerto por culpa de la explosión de la cajita y estaré en el paraíso nipón?

La miro y, su belleza es tan pura, dulce y suntuosa, que me quedo embobado contemplándola sin pudor. Ella sonríe y me invita a pasear a su lado.

—Si Jun’ichi te ha invitado a nuestra morada, es porque te tiene en muy buena estima —tras unos segundos de reconocimiento del verdadero nombre de Juanito, asiento totalmente encandilado—. También sabrá de tu necesidad de ayuda.

Mientras habla, las flores revolotean a su alrededor conformando una escena idílica y onírica que, junto a su delicada belleza, me mantienen en un trance confortable y sosegado. Sus palabras son como un mantra que va abriendo mis sentidos, colmándolos de una calma como hacía mucho tiempo que no sentía. Ella sigue hablando y yo me voy empapando de sus palabras.

—…Nosotros hemos llegado a comprender que la vida es Mikkaminumanosakura —antes de que mi cara le muestre mi ignorancia, se apresura a explicarlo—, que significa que el cambio ocurre de forma rápida e intensa, tal como las flores de cerezo que van del punto álgido de su floración a dispersarse en un lapso de tiempo muy corto —acompañándola en un movimiento coreográfico, las flores volátiles se estampan contra el suelo y vuelven a flotar de nuevo—. Mientras estás pensando en lo duro que es tu día, este transcurre y se convierte en el mañana…

Ella me sigue hablando, pero entre mi habitual ligereza de atención y el ensueño en el que me encuentro, solo atisbo frases sueltas.

—…La vida es demasiado corta para estancarnos en los problemas livianos…

Llegamos a lo que parece el final de un camino y el entorno parece tornarse borroso. Poco a poco las nubes se van disipando y las flores van desapareciendo. La imagen de Masumi también se va difuminando y antes de que todo desaparezca consigo escuchar un último consejo:

—Aprende a disfrutar del momento, el mañana siempre está por llegar. Recuerda el Mikkaminumanosakura…

De nuevo una explosión de luz me ciega por unos instantes. Cuando consigo volver a ver con nitidez, compruebo que he regresado al viejo sillón y sigo dentro de la misma habitación, rodeado de los variados y exuberantes enseres de mi amigo. Frente a mí, está Juanito. Su espléndida sonrisa no le cabe en su pequeña cara.

—¿Qué? —me lanza, como el que pregunta si me ha sentado bien el copazo.

—¿Qué de qué? —le respondo yo, más por mi entontamiento que por saber lo que me está preguntando.

—¿Cómo ha sido tu experiencia mística?

—¿Mística? Me has dado un cobazo del treinta y dos. Esta caja contenía unos polvitos alucinógenos que me han metido un colocón de impresión —le dijo a la defensiva.

—Bueno, si eso es lo que crees. Pero, ¿te sientes mejor?

La verdad es que sí. Me siento como si me hubiera quitado de encima una enorme carga. Iniciamos el camino de regreso, entre todas las antigüedades, y me siento más ligero y despreocupado. En lugar de sortear enseres de tanto valor, creo estar paseando por un campo… por ese campo. No sé si lo que he vivido ha sido un sueño, una fantasía o el efecto alucinógeno de lo que contenía la caja. Solo sé que me siento cambiado. Me siento alegre y dispuesto a comerme el mundo. Y unas tapitas a las que voy a invitar a Juanito en cuanto consigamos salir de esta cueva.

En mi cabeza más racional, todo esto no ha podido ser real, pero cuando pasamos por delante del cuadro de Masumi, creo ver como ella me lanza un guiño. A mí o a su biznieto. De todas formas, sus palabras se han quedado incrustadas en mis sentidos. Y la expresión que me ha enseñado y que tan difícil me es de pronunciar sustituirá a partir de ahora a la célebre Carpe Diem. Cada vez que me levante gritaré, o lo intentaré:

¡¡¡Mikkaminumanosakura!!!



NOTA.- Este cuento está escrito con el mayor de mis respectos, admiración y cariño hacia la cultura japonesa. Si algún japonés, o conocedor de esta maravillosa cultura, se aventura a leerme y encuentra imprecisiones, equívocos, errores… me encantará que me lo haga saber y me ayude a comprenderlo mejor y corregirlo. 😊



Este relato es apto como propuesta para el VadeReto de este mes, así como, por casualidades del travieso destino, para el reto Syn-Opsis de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog Fantepika.
En ambos casos, el tema del reto es la cultura japonesa, en la Syn-Opsis con la imagen como inspiración.

VadeReto (Abril 2021)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.
Nota.- En este mes he añadido flores de cerezo, blancas y rosas, alrededor de la imagen.

Buenos días/tardes/noches sean…

Dicen, los que saben, que el nombre de este mes proviene del latín romano “Aprilis” y que significada: “Que Recibe el Sol en Primavera“. Puede que sea cierto porque por esto lares ya está la gente loquita por pisar la playa y pegarse sus paseítos mañaneros por la arena. Aunque, también hay quien dice que proviene del griego, que lo dedicaban a la diosa Afrodita (Venus), por lo que su significado estaba relacionado con la espuma. Y a mí la espuma me recuerda a las jarras de cerveza que de momento no me estoy pudiendo tomar en una terracita. Pero bueno, llegarán tiempos mejores.

Abril también es el mes del florecimiento de los cerezos y es una maravilla contemplar los preciosos paisajes de flores blancas que simulan una falsa nieve sobre los árboles. Como en Japón. Y aquí quería yo llegar.

El VadeReto de este mes lo vamos a escenificar en el país del Sol Naciente.

Fotografía de la rama de un almendro en primer plano, mostrando sus flores blancas. En el fondo, desenfocado, una típica construcción japonesa.
Imagen de Evgeny Tchebotarev en pexels.

Podéis usar la época histórica que queráis: El período Kaizuka, la Dinastía Sho, los períodos Edo, Meiji, Taisho… ¡Vale! Me voy a dejar de pamplinas que todo esto lo acabo de sacar de la wikipedia, porque mi conocimiento de la historia japonesa tiene la misma extensión que la del cultivo del chirimoyo. Podéis investigar por vuestra cuenta y mencionarla o pasar olímpicamente de especificar dónde se produce vuestra historia. Como si os place ubicarla en la actualidad.

También será condición de este mes usar al menos un par de palabras de las que os voy a presentar a continuación, para darle un poco de más interés al relato. Os pongo su significado para que las coloquéis en contexto. (Así no me haréis trampa de usarlas como nombres para las mascotas del protagonista. 😉)

Komorebi 木漏れ日
Se refiere a la luz del sol que se filtra a través de las hojas de los árboles.

Shoganai しょうがない
Literalmente quiere decir que no se puede evitar, y anima a que la gente se de cuenta de que algo que ha pasado no ha sido culpa suya, y que ha de seguir adelante sin remordimiento.

Aware 物の哀れ
Literalmente quiere decir la compasión por las cosas, y se refiere a la apreciación de un momento breve y efímero de la naturaleza.

Wabi-sabi わびさび
Es una forma de vida que se centra en la búsqueda de la belleza dentro de las imperfecciones de la vida, y en aceptar pacíficamente el ciclo natural de crecimiento y decadencia.

Gaman 我慢
Se refiere a la resistencia y la capacidad de seguir intentando algo a pesar de las adversidades, o de seguir luchando a pesar de que parece que todo está perdido.

Ukiyo 浮世
Literalmente el mundo flotante, y se refiere al estilo de vida que consisten en vivir el momento alejado de las preocupaciones de la vida.

Majime 真面目
Literalmente serio, se refiere a la personalidad de quienes son fiables, responsables y simplemente hacen las cosas sin dramas ni causar problemas.

Ikigai 生き甲斐
Es la razón de vivir, eso que hace que te levantes cada día. Para encontrarla suele ser necesaria una profunda búsqueda interior.

Nota.- Todas estas expresiones están sacadas de esta maravillosa página:
21 maravillosas expresiones japonesas que necesitarían toda una frase para ser traducidas (xataka.com)

Y aquí tenéis otra excelente fuente de expresiones japonesas:
Los 100 palabras más bellas de Japón – El sistema Hanasaki (marcoscartagena.com)

También podéis usar cualquier otra que os guste más o que conozcáis. Pero indicad su significado para que todos aprendamos un poquito más de esta cultura.

Foto de una chica japonesa, vistiendo el traje de Geisha y portando un parasol rojo.
De fondo, desenfocado, varios almendros floreados.
Imagen de Sasin Tipchai en pixabay.

Solo me queda empujaros al Gambaru y daros Otsukaresama.

Como dijo el sabio Mao Nesa Konatun:
«Dadle vuelta al koko y escribid sin sofoko».

Que la Geisha inspiradora os sea propicia.

Besos y achuchones. Disfrutad de la Primavera, pero sin olvidaros, todavía, de la mascarilla.
😊😉😘😘😘

Un Cadáver a la Mesa

Imagen de un rincón de un bosque en dónde se ven dos árboles. Uno delante, grande e imponente, con las ramas, también grandes como en un inmenso abanico. El otro árbol tiene las mismas características, pero aparece más pequeño en la perspectiva. Ambos crean una especie de burbuja de aire que engloba la escena y sus troncos, de forma que el verde de las hojas se transforma en marco de la escena y la fotografía.
Imagen de Jplenio en pixabay.

«Al fin llegué a los pies de aquella impresionante y antiquísima deidad. Su anchura me limitaba todo el horizonte y se elevaba de forma tan indefinida que parecía perderse más allá del firmamento.
El silencio era tan intenso que dañaba a los sentidos. Solo mi corazón se empeñaba en querer quebrantarlo. La quietud era tan profunda que ni la más tenue brisa se atrevía a perturbarla.
Con un hondo suspiro hinqué mi rodilla ante ella. Agaché la cabeza y le dediqué la plegaria que desde pequeño me habían inculcado. Deposité mi carga en el suelo y le agradecí su protección y vitalidad para la consecución de mi misión.
Me fui dejando tras de mí el pesadísimo lastre que me había encadenado durante tanto tiempo y sentí ganas de salir volando.
Allí quedaron solos, como en un encantamiento, los espíritus ancestrales y su cadáver.
...»

Emprendí el camino de regreso hacia mi cabaña. El día se había ido escabullendo sin que me diera cuenta y solo al ver luces iluminando sus ventanas me apercibí que la oscuridad se había adueñado del bosque. Abrí la puerta e intenté entrar dejando fuera mi desaliento y pesadumbre.

—Hola hombretón, has tardado mucho hoy en buscar la leña —me dijo ella nada más verme.

Como siempre que regresaba, me mostraba la más dulce de las sonrisas. Su belleza se resistía al tiempo y su presencia era la única fuente de calor que conseguía aislar las paredes del imperecedero invierno exterior.

—Ya está la cena, ¿has visto a Jai?

Un tremendo escalofrío hizo estremecer cada hueso de mi cuerpo. Endurecí el gesto para impedir que se mostrara toda mi negrura interior. Respondí con un minúsculo hilo de voz, evitando que su temblor me delatara.

—No.

—No le he sentido desde esta mañana. La humedad de la noche se está transformando en niebla y el frío no es bueno para sus viejos huesos.

Siguió con sus avíos en la cocina y yo, dándole la espalda para ocultarle mi semblante, me dirigí hacia la mesa. Las tres sillas se mantenían fieles a su alrededor y los cubiertos aparecían perfectamente alineados junto a cada uno de los tres platos.

—¿Estás seguro que no está afuera contemplando la salida de su querida amiga, la luna?

—No —dije de nuevo. Solo los monosílabos se atrevían a escapar de mi garganta.

—¿Qué te pasa? Te noto muy cansado.

Resoplé y, sin volver a responder, me senté en mi sitio, con la mirada baja y fija en el plato aún vacío.

—Verás cómo esta cenita que he preparado te reconforta.

Me llenó el plato de humeante sopa y sus efluvios me embriagaron, llevándome algo de calor y sosiego a mi lacerante corazón.

Ella se sirvió también y se sentó enfrente de mí.

—¿Sabes qué te digo? Tengo demasiada hambre y frío. ¡Hoy no vamos a esperarle! Ya regresará cuando su estómago le demande calor y sus congelados huesos anhelen la calidez de la chimenea.

Sorprendido ante su arrebato, miré hacia la silla que estaba a mi derecha, completamente vacía y fría. Ella también la miraba, pero parecía no ver nada.

—¿Has conseguido mucha leña? —me preguntó, intentado disimular la inquietud que la atenazaba. Era la primera noche que cenábamos sin su presencia—. Ha dicho la radio que se avecina un temporal de nieve. Mañana deberíamos de ir a comprar reservas, por si nos quedamos aislados.

Yo le respondía con simples gestos de mi cara o de mis hombros. Cada palabra que intentaba escapar era atrapada por mi desangelado ánimo.

Ella hablaba sin parar, parecía destilar una nueva frescura, denotaba que la había abandonado una pesada carga. Me contaba lo que había hecho durante el día; sus planes para mañana; las noticias que había escuchado en la radio; sus quehaceres con los animales. Yo empecé a relajarme y, sin darme cuenta, comencé a hablar también. Hacía años que no manteníamos una distendida y sencilla conversación. Su presencia siempre flotaba entre ambos y la distraía de mis palabras. Era un impenetrable obstáculo hasta para nuestras miradas.

La veía hablar, con jovialidad y aplomo. De vez en cuando, miraba levemente hacia su asiento, pero el vacío no la capturaba. Su ausencia parecía no hipnotizar su atención y volvía a su sencilla verborrea. Me miraba candorosamente. Sus ojos me mostraban que su felicidad todavía era posible.

Conversamos toda la noche y ni una sola vez torció su preciosa sonrisa. Incluso, luego, mirándola mientras dormía, la sentí en paz y libertad. Por fin había escapado a sus cadenas.

Jailergud la controlaba desde que nació. Nada podía hacer sin su consentimiento y ella no sentía libertad para hacerlo sin su consulta. Toleraba mi presencia con desprecio, pero sabía que no podía remediarlo, yo nunca renunciaría a ella y no podía arriesgarse a que ella se rebelara y escapara a su influjo. Hoy, por fin, he conseguido que recobre la libertad que nunca tuvo.

Ahora, una inmensa paz invade también mi alma. Puedo confirmar que no he errado en mi empresa.

¡No, no soy un asesino!

Jailergud murió hace ya siete años y, desde entonces, ella soportaba su influencia como si nunca se hubiera ido. La seguía poseyendo igual que en vida. Así que decidí hacer caso a la leyenda. Desenterré sus huesos y los llevé hasta la divinidad del bosque. Sé que el sortilegio ha funcionado. Hoy, después de tanto tiempo, he conseguido que su fantasma regrese al inframundo y nos deje vivir en paz.

Este mini relato es mi propuesta para el VadeReto de este mes.
El Reto consiste en continuar el texto que aparece al principio, sobre fondo sombreado: «Al fin llegué a los pies…»

VadeReto (Marzo 2021)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.

Buenos días/tardes/noches sean…

Nos quitamos los disfraces y vamos en busca de la primavera.

Este año, más que nunca, se nos va a alterar la sangre, porque andamos ansiosos por poder salir a tomar el sol (y alguna que otra cervecita) y dejar de una vez por todas olvidada esta etapa tan rara de nuestra vida. Ojalá, a base de pinchazos y anticuerpos vayamos recuperando la “antigua” normalidad.

En el VadeReto de este mes voy a recuperar un reto que ya hicimos el año pasado.

Yo escribo el principio del relato y vosotros le dais continuidad a la historia con lo que vuestra imaginación os inspire.

Podéis darle los giritos que queráis para transformarlo en vuestro género preferido. Las apariencias engañan y la realidad no tiene por qué parecerse a lo que captan nuestros sentidos.

Imagen de un rincón de un bosque en dónde se ven dos árboles. Uno delante, grande e imponente, con las ramas, también grandes como en un inmenso abanico. El otro árbol tiene las mismas características, pero aparece más pequeño en la perspectiva. Ambos crean una especie de burbuja de aire que engloba la escena y sus troncos, de forma que el verde de las hojas se transforma en marco de la escena y la fotografía.
Imagen de Jplenio en pixabay.

Este es el comienzo:

«Al fin llegué a los pies de aquella impresionante y antiquísima deidad. Su anchura me limitaba todo el horizonte y se elevaba de forma tan indefinida que parecía perderse más allá del firmamento.
El silencio era tan intenso que dañaba a los sentidos. Solo mi corazón se empeñaba en querer quebrantarlo. La quietud era tan profunda que ni la más tenue brisa se atrevía a perturbarla.
Con un hondo suspiro hinqué mi rodilla ante ella. Agaché la cabeza y le dediqué la plegaria que desde pequeño me habían inculcado. Deposité mi carga en el suelo y le agradecí su protección y vitalidad para la consecución de mi misión.
Me fui dejando tras de mí el pesadísimo lastre que me había encadenado durante tanto tiempo y sentí ganas de salir volando.
Allí quedaron solos, como en un encantamiento, los espíritus ancestrales y su cadáver.
...»

En realidad, diréis, con razón, que más parece un final que un comienzo. pero hay historias que merecen comenzar dónde terminan. ¿O no? Como siempre, tenéis libertad para usarlo como más os divierta e inspire. Podéis invertir el reto y utilizarlo como remate de vuestra historia, o transformar un poco lo escrito para darle salsa. Lo que os plazca. Lo importante es escribir.

¿Qué historia nos vais a contar?

Sacadle chispas a vuestro teclado y que la inspiración os acompañe.

Besos y achuchones. Cuidaros mucho que aún tenemos que ser prudentes y aunar esfuerzos para salir de esta.
😊😉😘😘😘

VadeReto (Febrero 2021)

Descripción del logo.-
De fondo, una mesa de escritorio, con avíos de escritura: Cuaderno abierto con borrones, una cartera, un cubilete con lápices, un despertador y, destacando, una pluma roja de ave dentro de un tintero. Todo esto queda enmarcado por una corona de laurel dorada. La parte exterior, queda oscurecida. En la parte inferior, aparece en horizontal, una cinta, también dorada, donde aparece escrito el texto "VadeReto" y debajo de éste el mes abreviado y el año, dentro de un rectángulo plateado.
Añadido para esta entrada motivos carnavalescos: Serpentinas y papelillos por encima; una mascara brasileña con plumas, en la parte superior izquierda; un pito de caña del carnaval gaditano, sobre la R de "reto"; y las típicas máscaras de teatro (risa/llanto) en la esquina inferior derecha de la imagen.

Buenos días/tardes/noches sean…

Llegó el mes del carnaval, el más deseado en mi Cádiz. Aunque este año, como casi todo, estará descafeinado. Paciencia, llegarán tiempos mejores, aunque este 2021 lleva un camino que pa qué

¿Os gusta disfrazaros? Hay quien se gasta un pastón en un disfraz de marca y totalmente fiel al personaje y otros, en cambio, con cuatro tiestos que se encuentran en su casa se hacen unos modelitos la mar de simpáticos.

¿Cuál es vuestro personaje ideal? ¿Un superhéroe de capa y máscara?, aunque ahora la tendría que llevar tapándose la boca. ¿O tal vez de princesa?, pero guerrera, con espada, escudo y cara de mala leche. ¿O quizás de enfermero sexy?, de esos que dan ganas de salir corriendo, pero en dirección contraria.

Pues id pensando. Para el VadeReto de este mes os vais a disfrazar, pero de Villano. Del malo del cuento. Del que termina fatá en las fábulas infantiles, pero es el dueño y señor del cotarro si la peli la dirige Tim Burton o Quentin Tarantino.

Podéis convertiros en un malo de los clásicos. Como el icónico Darth Vader que hablaba como si se tomara un lingotazo de ginebra todas las mañanas.

Imagen de Darth Vader sobre un fondo estrellado.
El malo de la guerra de las galaxias de toda vida. El que parece que va a una fiesta de "emos". Con su casco modelo alemán, capa y esos botones en el pecho que parece un videocassette.
Imagen de p2722754 en pixabay.

O en un villano malote, pero divertido. Golfo, bromista y más jartible que un cuñao en cena navideña. Sí, como el Joker, el imperecedero enemigo de Batman.

Primer plano del Joker (el villano de batman) interpretado por Heath Ledger o de alguien que se le parece mucho.
Ya sabéis, toda la cara blanca, los ojos bordeados de negro y la boca de rojo, pero como si lo hubiera maquillado un esteticista con parkinson.
El pelo también va a su aire, rubio casi blanco y peinado metiendo los dedos en un enchufe.
Eso sí, lo que más miedo da son sus ojitos de niño malo.
Imagen de Danuta Niemiec en pixabay.

Aunque a lo mejor os va más la bruja piruja que arruina todos los cuentos cuando ya nos hacemos adultos. Esa que da más miedo por fea que por malvada.

Montaje de una bruja sobre un fondo de bosque de cuento desenfocado.
La bruja es más fea que comer sopa sin cuchara. Pelo entre blanco y azul, todo desgreñado; piel verdosa y con más arrugas que un kilo de garbanzos remojados; y unas garras ideales para rascarse la espalda.
Lleva también un escote que sería de infarto si no se le vieran todos los huesos. Con un collar con una especie de cilindro de esas que venden en las tiendas esotéricas.
Vamos, todo un bellezón.
Montaje a partir del fondo de DarkmoonArt_de (Pixabay) y la bruja de PendleBuryannette (Pixabay)

En la vida real también hay muchos villanos. Muchos vestidos de traje y corbata, la auténtica piel de cordero de los lobos modernos. Mezquinos personajes que dan mucho más miedo que cualquier malvado de cuento. (No pongo foto de ninguno para no herir sensibilidades)

Sed imaginativos y cread vuestro malo-malote.

El final también está en vuestras manos. ¿Ganan los buenos o los malos? Tal vez, en el fondo, no lo hagan ni unos ni otros. ¿Darán miedo, empatía o compasión?

Afilad vuestra garras y despeinaros locamente.

¡Que fluya la inspiración!

¡Contadnos vuestra historia!

Besos y achuchones, cuidaros mucho que este año ha empezado mu loco.
😊😉😘😘😘

Apocalipsis Familiar

El ruido en la cocina y los aromas que emergían de ella hacían profetizar un auténtico banquete. Paco terminaba de darle el punto a la comida y Juana salió para poner la mesa para los cuatro. Mientras, la televisión, con ausente audiencia, daba machacona, por enésima vez, las noticias sobre la pandemia y la implantación de las vacunas.

—¿Dónde se habrán metido los niños? ¡María! ¡Leo! ¡A comer! —llamó su madre desde el Salón— ¡Como tenga que subir a buscaros os la vais a ganar!

El padre se acercó a la mesa con una tremenda palangana de plástico llena de pasta.

—Paco de mi vida, ¿así te han enseñado a emplatar los del mastershé ese? —le dijo su mujer abriendo exageradamente los ojos.

—Qué quieres cariño, no he encontrado la olla, ni la cacerola, ni la paellera, ni…

—Tú es que no encuentras nada, querido.

—Pues se habrán escondido, porque he mirado en todos los cajones y…

—¿A que voy yo y lo encuentro?

—Anda, déjate de madradas y vamos a comer. ¿Dónde están los niños?

—¡Yo que sé! Los dejé viendo la tele, pero cuando he salido ya no estaban. Se habrán aburrido y han subido a su cuarto a jugar mientras terminabas. ¡Cómo eres tan lento con la comida!

—Cariño, un buen chef necesita cocinar sin premura y con tempo.

—Tempo es lo que no tenemos. Que se nos va a juntar la comida con la merienda. ¡María! ¡Leo! —volvió a llamar a los niños —. Nada, que no bajan. Seguro que se están haciendo los sordos.

—Bueno, no grites más, que no vas a poder lucirte en el karaoke del finde —soltó Paco con ironía—. Voy a subir yo y decirles que ya está el papeo.

Juan fue a la planta superior y vio que la puerta del cuarto de los niños estaba cerrada.

—Chicos, ¿por qué habéis cerrado la puerta? ¿No recordáis las normas de la casa?

Dentro no se escuchaba ni un suspiro. Juan intentó girar el pomo, pero la puerta no se abría.

—Niiiiñooos, dejaros de juegos que se enfría la comiiidaaaa —repitió el padre golpeando suavemente en la puerta.

—¿Qué pasa? —le asustó la madre a sus espaldas, Inquieta, había subido para ver qué pasaba.

—¡Hija de mi vida! ¡Qué sigilo! Ni que entrenaras con el CSID —respondió él, dando un respingo—. No lo sé, se han encerrado en la habitación.

—Pero bueno. ¡Se la van a cargar!

—A ver, cálmate que seguro que están jugando o nos quieren gastar alguna broma.

—Es que no es momento de bromas, Paco, que la comida es sagrada.

Desesperada, Juana dio varios golpes más fuertes en la puerta.

—Niños, ya estáis castigados por haber cerrado la puerta. Sabéis que eso está prohibido. Como no salgáis ahora mismo el castigo será doble.

—Sí, tú dales buenos incentivos a los chiquillos, que se van a esconder debajo de la cama.

—Paco, que lo dices como si yo fuera un monstruo. Si tú te pusieras más severo con ellos no tendría yo que simular ser un ogro.

—¡Es que te pones tan guapa de ogra, cariño!

—No te doy con la sartén porque no la has encontrado. ¡Niños, voy a contar hasta tres y…!

Dentro se escuchó un alboroto con pequeños grititos y sonido de metal.

—¡Paco! ¡Que a los niños les está pasando algo!

—¡Anda ya! No te pongas histérica, ¿qué les va a estar pasando? —Acercando la boca a la puerta, ronroneó— Marííía, cieliiiito, abre la puerta, mi vida.

—¡No, que seguro que nos queréis comer! —emergió la vocecita de su hija desde el interior.

—¿Pero qué leches dice esta niña? ¡Definitivamente se le ha ido la olla! —exclamó su madre.

—A ver, cariño. Seguro que está de guasa. ¡Cariiiiiii, ábrele a tu papi querido!

—¡¡¡QUE NOOOOO!!! —se escuchó desde dentro una coral de dos vocecitas.

—Paco, que no me gusta el tono de los gritos. ¿Qué está pasando?

—¡Yo que sé cariño! Habrán visto algo en la tele y se han asustado. Ya sabes lo impresionables que son.

—Claro, como tú les dejas ver todo lo que quieren.

—Pero si tengo puesto hasta el pin parental ese.

—María, o abres la puerta ahora mismo o te vas a quedar sin tele, sin internet y sin postre durante tres meses —le gritó la madre a la puerta.

—Tú como negociadora no tienes precio, ¿eh Bruswili?

—Claro, como tú disfrutas con las travesuras de tu hija.

—No te pongas mandona que luego te hacen mimitos y a ti también se te cae la babita.

—El pelo se le va a caer como no abra ya mismito.

—Escúchame, pequeño monstruo. Abre solo un poquito la puerta y verás que somos nosotros. Que como tu madre tire la puerta vas a tener que pagar tú a los carpinteros —siguió bromeando su padre para convencer a la pequeña.

—¡Ofú, Leo! Vamos a tener que abrir, porque si mamá se empeña seguro que la derriba —se escuchó tenuemente la voz de ella en el interior.

Desde fuera, sintieron como el cerrojo se descorría, aunque la puerta seguía cerrada. Dentro se oyeron unas pequeñas pisadas que corrían alejándose de la entrada.

—Espera, cariño —frenó Paco a su mujer—. No vayas a entrar a lo termineitor que te conozco. Son pequeños y si les creamos un trauma nos va a salir todavía más caro la psicóloga. Recuerda lo que nos dijo en la última sesión.

Ante el bufido de su mujer, él empujó suavemente la puerta, entreabriéndola y asomándose levemente al interior. Antes de que ella pudiera acceder a la habituación, él volvió a salir, rápidamente, tapándose la boca.

—¿¡Qué pasa!? —dijo ella alarmada, temiéndose lo peor.

—Nada, nada. Míralo tú misma —le respondió él, aguantándose las carcajadas.

Cuando la madre abrió del todo la puerta pudo comprobar el tremendo berenjenal que habían organizado en la habitación. Los peluches, juguetes, pupitres y todo lo que pudieron acarrear habían sido dispuestos como barricadas para esconderse detrás. Tras los tiestos, estaba Leo con una bol ensaladera puesto en la cabeza, con el cuerpo embutido dentro de una caja de muñecas y en su mano derecha una espumadera. A su lado, en pose defensiva, María aparecía también con la cabeza protegida, en este caso, con una olla. Con varias tapas de cacerolas se había fabricado un peto y empuñaba la escobilla del váter como flamante espada.

—¡¡¡La madre que os parió!!! —exclamó Juana.

—¡Tú misma, cariño! ¿Ves por qué no podía encontrar esos cacharros? —le soltó Paco haciendo una mueca.

—Son nuestras armaduras para defendernos de vosotros —dijo la pequeña.

—Zi, nostas maduras —repitió el peque.

Montaje realizado a partir de las fotos del niño y la niña que propuse en el VadeReto.
He recortado las dos imágenes y las he insertado en la misma fotografía.
Luego, les he incorporado los utensilios mencionados en el texto y usados como armadura y defensa.
Es decir, a la niña: la olla en la cabeza, las dos tapaderas como escudos y la escobilla del WC, como si la tuviera en la mano; al niño, la ensaladera en la cabeza y se ve la parte acucharada de la espumadera, a un lateral.
Montaje realizado a partir de las imágenes:
Niña: Nathanel Love en pixabay.
Niño: Marques Edgar en pixabay.

—¿De nosotros? ¿Pero qué dices, chiquilla? ¡Paco, esta niña está peor que nunca!

Paco, intentaba, sin mucho éxito, aguantarse la risa y, poniendo una seriedad imposible, les dijo a sus hijos:

—A ver, pequeños monstruos, ¿por qué tenéis que defenderos de nosotros? ¿Es que ahora os parecemos muy feos?

—¡PACO!

—Nena, hay que seguirles el juego. Ya sabes lo que dijo la psicóloga. Nada de traumas —se volvió de nuevo hacia los niños y, dulcificando al máximo la voz se dirigió a la pequeña generala—. Dime, cielo, ¿de qué tenéis miedo?

—Porque podéis haberos convertido en shombis.

—En Shovis —repitió el más pequeño.

—¿¡ZOMBIS!? —Gritaron los dos padres a la vez.

—Sí, lo ha dicho la tele.

—Ves, Paco. No se les puede dejar solos delante de ese trasto.

—¿Qué es lo que ha dicho la tele, monstruito de hojalata?

—Que la vacuna tendrá conchacon… conchucan… conchiacuen…

—¿Consecuencias? —terminó Paco.

—¡Eso! Además, me lo contó Satu, que se lo ha dicho su padre. Que todo el que se ponga la vacuna se convertirá en un shombi.

—un Shorvi —recalcó el niño.

—¿Otra vez, el satu y el enterao de su padre! ¡LOS MATO! —gritó la madre.

Paco no podía gritar, las lágrimas ya le caían indolentes por toda la cara y le dolía las mandíbulas de aguantarse la risa. Como pudo se dirigió de nuevo a su hija:

—Monstruito, ¿tu madre y yo tenemos caras de zombis?

—No lo sé. Nunca he visto a ninguno. No sé lo que son. A lo mejor estáis empezando a convertiros.

—Tú sí que estás empezando a hacerme perder la paciencia, María —le espetó la madre.

—Contrólate, Juana, que te sube la tensión. Vale, María. Observa atentamente:

Con rápidos movimientos de pies, su padre hizo dos pasos de baile. Como la cara de María seguía con su gesto adusto y serio, prosiguió. Cruzó las piernas e hizo un giro de 360 grados terminando con los brazos abiertos como esperando los aplausos.

—¿Un zombi sería capaz de hacer esto? —le preguntó a la pequeña.

—No lo sé, pero creo que no —respondió riendo.

—Ahora tú, amorcito —dijo dirigiéndose a su mujer.

—Si pretendes que yo también haga la payasa para convencer a tu hija de que no soy un zombi es que estás borracho.

—¡Venga ya, no seas aguafiestas!

Sin dejarla reaccionar, la cogió por una mano y tirando de ella le hizo acercarse. Le puso la otra mano en la cadera y giraron juntos en un torpe baile que a punto estuvo de terminar con ambos en el suelo. Luego, cogiéndola por los hombros la hizo girar como un trompo, terminando con ella sujeta a escasos centímetros del suelo, en la postura en que terminan las parejas danzarinas de las pelis.

Los dos niños reían a carcajadas y tocaban las palmas.

—Ven, babo, babo. Ota vé, ota vé —gritaba y aplaudía el pequeño Leo.

—¡Sois los papi y mami normales! ¡Bieenn! —confirmaba María.

La madre, como pudo, se incorporó y, dejando al marido sentado en el suelo, les dijo:

—La comida lleva un cuarto de hora en la mesa y tiene que estar más fría que los pies de vuestro padre. Por si no lo sabéis, ha hecho espaguetis.

—¡ESPAGUEEETIS! —gritó la niña.

—¡TEEETIS, TEEETIS! —gritó el pequeño.

Ambos arrojaron sus falsas armas y se despojaron de sus armaduras. Leo le echó los brazos a María, que lo cogió en volandas. Saltaron sobre la inexpugnable barricada, salieron corriendo hacia las escaleras y bajaron hasta el salón para sentarse a la mesa. Mientras, Juana con los brazos en jarra suspiraba y Paco dejaba, por fin, explotar la risa que tanto llevaba aguantando.

—Desde luego, Paco, tu hija, cualquier día, me va a volver loca.

—¡Mi hija! Claro —farfulló Paco—, pero cuando está dormidita la mar de tranquilita, como un peluche, entonces, bien que es “tu hija”, ¿verdad?

Una vez pasada la falsa invasión zombi, los cuatro estaban sentados alrededor de la mesa. Reían y disfrutaban unos hermosos platos de espaguetis con queso. Cuando llegó la hora del postre, la madre se levantó y les dijo muy serios a sus hijos:

—Os traigo el postre, pero con una condición. Nunca más volváis a encerraros en la habitación y mucho menos cojáis los cacharros de la cocina. Estas cosas son sagradas y no las podéis usar para vuestros juegos.

—Ofú, mamí, es que… —empezó María.

—Ni esque, ni esca. No tenéis que hacerle caso a la tele. Para eso estamos nosotros. Cualquier cosa que os preocupe u os dé miedo, nos lo preguntáis. Además, no les hagáis caso a la gente tonta que se inventa cosas para asustar a los demás. Nadie se va a convertir en zombi. Veréis como la vacuna termina con el virus y dentro de poco podremos decirle adiós a todo esto. ¿De acuerdo?

—¡Vaaaaleee! —dijeron los dos pequeños al mismo tiempo.

—Yo también quiero decir algo —empezó a decir el padre haciendo sonar un cuchillo en un vaso.

—Paco, que te conozco —le dijo su mujer.

Los dos niños miraron a su padre atentos y con media sonrisa. Sabían que él siempre le sacaba la punta guasona a todo.

—Bueno, Juana. Es que no podemos negar una cosa. En el caso de que de verdad ocurriese un apocalipsis zombi, tenemos unos hijos valientes y guerreros que nos defenderán de esos monstruos.

Todos, incluida la madre, rompieron a reír a carcajadas y celebraron la unión familiar con una deliciosa tarta de chocolate.

Este relato forma parte de la propuesta literaria VadeReto (Enero 2021)
En este mismo blog:
Usando las fotografías de los niños debéis crear una historia llena de optimismo y alegría. Divertida, gamberra, mágica…

Tras la Máscara

Montaje a partir de la Imagen de Willgard Krause en pixabay.

Siempre iba con una máscara cubriendo su aparente fealdad. Nadie había conseguido atisbar sus facciones. Se sentía encarcelado más allá del instrumento que le ocultaba su identidad. Nunca se miró en un espejo, ni siquiera en la superficie de las cristalinas aguas del lago. Era su maldición desde que tenía razón de existencia y lo llevaba con amargura, pero con determinación. Cada cual debía aceptar su destino.

Un día al pasar por la plaza mayor, no se percató y se vio entrometido en una pelea. No participó en ella, pero un mal golpe dirigido a la persona equivocada le rompió la máscara y quedó expuesto a todos. Al verle, salieron corriendo horrorizados. Se sintió la persona más miserable y repugnante del mundo.

Intentó regresar al refugio de su casa. Escondiéndose entre callejones y esquinas. Evitando encararse con nadie. Huyendo de los reflejos como del fuego. Sin embargo, al intentar esquivar a un grupo de viandantes, terminó enfrentado a un escaparate.

Lo que vio no le asustó. No le causó vergüenza. No le pareció siguiera desagradable. Sus facciones eran bellas y proporcionadas. Dulces y hermosas. Sus ojos reflejaban vida y su boca una sonrisa que iluminaba todo su entorno.

En ese momento descubrió que no lo habían enmascarado porque fuera horrible, sino para que no avergonzara con su belleza la fealdad de los demás.

Este minirelato es mi aportación para el reto de Jessica Galera (@Jess_YK82) en su blog Fantepika.
El correspondiente al Desafío Literario de Enero 2021: Syn Opsis“.