La Semilla de una Pasión

Fotografía virada al blanco y negro con tonalidades sepia.
En ella se ve, centradas en un primer plano, unas manos, de una persona muy anciana, hojeando un libro.
Nada más y nada menos.
Composición a partir de la imagen de Alexas_Fotos en Pixabay.

Paseando la vista por el paradisíaco parque se ven escenas corrientes de un día soleado y hermoso. Niños jugando a la pelota o correteando entre los árboles; orgullosos paseantes con sus queridas mascotas; atrevidos corredores, que ponen al límite su resistencia; o gente menos entusiasta que prefiere descansar en los bancos o sobre la misma hierba. Algunos entablan conversación, pero otros prefieren aislarse del mundo con sus auriculares. Podríamos estar contemplando una pintura costumbrista de Manet o Brueghel.

Pero, un momento. ¡Hay una nota discordante!

Bajo un frondoso y gigantesco fresno se encuentra una anciana. Está sentada sobre el césped con las manos en su regazo en donde reposa un libro abierto. No solo extraña la facilidad con que lee a esa distancia, para su edad, sino que parece hacerlo musitando cada palabra leída con sus gastados, pero todavía vivaces labios.

Está tan ensimismada en su lectura que no percibe las hojas, que balanceadas por el viento, caen sobre sus hombros. No siente el gélido frescor que la mañana obsequia, antes de que el sol haga arder los pavimentos. Tampoco la perturba de su atenta lectura el ruido ensordecedor de los vehículos que rebumba desde la lejana carretera. Ni siquiera los niños, que juegan cerca de ella, la hacen levantar la vista de las páginas de su libro. Su cuerpo está sentado sobre la hierba, pero parece que su espíritu y su corazón hacen rato que se adentraron entre las palabras escritas y viajan por mundos distantes y fantásticos.

Poco a poco, sin darse cuenta, el murmullo que antes no superaba el siseo de la brisa, ahora escapa de su boca transmitiendo lo que sus ojos van asimilando. Ha pasado de lectora discreta y reservada a expresar en voz alta los pensamientos del autor. Antes leía para su alma, ahora parece hacerlo para que el entorno la escuche.

«Aquella tarde de brumas y llovizna me robó el corazón, la respiración y el sueño. Al amparo de la luz embrujada del Ateneo, sus manos escribieron en mi piel una maldición que habría de perseguirme durante años. Mientras yo la contemplaba embelesado, ella me explicó su historia y cómo había tropezado, también por casualidad, con las páginas de aquel libro. El accidente había tenido lugar en un pueblo de la Provenza… Los pueblos no se miran nunca en el espejo, decía siempre su padre, y menos con una guerra entre las cejas. El hombre era un buen lector de la historia y sabía que el futuro se leía en las calles, las factorías y los cuarteles con más claridad que en la prensa de la mañana… Durante meses les escribió todas las semanas. Al principio lo hacía desde el bufete, luego sin remite y, finalmente, a escondidas, desde una celda en el castillo donde, como a tantos, nadie le vio entrar y de donde nunca volvió a salir…»

Al terminar de leer este texto, se toma un ligero descanso. Quiere que la belleza impregnada en cada palabra se asiente en su mente, digerirla pausada y placenteramente. Lo hace con los ojos cerrados y cuando vuelve a abrirlos recibe una extraordinaria sorpresa, en lugar de ver el fresco y verdoso césped o los inhiestos e impasibles árboles, se encuentra con dos niños que se han sentado delante de ella y le sonríen complacidos de escucharla. Están expectantes y con sus inocentes, pero atrevidas caras, parecen invitarla a que continúe leyéndoles.

Ella los mira inquisitiva, pero no se atreve a hablarles. La escena es demasiado idílica y teme que sus palabras pueden romper el dulce encanto del momento. Así que decide acceder a su muda solicitud y sigue leyendo, aunque ahora eleva un poco más su voz e, incluso, la impregna de más emotividad.

«Hubo un tiempo, de niño, en que quizá por haber crecido rodeado de libros y libreros, decidí que quería ser novelista y llevar una vida de melodrama. La raíz de mi ensoñación literaria, además de esa maravillosa simplicidad con que todo se ve a los cinco años, era una prodigiosa pieza de artesanía y precisión que estaba expuesta en una tienda de plumas estilográficas en la calle de Anselmo Clavé. El objeto de mi devoción, una suntuosa pluma negra ribeteada con sabía Dios cuántas exquisiteces y rúbricas, presidía el escaparate como si se tratase de una de las joyas de la corona… Mi padre decía que aquélla debía de ser, por lo menos, la pluma de un emperador. Yo, secretamente, estaba convencido de que con semejante maravilla se podía escribir cualquier cosa, desde novelas hasta enciclopedias, e incluso cartas cuyo poder tenía que estar por encima de cualquier limitación postal. En mi ingenuidad, creía que lo que yo pudiese escribir con aquella pluma llegaría a todas partes, incluido aquel sitio incomprensible al que mi padre decía que mi madre había ido y del que no volvía nunca…»

De reojo, observa por encima de las páginas la actitud de los niños, estos siguen atentos abstraídos por su Retórica Literaria, pero ya no están solos. Sorprendentemente, su auditorio ha crecido, varios pequeños más se han unido al cuadro. Conforme sigue leyendo ve llegar a más niños que han decidido abandonar por un momento el balón y las correrías y fisgonear lo que los demás están atendiendo tan interesados.

Primero ha sido simple curiosidad, luego sorpresa e interés, finalmente les ha gustado lo que escuchaban. Así, han terminado por sentarse en la hierba y asistir callados y embelesados a lo que cuenta la cautivadora voz de la anciana.

Ella prosigue con su lectura, aunque ahora se la ve conmovida y maravillada con la escena. Ahora lee para ellos, termina cada frase mirándolos y no puede dejar de sonreír ante sus expresiones de interés y fascinación:

«Un manto de nubes chispeando electricidad cabalgaba desde el mar. Hubiera echado a correr para guarecerme del aguacero que se avecinaba, pero las palabras de aquel individuo empezaban a hacer su efecto. Me temblaban las manos y las ideas. Alcé la vista y vi el temporal derramarse como manchas de sangre negra entre las nubes, cegando la luna y tendiendo un manto de tinieblas sobre los tejados y fachadas de la ciudad. Intenté apretar el paso, pero la inquietud me carcomía por dentro y caminaba perseguido por el aguacero con pies y piernas de plomo.
Me cobijé bajo la marquesina de un quiosco de prensa, intentando ordenar mis pensamientos y decidir cómo proceder. Un trueno descargó cerca, rugiendo como un dragón enfilando la bocana del puerto, y sentí el suelo temblar bajo mis pies. El pulso frágil del alumbrado eléctrico que dibujaba fachadas y ventanas se desvaneció unos segundos más tarde. En las aceras encharcadas, las farolas parpadeaban, extinguiéndose como velas al viento. No se veía un alma en las calles y la negrura del apagón se esparció con un aliento fétido que ascendía de los desagües que vertían al alcantarillado.
La noche se hizo opaca e impenetrable, la lluvia una mortaja de vapor. «Por una mujer así, cualquiera pierde el sentido común…».
Eché a correr Ramblas arriba con un solo pensamiento en la cabeza: Clara…».

Pasan intensos minutos, aunque ni niños ni anciana parecen notar el trascurrir del tiempo. A ninguno le importaría seguir disfrutando de aquella improvisada y bellísima reunión durante horas, pero, antes de que los chicos se cansen o sus madres o padres vengan a requerirlos, la mujer decide cerrar el libro y dar así por terminada su lectura, no sin antes culminar en voz alta con una de las citas literarias que más le gustan:

«Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma».

Los niños salen del encantamiento y se dispersan, sin atreverse a decir nada. Sin embargo, la expresión de sus caras y sus satisfechas sonrisas son más elocuentes que las palabras. Solo una pequeña, de las primeras en sentarse junto a ella, le grita un divertido gracias al mismo tiempo que sale corriendo.

La mujer recoge sus escasos enseres y se dispone a regresar a su asilo. Tal vez no repare en que ha sembrado una portentosa semilla en las mentes de aquellos niños. Igual no en todos, pero alguno, al llegar a casa, buscará algún libro en un estante e se propondrá imitarla. Las palabras transformadas en historias le cautivarán, se harán fieles devoradores de aventuras y relatos y, de forma inconsciente, le darán las gracias por haberlos iniciado en tan maravillosa experiencia.

Nadie sabrá nunca que este acto involuntario de la anciana, prendido por el espíritu de Seshat, ha servido como modelo para sembrar el amor por los libros y su lectura. Puedes poner en las manos de un niño un libro o una espada, de ello dependerá su futuro y tal vez el del mundo.


Notas.- Todos los fragmentos leídos por la anciana están extraídos del libro «La Sombra del Viento» de Carlos Ruiz Zafón.
Seshat es la llamada «Señora de los Libros», diosa de la Escritura y la Historia, protectora de las Bibliotecas en la mitología egipcia.

Relato escrito para la propuesta literaria VadeReto de este mes:
Crea una historia que hable de la Lectura, inspírate en la imagen e incluye una de las citas propuestas.

P.D.: Cabecera creada a partir de la Imagen de Pexels en Pixabay

32 comentarios en “La Semilla de una Pasión

  1. Pingback: VadeReto (MAYO 2022).- | Acervo de Letras

  2. Es una lectura con muchas lecturas. Está la figura de los abuelos que contaban cuentos, trasmitiendo no solo cultura sino también amor por la cultura. Está el enorme desperdicio que comete esta sociedad arrinconando a personas tremendamente validas solo porque han llegado a cierta edad. Está la imbatible competición contra la lectura que supone todo lo que rodea a lo niños, consumismo, videojuegos… Está esa dejación del sistema educativo por la lectoescritura que quiero ver reflejada en la sorpresa/curiosidad de esos niños a quienes, tal vez, nunca les han leído. Está el placer de leer, o de que te lean. Está esa carencia afectiva de la anciana a la que emociona que esos nietos postizos le hagan caso, y sin que nadie les obligue.

    Y está esa buena mano construyendo una escena tierna, pero con mensaje.

    Un abrazo!!

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    • Me encanta que hayas encontrado tantos mensajes, Isra.
      Evidentemente, algunos han sido intencionados y otros salen de forma involuntaria, porque los siento como tú.
      No quería que la anciana regresara a su casa con su familia. El hecho de irse a leer sola al parque me parecía un indicativo de su soledad interior. Y por su puesto, esa relación abuela-nietos surge por el intercambio de experiencia de la edad. Cuan necesario sería que los ancianos pudieran ser «usados» para transmitir ese amor por las cosas a los más jóvenes.
      Con respecto a la lectoescritura, no había sido consciente de ello al escribirlo, pero llevas toda la razón. No solo escuchar a otro leyendo, sino incluso leer en voz alta un texto y aprender a declamar e interpretar los personajes. Este juego lo hacía yo con mi hijo, hace ya la pera, y se partía de la risa (cuando imitaba las voces) y enseguida quería participar.
      Lo del sistema educativo mejor lo dejamos para otro debate, que me caliento. 🤦🏻‍♂️🤷🏻‍♂️
      La figura del CuentaCuentos es tan necesaria. Por aquí había algunos voluntariosos que amenizaban reuniones en colegios, asociaciones, incluso pubs, pero creo que se perdieron. 😭
      Muchísimas gracias, Isra por esta disección tan maravillosa que has hecho del relato. Siempre ves más allá de la simple lectura. Un abrazo, amigo. 🤗😊👍🏼

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  3. Meterme en una pintura de Renoir, ha sido desde chica, una de mis cosas amadas. Estar sentada dentro del «Déjeuner des canotiers», charlando, comiendo, bebiendo con los amigos, disfrutando de la naturaleza, de la vida. Higos, melocotones con un pedazo de pan, como comía mi abuela la fruta, siempre con pan. Cuando comencé a leer tu relato Jose, Renoir tomó el control y vi la adorada viejecita leyendo sentada en la hierba, el árbol protegiendo con sus largas ramas a la encantadora cuenta-cuentos. El trueno rugió fuerte, como un poderoso dragón. Sentí el suelo, temblando bajo mis pies.
    Me senté frente a ella y fui escuchando sus palabras y los silencios de emoción de los niños. Lo disfruté, lo disfruté muchísimo. Emoción a flor de piel.
    ¡Benditos los niños que son tocados por la varita mágica de un/una cuenta-cuentos! ¡Benditos los grandes que conservan/conservamos alma de niños para seguir disfrutando de un/una cuenta-cuentos! ¡Cómo me gustó!
    Un abrazo espeso y profundo.

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    • Es que te has puesto en mi lugar al escribirlo, Marlen.
      Porque yo no me encarné en la cuentacuentos sino en uno de los curiosos niños que la descubre y cae rendido sobre la hierba, embelesado por su voz. Además, esos párrafos de «La Sombra del Viento», los leí en voz alta al integrarlos en el texto, para que me sonaran a ella.
      Y sí, como tú, en cuanto me imaginé la escena como un cuadro de alguno de los pintores mencionados, la escritura fue casi automática como una psicografía.
      A veces es la imaginación o la evasión fantástica la que mueve tus dedos al escribir y es una sensación increíble y embriagadora.
      Me ha encantao que hayas disfrutado con mi relato, tus palabra son un regalazo.
      Muchas gracias, Marlen. Con lectoras como tú es muy fácil seguir teniendo la ilusión por escribir.
      Un abrashazo. 🤗😊👍🏼

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      • Si Jose, vi tu carita de pequeñajo inquieto entre los niños. Ja Ja!!
        ¡¡Totalmente cierto!! Cuando la imaginación, la musa o como quieras llamarla, escribe con tus dedos, la sensación es la de una buena borrachera, de esas que te hacen reír sin saber si es tuya la risa.Yo lo he disfrutado muchísimo, pero el regalo no lo he hecho yo, sino tú con tu niño que te tomaba de la mano. Así que gracias a ti. Otro abrashazo para ti y tus amigos.

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  4. Precioso relato.
    Es tan «sosegado» tan apacible que da gusto leerlo.📖📖
    La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón es un libro que me dejó con ganas de más.
    He de reconocer que no lo he leído, lo he escuchado en un podcasts y leído con voz humana. Fabuloso el libro y el narrador. 💚💚
    (porque yo, que soy un poco «masoca» no me conformo con leer cuando estoy sentada, relajada; cuando estoy haciendo las tareas de casa me pongo audiolibros y encontré esta joyita entre muchas más.
    Un abrazo maestro y sigue ofreciéndonos estos bonitos relato.

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    • Bueno, Virtu. A mí no me «suenan» los libros igual con mi voz mental que con la de otros. Y, además, si te quedaste con ganas, el cementerio de los libros olvidados es una tetralogia. Enterita que me la lei hace poco y que atracón más placentero, Maremía.
      Los audio libros no me llegan a convencer, cuando me muevo suelo escuchar mejor podcast. Soy de libro sentao. 😜
      Muchas gracias por tus palabras, Virtu.
      Me alegro que disfrutaras con el relato.
      Un abrazo. 🤗☺️

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          • Yo soy muy radiofónico y lo de escuchar relatos o adaptaciones interpretadas son debilidad. Me acuerdo de Jesús Puente haciendo de Sherlock o JM Cafarrel de Maigret o los cuentos narrados de Radio 2 o 3 (ya no sé cuál de las dos o ambas) en tiempo inmemorial, por supuesto en el siglo pasado. 🤣🤣
            Y lo de escuchar leyendo al tiempo también lo he probado satisfactoriamente teniéndome de lo más atento.
            Finalmente, tú y yo, no somos iguales más bien algo parecido. Menos mal, tener un clon me pondría celoso de mi mismo, pero que seamos algo clowns 🤡 me parece divino. 🤣🤣🤣🍻🍻🍻🍻👍🏼

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            • Supongo que también depende del momento, porque los podcast si me encantan escucharlos, pero mientras hago otra cosa.
              Creo que es más un problema de atención. Esa fue mi cruz cuando asistía a clase y más de una colleja me llevé. 😂
              Tengo que volver a probar los audios interpretados. 🤔
              En cuanto al parecido, Podemos ser gemelos de distintos padres, que se lleva mucho. 😝
              Ser clowns en estos tiempos es deporte de riesgo. 😎
              😂😂😂🍻🍻🍻🍻

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              • Que quieres que te diga, yo no necesito pintarme la cara para que me tomen como un payaso, pero se lo tomo más como cumplido que como burla u ofensa, lo mismo que cuando me llaman infantil o ingenuo. De listos está el mundo lleno, los inteligentes pasamos más desapercibidos. 😂😂😂🍻🍻🍻🖐🏼

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      • Depende de quién te lea los libros. En esta cuestión soy muy selectiva, no todas las voces me convencen y tampoco me gustan los libros leídos con voz robótica, aunque he encontrado un podcast por ahí que me encanta. Te recomiendo Cuentos de la casa de la bruja, Corman, el locutor, tiene una voz MARAVILLOSA. Es un lujo escucharlo.
        Un abrazo

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  5. Me ha encantado y me ha captado totalmente la atención, además todos tenemos la experiencia de como nos enganchamos a la lectura y nuestros hijos, sobrinos…
    Habría q fomentar este enganche q tiene tantos beneficios…
    Gracias, un abrazo

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    • Buenos días sean, Ana.
      La verdad es que en estos tiempos es bastante difícil competir con la tecnología que entretiene a nuestros niños, pero al menos, habría que intentarlo.
      Hasta hace poco había espectáculos de CuentaCuentos que además interpretaban de forma magistral la lectura.
      Tendremos que hacerlo nosotros con los más pequeños. 😉👌🏻
      Muchas gracias por tus comentarios.
      Un besazo. 🤗😘

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  6. ¡Ahora entiendo lo que me decías sobre Clara y La Sombra del Viento!! 😀 😀 ¡Que preciosidad de relato…! A la maravilla de leer se une la magia de escuchar un libro leído… Hay una escena en la película Lo que el viento se llevó, en la que Melania lee un libro en voz alta mientras las demás mujeres cosen… Es una escena dramática en el contexto de la película, pero siempre me ha gustado ese gesto de leer en voz alta para un grupo de personas. Las palabras cobran otro significado al entrar en nuestras mentes desde un sentido diferente. Es como cuando nuestra madre o nuestro padre nos leía un cuento antes de dormir. No es solo la historia que se escucha, es la forma en la que el otro lo lee y la comunión que se forma entre lector y oyente. Es un momento lleno de magia. ¡Me ha encantado JascNet! ¡Felicidades! 🙂

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    • Lo has expresado maravillosamente, Alma.
      A mí no me leyeron, o no lo recuerdo, pero sí disfruté mucho leyéndole a mi niño. Historias que, por supuesto, iba cambiando e interpretando con voces. De esta forma, se dormía con una sonrisa en los labios. 🥰🥰🥰
      El placer de la lectura, íntima o en compañía. Distinta experiencia, pero siempre fascinante.
      Muchísimas gracias por tus palabras.
      Un abrazo. 🤗☺️👍🏼

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  7. ¡Qué bonito Jasc! Un relato lleno de paz y promesa. Esa anciana llena de sabiduría y leyendo para los niños, sembrando en ellos el amor por la lectura. Una semilla que irá germinando y les irá nutriendo el alma. ¡Cuánta falta hace eso en nuestro mundo actual! Revalorizar a los ancianos, que puedan los niños beber de esas fuentes de sabiduría. Me ha gustado mucho. Te mando un abrazo.

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    • Preciosas palabras, Ana.
      ¡Ay, el desprecio a los ancianos! Con lo valiosas que son sus experiencias y la sabiduría que da una vida vivida.
      En esta sociedad que tanto quiere correr y que hace adultos a los niños sin dejarlos disfrutar de su infancia, los mayores son más estorbo que nunca.
      Cuánto admiro esos pueblos que idolatran a sus ancianos. que absorben su sabiduría y les confieren el lugar que se merecen. En fin.
      ¡Qué bueno que te gustó! Un Abrazo.

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  8. Que el anfitrión, de todos conocida su afición a la lectura, se dedique un VadeReto solo es un autohomenaje y no prevaricación bloguera. Lo que sí tendría delito es que no presentase una entrada al mismo recreando con ella su afición a las palabras escritas.
    La mezcla de textos originales con la trama misma de la historia es un buen recurso y el ejemplo que has escogido me parece muy digno (tengo esa lectura, como muchas otras, pendiente en mi debe).
    Ahora que ya has cumplio te puedes dedicar a tu otra afición favorita: 🍻🍻🍻🍻😂🖐🏼

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    • ¡Qué bien me conoces, compadre! ☺️
      Esas dos aficiones, la que mencionas y la que no, son las que llenan mis días de ocio. La primera en solitario, la segundo solo a veces.
      No dejéis volar mucho la imaginación que la segunda es menos lujuriosa de lo que parece. 😂🤣
      Un abrazo de aficiones compartidas 🤗👍🏼🍻🍻🍻🍻

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      • Al contrario, dejando volar la imaginación, ni doy por hecho una posible suposición ni hago juicio de valor alguno. Tu secreto está a salvo de mi curiosidad que es igual de despistada que yo mismo, somos tal para cual. 😂😂🍻🍻🍻🖐🏼

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    • Buenos días, Lola.
      Cierto, transmitir amor y contagiar cosas bonitas está «pasado de moda». 🤷🏻‍♂️
      A mí sí que me alegra leerte. Hacía demasiado que no sabía de ti y no tenía forma de preguntarte si todo iba bien.
      Espero que estés bien y solo haya sido un descanso o estuvieras haciendo cosas bonitas.
      Un abrazo.

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