El Circo de la Bruma

Montaje realizado para la entrada.
Sobre un fondo de noche estrellada, se ve la carpa de un circo difuminado tras la bruma.
Una chica, con ojos luminosos, sostiene su preciosa cara entre sus manos (a la derecha). Lleva maquillados, tímidamente, ojos y labios como un clown.
Las líneas discontinuas de una carretera se simulan a la izquierda, teniendo como destino una luna llena, también difuminada.
Montaje realizado a partir de las imágenes de Antranias, Victoria_Borodinova, Duncan Miller, FelixMittermeier, (Pixabay)

Dentro solo se percibe soledad, cansancio, apatía, tristeza. Fuera, la oscuridad lo oprime y, esa infinita línea blanca que va saltando de forma constante, hipnotizándolo, le invita a dar una cabezada. Mantener los ojos abiertos es una batalla insufrible. De nuevo una noche de kilómetros de carretera. De nuevo una noche que se aleja de su familia. De nuevo una noche que falta a la promesa más importante de su vida. La promesa que les hizo a sus hijos.

«Es una reunión importantísima y no puedes faltar a ella», le había dicho su jefe y él, fiel esclavo de la empresa e ingenuo aspirante a un ascenso, se había despedido de su familia y se había vuelto a embarcar en un viaje de negocios hacia el otro confín del estado.

Esta vez ha sido el Halloween. Les había prometido a sus hijos acompañarlos en sus batidas de trato o truco. Pero igual que había pasado en los anteriores, y en otras fiestas, una llamada de teléfono había dado al traste con su promesa. No podía seguir así. Su trabajo era importante. Era el sustento de su familia y la oportunidad de aspirar a una vida más tranquila y cómoda, pero se estaba jugando algo mucho más primordial, el amor de sus hijos y la paciencia de su mujer.

Tan embargado estaba en sus pensamientos que no se había dado cuenta que una espesa niebla se había hecho dueña de la noche. Los faros del coche se reflejaban en esa cortina que le impedía ver con claridad a menos de un par de metros.

Creyendo divisar algo entre la bruma, frena bruscamente. Pone las luces de emergencia y baja la ventanilla. Intenta divisar algo, pero es casi imposible ver nada. Decide bajarse del coche aún a riesgo de ser atropellado. De pronto, unas siluetas apenas se hacen visibles. Con el titilar de los intermitentes se muestran como pequeñas figuras con andares ridículos. No los puede contar, pero está seguro que son muchos y empiezan a rodearle. Cuando uno de ellos se expone a los faros puede ver que es un enano. ¡No! No está seguro. Es un ser pequeño, que parece humano, pero está deforme y desfigurado. Se asemeja a los gnomos de los cuentos que lee su hija. Le tiende una mano y, ante su sorpresa, no tiene miedo. Se la coge y se adentra con él en la niebla. Los demás los envuelven y acompañan en una comitiva tenebrosa.

Sin darse cuenta, se están adentrando en el bosque al que cercenaba la carretera. Extrañas luces parecen señalarle el camino. Se detiene y las mira fijamente, al pasar cerca de ellas, viendo con asombro que son pequeñísimos seres luminiscentes que se mantienen en el aire con sus pequeñas alas. ¿Hadas? Debe haberse quedado dormido y está soñando. Un pinchazo en el trasero le hace continuar andando y pensar que duele demasiado para estar en un sueño.

De vez en cuando, ve unos extraños carteles que se hacen visibles de forma tenue y desaparecen rápidamente.

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Y finalmente, antes de salir a un inmenso claro del bosque, las hadas rodean un último cartel consiguiendo iluminarlo plenamente:

EL CIRCO DE LA BRUMA

Se queda embobado ante la belleza del anuncio, pero un nuevo empujón lo hace salir del bosque y contemplar una impresionante carpa llena de colores y un ensordecedor encanto.

La niebla sigue presente, no deja ver claramente nada, pero lo poco que atisba le hace estremecer. Una gran cantidad de figuras han ido apareciendo entre la bruma: Un perro que no ladra, ruge, porque su cabeza es claramente la de un león; una bella dama, vestida de gasas, que tiene grandísimos ojos de búho y manos y cola de rata; un caballo con cuernos de rinoceronte y orejas de elefante; un viejo, con chistera y bastón, del tamaño de una rata; un águila de dos metros de altura con cabeza de serpiente; un avestruz con dos cabezas humanas que no paran de parlotear…

Sin dejar de andar, se va adentrando en el pasillo que le van dejando y que le lleva ante una figura majestuosa que parece esperarle a la puerta del circo. Es una mujer de una belleza asombrosa. Sus ojos centellean con los colores del ópalo. Su mirada le hace olvidar el pavor y lo fascina. Su tez es exquisita y acaramelada. Su figura sinusoidal y sugerente.

—¡Bienvenido seas, desconocido! —Su voz es aterciopelada, dulce y susurrante.

Con el movimiento de las manos lo invita a entrar en la carpa. Su cuerpo se mueve involuntariamente y se adentra en un mundo, tan fantástico, lleno de magia y fantasía, que le hace dudar entre el sueño y la locura. Lo que ve es indescriptible, portentoso, deslumbrante, narcótico. Como un zootropo, las incesante secuencia de imágenes giran vertiginosas a su alrededor. Irrumpen en su cabeza y es incapaz de discernir la alienación que lo está invadiendo. Sin embargo, se siente feliz, reposado, cautivado por tanta belleza.

Ella le escolta y él percibe que van de la mano. Su calidez le genera una seguridad y una complacencia como hacía mucho que no sentía. Quizás, desde que era un niño y se refugiaba entre los brazos de su madre. Cuando la mira, su mente se queda en blanco y solo puede sonreír y seguir disfrutando de la alucinación que le embarga.

No sabe cuánto tiempo ha transcurrido, ni es capaz de reseñar todo lo que ha visto. Se encuentra de nuevo fuera de la carpa y todos, arracimados a su alrededor, parecen esperar algo.

La mujer está frente a él. Le coge las dos manos y le está hablando. Tarda unos segundos en poder volver a la realidad y prestarle atención.

—¡Tienes que elegir! —le está diciendo.

—¿Cómo? —contesta confundido—. No entiendo…

—Tienes que decidir si te quedas con nosotros o te vas. Has de hacer tu propia elección.

Su delicada voz y sus resplandecientes ojos lo tienen totalmente hechizado.

—Has podido vivir lo que significa pertenecer a nuestra familia. Sin embargo, solo tú puedes decidir si quieres formar parte de ella.

Por un instante, se siente aturdido. ¿Familia? ¿Pertenencia? ¡Él tiene la suya! Duda. ¿La tiene?

Inconscientemente, se mete la mano en el bolsillo buscando su pañuelo. Ha comenzado a sudar y temblar. Al sacarlo, su cartera cae al suelo. Abierta de par en par, muestra las fotos de sus hijos, sonrientes, bellos, inocentes. ¿Familia? Se repite a sí mismo. Vuelve a mirar a la mujer y también a todos los que lo rodean. Ya no ve figuras bellas, caras sonrientes, gestos amables.

—¡¡¡NOOO!!! —grita descontrolado y sale corriendo de nuevo hacia el bosque.

En una vorágine de emociones sigue desbocado y no se detiene hasta que sus temblorosas piernas y su punzante corazón lo obligan implacables. Sigue en medio de la niebla y no ve absolutamente nada a su alrededor. Está perdido, abandonado en medio de esa espesura. ¡No! En realidad está perdido en su propia vida.

Unas extrañas luces estroboscópicas llaman su atención. No tiene nada que perder porque cree haberlo perdido todo ya. Se dirige hacia ellas y comienza a escuchar unos murmullos.

—¡Ey! ¡Aquí está!

Unas manos lo cogen de los brazos, lo sacan del bosque y lo devuelven a la carretera. Varios vehículos están detenidos en ella.

—Parece desorientado y estaba deambulando por el bosque —exclama otra voz.

—¡Vamos! Tienes una herida en la frente y pareces conmocionado —le requiere otra.

Aturdido, ve como las luces se corresponden con un coche de policía y una ambulancia. Lo llevan hacia esta última. En un atisbo de lucidez, consigue ver su coche. Está empotrado contra un árbol.

—¡Te ha tocado la lotería del Halloween, amigo! —le susurra la voz amiga—. Ha sido tu día de suerte y parece que te han dado otra oportunidad.

—¿Otra oportunidad? —balbucea.

—¡Desde luego! ¡Menudo airbag debe tener tu coche, amigo! No sé cómo has podido salir de él y alejarte andando.

Cuando mira a los ojos del hombre, cree ver el destello del ópalo.

— El destino te invita a seguir viviendo. Con un poco de suerte, en unas horas estarás en tu casa y podrás disfrutar del Halloween con tu familia —le susurra.

La cara del médico se difumina porque las lágrimas se convierten en turbias cortinas.

Mientras lo acomodan en la camilla y, antes de que cierren la puerta, cree ver siluetas difusas, pequeñas y deformes en la niebla, que le dicen adiós.

La ambulancia arranca y solo piensa en una cosa.

¡Otra Oportunidad! ¡La Oportunidad de cambiar su vida!

Microrrelato publicado en el Reto Literario “Desafío Literario especial Halloween
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Crea una historia a partir de los datos del reto.

13 pensamientos en “El Circo de la Bruma

  1. Que ocasión tan oportuna para quedarse en ese circo dejando entre la bruma las preocupaciones. La Parca no me habría engañado, a pesar de su sugerente aspecto, y después de conocerme ya encontraría, menudo soy yo, alguna forma para devolverme. Yo por mi parte, disfrutando como un niño o un enano, todo lo que ese sueño me hubiera durado 😂😂

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    • 😂😂😂😂
      Hombre, hay que tener mucha fortaleza para dejar aquella preciosa ilusión y volver al circo en el que vivimos. Yo creo que la familia tira mucho, al menos la más íntima. Habría que analizar el poder de esos ojos para decidir el destino. 😉
      Disfrazarse de niño es lo más conveniente e, incluso diría, que obligado, para disfrutar de las historias. Sobre todo las que nos llevan al mundo de la fantasía.
      Me encanta que hayas disfrutado con el relato, JM.
      Un abrazo.

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  2. Interesante respuesta a la alternativa de ver la luz en el túnel… muy apropiada para estos días, por cierto.
    Me gusta como empieza… “ingenuo aspirante a un ascenso”… es el dia a dia del currante. Me suena de algo. La vida es todo, no solo es curtir la piel.

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    • La verdad es que todas estas cosas que nos están pasando, debería hacernos reflexionar más para salir mejores. Sin embargo, somos lo que somos y no tenemos remedio.
      Me encanta que te haya gustado mi locura escrita. 😉
      Ashushones también para ti. 😘😘😘

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  3. Precioso e inquietante. Tanto como la figura del circo, que atrae y repele a partes iguales, y siempre fascina e intriga… como dicen en otro comentario, original alternativa al túnel de luz. Lo del perro-león me ha traído a Buñuel a la mente y no sé muy bien por qué, porque no tiene mucho que ver, tal vez las pinceladas surrealistas… Me ha encantado leerte Ská. Quiero más. Codito-codito o besos enmascarillados.

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    • Jelou Pilarica. 👋🏻
      Pues has retratado muy bien lo que significa el circo, al menos el de nuestra generación.
      Yo, la verdad, es que fui poco.
      Aquí a Cádiz venían en contadas ocasiones y con menos pistas que el rosco de pasapalabras.
      Mis padres no eran muy dados a llevarme, les salía más barato la playa.
      Siempre me gustaba más ver a los animales que a los domadores (aquí no llegaban las domadoras-dominatrix). Y siempre me daban pena, por como los trataban, y asquete, porque no vea como olía los alrededores de la carpa.
      ¿Y los payasos? Aquí hay un payaso en cada esquina (dicho con cariño).
      No recuerdo haber visto ni a los de la tele. En vivo, me refiero. En la tele me los papeaba toas las tardes al mismo tiempo que el bocata.
      Cómo le decía a JM, si la parca tiene las hechuras de la chica que yo he descrito, o imaginao, no me resucitan ni con tres desfibriladores.
      Y con respecto a Buñuel, no sé quién me daba más jindoi, si él o el circo.
      ¿Quieres más? Pues poquito a poquito voy saliendo del bloqueo. A ver si lavándome la cabeza con 3en1 consigo que se me engrasen las neuronas. 😝
      🦾🦾 (esto, aunque parezcan garzas con tortícolis, son coditos)
      😷😷 (y esto, besos escondíos.)

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  4. Vaya, se me había pasado leer tu magnífico trabajo, porque mira que te lo has currado.
    Le has ido dando enfoques distintos, llevándonos en un recorrido entre la realidad y la fantasía para terminar casi en lo paranormal. 👻👻
    Enhorabuena.👍👍

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    • Muchas gracias, Virtu.
      En realidad has descrito perfectamente mi caos mental. 😝
      Andan las neuronas como en una pista de cocheschoque,
      solo les falta la banda sonora de Camela. 🤪
      A ver si con el frío se van asentando.
      Besote gordo. 😘

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