Dos Almas Gemelas

Imagen de ThuyHaBich en Pixabay

Millones de niños en el mundo comienzan su rutina con desgana y tristeza por tener que ir al colegio. Se ven obligados a internarse varias horas en un centro dónde aprenden y dan forma a su futuro. Algunos pueden ir andando, pero otros tienen que coger algún medio de transporte que los deje cerca de la escuela. Para muchos de ellos el viaje es una pesadilla y un quebranto. Preferirían cien veces quedarse en sus casas, con sus familias o jugando.

Yukiko y Miyuki nacieron en una aldea perdida en el sur de China y para ir a la escuela tienen que andar kilómetros por terrenos desolados y hasta peligrosos. Sin embargo, ellas se calzan sus modestas mochilas y una eterna sonrisa en sus caras, porque el viaje hasta la escuela es una auténtica aventura. Entre quince y veinte niños emprenden cada día el inusitado viaje llenos de ilusión y ventura, porque son unos privilegiados a quienes le tiende su mano la sabiduría y, también, porque la otra opción es quedarse a trabajar en los campos de arroz.

Yukiko y Miyuki congeniaron desde los primeros días y sus caras sonrientes contagian e iluminan al grupo. Son dichosas y felices porque se encuentran a diario para estar juntas. Juntas hacen el viaje, juntas aprenden y estudian y juntas pasan los escasos ratos libres que el día les presta.

A veces el clima no es el más propicio para emprender una excursión, pero mientras el tiempo no sea extremadamente duro, no flaquean en su empeño de ir a instruirse. No importa que una ligera lluvia les moje sus ilusiones, que el viento les despeine sus anhelos o que la nieve convierta los campos en un mar lechoso que les dificulte la travesía. Sus ansias de conocimiento son más fuertes que sus lamentos.

Sin embargo, será precisamente la nieve la que una el destino de las dos niñas. En uno de los viajes de vuelta, un imprevisto alud quiso engullir al grupo. Los niños escaparon de milagro corriendo aterrados. ¿Todos? No. Yukiko y Miyuki parecían haber terminado en el vientre de la avalancha. Como no aparecían, ante el peligro de que el gélido ambiente se apoderara de sus débiles cuerpos, el resto del grupo decidió regresar a la aldea. Después de varias horas de angustia, llanto y desesperación, cuando parecía que la fatalidad las había apartado definitivamente de la vida del pueblo, aparecieron en su entrada, abrazadas, andando juntas y dándose calor. Unos dicen que fue un milagro y otros, simplemente, la predestinación. Porque, Yukiko quiere decir «Hija de la Nieve» y Miyuki, «Bella Nieve» y esta fue la que decidió hermanarlas para, a partir de ese día, no separarse nunca.

Juntas continuaron con su aventura diaria camino de la escuela hasta terminarla y juntas se hicieron adultas, se quedaron en la aldea para ayudar a sus miembros y allí envejecieron. Como almas gemelas se declararon amor eterno. El amor que las unió incluso después de la muerte, porque cuenta la leyenda que, cuando tuvieron que irse al Tian, tampoco se separaron y todavía se las ve después de una intensa nevada paseando por la aldea, sonrientes y juntas, siempre juntas.

Relato publicado en el Reto Literario «Julio ‘FantasCalórico’«
de Jessica Galera (@Jess_YK82)
Elige una de las imágenes y háblanos del fantasma que en ella aparece.

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